ANMELDENDespués de dos semanas disfrutando de su luna de miel en Santorini, Lucas y Rina finalmente regresaron a Ashford Hills. El avión aterrizó suavemente en el aeropuerto, y el aire fresco característico de las montañas los recibió en cuanto salieron de la aeronave. El cielo del atardecer lucía un tono naranja dorado, y los árboles alrededor del aeropuerto se balanceaban suavemente con el viento.Lucas tomó la mano de Rina mientras caminaban hacia el área de llegadas. Lucas arrastraba sus maletas —dos maletas grandes de colores a juego— con la mano derecha. Rina llevaba un bolso pequeño con recuerdos para su familia."No puedo esperar para ver a todos", dijo Rina, con los ojos brillándole de ilusión."Yo tampoco. Seguro Lily ya preparó algo para darnos la bienvenida".Y así fue: tan pronto como cruzaron la puerta de llegadas, fueron recibidos por la gran familia Hale. Lily daba saltos de alegría mientras sostenía globos de colores. Bella sonreía ampliamente con los ojos cristalinos. Christ
Esa mañana, los rayos del sol traspasaban las finas cortinas de la habitación de hotel a orillas de la playa en Santorini, Grecia. La luz dorada entraba suavemente, creando hermosos patrones sobre el piso de mármol blanco. La brisa marina soplaba suavemente, trayendo consigo el aroma a sal y a las flores silvestres que crecían en los acantilados pronunciados. Desde el balcón de la habitación, se extendía una vista al vasto mar azul, resplandeciente bajo el sol matutino.Lucas despertó primero. Estaba acostado al lado de Rina, contemplando el rostro de su esposa, quien aún dormía profundamente. El largo cabello de Rina se desparramaba sobre la almohada blanca y sus labios estaban ligeramente entreabiertos. Lucas sonrió. Todavía no podía creer que esta mujer fuera ahora su esposa. Después de todo por lo que había pasado—el dolor, la pérdida y el miedo—finalmente había encontrado la verdadera felicidad.Se levantó despacio, procurando no despertar a Rina. Caminó hacia el balcón e inhaló
El verano se volvía cada vez más cálido en Ashford Hills, y el vínculo entre Lucas y Rina se estrechaba día con día. Compartían tiempo con frecuencia: cenando en pequeños restaurantes, paseando por el parque o simplemente sentados en el taller conversando sobre cualquier tema. Lucas sentía que su vida alcanzaba una plenitud inédita. Contaba con una familia que lo amaba, un negocio en franca expansión y, ahora, con alguien que le hacía acelerar el corazón.Una tarde, Lucas descansaba en el área de espera del taller, contemplando a Rina mientras ayudaba a Isabella a acomodar las libretas de bocetos sobre la mesa. Rina lucía completamente integrada: sonreía, reía y bromeaba con sus hermanos. Lucas no podía contener la sonrisa.Matteo se le acercó portando dos vasos de té helado. —Oye, hermano, no le quitas la mirada de encima a Rina. Pareces un hombre profundamente enamorado.Lucas aceptó el té, con las mejillas ligeramente ruborizadas. —Es que estoy enamorado, Matteo.Matteo esbozó una
El invierno dio paso a la primavera, la cual saludó de nuevo a Ashford Hills con un estallido de flores incipientes. El aire cálido exhalaba el aroma de la tierra húmeda y el césped recién cortado. En el taller de Lucas Motor Works, el trasiego se intensificó con la proximidad de la temporada vacacional, dado que numerosos clientes acudían a poner a punto sus vehículos de cara a los viajes y desplazamientos de descanso.Lucas se hallaba inmerso en la reparación de una motocicleta cuando una joven hizo su entrada en el local. Poseía una larga cabellera negra recogida en una coleta, una mirada de profundos ojos castaños y una sonrisa afable. Vestía con pulcritud una camisa blanca y unos vaqueros azules, y portaba en una mano un casco de color rojo.—Buenos días. ¿Es este el taller Lucas Motor Works? —preguntó la muchacha.Lucas alzó la vista de su labor. —Sí, señorita. ¿En qué puedo ayudarla?—Quisiera una revisión para mi moto. El motor ha estado emitiendo un sonido extraño últimamente
Tres meses habían transcurrido desde la inauguración del taller de Lucas. El verano dio paso al otoño, y el follaje a lo largo de las calles de Ashford Hills se tiñó de matices dorados y rojizos. Para entonces, «Lucas Motor Works» se había consolidado como un referente de confianza entre los vecinos de la zona. La clientela acudía no solo desde Ashford Hills, sino también de las localidades vecinas, propagándose de boca en boca la fama de aquel joven mecánico amable, honesto y talentoso.Lucas se hallaba de pie frente a su establecimiento, saboreando el fresco aire matutino mientras sostenía una taza de café humeante que Bella le había preparado. Observó el cartel situado sobre la puerta —«Lucas Motor Works»— y sonrió. Antaño, aquel lugar solo existía en su imaginación; ahora, constituía una feliz realidad.Matteo salió del interior del taller portando una llave inglesa y un trapo. —Oye, hermano, ha llegado un cliente. Dice que el motor se le recalienta.Lucas dejó la taza a un lado.
El sol de la mañana apenas comenzaba a despuntar cuando Lucas llegó a su pequeño local. Transportaba una caja con herramientas —brochas, rodillos, una cubeta y varios tarros de pintura blanca impecable—. Matteo se presentó minutos después portando una escoba, un recogedor y bolsas de basura de gran tamaño. Ambos se detuvieron ante la fachada, contemplando el edificio vetusto que marcaría el punto de partida del gran sueño de Lucas.—¿Por dónde empezamos? —preguntó Matteo mientras descargaba los bártulos.—Primero limpiaremos el interior. Sacaremos toda la basura, barreremos y recogeremos los cristales rotos. En cuanto terminemos, nos pondremos con las paredes —respondió Lucas al tiempo que abría la puerta.Entraron y se pusieron manos a la obra. El polvo comenzó a flotar en el ambiente, provocándoles ataques de tos. Las telarañas colgaban de las esquinas del techo y el suelo estaba salpicado de latas vacías, listones de madera y restos de cerámica. Lucas y Matteo laboraron en silencio







