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Capítulo 13

last update Data de publicação: 2022-11-24 01:00:42

Los meses pasaban y Sofía llegó a sentir que vivía más tiempo con Gonzalo que en su casa.

— ¡Buenas noches, preciosa! Le sonrió Gonzalo al verla llegar arrastrando su maletín, exhausta.

— ¡Por favor, dime que sigo en el mundo de los vivos!— se abrazó al pecho de Gonzalo.

— Sí, amor, sigues aquí, con nosotros.¿Qué te parece si tomas un baño caliente, te llevo una copa de vino, y te doy un delicioso masaje?

— Uhmmmm! eso suena como el paraíso. Te tomo la palabra,  te espero en el jacuzzi...— dijo con voz provocativa y caminó hacia la habitación.

Más tarde, esa noche, abrazados en la cama, Sofía le comentó a Gonzalo que debía ir a su casa a por más ropa y cosas que estaba necesitando.

— ¿Y si te lo traes todo y mudas conmigo? Además, le darás un gusto a tus padres de verte formalizar aún más nuestra relación.

— No voy a hacer algo sólo por darle gusto a nadie. Así estamos muy bien.

— Si esa es tu decisión, te apoyo. No te niego que me gustaría que vivieras conmigo.

— Ya lo veremos un poco más adelante. Ahora vamos a descansar que ha sido un día duro. Te amo.

Algunos días después, Gonzalo recibió una llamada de Sofía.

— Cariño,  no voy a poder ir esta noche a casa. Un grupo del hospital saldremos un rato a celebrar el cumpleaños de un compañero. ¿Te apetece venir? Iremos a la disco donde celebramos el cumple de An...— le dijo Sofía a Gonzalo cuando lo llamó esa tarde.

— Te agradezco que me invites pero es tu grupo,  no quiero interferir con tus amistades. En otra ocasión, quizás... Diviértete, mi amor, nos veremos después.

— Está bien, pero me habría gustado que vinieras, Gonzalo. — le dijo desilusionada — Vamos a organizar algo con el grupo. A veces siento que tengo dos vidas separadas.

— Lo haremos, mi amor, te lo prometo. Te amo — y cortó la llamada.

También Gonzalo se sentía extraño. Pasar el tiempo con Sofía era extraordinario, pero no se sentía a gusto con sus amigos, todos lo trataban con cierta distancia y era incómodo para él, porque lo intentaba, pero no lograba encajar.

Esa noche todos se divertían y Sofía lo intentaba, pero resentía que Gonzalo evitara salir con sus amigos. Todos disfrutaban la fiesta, y Sofía tratando de sentirse mejor, tomaba los cócteles más rápido de lo que debería. Su humor mejoró cuando el alcohol hizo efecto en su organismo, de forma que cuando Ángelo la invitó a bailar, ella aceptó encantada. Aquel hombre era guapo a rabiar, y todas se derretían por él. Pero desde que llegó al hospital, todos habían notado que se sentía atraído por Sofía, porque realmente, no se molestaba en intentar ocultarlo. La galanteaba descaradamente, y aunque la joven evitaba estar a solas con él, no podía dejar de sentirse halagada por su preferencia. Ese hombre podría tener a cualquier mujer a sus pies, y la prefería a ella. Pero Sofía estaba clara, amaba a Gonzalo, y aunque Ángelo la cortejase, ya su corazón tenía dueño. Sin embargo, esa noche se sentía triste, y allí, en esa discoteca, con algunos tragos de más y abrazada a Ángelo mientras bailaba, se sintió demasiado vulnerable. ¡Al diablo con todos! ¡Iba a divertirse! Si Gonzalo se negaba a estar con ella allí, él se lo perdería.

Dejó atrás todo. La fiesta comenzó para ella. Bailó toda la noche, las copas iban y venían, y finalmente, Sofía se divertía.

Gonzalo estaba en casa, sintiéndose mal por haber rechazado nuevamente la invitación de Sofía. No deseaba estar con el grupo, pero deseaba estar con ella. Sin duda, no era algo que a él le gustaría hacer, ellos eran muy jóvenes y tenían gustos diferentes. Pero él haría un esfuerzo, la felicidad de Sofía lo valía.

Se puso de pie, dejó sobre el sofá el libro que leía y se decidió. Iría allí, estaría con ella y su grupo.

Fue a su habitación y pronto salió vestido con una finísima camisa de seda negra y un pantalón beige de corte perfecto. Tomó una chaqueta casual color arena y sus llaves, y salió de casa.

En la fiesta, todos se divertían a gritos y reían estruendosamente. El ruido era tremendo y la música sonaba muy alto.

Ángelo había pasado la noche cortejando a Sofía. Y cuando comenzó a sonar una balada, la tomó de la mano y la llevó a la pista a bailar. Se abrazaron y conversaban, o lo intentaban, en todo caso porque el ruido era mucho.

— ¿Y dime, Sofía, es cierto que tienes pareja? Algunos me han dicho que mantenga la distancia porque tienes una relación seria.

— Sí, así es. Hay alguien.

— ¿Y eso elimina cualquier oportunidad para mí?

— Sí, pues así es— dijo esto y su molestia con él volvió. No estaría atajando los galanteos de Ángelo si Gonzalo estuviera allí.

— ¿Pero estás comprometida con él, hay matrimonio cerca?

— ¿Por qué sólo pueden pensar que es algo serio si hay matrimonio a la vista? Amo a Gonzalo y con eso me basta.

— Si fuera yo quien tuviera una relación contigo, ya te habría sacado del mercado de cualquier manera posible, eres una mujer increíble Sofía y me gustas muchísimo— acercó su rostro al de ella — Me muero por saber cómo se sentiría un beso de esos hermosos y provocativos labios.

— Ángelo... preferiría que no hables así.

— Y yo preferiría que me permitas acercarme un poco a ti,que me dejes conocerte — mientras hablaba, la atraía más hacia su cuerpo y Sofía comenzó a sentir un calor extraño. No deseaba sentir eso, pero le gustaba lo que le decía, y sonrió para sus adentros, pero su mente nublada por los tragos no le permitió darse cuenta de que había sonreído y Ángelo lo tomó como muestra de que sus avances iban en buen camino, puso sus labios sobre los de Sofía y la besó. Ella sintió que no debía corresponder, pero lo hizo y sólo por un instante le permitió que la besara.

Nadie había percibido la llegada de Gonzalo al lugar, quien desde el pasillo de la entrada observaba la escena, con el rostro endurecido por la rabia y los celos. Miró por un momento lo que ocurría para fijar en su mente a su Sofía en los brazos de aquel tipo, dejándose besar sin oponer la menor resistencia, y luego se dio la vuelta y salió.

Subió a su coche antes de sucumbir al deseo de regresar a romperle la cara a ese hombre que le robaba a Sofía. Sus mandíbulas se sentían como  de piedra y decidió irse al club a tomar algo. No soportaría estar en casa en ese momento.

Llegó al lugar y se acercó a la barra. Pidió un whisky y se sentó a beber. Uno tras otro, tomó los tragos que pedía y mientras el alcohol entumecía su consciencia, peor era la furia que sentía dentro de sí.

Abstraído en sus pensamientos no notó a la persona que se sentó a su lado, hasta que una mano, con largas uñas rojas, tocó la suya.

— Hola, cariño... — ronroneó Diana a su oído— se te ve muy solitario.

— Hola Diana.— tardó un instante en responder— Quizás porque deseo estar sólo.

— ¡Uy, qué huraño está el hombre! Nunca habías respondido así — sonrió la mujer— Creo que hay tormenta en la isla paraíso.

— No es problema de nadie.

— Tampoco espero que me cuentes nada. Lo que menos me interesa de ti, son tus problemas.— insinuó sugestiva— Ahora, que sí puedo darte consuelo, si lo deseas.

— Por favor, Diana, no estoy para tus tonterías — reclamó con voz pastosa por los tragos— Quisiera que me dejases en paz.

Trató de levantarse para marcharse y faltó poco para que se cayera y Diana lo sostuvo.

— Querido, estás en un estado lamentable, no creo que deberías conducir así,  déjame que te lleve a dormir esta borrachera que tienes encima y mañana puedes volver a por tu coche— Ven conmigo— se pasó el brazo de Gonzalo por sobre su hombro y lo ayudó a caminar.

Lo llevó hasta el coche y lo ayudó a subir, luego se puso al volante y condujo hasta su casa. Al llegar, Gonzalo se dejó conducir a una habitación que no era la suya, pero el alcohol lo confundía y no pensó en eso, sólo se dejó caer sobre la cama y se durmió.

Diana no esperaba obtener nada de Gonzalo, pero se aseguraría de que Sofía se enterase de dónde pasó la noche.

Antes, en la pista, Sofía aún en los brazos de Ángelo, reaccionó apenas a lo que ocurría. Su corazón le decía que no estaba bien, pero su mente se quejaba porque el hombre le resultaba muy atractivo. Sin embargo, un momento de lucidez llegó a su cerebro y se separó de él.

— Te dije que tengo novio, Ángelo. Me gustaría que respetaras eso, por favor. Amo a Gonzalo, y creo que estás aprovechándote de que he tomado algunos tragos de más, pero no quiero que vuelva a ocurrir— caminó hacia la mesa donde se encontraban los demás y se sentó al lado de Ana María y poco tiempo después se despedía y llamaba un taxi. Se fue a casa de Gonzalo y le extrañó no encontrarlo allí. Le llamó a su teléfono, pero no contestó. Se preocupó y pensó en llamar a su familia, pero le pareció una exageración. Seguramente decidió verse con algún amigo en el club y no tardaría en llegar. Fue a la habitación y se acostó. El exceso de alcohol hizo efecto y se durmió enseguida. No se dio cuenta de que Gonzalo no llegó a dormir hasta bien entrada la mañana, cuando despertó, con una terrible resaca.

Se levantó y buscó una medicina para el dolor de cabeza en el botiquín del baño, las tomó y fue a la cocina a preparar café. Mientras lo hacía marcaba el número de Gonzalo en su móvil, pero seguía sin responderle. Insistió hasta que finalmente entró la llamada y una voz femenina le respondió, cuando preguntó por Gonzalo con el rostro tenso.

— Lo siento, Gonzalo no se encuentra en condiciones de responder, aún está profundamente dormido— y con una risita fingida insinuó más de lo que decía.

Sofía sentía demasiada furia como para molestarse en contestarle a esa mujer, había reconocido su voz y sin duda se trataba de Maléfica.

Gonzalo iba a escucharla en serio. Cortó la llamada y tiró el teléfono sobre la mesa. Se sirvió café y se fue a la habitación. Se vistió y esperó largo rato a que llegara Gonzalo. Al ver que no llegaba, decidió salir para ir a casa de sus padres. Cuando salía del edificio, vio el coche rojo que se detenía al frente y se dio cuenta de que quien venía allí era Gonzalo con Diana al volante. Reprimió sus deseos de ir hasta ellos y armar una escena, pero cuando vio a Diana tomar el rostro desencajado de Gonzalo con su mano, no soportó más y se acercó al coche.

— ¿Serías tan amable de quitar tus garras de mi novio?— le exigió furiosa.

Gonzalo se volvió hacia Sofía y bajó del coche, sin decir una palabra.

Gonzalo la tomó por el brazo y la empujó suavemente hacia el edificio.

— Vamos adentro, Sofía— dijo con el rostro duro y las mandíbulas paralizadas. Un incipiente dolor de cabeza lo atormentaba.

— No puedes hacer una escena aquí.

Sofía guardó silencio mientras llegaban al piso, pero su pecho subía y bajaba acelerado, con la rabia contenida.

Al salir del ascensor, se volvió enfurecida hacia Gonzalo, quien aún no hablaba.

— ¡De modo que decido salir una noche y el señor se va de juerga con la bruja! ¿Cómo has podido hacerme eso, Gonzalo?— le gritó—   ¡Es un asco! Y con esa mujer horrible. Explícame lo que ocurrió, Gonzalo, porque esto no tiene sentido. ¡Habría esperado esto de cualquier persona... pero de ti, jamás! Me has decepcionado,  ¿cómo...?— iba a continuar, pero fue interrumpida por él

— Estuve en la discoteca anoche — dijo simplemente con los labios apretados.

— ¿Cómo? Yo no... te vi — apenas pudo responder Sofía.

— Yo sí te vi,  te veías muy cómoda en los brazos de aquel hombre mientras te besaba.

— Gonzalo, yo...no.. no quise que eso pasara... había tomado de más y...

— No digas nada más, Sofía,  no hace falta. Ya sé que esto ha sido un error y tú necesitas eso,  tu grupo, gente de tu edad, de tu círculo. Una vez te dije que no quería ser un lastre en tu vida y no lo seré.

— Gonzalo, amor, yo...

— No, Sofía,  esto me abrió los ojos. No puedo esperar que dejes tu juventud conmigo y que yo te ame o tú a mí, no va a cambiar las cosas. El abismo entre tu mundo y el mío seguirá allí,  no voy a esperar a que me digas que te has enamorado de alguien más joven o más divertido. Por más que lo intentemos, siempre habrá algo que no va a desaparecer y es el hecho de que tú no deseas que esto funcione. Era de esperar que no comprometerte en nuestra relación llevaría a lo que vi, supongo que así no sentirías que estabas faltando a lo que nos prometimos pero lo que tú llamas "un simple papel" para mí significa que sólo habrá una persona en mi vida. Alguien a quien amar por encima de lo que sea , pero no para ti. Así que esas promesas no significan nada si no voy a poder creer que tú también sientes lo mismo.

Sofía no hablaba. Sabía que había herido a Gonzalo y nada que dijera iba a cambiar eso. Sus ojos estaban enrojecidos y no deseaba llorar delante de él.

— Sofía, no puedo continuar si no confío en lo que tenemos, enfrentamos muchas cosas pero lo evidente es lo único que no podremos enfrentar.  Nuestros mundos no debieron converger,  no debí esperar que una mujer como tú, con tu juventud, tu belleza, tu encanto, pudiera pasar el resto de su vida conmigo. Así que esto debe llegar hasta aquí. Sin un compromiso de tu parte, no tenemos futuro posible.

— Gonzalo, cometí un error, lo sé,  había bebido de más,  por favor no puedes dejar todo así.

— No se trata de la bebida, Sofía,  se trata de lo que llevas dentro de ti, de tus sentimientos  y de lo que esperas de la vida. Es natural que alguien como tú quiera de la vida mucho más que estas paredes,  más que lo que yo te ofrezco  y es algo que más temprano que tarde iba a ocurrir.

— No quiero perderte, Gonzalo — se abrazó a él, las lágrimas corrieron por su rostro y ya no hizo nada por evitarlo.

— No, mi vida, yo te perdí a ti — la abrazó y cerró sus ojos para que Sofía no viera su dolor en ellos— Te perdí tan pronto me mantuviste fuera de tu vida, marcaste los límites a los que debía someterme. Nunca te tuve por completo y no estás dispuesta a permitirlo. Yo no quiero más ser la persona con la que mantienes una aventura,  te dije que tuve demasiado de eso y sí, quiero más.

— Cariño,  no puedes hacerme sentir así,  no es justo, tú pasaste la noche con Diana y sólo me juzgas a mí. Con Ángelo no pasó nada, sólo fue un beso.

— Entre Diana y yo no ocurrió nada. Estaba en el mismo bar , yo me encontraba demasiado ebrio y ella no me permitió conducir,  pero si hubiese ocurrido ¿tendrías acaso una justificación para lo que vi? No Sofía,  no se trata de una competencia de quién le faltó a quién. Puede que entre tú y ese tío sólo hubiese un beso, es cierto,  eso no es el problema. Fue lo que llevó a ese beso lo que me preocupa. Hay dudas en tus sentimientos y lo sabes.  Has tratado de obviarlo, pero sabes que allí está.

Se apartó de ella y le dio la espalda para que ella no pudiera ver sus ojos llenos de lágrimas.

— Sofía,  voy a salir de la ciudad por unos días, debo atender algunas cosas, pero principalmente necesito alejarme de esto un tiempo. Quiero pensar, poner las cosas en perspectiva y darte la oportunidad a ti de que pienses seriamente en esto. No estoy dispuesto a continuar así. Sé que ese beso no significó nada especial más allá de la duda que existe dentro de ti, pero algo explotó aquí y es que yo quiero más.  Quiero un compromiso genuino porque de continuar así siempre voy a estar esperando el momento en el que me digas que ya no quieres seguir conmigo, que hay alguien más. Cuando vuelva, si continúas aquí, sabré que vamos a comprometernos. Si no, entonces te dejaré en paz,  no te buscaré ni insistiré  y podrás hacer la vida que deseas. Serás completamente libre.

— No puedes obligarme de esa forma,  no es justo, si yo aceptara algo así sería por no perderte me estarías obligando a decidir.

— Lo sé,  es exactamente lo que hago porque necesito eso, una decisión tuya.

Se fue a su habitación y preparó una pequeña maleta. Cuando volvió, Sofía continuaba de pie en el medio del salón con una expresión desolada en su rostro.

No podía ser cierto. Estaba perdiendo a Gonzalo. Saldría de su vida. Pero no sentía que fuese justo que la hiciera escoger de esa forma. Ya se había disculpado por su estupidez con Ángelo. Y aún así, la estaba dejando. No podía estar pasando.

Gonzalo se acercó a ella, tomó su rostro suavemente y la miró a los ojos.

— Amor, independientemente de lo que decidas, serás la mujer que voy a amar para siempre. Eres lo más hermoso que me ha pasado, la persona con quien he vivido lo mejor de toda mi vida y sólo quiero de ti que entregues a esta relación todo tu compromiso, tu deseo de que continúe. No puedo aceptar menos que eso. A veces para obtener lo que queremos de los demás debemos exigirlo. Yo te entregué mi vida, mi corazón y mi alma por completo, ahora tú debes decidir si quieres hacer lo mismo. Si decides no hacerlo, te voy a amar igual, pero ya no te buscaré de nuevo porque no podrá funcionar — colocó sus labios sobre los de Sofía y la besó suavemente y sus lágrimas se confundieron con las de la joven. La sostuvo por un momento entre sus brazos y luego la soltó, cogió su maleta y se marchó.

Allí quedó Sofía, sin saber cómo de repente todo su mundo se vino abajo. Las lágrimas corrían por su rostro, ya sin poder ni querer detenerlas.

Ese hombre que amaba con locura la sacaba de su vida, le imponía condiciones para perdonarle su error. Le exigía lo único que ella no estaba dispuesta a dar... su libertad. No creía que casarse con él fuera la solución. Quizás todos tenían razón y sus mundos eran demasiado diferentes, y nunca debieron tratar de hacer que se unieran. Gonzalo era el hombre que amaba, no tenía dudas de ello, pero ella aún quería ser libre. Le temía terriblemente a sentirse obligada a algo, sentía que el matrimonio no era necesario, más que para marcar límites; ella creía en la fidelidad, en la lealtad, pero no porque un papel le obligara a ello sino por el deseo mismo de hacerlo. ¿Cómo aceptar algo así para conservar a Gonzalo? ¿Podría continuar con él a sabiendas de que la había arrinconadopara  tomar esa decisión?

Se sentó por un momento en el sofá al sentir que sus piernas no la sostendrían. La magnitud de lo que había ocurrido se le vino encima de repente. Había perdido a Gonzalo.

Se puso de pie. Respiró profundamente y caminó a la habitación. Sacó una maleta del armario y comenzó a llenarla con sus cosas. Rato después llegaba en un taxi a casa de Ana María. Al llamar a la puerta, su amiga fue a abrir y la vio allí con expresión desvalida y no necesitó ninguna explicación. Sofía se abrazó a su amiga y lloró en su hombro, como no lo había hecho jamás.

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Comentários (2)
goodnovel comment avatar
Brrts Bnds
la historia es muy linda pero siento q Gonzalo la asfixia, no es justo q la presione de esta manera para q ella acepte casarse con él, de cierta manera hasta me repugna
goodnovel comment avatar
Andromeda309
Hermosa historia, me fascina, por favor no tarde en darnos más capítulos......
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  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 11

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