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Capítulo 9 primera parte

Autor: Ranacien
last update Data de publicação: 2021-12-22 02:00:37

Casi terminaba la semana, George no la había llamado. A Lenis, eso no le preocupaba demasiado. A pesar de entender que podría pasar un rato agradable compartiendo con el abogado, sentía que la cita la sacaría de su zona de confort.

Y sabía que él se cohibiría en atenciones de cualquier tipo para ella, no se atrevería a tocarla ni tan siquiera una pestaña, ¿pero cuánto tiempo duraría eso? Él era hombre, uno muy guapo y según los comentarios de pasillos, uno muy versado con las mujeres. Ella era soltera y no tenía nada de Lisa, de aquella dama inocente que no conocía mucho de la vida. Ahora se había pintado como una fémina profesional, esa que supuestamente enaltecía los treinta años con la frente en alto y desde la barrera ya podía ver esos logros alcanzados por sí misma. Lenis era independiente, además, soltera; todo lo contrario a su verdadero yo, al menos, aquella mujer en la que habían convertido esas personas a quienes amaba.

Por eso, solía imaginar los escenarios antes de creados. A pesar de querer seguir el consejo de su hermanastro, “tienes que vivir tu vida”, debía seguir siendo precavida. Si se daba la llamada del abogado y ese no fuese el único almuerzo entre ellos, ¿qué pasaría de él fallar sus intentos con ella? «¿Cuánto tiempo espera un hombre a una mujer?», se preguntaba.

Ya casi llegando la noche, Lenis entró en el despacho de su jefe para desearle buenas noches y dejar sobre su escritorio unos informes de prensa institucional. Entonces, lo vio ataviado con una serie de carpetas y archivos electrónicos en su laptop.

—Puedo quedarme a ayudarle con eso, señor Bastidas. —Él la miró desde su silla y la vio sonriendo—. Además, abrieron un nuevo lugar de comida rápida por acá cerca, estoy segura que le encantará.

Él sonrió también.

—Te lo agradezco muchísimo, Lenis, de verdad. Generalmente, estos asuntos me gusta atenderlos yo mismo, pero una ayuda extra no me viene mal. —Se restregó los párpados—. Puedes pedir la comida de una vez si quieres, tengo hambre. —Ambos sonrieron abiertamente—. Pero mientras la envían, ¿me traes un café? Me provoca uno pequeño y bien cargado. Ah, y por favor, pídele a Jacinto que me ubique las pastillas para el dolor de cabeza que dejé en el carro —dijo aquello tocándose las sienes.

—Oh, no se preocupe. Sé que toma aspirina. Tengo una en mi bolso, enseguida se la traigo.

—Gracias. —Recostó su cuerpo al espaldar de la silla y cerró los ojos.

En pocos minutos, Lenis traía una bandeja con un vaso de agua, una aspirina y un café recién hecho y bien cargado.

—Aquí tiene. Tómese la aspirina con el café. Espere que enfríe un poco y hágalo, le sentará bien. —Dejó la bandeja cerca de él.

Maximiliano tenía los ojos cerrados por la jaqueca, pero el exquisito aroma del perfume que cargaba Lenis sobre su piel, ayudó a despegar sus párpados.

Se acomodó de nuevo en su asiento, Lenis le sonreía una vez más y aunado a ese lindo gesto, sus ojos grises se veían bien despiertos y pendientes de que él cumpliera su consejo.

—Póngase cómodo, señor Bastidas. Traje mi tablet para mis anotaciones. Le ayudaré. Y ya pedí la cena.

Él se tomó la pastilla como ella aconsejó y tomándose el resto del café, le dijo:

—Lenis, sé que has debido pensar que desconfiaba de ti. —Ella le miró—. Sí, confieso que no me gustó que me dijeras que tu padrastro había fallecido cuando no es así. Sin embargo, me lo has contado. Eso me hizo confiar en ti.

«Si supiera el resto…», pensó ella.

—Gracias por la confianza y la oportunidad de trabajo. —Lenis miró a la nada, recordando fugazmente retazos de su vida—. Necesitaba este trabajo. —Lo miró directo a los ojos—. Hace un año me mudé a esta ciudad, pero he estado dos años intentando comprender que… el resto de los días de mi vida han dado un gran giro.

«¿Otra confesión?», se preguntó él, mentalmente.

—¿Dos años?

Ella asintió e hizo un ligero gesto de obviedad.

«Ah, cierto. Hace dos años fue que explotó la noticia de las estafas de Turgut», cuadró él las cosas su mente.

Pero luego, mientras cenaban, se preguntó qué habría pasado en ese año en el que ella estuvo mudada a esa ciudad. Necesitaba saberlo, necesitaba investigar, no sabía si era buena idea preguntarle directamente. Llamaría pronto a Peter para darle ese dato, y a George también. Si ellos no lograban dar con nada más, el plan del abogado debía seguir en marcha. Maximiliano evitó exhalar pensando en todo eso. Sentía mucha presión encima.

—En una semana utilizaré la sala de juntas para una reunión extraordinaria —le informó él al cabo de un rato y mirando documentos—. Necesito que la construcción de este proyecto se agilice. Firmar antes de que termine el año es primordial para la empresa. Pronto vendrán elecciones y tendremos que comenzar todo de nuevo, ya me ha pasado y es un protocolo absurdo, burocrático y de mal gusto. Quiero evitarlo.

—Correcto. —Ella iba anotando todo.

—Necesito que me ayudes con eso, Lenis. Te coordinarás con Peter para tenerlo todo preparado y que la seguridad sea óptima.

—Perfecto. —Ella anotó—. ¿Debo enviar alguna convocatoria especial?

—Por supuesto. —Él succionó lo que quedaba de refresco a través de la pajilla, creando un cómico sonido que la hizo sonreír y negar con la cabeza. Él sonrió, bromista—. Lo siento —se disculpó. Ella se echó a reír. El CEO la miró un poco con disimulo y regresó a sus papeles—. Convoca también al jefe del departamento de Proyectos del ayuntamiento. Necesito que se siente junto al nuestro. Él ya lo sabrá, pero recálcale que solo aparezca con un solo asistente, invítalo a los dos. Que no se venga con todo el equipo con el que siempre trabaja. Lo conozco y de seguro querrá traerse a media manzana y a la prensa. Lo que menos deseo es que esto salga en público durante la reunión. Ya luego te daré luz verde para enviar una nota institucional y que nuestro departamento de prensa se encargue de informar lo pertinente. —Ella asintió sin dejar nada fuera de su tablet—. Envíale también una invitación a Consejero municipal, otra al estadal...

Ella evitó elevar sus cejas, al parecer, aquello parecía más un evento, que una junta. Abrió una nota adicional para añadir servicio de catering especial.

Ya tenía en mente lo que ordenaría y a quiénes llamaría, cuando él habló de nuevo:

—¿No sabes si el asesor político del gobernador aún sigue en su cargo? Convócalo. Necesito que Jefferson Smith esté presente, es el único que puede convencer al gobernador de que nuestro proyecto es el mejor.

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Comentários (1)
goodnovel comment avatar
Nesa Rodriguez
vive en confesiones, que pare un poco ...
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