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Capítulo 2

Author: Circle Master
Salí de la habitación del centro de sanación con paso firme. Ya no estaba enojada, pues en mi interior reinaba una calma que adormecía todos mis sentidos. Caminé sin rumbo fijo hasta detenerme bajo la sombra del inmenso árbol que custodiaba el exterior. Era el mismo tronco bajo el cual, años atrás, había aceptado convertirme en la compañera de Cassian.

Todo había comenzado hace cinco años, cuando el clima se volvió inclemente. Las manadas se dividieron bajo la presión de la catástrofe y el mundo entero de los lobos terminó haciéndose pedazos debido a la escasez de recursos. Fue en medio de ese caos donde salvé a Cassian de una muerte segura.

Al principio, no tenía la menor intención de ayudarlo. En la manada donde crecí, los débiles siempre eran sacrificados para garantizar la supervivencia del resto. Así funcionaba la naturaleza. Sin embargo, la terquedad que demostró al aferrarse a la vida terminó por quebrantar mis reglas. Lo acogí y, desde que recuperó las fuerzas, asumió el rol de guardia personal, manteniéndose siempre a un paso de distancia.

Me aseguró que su vida me pertenecía desde el instante en que se la devolví, y que, si yo le exigía morir, no opondría la menor resistencia. Lejos de ser palabras vacías, lo demostró con sangre.

Cuando la manada Blood Moon sufrió una emboscada y quedé acorralada, Cassian fue el único que se mantuvo firme a mi lado. Tenía los brazos cubiertos de cortes causados por cuchillas de plata y llevaba una herida abierta en el abdomen. A pesar de la gravedad de su estado, se negó a caer. Cubrió mi espalda y recibió cada impacto letal hasta que el último de nuestros enemigos se desplomó sin vida.

Solía decir que yo era una diosa que había descendido para rescatarlo de su peor momento, y juró que nadie me pondría una sola mano encima mientras a él le quedara aliento. Esa lealtad irrefutable terminó derribando todas mis defensas y me enamoré perdidamente de él.

En su afán por demostrar que era digno de estar a mi lado, me pidió ayuda. Cabalgué junto a mis guerreros para respaldarlo y masacramos a los usurpadores que habían reducido su antigua manada a cenizas. Al haberse quedado sin hogar, le otorgué un lugar de poder en mi territorio. Una vez establecida su nueva posición, completamos el vínculo y nos convertimos en compañeros oficiales.

Pero había un obstáculo: mi cuerpo no estaba preparado para eso. Llevar un cachorro en el vientre no iba a ser nada fácil. Cassian solía apartarme el cabello del rostro, mirándome a los ojos para asegurarme de que solo me necesitaba a mí para estar completo, y de que no estaba dispuesto a verme sufrir. Pero mi deseo de formar una familia a su lado era más fuerte.

Durante el primer año de nuestra unión, aguanté de todo. Me tragué cientos de brebajes de hierbas amargas, forcé los límites de mi anatomía para hacer tratos con mi salud y, al final, logré concebir a nuestra cachorra: Dora.

El día que se lo conté, cayó de rodillas frente a mí, incapaz de contener el llanto, y me dio las gracias por convertirlo en padre.

Tras el nacimiento, se aferró a nosotras temblando de la emoción. En ese hermoso momento, juró por su vida que, si alguna vez me traicionaba, merecería ser condenado a muerte y arrojado al exilio sin ningún tipo de ceremonia.

A partir de entonces, trabajó hasta el agotamiento. La cachorra había cambiado su mundo. Repetía sin descanso que sería un padre que valiera la pena, un esposo en quien yo pudiera apoyarme, y que transformaría a la manada en un hogar digno para nosotras.

Ahora, de pie bajo ese mismo árbol, repasar cada uno de esos preciosos momentos me provocaba náuseas. Bastó que se acostara con otra hembra para quitarle todo el valor a sus promesas.

Él mismo aseguró que una traición lo llevaría directo a una muerte sin ceremonia, desterrado del territorio... Y si de algo estaba segura, era de que yo jamás fui una hembra débil.

¿Acaso se preguntan por qué mi cuerpo es como es? ¿Por qué llevar un embarazo casi me mata? Porque, año tras año, me sometí a un entrenamiento brutal que aplastó por completo lo que se esperaba de cualquier loba. Mi padre me forjó para ser indestructible. Yo era la heredera desde un principio. Llevé mis músculos y mis huesos más allá de todos los límites conocidos.

Cuando el destino cruzó mi camino con el de Cassian, el daño interno ya era demasiado grande como para tener hijos sin dificultad.

Soy una loba forjada bajo la sombra de la muerte, una guerrera que se negó a perdonar cualquier muestra de debilidad... ¿Les parece creíble que sea capaz de perdonar a un Alfa que se atrevió a traicionar nuestro vínculo?

Me encargaría de que cumpliera su única promesa: morir en el exilio y sin ceremonias.

Bajé en silencio hasta los callejones del mercado negro y compré una poción diseñada para disolver el vínculo. Me la bebí de un solo trago allí mismo, dejando que el líquido espeso y amargo me quemara la garganta.

El efecto de la ruptura no se completaría hasta pasadas las veinticuatro horas.

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