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Capítulo 63 primera parte

Autor: Ranacien
last update Data de publicação: 2022-04-29 05:02:25

Lenis parecía haber escuchado ruido. 

Desde algún lugar, alguien murmuraba…, o al menos, eso parecía divisar en ida y venida, como si fuese algún ventarrón que trajera y se llevara las palabras. 

Intentó abrir los ojos, pero algo evitó que despegara sus párpados uno del otro. Quiso moverse, pero el dolor en los hombros regresó de súbito, haciendo correr rayos de malestar por aún tener las manos atadas hacia atrás.

También, intentó remover su cuerpo de dónde estaba. Hacía frío, quería cubrirse, pero solo sentía un colchón de un lado y del otro, imaginando que la habían ubicado en medio de una gran cama. 

No veía, no podía moverse, le dolía todo y tenía frío, pero estaba dispuesta a recuperarse, debía sentirse bien y con energía para enfrentarse a su captor, así como tantas veces tuvo que hacerlo.

Como pudo, logró colocar sus pies en el suelo, dándose cuenta que lo habían alfombrado. Luego, se acostó de lado y fue arrastrándose contra la sábana para intentar retirar la tela que cubría su visión. 

Dicha tarea no resultó fácil, pero por fortuna fue exitosa, arrugando el rostro al enfocar la vista luego que la venda cayera alrededor del cuello, desordenando así un poco su cabello, el cual iba recogido.

Lenis se encontraba en una habitación no muy grande, pero bellamente decorada. 

Los colores predominantes eran el dorado, el blanco perla y marrón, detallando cortinas pesadas de piso a techo, tapando una ventana que indicaba que era de día allá afuera.

Un mueble de dos piezas a un lado, una puerta abierta desde donde podía ver azulejos blancos, entendiendo que se podía tratar del baño.

Algunas lámparas, la cama matrimonial donde se encontaba sentada, las mensas de noche a cada lado del colchón y la puerta principal marrón oscuro, con una extraña cerradura desde su lado de la recámara, carente de picaporte. 

No había teléfono de ningún tipo, por supuesto. Tampoco ninguna especie de pantalla. Se levantó con un fuerte impulso, sintiendo dolor en sus extremidades, para dirigirse al baño de la pieza.

Al momento de quedar de pie, las orillas de un vestido color dorado claro cayeron hasta la mitad de sus muslos, dándose cuenta que se trataba de un babydoll de tela casi transparente.

Por concentrarse en poder ver y amainar el dolor de sus hombros, no se percató de lo que llevaba puesto. 

Cuando dio un solo paso, el roce de su entepierna dio lectura a algo que la paralizó: Lenis Evans no cargaba ropa interior puesta, por lo que, debajo de aquel sexy vestido, iba completamente desnuda. 

La impresión por lo que Jefferson pudo haberle hecho, la sentó de nuevo sobre el borde del colchón. Su mirada se perdió por un momento e intentó removerse para comprobar si él se había atrevido a tener sexo con su cuerpo desnudo e inerte, pero no sintió dolor o tampoco ningún tipo de molestia, lo que podía indicar que nada más la había despojado del vestido roto de la fiesta, o al menos ella quiso aferrarse a ese pensamiento. 

Cerró los ojos y respiró profundo, reuniendo fuerzas para levantarse de nuevo y dirigirse —por fin— al baño. 

Al entrar, notando que se encontraba limpio, pero sin detallarlo demasiado, caminó de prisa al espejo, quería verse. 

Al estrar frente a su reflejo, un jadeo de sorpresa emanó desde lo más profundo de su interior, rellenando sus ojos de pesadas lágrimas, regalándole un fuerte nudo de garganta con el cual estaba empezando a luchar. 

Su cabello ya no era negro, lo llevaba rubio, como en antaño. Jefferson Smith, su ex esposo, había mandado a que le tiñeran el pelo para regresarla a su aspecto original, o al menos, al aspecto que ella tenía cuando estuvo casada con él. 

Pero aquello no solo era lo relevante. La esquina izquierda de su labio inferior estaba rota, parecía querer cicatrizar a la fuerza. 

Movió la boca corroborando la dureza de la costra que intentaba combinar con el moretón que cubría parte de su mejilla izquierda —pensó ella un instante— que producto del golpe propinado por Donald, pero recordando luego que la habían vuelto a golpear, sabiendo ella que aquello la había dejado incosciente. 

Quiso sentarse sobre el inodoro, pero notó que llevaba la tapa principal abierta. Entonces, sintió ganas de orinar y pensó que tal vez, el haberle quitado las pantis tenía la intensión de no incomodarla al momento de liberar cualquier necesidad fisiológica. Con las manos amarradas fue fácil sentarse y dejarse ir, asustándose mucho con el sistema del sanitario, al sentir un potente chorro de agua mojarle sus parte íntimas al terminar. 

Ella abrió mucho los ojos. Jamás se había sentado en un inodoro así, por lo que, viéndose en dicha situación, entendió que el estratega de su ex esposo pensaba retenerla allí por un tiempo largo. 

Escuchó ruido en la puerta principal y se levantó inmediatamente, removiendo sus caderas para que el vestido cayera de nuevo sobre sus muslos. 

En cuestión de segundos, Jefferson, con una invariable sonrisa y camisa negra de mangas largas, pantalón color beis de vestir, zapatos negros y su cabello rubio liso echado para atrás, asomó su anatomía bajo el umbral del baño, pasando al completo y encontrándose a una Lenis bien despierta, sin la benda en los ojos y con asombro en su hermoso rostro. 

La respiración de Lenis se detuvo, mientras él la observaba, calculador y con mirada sospechosa.

—¿Qué haces? —preguntó él.

—Jefferson, ¿dónde estamos? ¿A dónde me has traído? 

Él no respondió su pregunta.

—Termina de hacer lo que estés haciendo y sal de aquí. Te veo en la habitación. 

—¡Espera! —gritó Lenis, antes de que él cerrara la puerta del tocador—. No puedo asearme bien. Desátame, por favor. —Se giró, mostrándole sus manos tras la espalda. 

—Resuelve tú. Siempre lo has hecho. —Se giró, trancando la madera tras de sí. 

Lenis volvió a respirar, exalando mucho aire, como si su nariz y boca acabaran de ser destapadas.

Estaba atrapada con ese hombre de nuevo, no sabía dónde se encontraba y lo conocía muy bien. No le sonreía de lleno, no jugaba con ella ni lanzaba uno de sus chistes tétricos, lo que significaba que estaba molesto, tal vez por algo externo, y ella sabía que él solía acumular rabias que luego eran desatadas de manera fulminante. 

El secuestro, el cambio de ropa, la carencia de ellas, el no desatarla y la molestia en el rostro de él, llenaron a Lenis de ansiedades, angustias y miedos. 

Dio unos pasos en retroceso hasta sentarse sobre el borde de la bañera blanca, la cual parecía nueva. De hecho, no había notado hasta ese momento que olía a cemento y pintura; olores leves, pero aún estaban allí, indicándole que la infraestructura era novedosa, llenándola de intrigas y muchas preguntas. 

Cerró los ojos y pensó en George. Canalizó su presencia a su lado con cada uno de sus pensamientos. 

Visualizó sus ojos color miel, la mirada de póker, pero brillosa al verla, el baile en la gala, sus palabras, las demostraciónes de amor… Pensó en cuanto lo quería, en cuanto él la quería a ella, e imaginó que en ese instante debía estar enloquecido, buscándola.

Lenis no hizo nada más que arrimar una toalla colgada en una barra en la pared al lado de la tina, acomodando su cuerpo para poder removerla de allí con unas manos atadas en la parte baja de su espalda. Luego, como pudo, se acercó al inodoro, bajó la tapa, echó la tela toallera encima y se sentó sobre ella, restregando sus partes un poco para secarse, sintiéndose cansada y adolorida, queriendo —tras cada minuto transcurrido— isrse de allí. 

Al terminar, tomó la toalla blanca, dejándola dentro del lavamanos, mirándose una vez más, antes de atravesar el umbral entre el tocador y el cuarto. 

Jefferson estaba mirando por la ventana, había corrido un poco la cortina. Lenis intentó ver algo desde allí, sin éxito: ya él se estaba volteando para enfrentarla. 

Lenis caminó —a tientas— hacia el centro de la moqueta. Jefferson dio los pasos pertinentes para encontrarse con ella y suspiró, haciéndola respingar al sentir el masculino dedo índice tocarle el hombro y arrastrarse por su brazo derecho, el cual iba descubierto y con sus poros abiertos, esperando lo peor. 

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