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C137: Ignorada en el caos

مؤلف: Liliana Gómez
last update تاريخ النشر: 2026-09-16 23:25:56

Dos oficiales me ayudaron a quitar a Maximilian de encima, acostándolo sobre la acera. Mi abdomen estaba cubierto de sangre, caliente, pegajoso, el olor a óxido reinando el aire.

Resistí una arcada. No por la sangre así, sino porque pertenecía a ls persona que amaba.

Mi futuro esposo se estaba desangrando, le habían disparado en el abdomen.

Los policías comenzaron a gritar órdenes y dos paramédicos se acercaron con una camilla.

—Necesitan salvarlo, por favor —supliqué, pero ninguno pareció
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  • EL REGRESO DEL CEO: RECLAMADA POR MI CUÑADO    C142: Bombarderos

    ••Narra Elliot••Dejé a Maximilian sobre la cama, permitiendo que los doctores se hicieran cargo de él. Me veían con los ojos muy abiertos, espantados por la jeringa vacía que llevaba en la mano. ¿Qué? ¿Tenía que consultar si quería drogarlo? —Encárguense de él, que no salga de la habitación —Les dije al personal médico. Al salir, llamé a mi asistente de confianza. —Quiero que revisen cada cámara de la ciudad. Tenemos la vista parcial de las matrículas de las camionetas —ordené, subiéndome en mi coche—. Necesito que revisen cada semáforo, cada tienda, cada edificio. Si esa camioneta se movió, quiero saberlo. Ahora.Colgué, conduciendo con prisa a la mansión. Necesitaba ver a Bianca. Saber que secuestraron a Vienna provocó recuerdos del día en que Bianca desapareció. No podía dejar que la historia de repitiera. Menos si los King estaban incluido. Tenía que moverme. Tenía que encontrar a Vienna antes de que fuera demasiado tarde.Maximilian no repetiría mi historia. Y Vienna no r

  • EL REGRESO DEL CEO: RECLAMADA POR MI CUÑADO    C141: ¿Hierbas o escaleras?

    ••Narra Vienna•• La mesa del comedor estaba cubierta por un mantel color crema que alguna vez fue blanco, pero que ahora mostraba manchas amarillentas, como si no se hubiera lavado en semanas. La vajilla era la misma de siempre, porcelana fina con detalles dorados, pero los cubiertos estaban opacos y el agua en las jarras tenía un sabor metálico que me obligaba a tragarla con esfuerzo. No había sirvientes. Lo noté desde el primer momento, desde que mi madre me trajo aquella bandeja con galletas de supermercado y té. La mansión Harlow, que siempre había estado llena de personal moviéndose por todas partes, ahora estaba vacía. Las alfombras estaban polvorientas, los muebles cubiertos por una fina capa de suciedad, y las ventanas, que antes brillaban con la luz del sol, ahora estaban opacas por la falta de limpieza. Debieron quedarse sin dinero la misma semana que dejaron de recibir pagos. Ya que ellos no saben invertir, solo derrochar. Jamás imaginé que dos personas pudieran acabar

  • EL REGRESO DEL CEO: RECLAMADA POR MI CUÑADO    C140: Yo la encontraré

    ••Narra Maximilian••Un pitido se adueñó de mis oídos. Uno que reconocía muy bien, por el día en que desperté en el hospital hace casi tres años, después de sobrevivir a las bajas temperaturas del mar abierto y las heridas que me habían infligido en la tortura, desperté de una forma parecida. Era el hospital. Un ardor profundo, punzante, me atravesó el abdomen y se extendió por todo el cuerpo como un incendio. Intenté moverme, pero cada músculo protestó. Mis ojos se abrieron lentamente y el techo blanco del hospital me recibió como una bofetada. —Vienna... —Fue lo primero que salió de mis labios. Lo único que importaba. Sentía la garganta rasposa. Escaneé la habitación rápidamente, en busca de los ojos grises de mi mujer. Pero no estaba. No había nadie. Estaba solo. Cómo en aquel entonces. —¿Vienna? —hablé con un poco más de fuerza, esperando que saliera del baño. Ella estaba bien. Lo sé porque yo la protegí. Porque no me importó desangrarme mientras cubría su pequeño cuerpo c

  • EL REGRESO DEL CEO: RECLAMADA POR MI CUÑADO    C139: Lavado de cerebro

    Abrí los ojos lentamente, sintiendo que el mundo daba vueltas a mi alrededor. Lo primero que vi fue un techo blanco, con una lámpara de cristal que conocía demasiado bien. Las paredes eran de un color crema suave, con cuadros de flores que mi madre había pintado hacía años. El olor... el olor era a lavanda y canela, a la casa donde había crecido. Mi habitación. No la del penthouse. No la de la mansión King. La de la casa de mis padres. —¿Qué...? —susurré, incorporándome lentamente. No entendía lo que ocurría. No entendía esta calma después de haber sido llevada a la fuerza a una camioneta. Acaso… ¿Fue un sueño? Miré mis manos. Estaban vendidas, mis piernas también. Y el dolor fue inmediato, como si el recuerdo de las raspaduras provocará que las heridas volvieran a arder. «¡No fue un sueño! ¡Fue real!» —Maximilian… —El pánico se filtró en mi voz. ¡Me llevaron sin saber cómo estaba él! Pero, ¿cómo terminé aquí? ¿Me rescataron? ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Por qué no estab

  • EL REGRESO DEL CEO: RECLAMADA POR MI CUÑADO    C138: Embestir

    El caos era absoluto. Los policías corrían de un lado a otro, atendiendo a los heridos, asegurando la zona, gritando órdenes que nadie parecía escuchar. Las sirenas de las ambulancias y los coches patrulla llenaban el aire, mezclándose con los sollozos de la gente. Eran muchos heridos. Más de los que imaginé. Y yo estaba bien. Estaba a salvo, porque Maximilian me protegió. —Maximilian… —susurré, las lágrimas no dejaban de caer. La ambulancia ya se había ido. Se lo habían llevado. Y yo me había quedado atrás, como siempre. Nadie me iba a ayudar. No era prioridad. Estaba sana y sería egoísta de mi parte pedirles atención cuando no me había pasado nada. Otros se desangraba. Debía ser independiente, dejar de representar una carga para todos. Miré a mi alrededor, buscando mi bastón. Hasta que lo vi a unos metros, tirado en el suelo. Me arrastré, sintiendo que las piedras del pavimento rasgaban la piel de mis piernas, mi vestido, mis palmas pero no me detuve. No cuando tenía la sa

  • EL REGRESO DEL CEO: RECLAMADA POR MI CUÑADO    C137: Ignorada en el caos

    Dos oficiales me ayudaron a quitar a Maximilian de encima, acostándolo sobre la acera. Mi abdomen estaba cubierto de sangre, caliente, pegajoso, el olor a óxido reinando el aire. Resistí una arcada. No por la sangre así, sino porque pertenecía a ls persona que amaba. Mi futuro esposo se estaba desangrando, le habían disparado en el abdomen. Los policías comenzaron a gritar órdenes y dos paramédicos se acercaron con una camilla. —Necesitan salvarlo, por favor —supliqué, pero ninguno pareció escucharme. —¡Rápido, está perdiendo mucha sangre! —gritó el policía, dirigiéndose a los paramédicos mientras cubría la herida de Maximilian. La sangre se desbordaban entre sus dedos. Era demasiada… estaba perdiendo tanta sangre. Un sollozo escapó de mi garganta mientras me acercaba, arrastrándome sobre la acera para poder estar a su lado. Sus ojos estaban cerrados, su tez mucho más clara de lo normal. Ver a este hombre tan fuerte y que rezumaba poder, control, en este estado tan vulnerable…

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