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Capítulo 14

last update Data de publicação: 2022-11-28 06:18:35

Aún le costaba creer que había perdido a Gonzalo, pero la vida debía continuar. Muchas veces se sintió tentada a buscarlo, pero aún no podía aceptar las condiciones que le exigía, de modo que contenía la tentación y los deseos de verlo y seguía adelante.

Pese a las protestas de sus padres, tomó la decisión de mudarse sola. Alquiló un pequeño piso no lejos del hospital, que era lo que podía permitirse con su sueldo, porque había comenzado su máster en Neurología y los gastos eran mayores, y aunque sus padres habían ofrecido pagar por algo mejor al darse cuenta de que su mudanza era inminente, ella se negó a aceptarlo. Su independencia comenzaba allí.

Era un lugar muy agradable, con una vista no muy ancha pero hermosa, hacia un gran parque. Sólo constaba de una habitación con baño y un espacio que juntaba salón, comedor y cocina, pero para ella eso era más que suficiente. Le gustaba llegar allí cuando venía cansada del trabajo, y encerrarse en su escondite del mundo, como lo llamaba Ana María. Era grato prepararse un té y sentarse en el saliente de la ventana que cubría el salón a mirar la gente caminar por el parque, los enamorados tomados de la mano, los niños corriendo como ardillas, los ancianos paseando sus años, arrastrando los pies.

Noche tras noche, extrañaba a Gonzalo, pensaba con quien estaría, lo que haría en ese momento, si habría vuelto a su relación con Diana o si conocería a alguien más.

Las semanas transcurrían y Sofía iba creando una rutina en su vida. El hospital abarcaba todo su tiempo y al comenzar su máster, la chica agradeció el interminable trabajo porque le permitía distraer su mente de Gonzalo. Fue trasladada al departamento de Neurocirugía, bajo la supervisión y tutoría de Ángelo, como director de la sección.

Trabajando más tiempo juntos, comenzaron a verse con frecuencia, y ambos se dieron cuenta de que se divertían y que se llevaban muy bien. Ángelo tenía un fantástico sentido del humor y era un profesional admirable. Sofía se sentía a gusto trabajando con él, de forma que cuando el hombre la invitó a cenar, aceptó tratando de pasar un buen rato para ayudarse a dejar de pensar en Gonzalo.

Fue así como empezaron a frecuentarse fuera del hospital, y aunque Sofía seguía amando a Gonzalo, se permitió emprender una relación con Ángelo, quien a pesar de disfrutar el estar con ella, le dejaba el espacio suficiente para sentirse libre, y afortunadamente, no la presionaba con compromisos ni obligaciones.

Disfrutaban la mutua compañía, y poco a poco, la relación se hizo más íntima.

A Sofía le gustaba cómo se manejaba con Ángelo. Él la visitaba en su piso y algunas noches se quedaba,  otras veces ella iba a casa de él. Era una relación agradable y fácil de llevar, aunque en su interior, Sofía sabía que Gonzalo aún estaba en sus pensamientos y en su corazón, incluso Ángelo le había comentado en algunas ocasiones que la sentía distante.

— Entonces, amiga ¿tú también me extrañas?— lloriqueó en broma Ana María esa tarde en el hospital cuando caminaban por el pasillo.— No entiendo cómo se te ocurrió tomar otra especialidad si veníamos juntas desde hace tanto tiempo, mira que todavía estás a tiempo de cambiarte conmigo a cardiología. ¡Venga, vamos a arreglar corazoncitos! — le hacía pucheros a Sofía.

— Jamás, los corazones no son mi fuerte.

— Es que ya casi no pasamos tiempo juntas. Desde que te mudaste sola y andas con Ángelo, me tienes abandonada,  extraño nuestras noches de cotilleo.

— Es cierto, soy una mala amiga. Voy a sacar tiempo para que nos veamos más.

— ¿Y cómo van tus cosas? . Cuando se terminó lo de Gonzalo, estabas muy mal ¿Ha logrado el guaperas de Ángelo sacarlo de tu corazón?

— Voy poco a poco, fue algo intenso pero si no se pudo, tengo que seguir adelante.

— ¿Y qué sientes por Ángelo? ¿Te enamoraste de él suficientemente como para dejar de sufrir la resaca de Gonzalo?

— Ya lo veremos.  Ángelo es divertido, es amable, es muy guapo.

— "Pero no es Gonzalo...", supongo que así es como quieres terminar esa frase.

— Aunque sienta algo así, ya Gonzalo no está en mi vida, es Ángelo quien está ahora y voy a tratar de que funcione.

— Pero no te veo feliz como te veías antes.

— Lo lograré eventualmente, por ahora me gusta lo que tengo con Ángelo, aunque no sea algo tan intenso como lo que viví con Gonzalo. Hasta mi familia lo trata bien,  creo que es lo más lógico...

— ¿Y se supone que debería ser lógico o intenso?

— Me siento cómoda,  eso es lo importante.

— La comodidad no te va a hacer olvidar al noviosaurio,  lo sabes.

— Tendrá que ser, más tarde o más temprano. Ahora tengo que irme. Ángelo me espera en casa. Te doy mi palabra de que este fin de semana lo pasamos juntas.

— Más te vale, porque el tío puede estar muy rebueno y lo que quieras, sin embargo, novios hay muchos, pero amigas como yo no se encuentran todos los días.

— Tienes razón— fue Sofía quien ahora le hizo un puchero— eres de oro 24 quilates— la abrazó con cariño — y voy a dedicarte más tiempo.

— Eso espero — le sonrió y se despidieron.

Esa noche Ángelo y Sofía estaban libres y decidieron quedarse juntos a ver una película.

Sofía cocinaba palomitas de maíz y Ángelo escogía la película

— No pongas nada de terror,  con el hospital es suficiente— le dijo desde la cocina.

Ángelo se rió de ella, y Sofía al verlo allí, no pudo menos que reconocer que era un hombre muy guapo, y se desvivía por hacerla sentir bien. Tenía esa linda sonrisa chueca con la que lograba alegrarla cuando sus días se sentían solitarios. Él la ayudó a superar los meses sin Gonzalo, y poco a poco se fue colando en su vida.

Tomó en sus manos la enorme fuente con palomitas y dos cervezas y se fue a sentar al sofá, en donde se acomodó luego Ángelo.

— Escogí una de acción, seguro te va a gustar.

— Sabes que las odio, siempre terminan en persecuciones imposibles en cualquier ciudad.

— Pues no voy a ver una comedia romántica, no he caído tan bajo aún y mi nivel de testosterona requiere una película de acción a la semana al menos— la atrajo hacia su cuerpo y la besó en el cuello— Debería ser delito oler tan bien... umm... y ser tan hermosa y sexy. ¿Así quién puede ver una peli en paz?

— Venga, Ángelo.— se retorció en sus brazos— ¡A ver!— retozaron un rato, y se rieron juntos mientras el bol de palomitas se volteaba y caían por todas partes.

— Ahora lo limpias tú — le ordenó Sofía divertida — no voy a recoger tu desastre,  hazlo,  ya sabes dónde está todo. Yo necesito ir al baño.

Se puso de pie, saltando sobre las palomitas regadas y se fue al baño. Cuando se lavaba las manos, miró el calendario que había en el anaquel. Algo estaba mal allí... la fecha... faltaba algo.

— ¡Oh, por Dios! A estas fechas ya debería haber marcado mi período, y no ha llegado— por un instante sintió pánico y el corazón se le aceleró.

— Esto no puede estar pasando. Calma Sofía, no pasa nada, tranquilízate, y haz algo— pensó por un momento y decidió salir a comprar una prueba casera de embarazo.

Salió del baño, tomó dinero de su bolso, se lo puso en el bolsillo trasero del pantalón y salió de la habitación.

— Regreso en un momento... olvidé algo que debía comprar, si quieres mira la película mientras vengo, sólo es un par de minutos.

Bajó corriendo las escaleras para no perder tiempo esperando el ascensor. Salió a la calle, casi sin aliento por las escaleras bajadas a toda prisa y caminó hasta la farmacia que estaba en la esquina. Fue directamente al área donde estaban las pruebas de embarazo y escogió algunas, las revisó y se decidió por un par, las pagó y regresó aprisa.

Al entrar al piso, le dirigió una sonrisa nerviosa a Ángelo y trató de irse inmediatamente al baño, pero el médico la detuvo.

— Muy bien, dime lo que pasa. Sales corriendo y vuelves igual. Te veo en la cara que algo sucede.

— No es nada, sólo se me olvidó algo que necesitaba, eso es todo.— volvió a intentar ir al baño, pero Ángelo se puso frente a ella impidiéndoselo.

— ¿Qué era eso tan importante que no pudo esperar a mañana? ¿Qué traes en esa bolsa?

— No seas impertinente, sólo son cosas de mujeres.

— Soy médico, puedo soportarlo.  Dime.

— Está bien.— abrió la bolsa y sacó una de las pruebas de embarazo y se la mostró.

— Eso es... — titubeó dudoso el hombre— es...

— ¡Sí, doctor, una prueba de embarazo! ¿Puede soportarlo, no es así?— trató de sonreír, pero sólo pudo formar una mueca.

— Pero... ¿cómo?

— Se supone que sabes cómo funcionan esas cosas, doctor.

— Sí, claro...— titubeaba sin saber qué decir. Intentaba mostrarse sereno, pero la alarma se leía en su rostro— Yo pensé que tú tomabas precauciones.

— ¡Ay sí, qué cómodo! Hombres. Claro que tomo precauciones, pero algunas fallan y mi período no ha llegado. Hay un millón de razones por las cuales puede no haber llegado, pero quiero eliminar esta hoy mismo, no hay que entrar en pánico aún. Voy a usar esta prueba y vamos a esperar con calma que todo esté bien y sea una falsa alarma.

— Hazlo, esperemos los resultados antes de sacar conclusiones — expresó grave Ángelo— no nos apresuremos.

— Eso debiste decirlo en otras ocasiones que recuerdo bien.— dijo Sofía bromeando tratando de aplacar su nerviosismo— Voy a hacerlo.

— Te acompaño.

— ¿Estás loco? ¿Sabes cómo funciona esto y crees que lo voy a hacer contigo mirando? ¡Espera aquí, tonto!

— Tienes razón, no sé en qué pensaba.

— Vuelvo enseguida.

Se fue nuevamente a la habitación y al baño. Un par de minutos después salía con el reloj en su mano.

— Hay que esperar unos minutos.— dijo innecesariamente, tratando de conversar para paliar sus nervios. Un hijo no estaba en sus planes de ninguna manera, apenas estaba retomando el control de su vida, su máster, su relación con Ángelo que apenas comenzaba. Un embarazo sería como un terremoto en su recién estrenada estabilidad emocional.

Ángelo fingía recoger las cosas en la cocina pero se veía a leguas que lo hacía para disimular la tensión, su rostro lo delataba.

Ambos fingían no estar preocupados, pero ninguno lo lograba y cuando sonó el reloj indicando que ya había transcurrido el tiempo necesario, Sofía se lanzó hacia el baño y tomó la varilla en sus manos. Detrás de ella llegó Ángelo y ambos lo miraron con ansias.

— Negativo— dijo en un suspiro de alivio Sofía, y escuchó detrás de sí la expiración fuerte de Ángelo.

Se volvió a mirarlo y vio como volvía el color al rostro del hombre.

— Oye, creo que estabas más angustiado que yo.

— Debo ser sincero, estaba aterrado— aceptó finalmente— No hay ningún bebé en mis planes inmediatos.

— Ni en los míos, así que eso no te preocupe — ella trató de reírse de la situación, pero algo en la actitud de Ángelo le molestó. Por supuesto, estaba muy aliviada de que sólo hubiese sido una falsa alarma, pero no pudo dejar de pensar en cuál habría sido la actitud de él si hubiese sido positivo.

— Ven aquí, guapísima. Vamos a tomar algo para relajarnos.

— Si no me equivoco, con esas mismas palabras comenzó este susto así que mejor, lo dejamos así— le dijo con cierto enojo.

— ¿Qué ocurre? ¿Estás molesta por algo?

— No, es sólo que este susto me dejó de malas.

— Creo que hay algo más... ¿por qué no me lo dices, mejor?

— No es nada, deja el tema.

— No, te conozco y estás molesta, tienes ese gesto en la boca como cuando hay algo dando vueltas en esa cabecita.

— Pues sí, lo hay — se sentó en el saliente de la ventana y miró hacia afuera.

— ¿Y me lo vas a decir?

— Sí— se volvió a mirarlo a los ojos— Me gustaría saber cuál habría sido tu actitud si la prueba hubiese resultado positiva.

— Lo usual, Sofía, hacer un examen y confirmar.

— ¡No seas idiota, Ángelo! Me refiero a qué habrías hecho si fuéramos a tener un bebé, qué me dirías.

— No es el caso, así que no merece la pena especular.

— Claro que sí, quiero saber.

— Sofía, como te dije, no tengo planes de tener hijos, quizás algún día cambie de opinión pero por ahora, definitivamente, no. Si estuvieras embarazada, todo dependería de ti, claro, de si decides tenerlo.

— ¿Cómo que si decido tenerlo? Eso ni siquiera estaría en discusión. Soy médico, salvo vidas, no las quito ¿Me pedirías que lo pierda?— lo miró con horror.

— No, no lo haría, pero quien decidiría serías tú, que serías la afectada directamente, por supuesto, yo tendría que ser responsable y asumiría mi obligación, pero no lo deseo, y estoy siendo completamente sincero y franco contigo, me gustas muchísimo, no voy a hablarte de amor aún, porque nos estamos conociendo, nos acoplamos pero no quiero hijos, no ahora y quizás tampoco después.

— ¿Y si yo los quisiera...?

— Pero no los quieres y me parece que es prematuro hablar de tener hijos cuando aún ni siquiera hemos hablado de sentimientos. Sé perfectamente que aún estás en recuperación de la relación con aquel hombre,  que lo recuerdas,  a veces te he mirado y sé que lo extrañas, de modo que aún estamos lejos de hablar seriamente sobre en qué punto estamos en nuestra relación.

— Sí, tienes razón, apenas estamos empezando a conocernos. Lamento haberme molestado. creo que fue tanta tensión, discúlpame.

— Creo que me estás dando por mi lado para cambiar el tema.

— Otra vez haces el tonto— fue a la cocina, sacó una botella de vino y sirvió en dos copas, luego le alcanzó una copa a Ángelo.

— Sabes que es cierto lo que te digo, y no te he hablado de mis sentimientos porque sé que aún piensas en él y no sé cuándo vas a dejar de hacerlo,  por ahora, estoy contigo y acepto ser el sustituto de aquel tío, pero no me gusta serlo. Quizás no te das cuenta, pero no es agradable, y me gustaría que lo pienses seriamente, si te conformarías con ser algo así para mí.

— Tienes razón, aún es pronto, pero tu sabías perfectamente por lo que estaba pasando. Sabías que él y yo vivimos algo serio y por supuesto, no eres un sustituto, eres la persona que está en mi vida en este momento, no se trata de que te esté utilizando para olvidarlo, sólo que yo soy como soy.

— Me gustaría sentirme más apreciado por quien soy, creo que sólo dejas pasar el tiempo.

— Sabes que no me gusta que me presionen, y sabes también la razón por la que nos separamos Gonzalo y yo,  me gusta cómo estamos.

— Creo que esta velada ya terminó, no me siento con ganas de ver películas ni nada.— miró alrededor buscando las llaves de su coche y se echó encima su chaqueta.

— ¿No te quedas hoy?— preguntó intranquila Sofía.

— No, tengo un millón de cosas que hacer mañana muy temprano, prefiero salir de mi casa directamente.

— Está bien, nos veremos en el hospital.

— Claro — se volvió a Sofía y la besó ligeramente en los labios.— Buenas noches.

— Buenas noches.— respondió la joven en voz muy baja. Dentro de sí no sabía si se sentía triste porque Ángelo se había sido, o si sentía paz por estar sola.

Realmente, que la prueba saliera negativa fue un gran alivio, pero fue la actitud de Ángelo lo que la preocupó. Cuál habría sido su verdadera reacción de haber estado embarazada, y por más que lo evitó, no pudo dejar de pensar cómo habría sido ese momento con Gonzalo. Sabía que a él le preocupaba tener hijos a su edad, pero era el más perfecto caballero que hubiera conocido, estaba segura de que la habría apoyado totalmente y la habría hecho sentir tranquila. Era una realidad, él se habría comportado diferente.

Esa noche se fue a la cama sintiéndose muy extraña.

Dos días después, se encontraban Ángelo y Sofía en el piso de nuevo, y la extraña discusión que habían tenido parecía haberse olvidado. Sofía se arreglaba para un evento al que habían invitado a Ángelo como director del área de Neurocirugía del hospital, donde participaría como orador. Ella daba los últimos toques a su maquillaje y Ángelo buscaba sus gemelos.

— Estoy seguro de que los dejé aquí en aquella ocasión cuando fuimos al cierre del congreso, en mi casa no están.

— Busca en ese cajón, generalmente coloco allí ese tipo de cosas— le señaló la primera gaveta de la cómoda— si los dejaste, sin duda estarán allí pero realmente no los recuerdo.

Ángelo comenzó a revisar las cosas en el cajón, y se detuvo de pronto. Sofía lo observaba a través del espejo, y su corazón  dió un salto al verlo que se daba la vuelta con una cajita de terciopelo rojo en la mano. La joven detuvo el aire cuando vio que la abría y los reflejos de la preciosa piedra se vieron cuando él se movió hacia ella con la cajita abierta.

— ¿Es esto lo que imagino? — preguntó con el rostro muy serio. Sus ojos azulísimos estaban de un tono oscuro que nunca le había visto.— El anillo de Gonzalo.

— Sí, técnicamente no es de Gonzalo, sino mío— farfulló sin saber qué decir.

— ¿Por qué lo conservas?— la miró serio a través del espejo.

— No lo sé, nunca lo vi para devolvérselo, supongo...

— ¿Supones? Yo también voy a suponer que pudiste habérselo enviado con alguien, un mensajero, una amiga. Hay mil formas, pero no lo hiciste.

— No tiene importancia,  es sólo un anillo.

— El  que te dió Gonzalo, con el que te pidió matrimonio, y el hecho de que lo conserves me dice muchas cosas.

— No creo que sea necesario hacer tanta alharaca por un simple anillo.

— Entiéndelo,  no es un simple anillo, tiene un significado especial, si no te importara te habrías deshecho de él, pero lo conservas porque hay algo dentro de ti que no desea dejar atrás a Gonzalo.

— Eso no es cierto,  estaba allí, lo olvidé.

— No insultes mi inteligencia, nadie olvida una cosa así.

— No necesito que me hagas una escena por esto— reclamó molesta.

— Lo que necesitas es a alguien que ocupe el lugar de Gonzalo, pero no empañe su recuerdo, supongo y no me gusta ese papel. En estos meses me enamoré de ti, pero siempre sentí que faltaba algo, te sentía ausente, nunca estuviste conmigo por completo, me hiciste el amor, pero no te entregabas,  lo sentía. No has olvidado a ese hombre y me temo que no lo harás porque no deseas hacerlo.

— Eso no es cierto, ya te he dicho que es una transición, tuve una relación importante, me afectó muchísimo, pero terminó.

— ¿Terminó? Quizás la relación terminó, pero no tus sentimientos y realmente no creo que nadie desee ser lo que tú quieres que yo sea.

— ¿Y qué se supone que quiero?

— Quieres alguien que te entretenga, que te ame incluso, pero sin que tú pongas nada de ti, te mantienes alejada, encerraste tus sentimientos bajo llave y luego la tiraste, no es justo que pretendas mantener a todos al margen, y que aceptemos ese papel. Me gustas, de hecho, es mucho más que eso, estoy enamorado de ti, te quiero, pero no puedo aceptar una relación en la que sólo yo estoy entregando sentimientos, tú no puedes esperar eso de nadie.

— Pero no es así. Tú me gustas, te quiero, y me encanta el tipo de relación que tenemos, me gusta que no me presionas, que no me exiges ningún tipo de compromiso, te lo dije.

— Sí, compromisos, pero ¿y qué hay de los sentimientos? Una cosa es que no esté deseando que nos casemos, pero deseo que me quieras— la tomó por los hombros y la hizo volver para mirarla a los ojos— ¿si te pidiera en este momento que me digas cuáles son tus sentimientos hacia mí, podrías genuinamente decirme que me amas?

— Yo estoy aprendiendo a quererte,  aún es pronto.

— No, Sofía, el amor se siente o no se siente, tú no estás enamorada de mí, estás compensando tu soledad conmigo, y francamente, creo que merezco algo mejor que eso.— dijo con la mirada oscurecida.

— Por supuesto, estoy de acuerdo, mereces que te ame, y estoy aprendiendo a sentir de nuevo, sabes que con Gonzalo pasé cosas difíciles, pero sé que puedo llegar a amarte, no me apresures, nos va bien como estamos. ¿Por qué echarlo a perder con estas interrogantes?

— Porque de estas respuestas depende mi decisión de permanecer a tu lado. Sabía que te recuperabas de tu ruptura, pero tenía la esperanza de estar tocando tu corazón y ahora me doy cuenta de que nunca llegué  siquiera a rozarlo. Al parecer Gonzalo se lo llevó con él, porque nunca has dejado de pensar en ese hombre. Sé que lo amas, y que nunca me amarás a mí de esa forma,  de hecho, no me amas de ninguna forma, lo nuestro es físico y nunca va a ser de otro tipo.

— No digas eso, sí tengo sentimientos por ti, sólo que no estoy preparada para hablar de eso.

— No me mientas, y mejor aún, no te mientas a ti misma. No sientes nada por mí, Sofía... y yo no me voy a conformar con eso.

 — Pero es que no te entiendo, por qué es tan importante que te diga lo que siento, si no estás interesado en un compromiso ni en tener hijos conmigo. ¿Es sólo que tu ego de hombre necesita que me derrita por ti? Estoy harta de que siempre quieran más de mí, más de lo que yo deseo ser.

— Lo que sucede, mujer, es que tú misma no sabes lo que quieres. Aparte de negarte a ti misma que aún no olvidas a ese hombre, no sabes lo que esperas. Me dices que no quieres un compromiso, pero eres incapaz de deshacerte del anillo que te dió.  Lo sacaste de tu vida, pero no lo sacas de tu corazón ni de tus pensamientos, no vives sin él, de hecho no vives de ninguna forma, porque sigues amándolo, y muy dentro de ti, sabes que aún esperas volver con él. Hazte un favor, Sofía: no te mientas más, acepta la realidad y no emprendas ninguna otra relación hasta que de verdad hayas superado a Gonzalo, porque a ningún hombre le gusta este papel que estoy haciendo yo contigo.

— Por favor, Ángelo, no es así. Dame tiempo para superar eso.

— Pues te voy a dar tiempo y espacio  porque me voy, no quiero continuar esto, tú no me amas, y yo no voy a seguir aceptándolo. Examínate, cúrate del amor por ese hombre, y luego acepta a alguien más en tu vida, porque de otra forma, toda relación estará condenada a terminar como nosotros. Esto duele, Sofía, en verdad duele  pero no voy a aceptar ser lo que tú quieres que sea.

— Por favor, piénsalo, cariño, sé que tienes derecho a estar molesto, pero voy a deshacerme del anillo, te lo aseguro.

— El anillo es sólo el objeto con el que se muestra lo que ocurre dentro de ti. Sana tu corazón, sana tu vida, hazlo por tu bien.

Se dio la vuelta y se colocó la chaqueta del traje.

— Luego vendré por mis cosas.

— Ángelo, no, por favor, puedo hacerlo.

— Sé que puedes, pero no lo deseas. Gonzalo aún es el dueño de tu corazón y tú quieres que siga siendo así. Acéptalo, lo amas y hasta que estés libre del fantasma de ese amor, no podremos tener algo que funcione. Él está aquí entre nosotros y yo no quiero compartirte con él.

— Me dejas entonces. No puedo creerlo, cuando pensé que estábamos bien, me haces esto.

— No estamos bien, " tú" estás bien, porque yo no te exijo nada, pero no es posible porque yo sí quiero más de ti. Sí, te dejo con tus recuerdos, con tu amor por él, porque hasta que  asumas que aún lo amas, seguirás igual, comenzando y terminando relaciones. Debes hacer algo al respecto.

— Pensé que lo hacía, contigo.

— Pero estás equivocada, sólo hay una apariencia de relación entre tú y yo, esto no tiene ni el menor futuro, ahora debo irme. Voy a llegar tarde.

Se dio la vuelta y salió de la habitación. Sofía se quedó allí, sin saber qué hacer con su vida. Ángelo tenía razón.

Se quitó el chal que llevaba sobre su vestido y salió al salón, miró a su alrededor y se dio cuenta de lo sola que se sentía. Fue a la cocina y se sirvió vino en una copa de la botella que había abierto  un rato antes. Se fue con la copa y se sentó en el sofá, tomó un sorbo de la bebida y la colocó sobre la mesilla de centro. Miró el anillo que llevaba apretado en su mano, y una solitaria lágrima corrió por su rostro. Se había terminado su relación con Ángelo y ella, siendo sincera consigo misma, no sentía tristeza por eso, de hecho, sentía un poco de alivio, quizás hasta paz consigo misma.

— Es cierto, aún lo amo. Creo que lo voy a amar por siempre, para qué me engaño. Ese hombre se metió en mis venas: lo siento, lo respiro, lo vivo cada día y por absurda lo perdí. Lo amo más que nunca.

A continuación, tomó el anillo, lo observó por algunos segundos y se lo puso en el dedo anular de la mano derecha, luego se lo quitó y lo pasó a la mano izquierda. Allí lo dejó y tomó su teléfono que se hallaba sobre la mesa y marcó.

Minutos más tarde sonó el timbre y Sofía fue a abrir. Allí se encontraba Ana María, con el rostro triste y una bolsa con dos enormes tarros de helado.

— Traje ayuda— dijo mostrando el helado— Del verdadero, nada de helados ligeros, esto es grave y  amerita muchas calorías.

— Lo volví a hacer, amiga, lo volví a echar a perder. — se abrazaron, pero esta vez no hubo lágrimas en los ojos de Sofía, sólo una gran tristeza por lo que había descubierto.

Se sentaron en la mesa de la cocina y Sofía buscó cucharas, y cuando cogió el tarro, Ana María vio el anillo y una pregunta se mostró en sus ojos.

Sofía miró el anillo y suspiró.

— Un día Gonzalo me lo entregó para que cuando me decidiera a comprometerme, me lo pusiera. Hoy descubrí que lo que pensaba que había avanzado en relación a Gonzalo, es una farsa. Sigo enamorada de él como el primer día y debo sacármelo del corazón, si quiero seguir adelante lo primero que debo hacer es reconocer que lo amo, y que no hago nada intentando tener relaciones con otras personas amándolo a él. Supongo que debo darme el tiempo necesario para vivir mi duelo y ese mismo tiempo aplacará este sentimiento.

— ¿Y si buscas a Gonzalo?

— No puedo hacerlo, lo herí, no tengo derecho a volver a intentarlo. Él fue un caballero y yo lo lastimé, me vio cuando Ángelo me besaba, y sé que eso le dolió mucho, ya a estas fechas debe haber reconstruido su vida. Quién soy yo para regresar a perturbar su paz.

— Entonces, amiga, permíteme que sea muy sincera contigo.

— ¿Cuándo no lo has sido?— preguntó con una pequeña sonrisa triste en sus labios.

— Así es,  debo decirte que entonces mis hijos tendrán una tía solterona, porque tú, mi querida Sofi, sigues perdida por tu noviosaurio.

Se fueron al sofá con los tarros de helado en las manos, y siguieron hablando.

Las horas pasaron y el amanecer las encontró dormidas allí mismo.

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Comentários (1)
goodnovel comment avatar
Andromeda309
No me gustaría q Sofia volviera con Gerardo, muy rápido se metió en otra relación, hasta con sospeche de embarazo, un compromiso serio asi sea por pelon, pero con Gererdo no, creo q el se merece alguien q de verdad lo valore y ame.
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Último capítulo

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    Sofía miró el anillo que le ofrecía Gonzalo y las palabras no salían de su boca. Sentía un nudo en su garganta que no le permitía hablar. Un torbellino de emociones se agolpaba en su pecho, y no le dejaban respirar.— Sofía... ¿vas a darme una respuesta? — preguntó angustiado ante la actitud de la joven, hasta que finalmente Sofía logró articular palabras.— Gonzalo... no me esperaba esto. Es tan repentino. — decía ofuscada.— ¿Y cuál es tu respuesta, Sofía?Sofía levantó sus grandes ojos con una mirada desesperada y miró a Gonzalo.— Cariño, te amo, no tengo duda de eso, pero...— Pero, no quieres casarte conmigo... ¿Sofía, por qué te cuesta tanto aceptar? Si estás segura de lo que sientes y hemos luchado para estar juntos.— Y podemos estar juntos, pero no hace falta que estemos casados para eso... no quiero presiones en mi vida.— Pero yo necesito que te comprometas en esta relación.— No hace falta estar casados para estar comprometidos. Yo te amo, Gonzalo, pero no quiero sentirme

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 11

    — Señorita Montemayor — dijo la voz de Adolfo como único saludo cuando Sofía atendió su teléfono.— Su Señoría— dijo Sofía sin inmutarse ante el tono formal de su padre.— ¿Serías tan amable de comer conmigo esta noche?— recordó Adolfo la sugerencia de Gonzalo y decidió dejar la ceremonia a un lado.— ¿Es una invitación normal o me estás llevando con engaños a mi juicio?— Quiero verte, hija. Necesitamos hablar sobre lo que ocurre — dijo con calma.— Papá —se sintió confundida con el tono conciliador de su padre —Me encantará verte, pero...— Prometo escucharte sin juzgarte, hija.— En ese caso, cuando quieras.— ¿Te parece esta noche? Puedo pasar por ti al hospital.— Me parece perfecto, te espero cuando termine mi jornada.— Entonces, es una cita.— Si, papá, una cita ¡Te espero! ¡Ah, papá!— lo detuvo antes de que cortara la llamada —Te quiero mucho.— Y yo a ti, Sofía—la chica no pudo ver la sonrisa de afecto que cubrió el rostro de su padre.Al terminar de hablar con Adolfo, le

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