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Capítulo 65 segunda parte

Autor: Ranacien
last update Fecha de publicación: 2022-04-30 02:26:44

—¿Qué?

—Sí, ya para. Puedo entender que es la primera vez que pases por algo así, pero yo no. Ya lo superaré. Necesito que te relajes.

Él abrió la boca, asombrado, tragando grueso. 

—Lenis…, ese hombre…

—Shhhh —silenció ella, apretando los párpados, gesticulando con las manos y separándose un poco de él—. No entiendes, no… —Bufó una buena ráfaga de aire—. Jefferson me hizo eso muchísimas veces. Muchas. —La sangre de George se congeló. Ella respiraba aceleradamente—. Lo voy a superar y tú también lo harás, pero no ayuda el que me ocultes cosas, el que cuides cada detalle que vas a decir. Ese tacto con el que me tratas, yo… lo agradezco, pero no necesito… no necesito que seas condescendiente. Fui capaz de salir de su vida, fui capaz de fingir ser otra mujer, irme, esconderme y salir adelante. No será la primera vez que lo haga, así que deja de tratarme como una taza de porcelana. 

Él la miró, anonadado, con sus labios separados, cabeza ladeada… Negó con la cabeza al cerrar la boca y colocar los brazos en jarras. 

—No puedo creer que hayas dicho todo eso. Lo único que quiero es que estés bien…

—¡Y lo estoy!

George alzó las cejas, no le creía absolutamente nada. 

Ella dejó caer los brazos.

—George —se acercó de nuevo a él y volvió a rodearlo con sus brazos, pero esta vez, en su cintura. Miró hacia arriba para encontrarse con su mirada. Acercó sus labios a los suyos y fue hablando mientras lo rozaba de un lado para el otro—. Créeme, estoy bien —arrastró sus manos por la espalda masculina, intentando que su tensión desapareciera—, ¿cómo puedo demostrártelo? —Lo besó con más ímpetu—. ¿Cómo? —exhaló la pregunta en un caliente susurro, provocando que él, con sus manos, la acercara por completo, metiendo los dedos en el cabello castaño de Lenis, mezclando las lenguas en un gran beso, alargado beso, que los fue llevando hacia el escritorio, chocando contra él.

—Lenis… —exhaló al sentir sus femeninas manos sobre su miembro semierecto.

George intentaba dejarse llevar, con Lenis era imposible no lograrlo, pero algo pasaba…

—Lenis —volvió a decir.

—Shhh, por favor, George, dámelo, hazme el amor, déjame tocarte —le rogó. 

Él no pudo negarse ante aquella súplica. Gruñendo, la tomó en sus brazos y la subió en el escritorio, retirando como loco algunas cosas que estaban allí encima. 

Lenis abrió la boca en jadeo, sintiéndose enérgica y muy excitada, mientras el abogado la besaba por todos lados, desesperado por meterse en ese precioso cuerpo después de haberlo extrañado en demasía. Desde que la encontraron, ambos no se habían tocado de forma íntima y a pesar de todo, él la deseaba, exorbitante, porque la tenía entre sus brazos, viva. 

—Lenis, Lenis —exhaló él—. Dios… —Él encontró su abdomen al subir su blusa de manga corta y lo besó, pasó su lengua caliente sobre él haciéndola sisear, jadear y casi gritar. 

Lenis enterró los dedos de una mano en el cabello negro del abogado y con la otra, se fue bajando el short para sacar al menos una pierna de él.

Entonces, tocó sus partes e incitó a George para que la tocara también. 

Así lo hizo él, mordiéndose los labios con fuerza por la extrema excitación que experimentaba y casi lo descontrola al sentir lo mojada que ella estaba. 

No esperó más. Sacó su miembro y sin miramientos, la penetró de una estocada, gruñendo los dos y comenzando a moverse sin parar, sobre el escritorio de madera, totalmente desinhibidos, una y otra vez, adentro, afuera, adentro, rellenando la habitación de excitantes sonidos que eran música para sus oídos. 

Lenis se agarró de los hombros de él y abrió mucho más las piernas, apoyando los pies en la madera, dándole todo el acceso a ese hombre que la penetraba…

«¡Jeff! ¡Jeff!»

—¡Más duro! —gritó Lenis, calentado mucho más a George, quien hacía todo para complacerla, sintiéndose cada vez más cerca de acabar—. ¡Por favor! 

«¡Jeff, por favor…!»

—Más… ¡Ahh! ¡Más! —volvió a exigir Lenis, sintiendo cómo el miembro del abogado parecía querer dividirla en mil pedazos.

«¡No! No lo hagas… ¡Jefferson, no!»

—Por favor, no… —lanzó Lenis con palabras ahogadas, trasladando sus recuerdos más frescos, a esa, su realidad.

—¿No qué? —indagó George en medio de su excitación, sin darse cuenta de lo que estaba sucediendo con ella.

Él ya estaba a punto. Lenis también estaba a punto de acabar. Ambos estaban justo en la cima, las penetraciones eran rápidas, mojadas y ruidosas.

—Lenis… —jadeó y gruñó George, sindiendo cómo todo su cuerpo vibró—. Dámelo, nena —pidió él, colocando dos de sus dedos sobre el clítoris, removiendo con rapidez y maestría la zona.

Lenis arqueó su cuerpo por completo, los senos elevados, la espalda despegada de la madera, las piernas demasiado abiertas y sus pies comenzando a sentir el calambre conocido, viajando por su cuerpo y explotando en su centro, temblando…, vibrando como una enloquecida máquina a vapor, apretando el miembro de George en demasía, provocando que él, con dos empujes contundentes, dejara libre su semilla, rellenándola toda, como cascada poderosa, temblando igual o más que ella. 

George no terminaba de calmarse, cuando sintió las manos de Lenis empujarle un poco por los hombros. 

—Quítate de encima —ella pidió en un hilo de voz.

Él no comprendió y frunció el seño, haciendo un esfuerzo por mirarle.

—Quítate de encima. ¡Quítate! 

George reacionó de inmediato y se salió de ella, se levantó y se alejó por completo.

—¿Lenis?

Ella saltó del escritorio y corrió fuera del despacho, de prisa, casi tropezándose con su propio short, el cual arrastró desde allí hasta el baño. 

El abogado se sintió perdido por un instante, revisándose al completo y mirando para todos lados.

Fue reaccionando al ver su miembro por enima de la pretina de su pantalón deportivo.

Giró su  cara hacia la puerta, consternado, corriendo entonces tras ella. 

—¡Lenis!

La encontró arrodillada frente al inodoro descargando el desayuno dentro de él con mucha fuerza. 

George puso sus manos en la cabeza, casi sin poder respirar.

—Nena… 

Inclinó su cuerpo y sostuvo su cabello y su frente mientras ella descargaba todo.

George no se apartó en ningún momento y en cuanto tuvo oportunidad, buscó un vaso, lo llenó de agua y lo colocó a un lado sobre el suelo, luego mojó una pequeña toalla blanca y se la pasó por la nuca suavemente, viendo cómo ella dejaba de vomitar y se iba calmando poco a poco. 

Al terminar, ella apoyó su cabeza sobre su antebrazo izquierdo y éste sobre el inodoro, dándole a la cadena, respirando más acompasadamente. 

Él se sentó a su lado y sobó su espalda, sus hombros y no hablaron durante varios largos minutos. 

La mujer pasó sus manos por su cara y revisó el interior del inodoro. 

—Por Dios —se quejó y negó con la cabeza, aún con la cara cubierta por sus palmas. Habló a través de ellas—: Siento mucho mi comportamiento, yo…

—Hey… —él la giró poco a poco y retiró sus manos del rostro—, vamos a la cama, ¿sí? Te hará bien. 

—George —ella tomó con sus dos manos una de él, la misma con que él había ofrecido para ayudarla a levantarse—, te juro que voy a superar esto, te lo juro, confía en mí. —Dijo aquellas palabras como un ruego que apretó el corazón del abogado. 

Entonces, él se agachó y la abrazó, sobó su espalda y ella apoyó su cabeza en su hombro, cerrando los ojos, apretándolos, sintiéndose a salvo a pesar de lo que ella acababa de experimentar. 

—Vamos, nena, arriba. —La ayudó a ponerse de pie en un impulso—. Ven conmigo, vamos al cuarto. 

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