Se connecterMientras trabajaba, Bianca escuchó a unas personas hablar sobre las graves heridas de Rafael y enseguida llamó a Vanessa.Pero ella no contestó. Bianca le escribió para preguntar qué había ocurrido y no recibió respuesta hasta más de una hora después. Su amiga le aseguró que todo estaba bien.Vanessa también le pidió que confiara en ella y se concentrara en su trabajo.Bianca sabía que la situación laboral de Vanessa no era nada común, así que siguió su consejo y no hizo más preguntas.Como se encontró ahí con Daniel, la mano derecha de Vanessa, aprovechó para preguntarle.—No pasó nada. Todos están bien. No se preocupe tanto —respondió Daniel con una risita. Se mostró algo tímido ante Bianca.Daniel no era muy alto, pero tampoco era bajo; medía un metro setenta y ocho. Sin embargo, de pie frente a él, Bianca también se veía muy alta.A simple vista, ella incluso parecía más alta que Daniel, quien se sintió muy acomplejado. A Bianca se le escapó una risa.—Con razón eres la mano derech
Vanessa se estremeció y tardó mucho en reaccionar. Las palabras de Ricardo la dejaron conmocionada y afligida. La angustia la oprimía. Así de profundos eran los sentimientos de Rafael por ella.Ricardo llevaba muchos años a su lado. Si se atrevía a contarle todo eso, no podía ser mentira. A menos que quisiera engañarla, pero no tenía ningún motivo para hacerlo.Una punzada le atravesó el pecho y Vanessa tuvo que esforzarse para respirar y recuperar la voz.—¿Intentaron asesinarlo?Ricardo se dio cuenta de que esa noche había hablado de más. Temeroso de que lo reprendieran, se apresuró a buscar una excusa para irse.—Voy a comprar algo de beber para usted y para el señor Cisneros.—Ricardo...Ricardo se alejó a toda prisa y hasta echó a correr. Pronto desapareció de su vista.Vanessa se volvió hacia la habitación del hospital. Una puerta la separaba de Rafael y no podía verlo, pero no lograba ocultar cuánto sufría por él.¿Qué había vivido Rafael durante todos esos años? ¿Cómo había log
—Probablemente ambas.—En tu familia, ni tu padre ni tu madre están bien de la cabeza —dijo Verónica con desagrado.—Con razón Alexis no ha dejado de ir a la empresa a causar problemas estos últimos dos días. Como no era nada importante, no te dije nada. Ahora veo que llevaban tiempo preparándose para matarte.Al terminar, Verónica hervía de furia. Si matar no fuera delito, sería la primera en acabar con ambos, padre e hijo. Era posible que incluso tuvieran relación con los constantes intentos de asesinato que Rafael sufrió durante sus tres años en el extranjero.—No vale la pena enojarse por gente así. Si quieren destruirse, dejemos que lo hagan y veamos cómo terminan.Rafael, en cambio, habló como si nada, como si el asunto no lo afectara. Verónica quiso hablar, pero no logró hacerlo.—Está bien, seguiré el plan —dijo Leonardo con un suspiro—. De todos modos, cuídense. Si esto les sale mal, seguro que intentarán algo más, como perros acorralados.Quienes provenían de familias como la
Rafael la estrechó con más fuerza y solo la soltó cuando Vanessa ya casi no podía respirar.Era la primera vez que Vanessa lo veía tan apasionado y fuera de control. Entonces recordó algo y aprovechó para preguntarle:—Adriana dijo que tú diseñaste ese vestido de novia, ¿es cierto?Vanessa alzó la mano para mostrar el anillo de diamante rosa y miró a Rafael con recelo.—También diseñaste este anillo y el vestido de novia. Señor Cisneros, ¿tantas ganas tenías de casarte?Recordó que Adriana había dicho que el vestido había sido diseñado cinco años atrás. Rafael ya le había confesado que llevaba ese mismo tiempo enamorado de ella. Sin embargo, todavía sentía curiosidad. ¿Por qué había diseñado el vestido y el anillo con tanta anticipación?También recordó la vez que la dejaron plantada cuando fue a registrar su matrimonio. Rafael regresó al país ese día y la llamó para convencerla de que se casara.Ahora que lo pensaba, ¿había sido una coincidencia? Él la miró con ternura y sonrió divert
Los reporteros seguían allí y captaron con claridad las expresiones de todos. Los usuarios en línea volvieron a analizar si la noticia era cierta a partir de aquellas reacciones. En ese momento, Vanessa miraba las noticias. Satisfecha, volvió la mirada hacia Rafael.—Ahora todos en internet hablan de que quedaste gravemente herido y en coma. Supongo que no tardará en suceder lo que dijiste.Rafael la miró en silencio; parecía sentirse culpable.—¿En serio no me culpas, cariño? La última vez no pudimos terminar la sesión de fotos de boda por culpa de algunos contratiempos y ahora volvieron a arruinarla. Te debo mucho.Vanessa lo miró fijamente, se acercó y le tomó la cara entre las manos, agradecida.—Lo único que me importa es que estés bien. Si esta vez no pudimos tomar las fotos, lo intentaremos la próxima; si tampoco podemos, habrá otra oportunidad. Pero si te pierdo, lo pierdo todo.Vanessa estaba de pie frente a él; Rafael permanecía sentado en la cama. Alzó un poco el mentón para
—¿Tú qué crees? —Rodrigo sonrió, enigmático, con los ojos oscuros e insondables.***Mientras tanto, en el hospital, Antonio y Roberto ya estaban en la habitación. Varios guardaespaldas vigilaban la entrada y Antonio se mostró bastante satisfecho.—Ya aprendieron a protegerse. Muy bien.Rafael y Vanessa comían mandarinas sentados junto a la cama. En esa época del año eran dulces y jugosas. Vanessa se quitó el vestido de novia y le pidió a Adriana que lo guardara. Después acompañó a Rafael en la ambulancia hasta el hospital.Ahora llevaba un vestido de tonos sobrios que todavía tenía manchas de sangre. Al verla así, Antonio y Roberto se asustaron.Sin embargo, cuando comprobaron que Rafael estaba bien, recordaron que Vanessa y él los habían llamado antes de su llegada para ponerlos al tanto.El alma les regresó al cuerpo.—¿Qué demonios están tramando ustedes dos? ¡Hablen de una vez y dejen de comer esa maldita mandarina! —preguntó Roberto con impaciencia.Roberto estaba desesperado por







