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CAPÍTULO 6: ANASTASIA

مؤلف: QUEEN DE VIL
last update تاريخ النشر: 2026-11-03 00:57:23

MIRANDA.

Salgo al vestíbulo casi corriendo, ignorando a los empleados que se hacen a un lado al verme pasar. Escucho los pasos pesados de Maximiliano detrás de mí, pero no me detengo ni un segundo a esperarlo. Cruzamos las puertas de cristal de la torre y me abalanzo sobre el auto negro donde el chófer nos espera con la puerta abierta y el motor encendido.

Sofía y yo subimos de un golpe a la parte trasera del vehículo. Le doy un portazo en la cara a Maximiliano justo cuando intenta estirar la m
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  • EL REGRESO DE LA ESPOSA ENGAÑADA.   CAPÍTULO 9: SIN DERECHO A NADA

    MIRANDA.—¿Qué haces aquí? —le exijo, dando un paso firme hacia el interior.Maximiliano se pone de pie despacio, ajustándose el saco sin despegar los ojos de mí.—No vas a quitarme mi derecho, Miranda —dice con voz baja pero intransigente—. Es mi hija y tengo todo el derecho de estar con ella.—¿Quieres medir fuerzas, Maximiliano? —lo encaro, interponiéndome de inmediato entre él y la cama—. Tú sabes muy bien que te puedo ganar. Tienes todas las de perder, así que no te impongas, que tú ya no eres nadie aquí. Y si quieres ver a mi hija a las malas, te va a ir peor. Así que sal de aquí ahora mismo.—No me voy a ir —insiste él, dando un paso hacia la camilla—. No me vas a alejar de ella.En ese preciso instante, la puerta se abre de par en par. Sofía entra a la habitación acompañada por dos oficiales de policía del hospital.—¡Es él, oficiales! —señala Sofía con firmeza—. Este hombre se metió a la fuerza, me empujó fuera de la habitación y cerró la puerta con seguro para quedarse a sol

  • EL REGRESO DE LA ESPOSA ENGAÑADA.   CAPÍTULO 8: EL PESO DE LA VERDAD

    MAXIMILIANO.Salgo del hospital con el pulso desbocado y la cabeza a punto de estallar. El aire helado de la noche me golpea la cara, pero no logra sacarme del impacto. Camino hasta el auto, me encierro y marco el número de Sebastián.—Max, ¿qué pasó? ¿Dónde estás? —responde Sebastián al segundo tono.—Ven a mi departamento. Ahora. Trae algo fuerte para tomar.Treinta minutos después, Sebastián entra a mi sala, deja una botella de whisky sobre la mesa y me observa mientras me sirvo el primer vaso de un trago.—Habla de una vez, Maximiliano. Pareces un fantasma. ¿Qué pasó?—Fui al hospital donde estaba Miranda—¿Qué hacia Miranda en el hospital?—No estaba sola, Sebastián —digo, sirviéndome otro trago sin mirarlo—. Había una niña en esa cama. Una niña de cuatro años.Sebastián se queda congelado, con la copa a medio camino.—¿Una niña? ¿De qué hablas?—Esa niña... la voz que escuché en mis sueños estos cinco años, esa voz angelical que me atormentaba todas las noches y que creí que era

  • EL REGRESO DE LA ESPOSA ENGAÑADA.   CAPÍTULO 7: SIN MIEDO A NADA.

    MIRANDAMe pongo de pie, sorprendida por su presencia, pero reacciono de inmediato. Me cruzo en su camino y me coloco entre la camilla de Anastasia y la puerta, bloqueándole el paso a Maximiliano antes de que dé un solo paso más hacia el interior de la habitación.—¿Qué haces aquí? —le digo en un susurro, mirándolo fijamente a los ojos mientras señalo con la mano hacia el pasillo.Maximiliano ni me escucha. Ignora por completo mi gesto y mantiene la vista clavada por encima de mi hombro, fascinado y desconcertado por la pequeña que duerme bajo las sábanas.—¿De quién es esa niña? —pregunta él, arrugando la frente, incapaz de apartar la mirada.—A ti no te importa. Sal de aquí, está durmiendo —respondo en voz baja, apoyando la palma de mi mano contra su pecho y empujándolo hacia atrás con firmeza para obligarlo a retroceder.—Es tu hija... —murmura, parpadeando despacio mientras procesa la escena.—A ti qué te importa, Maximiliano. Sal inmediatamente —reitero, sujetando el borde de la

  • EL REGRESO DE LA ESPOSA ENGAÑADA.    CAPÍTULO 6: ANASTASIA

    MIRANDA.Salgo al vestíbulo casi corriendo, ignorando a los empleados que se hacen a un lado al verme pasar. Escucho los pasos pesados de Maximiliano detrás de mí, pero no me detengo ni un segundo a esperarlo. Cruzamos las puertas de cristal de la torre y me abalanzo sobre el auto negro donde el chófer nos espera con la puerta abierta y el motor encendido.Sofía y yo subimos de un golpe a la parte trasera del vehículo. Le doy un portazo en la cara a Maximiliano justo cuando intenta estirar la mano para detener la puerta.—¡Arranca ya! —le ordeno al chófer.El auto sale disparado a la avenida, dejando a Maximiliano de pie en la acera, confundido y observándonos desaparecer entre el tráfico.—¿Qué demonios pasó, Miranda? —pregunta Sofía mirándome alarmada desde el asiento de al lado—. Estas blanca como un papel. ¿Ese infeliz te dijo algo?—No es Maximiliano —respondo, tratando de dominar el temblor de mis manos—. Era María. Anastasia está en el hospital.Sofía se gira hacia mí con los o

  • EL REGRESO DE LA ESPOSA ENGAÑADA.   CAPÍTULO 5: A SOLAS CON EL FANTASMA.

    MAXIMILIANOEl aire en la sala de juntas es un veneno puro que no puedo tragar. Los pulmones se me cierran. Intento tomar una bocanada, pero me ahogo con mi propio aire.No es posible.No puede ser ella.La mujer que destruí, la muchacha asustada de veinte años que abandoné en la miseria hace cinco años, está sentada en la cabecera de mi mesa.En mi silla.Miranda cruza las piernas viéndose grande, hermosa, elegante. Me observa con esos ojos oscuros, fríos, desprovistos de cualquier rastro del amor que un día me tuvo.—Afuera todo el mundo —digo.Nadie se mueve. La parálisis en la sala es absoluta.—Max... ¿estás seguro? —me pregunta Sebastián, dándome un paso al frente y poniéndome una mano cerca del hombro—. Esta situación legal es delicada. No podemos cometer un error ahora.—Dije que se vayan. ¡Todos fuera! —bramo, volteando a verlo con la mandíbula apretada.Donahue, el socio minoritario, se ajusta las solapas del saco, temblando de rabia y desconcierto.—No puedes sacarnos así,

  • EL REGRESO DE LA ESPOSA ENGAÑADA.   CAPÍTULO 4: LA VERDADERA DUEÑA.

    MIRANDA.El auto negro avanza a paso constante por las calles del centro de Los Ángeles. Voy en el asiento trasero, revisando una última vez la carpeta de la reestructuración en mi tableta. A mi lado, Sofía ajusta el cuello de su saco mientras me observa de reojo.—¿Cómo te sientes, Miranda? —pregunta Sofía, rompiendo el silencio—. Estamos a dos calles.—Perfecta —respondo sin desviar la mirada de la pantalla—. Mi pulso está acelerado por la adrenalina, no por el miedo.—Cinco años de trabajo se resumen en los próximos diez minutos. ¿Estás absolutamente lista para volver a verles las caras?—Llevo mil ochocientos días lista para esto, Sofía. No vine a dudar. Vine a cobrar deudas.El vehículo se detiene frente a la imponente torre de Sterling & Asociados. Al bajarme y mirar hacia arriba, el edificio me parece ajeno. La realidad es que, cuando heredé las acciones tras la muerte de mi padre por aquel infarto repentino, yo jamás puse un pie en este bufete.Mi padre prefería mantenerme al

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