LOGIN—Si quieres, dentro de poco es mi cumpleaños. Podríamos ir a registrar nuestro matrimonio ese día. Eso también sería significativo, ¿no crees?Al escucharlo mencionar su cumpleaños, Vanessa se dio cuenta de que el día después del cumpleaños de Rafael era el de Alexis.Pero ya no sentía nada por él. Como Alexis ni siquiera lo había mencionado, ella casi había olvidado la fecha.—No hace falta.Vanessa hizo una pausa y añadió:—Tampoco es que me urgiera casarme contigo. Además, ya me casé.—Vanessa, ¿tiene algún sentido que me engañes así?Alexis asumió que seguía hablando por despecho y trató de calmarla con un tono conciliador:—Todos estos años, el único a tu lado fui yo. ¿Cómo te vas a casar con alguien más? Ya deja de hacer berrinche, ¿sí? Estemos bien.Qué seguro de sí mismo era.Ya se lo había dicho tantas veces, ¿y seguía sin creerle que se había casado?De todas formas iba a hacerse público tarde o temprano, así que Vanessa decidió ser directa:—No estoy jugando. Lo digo muy en
—El mes que viene, en mi cumpleaños —respondió Rafael sin dudarlo.Vanessa había visto su fecha de nacimiento en el acta de matrimonio.Faltaba poco, menos de veinte días.No esperaba que se moviera tan rápido, y encima hubiera elegido un día tan significativo y especial.Rafael era el príncipe de Cartaluz, una figura de la más alta esfera. Quienes buscaban ganarse su favor eran incontables, así que su fiesta de cumpleaños sería, sin duda, un evento grandioso y llamativo.Solo de imaginarlo, Vanessa sintió una emoción que no supo nombrar, mezclada con nervios, y sonrió sin querer.—Está bien.Al colgar, Vanessa sentía que flotaba, con el ánimo por las nubes.La diferencia entre Rafael y Alexis era que él cumplía su palabra y siempre la ponía a ella en primer lugar.Alexis, en cambio, no respetaba sus promesas. Siempre dejaba los asuntos de ella para el final, e incluso era capaz de sacrificar sus sentimientos en cualquier momento.La diferencia entre ellos era como la noche y el día.V
Rafael abrió los ojos con sorpresa. Bajó la mirada hacia ella.—¿Mm? ¿Te da miedo que la gente se entere?Vanessa negó sin salir de su abrazo, luego levantó la cara hacia él y su aliento le rozó el mentón.—Estaba pensando en cuándo vamos a hacerlo público.Lo dijo con un tono tentativo, observando la reacción de Rafael.Él ni siquiera sintió el cosquilleo de su aliento; de pronto se echó un poco hacia atrás.Sus ojos profundos la recorrieron con un destello extraño y se clavaron en los de ella.—¿Quieres hacerlo público?Vanessa lo miró a la cara, incapaz de descifrar lo que pensaba. Asintió, y luego añadió:—Pero si te parece complicado, también podemos dejarlo así.Al terminar de decirlo, se sintió desanimada.“¿Será que todavía está esperando a su persona especial?”—Bien.Rafael habló con firmeza.—Yo me encargo.Vanessa levantó la mirada de golpe y lo miró atónita.—Entonces, ¿aceptas hacerlo público?Rafael sonrió y en el fondo de sus ojos oscuros asomó una ternura indulgente.—
Mientras decía eso, se acercó a olfatear el tenue aroma a alcohol que despedía.—Esta noche vas a dormir en el cuarto de huéspedes.Se dio la vuelta para irse, pero una mano le sujetó la muñeca y la jaló hacia un abrazo amplio y cálido.El olor a alcohol mezclado con esa fragancia amaderada, tan particular en él, le envolvió la nariz.—Puedo dormir en el cuarto de huéspedes, pero vienes conmigo.Rafael habló sobre su cabeza con tono magnético y juguetón.—A mí no me gusta dormir por separado, ¿tú qué opinas, cariño?Vanessa alzó la cara y se encontró con un par de ojos oscuros como obsidiana, de mirada profunda y tentadora, que la atravesaron de lleno.Esa mirada, tan apasionada y provocadora a la vez.El corazón de Vanessa se aceleró.Se le cortó la respiración, las mejillas le ardieron y desvió los ojos sin atreverse a sostenerle la mirada.—¿Quién va a dormir contigo?Con los ojos bajos, las pestañas le proyectaban una sombra delicada sobre sus mejillas, dándole un aire dócil y enca
Al verla entrar, Rafael se levantó de golpe.—Estaba hablando con Leonardo de cualquier cosa, ¿por qué te despertaste?Vanessa había alcanzado a escuchar algo sobre una “malagradecida”, pero no logró entender bien.Mientras caminaba hacia adentro, le contestó:—Me desperté. Pensé que estabas trabajando, no me imaginé que había venido el señor Soto.Se acercó hasta donde estaba Rafael y miró con una sonrisa cortés a Leonardo, que estaba sentado en el sofá.Leonardo los observó: él, tan capaz; ella, tan guapa, y volvió a bromear con una sonrisa:—Vane, ¿por qué tan formal? Dime Leonardo, o si quieres, solo Leo.—Está bien, Leonardo —respondió Vanessa con una sonrisa y un asentimiento.Leonardo y Rafael tenían más o menos la misma edad y llevaban años de amistad.Vanessa recordaba que en aquellos años, cuando la familia Cisneros organizaba algún banquete, siempre se les veía a ellos por ahí.Pero en ese entonces, Vanessa solo tenía ojos para Alexis. No conocía bien a los amigos de Rafael
Vanessa se frotó las manos, y Rafael, al notarlo, se acercó.—¿Te duele?Ella asintió sin hacerse la fuerte.—Me duele. Fue más agotador que jugar bádminton.Pero tenía que admitirlo: después de esa descarga, toda la frustración acumulada durante años por las trampas de Natalia se había liberado de golpe. Sentía un alivio indescriptible.Rafael la tomó con suavidad por los hombros y la giró para que le diera la espalda. Entonces comenzó a masajearla con destreza.Sus manos eran tan hábiles que Vanessa creyó que había estudiado para eso. Todo su cuerpo se relajó bajo su toque.—Listo. En un rato ponte pomada en las palmas, y la próxima vez usa algo para golpear, no te lastimes las manos —dijo Rafael mientras seguía masajeándole los hombros, con un tono suave y consentidor.Vanessa volteó a verlo, sorprendida.—Rafael, ¿no crees que fui demasiado violenta?Al recordar la cara desfigurada de Natalia después de la golpiza, sintió que se había pasado.Aunque no se arrepentía.Si esa noche e
Vanessa debía estar volviéndose loca.Por un instante, se le cruzó la idea de que Rafael se refería a ella.Fue un arrebato de narcisismo que no duró más que un par de segundos. El corazón se le desplomó y prefirió no preguntar nada más.Sin embargo, en su interior no solo sentía sorpresa, sino tamb
—¿Bueno?Vanessa deslizó el dedo por la pantalla para contestar y fingió indiferencia. —Felicidades, Rafael. Dime, ¿cuándo piensas volver para que nos divorciemos?La respiración de él se volvió pesada.¿Le hablaba a mitad de la noche solo para mencionar el divorcio?—Dime la razón —exigió Rafael.
Una y otra vez, Alexis se había desquitado con ella por culpa de Natalia, llegando incluso a obligarla a arrodillarse para pedir perdón. Cualquiera que no los conociera pensaría que esa supuesta hermana en realidad era su novia.Mientras Vanessa se perdía en sus pensamientos, la voz profunda de Rafa
Perdió a su madre a los diez años y, a los dieciocho, también a su padre. Ese año, Alexis le prometió a su papá que la cuidaría y que siempre estaría para ella.Pero solo pasaron unos años... no, eso no era cierto. Poco después de la partida de su padre, Alexis cambió; empezó a despreciarla y a meno







