LOGINRafael emitió un sonido de asentimiento, sin mostrar el más mínimo interés.—Lo sé.Ricardo no esperaba que estuviera tan tranquilo. Aunque el derecho de uso del sistema de conducción autónoma era vitalicio y la producción de vehículos marchaba sin contratiempos, por lo visto en realidad no representaba ninguna amenaza. Eso sí, un ingeniero como Leandro era, sin duda, difícil de encontrar.Ricardo no preguntó demasiado y pasó al informe:—Señor, su abuelo y el director del consejo lo han buscado varias veces. ¿En serio no piensa responderles?Rafael bajó la cabeza y se presionó el puente de la nariz.—Estoy ocupado. No voy a responder.Si lo buscaban, era por el asunto de Alexis. Apenas habían pasado unos días y ya no lo soportaban. ¿Y Vanessa, entonces? ¿Qué había del daño que ella sufrió antes de todo esto? Y la noche de la fiesta de cumpleaños, ellos mismos habían difundido a propósito un video editado y montado para difamarla, dejándola sola frente a la mirada cuestionadora de tant
—Entendido.Daniel se retiró con respeto.Apenas salió, Federico Serrano entró al despacho. Alto, con un porte elegante y refinado, llevaba unos lentes de armazón plateado que acentuaban la línea marcada de su nariz. Al sonreír se le formaban unos hoyuelos suaves, y todo su aire era limpio y luminoso, como el de la luna.Vanessa lo veía por primera vez y, por un instante, quedó impresionada.—Señorita —saludó Federico con una voz suave, melodiosa, casi cautivadora.Era difícil imaginar cómo un hombre tan elegante y sereno había logrado sostenerse en el mundo de los negocios.Vanessa le señaló el sofá con un gesto del mentón.—Siéntate, por favor —le pidió, dejando de lado el rigor del "usted".Federico asintió y avanzó hacia el área de los sofás.Vanessa llamó a la asistente por la línea interna y le pidió que trajera dos cafés. Después se acercó y se sentó frente a él.—Daniel me dijo que estos últimos días has estado en contacto con los responsables de varios proyectos. ¿Cómo va el a
Una sonrisa asomó en los labios de Rodrigo.—¿Qué pasa, señorita León? ¿Tanto miedo me tiene?Vanessa respondió con sequedad:—Para nada. Tomaremos un taxi por nuestra cuenta.Daniel lo miró con recelo. Rodrigo no le caía nada bien, y menos ahora que el Grupo León y el Grupo Firax eran socios, lo que los convertía en rivales directos del Corporativo Zarza. Además de eso, le había oído a Roberto que, tiempo atrás, el Grupo León y el Corporativo Zarza habían trabajado juntos una vez y el asunto había terminado muy mal. Desde entonces, ambas familias no habían vuelto a colaborar.—Entonces hablemos de la indemnización. —Rodrigo señaló con la cabeza hacia el lugar del accidente—. O bien, podemos conversar sobre cómo piensa agradecérmelo. Elija.En Cartaluz, el tráfico de la hora pico era terrible. Vanessa titubeó unos segundos y subió al auto. Daniel se sentó en el asiento del copiloto.—Señor Zárate, ¿usted cree en supersticiones? —preguntó Vanessa de pronto, apenas estuvo adentro.Rodrig
Vanessa comió algo rápido y enseguida se puso a revisar documentos. Se sentó con las piernas cruzadas sobre la alfombra, con una pila de carpetas encima de la mesita de centro.Bianca, preocupada de que no soportara el ritmo, la regañó:—¿Hasta cuándo vas a estar con esos papeles? Llevas así desde que acabamos de cenar. Descansa un rato.—Recién tomé las riendas de la empresa, hay muchos proyectos que no conozco. Tengo que enterarme de todo cuanto antes.Vanessa levantó la mirada un instante y le sonrió.—Sé que te preocupas por mí, pero la situación es urgentísima. Si no me pongo al día rápido, no la cuento. ¿O me ayudas?Bianca agitó las manos, asustada.—Yo solo sé caminar en pasarela, de lo demás no sé nada. Pero, eso sí, la próxima vez que quieras pegarle a alguien, llámame y te ayudo a molerlos a golpes.Vanessa no supo si reír o llorar.—Pegarle a alguien es delito, ¿cómo te voy a meter en eso?Bianca se inclinó y la abrazó, dándole un beso en la mejilla.—Por eso eres mi tesoro
En estos dos últimos días, Rafael había adelgazado visiblemente, estaba de mal humor y apenas comía.Juana no soportaba verlo así y le insistió:—Señor, coma algo. Le preparé un caldo, es ligero, tome un poco.Rafael tenía la mirada apagada; soltó un murmullo de asentimiento y fue a sentarse.Juana se alegró y enseguida le puso el caldo delante. En la mesa había varios platos más. Entre ellos, había un par de platillos que solían ser de los favoritos de Vanessa, incluida esta sopa.Rafael, inexpresivo, tomó unos sorbos del caldo y luego un bocado del pescado. Tenía el ceño apretado y se movía con lentitud, ausente.Juana suspiró.—Señor, ya dice el refrán que las peleas de pareja se arreglan en la habitación. ¿Por qué no le da un detalle cariñoso a la señora? Seguro que vuelve.¿Detalle?El reloj que él le había regalado ella lo había tirado al suelo.El anillo y la pulsera que le dio el abuelo aquel día se los devolvió, sin dudarlo.Él lo sabía: le había partido el corazón.Aunque le
Al ver de nuevo a Rafael, a Vanessa le atravesó una punzada imprevista. Pero mantuvo la compostura, sin moverse de donde estaba.Rafael llevaba un traje oscuro que casi se fundía con la noche. Ese aire distinguido suyo sobresalía en cualquier parte, y esa cara de belleza casi irreal llamaba la atención.Pero ese rostro, ahora, a ella solo le dolía mirarlo.—¿Qué vienes a hacer aquí? —preguntó Vanessa con voz mecánica, mirándolo sin reflejar emoción alguna.Rafael se acercó a ella con paso firme. Sus ojos traslucían una profunda inquietud.—¿Mi madre fue a la oficina a buscarte? ¿Estás bien? Ella...—Señor Cisneros.Vanessa retrocedió unos pasos para mantener la distancia y lo interrumpió con apatía.—Puedo resolver mis asuntos sola. No te metas.Su actitud era lejana, como si la tuviera harta.Rafael aguzó la vista con severidad, pero fingió que nada pasaba.—Temo que te complique las cosas. Ahora que Alexis y Natalia están detenidos, es capaz de cualquier cosa con tal de sacarlos.—Us






