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Capítulo 11

last update Data de publicação: 2022-11-24 00:59:47

— Señorita Montemayor — dijo la voz de Adolfo como único saludo cuando Sofía atendió su teléfono.

— Su Señoría— dijo Sofía sin inmutarse ante el tono formal de su padre.

— ¿Serías tan amable de comer conmigo esta noche?— recordó Adolfo la sugerencia de Gonzalo y decidió dejar la ceremonia a un lado.

— ¿Es una invitación normal o me estás llevando con engaños a mi juicio?

— Quiero verte, hija. Necesitamos hablar sobre lo que ocurre — dijo con calma.

— Papá —se sintió confundida con el tono conciliador de su padre —Me encantará verte, pero...

— Prometo escucharte sin juzgarte, hija.

— En ese caso,  cuando quieras.

— ¿Te parece esta noche? Puedo pasar por ti al hospital.

— Me parece perfecto,  te espero cuando termine mi jornada.

— Entonces, es una cita.

— Si, papá, una cita ¡Te espero! ¡Ah, papá!— lo detuvo antes de que cortara la llamada —Te quiero mucho.

— Y yo a ti, Sofía—la chica no pudo ver la sonrisa de afecto que cubrió el rostro de su padre.

Al terminar de hablar con Adolfo, le marcó a Gonzalo

— Hola, amor. Creo que no podré verte esta noche, saldré a cenar con mi padre.

— Eso me parece excelente —respondió realmente satisfecho Gonzalo— Me alegra que finalmente se decidieran a hablar, deseo que arregléis las cosas entre vosotros.

Se despidieron y Sofía volvió a su trabajo sin poder quitarse de la mente su cita con Adolfo. Cruzó los dedos para que todo marchase bien.

A la hora señalada, Sofía salió a la puerta del hospital a esperar a su padre.

El juez llegó puntual, como era su costumbre y Sofía subió al coche. Le sorprendió ver a su padre al volante, ya que siempre conducía su chófer.

La joven entró al puesto del copiloto y pensó que era la primera vez que eso ocurría al subir al coche de su padre.

— Hola, papá.— saludó con un poco de inquietud ante algo que era nuevo para ella.

— Hola, hija.— la miró a los ojos y notó la sorpresa en Sofía — Ya veo que verme conducir te ha sorprendido,  quería estar a solas contigo. Vayamos a un lugar agradable. ¿Sugieres algo?

— Donde tú quieras estará bien para mí. —aún no salía de su estupefacción.

— Bien, escogeré yo.

Llegaron a un lujoso restaurante. Adolfo pidió una mesa, los guiaron a ella y se sentaron. Ordenaron bebidas y fue Adolfo quien comenzó a hablar:

— Noto que estás muy callada. No te recuerdo tan silenciosa.

— Papá, esto no es común entre nosotros.

— Quería hablar contigo a solas, hija. Sobre lo que está ocurriendo.

— Papá, si me vas a decir de nuevo que debo dejar a Gonzalo, te diré que... —no pudo continuar porque Adolfo la detuvo.

—No, no quiero discutir contigo, quiero que me digas lo que sientes.

— Papá, yo no sé qué decirte.

— Si por primera vez en la vida, mi hija se ha quedado sin respuestas. Este día tendrá que registrarse en los anales de la Historia.

— Y si mi padre acaba de hacer una broma yo voy a comenzar a ver a mí alrededor para encontrar a los alienígenas que lo secuestraron.

— Hija, he pensado en lo que discutimos y creo que tienes derecho a decidir en tu vida.

— Papá, yo...— Sofía estaba estupefacta.

— Eso no significa que no crea que es un error, sigo pensando lo mismo, pero debes darte cuenta por ti misma,  de forma que quisiera que vuelvas a casa, y que tan pronto como sea posible invites a ese caballero a casa a conocer a tu familia.

— ¿Papá, estás seguro de que todo está bien? No comprendo tu cambio de actitud. ¿No te estás muriendo, verdad?

— Alguien me hizo entender que podría perder a mi hija y no estoy dispuesto a permitir que eso ocurra. Voy a darte la oportunidad de demostrarme que estoy equivocado, pero no te confundas,  sigo sin estar de acuerdo con esa relación.

— Gracias, papá,  no podía esperar menos de ti y sí, deseo volver a casa.  Aunque seamos la familia más rara del mundo, los extraño mucho. Me alegra que me permitas mostrarte que Gonzalo y yo, estamos construyendo una relación de la que podrás sentirte orgulloso. Aunque soy una mujer independiente quiero saber que mi familia me apoya, y que puedo hacer las cosas correctamente. Pero necesito que prometas que no vas a entrometerte en mi relación con él.

—Sabes bien que eso no va a ocurrir,  me conoces mejor que eso —sonrió —A propósito  ¿Cuál es la intención de ese señor contigo?

— Gonzalo es todo un caballero. Quiere casarse conmigo, pero...

—¿Pero? ¿No estás segura de lo que sientes?

— No, no es eso. Ambos tenemos nuestros sentimientos muy claros. Es que no estoy segura de que yo sea material para matrimonio. —respondió dudosa.

— Tonterías.  Sólo se requiere amor e inteligencia para tener un buen matrimonio.

Sofía aún no salía de su asombro de verse teniendo esa charla con su padre.

—Papá,  yo no sé si quiero casarme

—¿Lo amas o no?— preguntó tajante

— Sí, lo amo.— y una sonrisa iluminó el rostro de Sofía.

Continuaron charlando mientras comían, y Sofía se sentía como una niña a quien su padre la lleva por primera vez a un parque a comer un helado. Casi no podía creer en su suerte, y se preguntaba quién le había hecho cambiar de opinión tan repentinamente, y en su interior, se lo agradeció.

Esa noche, Sofía volvió a casa con su padre y toda la familia miró la escena entre sorprendidos y complacidos.

Durante un rato conversaron y luego fueron a dormir. Sofía sentía como si flotara en una nube. Conocerían a Gonzalo y los encantaría a todos. No tenía duda de eso.

Cuando fue a su cuarto, le marcó a Gonzalo y le contó todo. Gonzalo se sintió complacido de que finalmente las cosas tomaban el cauce normal.

Esa misma semana, Gonzalo fue invitado a cenar con la familia. Sofía se sentía como una chiquilla, nerviosa y ansiosa cuando fue a abrir la puerta al llegar Gonzalo.

Como siempre, Gonzalo era la imagen de la distinción y la calma y ella se sintió tan orgullosa de presentarlo con su familia.

Su padre, adusto y serio, lo saludó cortésmente. Alejandra, tan sorprendida como el resto de la familia, lo recibió con una sonrisa amable, pero cautelosa. Roberto y Manuel, fueron exactamente como Sofía esperaba. Expresaron su asombro ante la edad de Gonzalo sin tapujos, aunque el hombre ni se inmutó por ello, sino que al contrario, agregó sus propias bromas al respecto.

Cenaron en franca tertulia, y Sofía se sintió fascinada al ver a Gonzalo sereno y cómodo, como un pez en el agua. Respondió todas las preguntas que le hicieron con propiedad, sabiendo que estaba siendo examinado por la Corte y el Jurado, como los llamaría Sofía.

Al terminar la cena, pasaron al salón a tomar el café y la charla fue animada y sin incomodidades.

—Oye, Gonzalo ¿sí estás consciente del callejón peligroso en el que te estás metiendo, verdad?

— Voy a arriesgarme. Hasta ahora, Sofía ha valido cada momento incómodo.—le sonrió y miró a la chica que hablaba con su madre, sin perder de vista a sus hermanos, vio cómo se acercaba a ellos y cruzó su brazo con el de Gonzalo, miró a los jóvenes y los interrogó.

— ¿Ya me habéis avergonzado lo suficiente? Gonzalo, sabes que no tienes que soportarlos. Puedes mandarlos a paseo cuando quieras, yo no me voy a molestar por eso. Y ellos, bueno, ellos son inofendibles. No tienen suficiente cerebro. Se gastaron todas sus neuronitas aprendiendo leyes.

— No te preocupes, mi amor, tengo ventaja. Ellos apenas están aprendiendo lo que yo hace rato estoy tratando de olvidar.  — bromeó él y la miró a los ojos con amoroso placer al verla tan feliz.

La noche transcurrió y todos se veían alegres.

Llegada la hora de irse, Gonzalo se despidió de todos y Sofía lo acompañó a su coche, tomados del brazo.

— Quisiera que pudieras venir conmigo a casa. Mis brazos se sienten tan vacíos al amanecer sin ti.

— Podemos arreglar algo esta semana para vernos a solas. He estado tan ocupada y también el volver a casa hace que dedique más tiempo para estar aquí con mi familia.

— Eso podemos solucionarlo fácilmente, pero quiero que sea haciendo lo correcto... tus padres han dado un gran paso ofreciéndome su confianza y no quiero faltar a eso, pero me haces una falta increíble.

— Y tú a mí, extraño tanto despertar a tu lado.

—Ten piedad de mí, Sofía, que voy a casa a dormir solo.— le rogó.

— ¿Seguro que vas a estar solo?

— Quiero que tengas algo por seguro. Desde que te conocí no puedo pensar en nada ni nadie más que en ti,  por eso insisto tanto en pedirte que te cases conmigo. No deseo una relación de "cuando se pueda". Te quiero conmigo cada día de mi vida. Te quiero en mi cama, llenando mis brazos, te quiero cada mañana a mi lado, te quiero toda, absolutamente toda, cada momento de nuestras vidas.

— Lo sé, mi amor. Te juro que estoy tratando de aceptar dar ese paso. Sólo que no es fácil para mí, pero yo también deseo todo eso. Te amo y te aseguro que quiero compartir mi vida contigo. Dame sólo un poco de tiempo para hacerme a la idea de los cambios que habría en mi vida, pero te ruego que no dejes de insistir. No es por escucharte decirlo o por hacerme de rogar,  sólo quiero saber que aún me quieres en tu vida.

— Te lo voy a decir una y otra vez. Quizás por agotamiento lo logre.—le sonrió con un poco de tristeza en la mirada.

— No por agotamiento, sino porque va a llegar el momento en que no voy a poder pasar un minuto más sin ti. Nunca dudes de lo que siento por ti, Gonzalo —se levantó de puntillas y lo besó — Ni en sueños pensé jamás que podría llegar a sentir lo que siento.

— Eso me sostiene en mis noches sin ti, preciosa.  Ahora debo irme, ya estoy muy grande para que tu padre deba enviarme a casa. Te amo.— la besó de nuevo y subió a su coche.

Sofía tardó unos minutos en entrar. Pensaba en cuánto deseaba estar en los brazos de Gonzalo esa noche.

— ¿Será tan difícil estar casada? Quiero saber lo que debo hacer — se dijo a si misma — ¡Por qué tuvo que tocarme el único hombre del mundo que no quiere una relación sin compromisos! ¿¡Por qué tienes que ser tan perfecto, Gonzalo Márquez!? — cruzó sus brazos alrededor de su cuerpo y entró a la casa.

Durante dos semanas tuvieron pocas oportunidades de verse por sus trabajos. Pasaron un par de noches juntos, pero ambos deseaban más. Lo que sentían entre sí, exigía mucho más que eso.

La semana siguiente sería el cumpleaños de Sofía y decidieron hacer un viaje de fin de semana juntos. Sofía se sentía eufórica, tendría a Gonzalo sólo para ella durante tres días, hasta que su padre hizo un anuncio esa noche durante la cena.

— Sofía, necesito que nos acompañes el próximo sábado a una recepción del Tribunal Supremo. Quiero que toda la familia asista.

— No puedo hacerlo, papá. Tengo planes con Gonzalo.

— Esos planes tendrán que esperar.

— Es mi cumpleaños y decidimos pasarlo juntos.

— Pues no se va a poder. Debes acompañarnos. Esto es importante para mí, para mi carrera. Muchas cosas pueden salir de allí que me beneficien , así que quiero a mi familia apoyándome.

— Pero, papá,  no puedo.

— Sofía, jamás te pido nada a ti ni a ninguno, pero esto es importante para mí. Tienes muchos cumpleaños por delante para celebrar, así que el sábado, os quiero aquí, a todos vestidos de gala a las 8 en punto. ¡No voy a discutirlo más! — de esa forma Adolfo acalló cualquier reclamo.

Sofía se retiró a su habitación molesta, tan pronto terminó la comida. Llamó a Gonzalo, quien se encontraba fuera de la ciudad por razones de trabajo. Le contó los planes de su padre y se sintió realmente furiosa con la actitud tan complaciente de Gonzalo y así se lo dijo.

— Podrías al menos sentirte decepcionado, ¿no crees? Parece que ni siquiera te molesta que mi padre arruine nuestros planes.

— No se trata de eso, cariño. Tu padre tiene razón, tienes muchos cumpleaños por delante y a veces hay que hacer sacrificios por los que queremos.

— Pero no tiene derecho a decidir por mí. ¡Quién va a desear ir a esa horrible fiesta de abogados en lugar de pasar el fin de semana contigo!

— Lo haremos luego. Te lo prometo.

— ¿Al menos vendrás conmigo a la recepción?

— Ya lo veremos. Hablaré con tu padre. Por ahora, descansa, mi amor. Y no te molestes tanto con tu padre. Te amo.

— Y yo a ti. Regresa pronto. Me haces mucha falta.

— Eso es muy bueno,  me pone un paso más cerca de conseguir que aceptes casarte conmigo.

— ¡Eres un pesado, Gonzalo! Pero te amo cada vez más. ¡Vuelve! Tengo muchos besos reservados para ti.

— Eso no se le dice a alguien que te ama y se encuentra tan lejos,  podría calificar como tortura psicológica.

— Espero que funcione y te haga volver más pronto.

— Ve a dormir, preciosa. Te amo. Que descanses.

— También tú, hasta pronto.

Esa mañana Alejandra le pidió a Sofía que la acompañara de compras.

— Quisiera conseguir un vestido para la recepción. Nada de lo que tengo me satisface y de paso, podríamos conseguir algo para ti.

— No sé, mamá, esa fiesta me echó a perder mis planes,  puedo ponerme cualquier cosa.

—Ya tu padre te dijo que es algo que puede ser decisivo en su carrera,  deberías ponerle más interés.

— Está bien, pero vamos temprano que luego tengo que trabajar.

— Entonces, pues, vayamos ya mismo.

Ya en la boutique favorita de Alejandra, ambas se probaban vestidos aunque Sofía no se sentía especialmente emocionada por eso.

Alejandra salía de un probador con un hermoso vestido color malva que le iba perfecto a su espigado cuerpo, cuando vio a su hija con un vestido negro que le iba muy bien. La miró con desaprobación y negó con la cabeza.

— Creo que ese color no te sienta, por algún motivo, te ves tan sobria.  Creo que deberías buscar algo más fresco, más claro, algo que no te oscurezca tanto. Vas a tener que dejar el mal humor, porque si no nada te va a gustar,  déjame que te busque algo más juvenil. — y se fue a revisar en los exhibidores durante unos minutos— Venga, te traigo otras opciones— traía en sus manos varias piezas.

A regañadientes, Sofía aceptó probarse los vestidos y cuando salió con uno color champaña con profundo escote en su espalda y ceñido al cuerpo, y se vio al espejo, no pudo más que aceptar que se le veía fabuloso. Ese modelo le hacía un cuerpo espectacular.

— ¡Hija, te queda fenomenal!

—Tienes razón, mamá. Está guapísimo, y a ti, ese es el que mejor te va. Ese color te queda genial. Papá se va a quedar con la boca abierta. Te ves muy sexy.

Ambas se rieron juntas y decidieron llevar esos vestidos. Fueron a comer y por supuesto, el tema fue Gonzalo

— Dime, hija... ¿realmente estás enamorada de Gonzalo? Mira que sería muy feo jugar con sus sentimientos. No creo que...

— Mamá, si de algo he estado segura en mi vida es de lo que siento por él. Realmente lo amo.

— ¿Entonces por qué haces sufrir al hombre y no te casas con él? Ese pobre ser se está derritiendo por ti.

— Ay, mamá. Me asusta el compromiso,  no sé por qué para otras personas es tan fácil dar ese paso y a mí me da pánico, pero de verdad lo amo. Sólo quisiera que algo me haga ver sin rastro de duda que casarme es lo correcto. — confesó apesadumbrada la joven. Incluso vivir juntos me asusta.

— No te preocupes, eso llegará sólo,  habrá un momento en el que te convencerá si es el elegido. No pienses en eso por ahora. Si te ama va a insistir hasta lograrlo y si tú lo amas, un día cualquiera, lo aceptarás. Eres muy joven aún. No hay ninguna prisa.

Sofía se sintió agradecida por la forma tan comprensiva en la que sus padres habían tomado su relación con Gonzalo. Y estaba convencida de que había sido el encanto de él lo que había logrado el cambio de actitud.

El sábado llegó sin que Gonzalo y Sofía hubieran podido conseguir tiempo apenas para verse. Ambos estuvieron muy ocupados y la joven esperaba que los acompañase a la recepción, pero se decepcionó cuando Gonzalo le anunció que estaría fuera de la ciudad y no lo vería en su cumpleaños.

Su rostro era una máscara cuando la familia se reunió en el salón antes de salir a la fiesta.

— Sería agradable que cambiaras esa expresión, Sofía. Hay la posibilidad de que tu padre sea nombrado para el Supremo esta noche, y eso debería hacerte sentir menos furiosa por perder un cumpleaños.

— Lo siento, papá. Tienes razón,  sólo me siento molesta con Gonzalo por no estar aquí... trataré de no ser una aguafiestas. Espero que todo sea para bien para ti y que logres lo que esperas.

—Gracias, hija. Te ves despampanante. Hoy seré el hombre más afortunado, porque llegaré con las dos mujeres más hermosas de esta ciudad.

— ¿Sólo de la ciudad, Adolfo?— le recriminó Alejandra sonriente— Puedes mejorar eso.

— Del mundo, querida, sólo quería sonar realista.

— Papá, no aclares que oscureces.—Se rió Sofía y tomó el brazo izquierdo de padre, quien del brazo derecho llevaba a su mujer.

Salieron de casa y subieron a los coches, Sofía con sus padres y los hermanos en el coche de Roberto.

Llegaron al lugar de la recepción y Sofía se encontró sorprendida de que se llevara a cabo en ese salón, probablemente el más exclusivo, rodeado de hermosos jardines llenos de luces y fuentes.

Al entrar vio que las decoraciones eran hermosas y el lugar se veía deslumbrante, y por estar entretenida en eso, no reparó en los invitados que ya se encontraban en el lugar, hasta que cuando caminaban por el pasillo principal del salón levantó la mirada y vio a Gonzalo de pie allí, esperándola, vestido de traje de etiqueta, y viéndose espectacular, con aquella sonrisa suya que la derretía.

Llegaron a su lado y todos saludaron menos Sofía que aún no salía de su sorpresa. Los miró a todos y por primera vez, pudo percatarse de quiénes eran los invitados. Allí se encontraban todos, su familia y la de Gonzalo, amigos, compañeros de estudios. No faltaba nadie y todos los rostros se veían felices por la sorpresa que veían en el de la chica.

Gonzalo se acercó a ella y rozó los labios de Sofía con los suyos.

— ¡Feliz cumpleaños preciosa! ¿Podrás perdonarme por engañarte para traerte hasta aquí?

— ¡Pues, por supuesto! — se abrazó a su cuello— ¡Eres un mentiroso! — y lo besó.

Todos aplaudían y comenzaron a acercarse a felicitar a la muchacha. Tras un rato de abrazos, besos, y buenos deseos que parecían no terminar, Gonzalo rescató a la joven, la condujo hacia el jardín, y caminaron lentamente por el lugar tomados del brazo.

Sofía estaba impactada con la sorpresa y se sentía inmensamente feliz.

— Gonzalo, esto es hermoso. No podría imaginar un mejor cumpleaños. Gracias, mi amor. — se giró hacia él y se acurrucó en sus brazos.— Todo es perfecto.

— Hermosa, esto no es nada al lado de lo que mereces. Te amo y quiero hacerte feliz para siempre. —le dijo en voz muy baja.

— Yo también te amo, Gonzalo, siento que eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

— En ese caso... — metió la mano en el bolsillo interno de su traje y sacó una pequeña caja. La abrió y la puso ante los ojos de Sofía, quien lo miraba sin saber qué decir— Sofía Montemayor... ¿me harías el honor de aceptar ser mi esposa y permitirme dedicar cada minuto de mi vida a hacerte la mujer más feliz del universo?

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Último capítulo

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Epílogo

    Reunidos todos para celebrar el cumpleaños de Gonzalo, en aquel hermoso lugar donde tiempo atrás sorprendieran a Sofía para el suyo, la joven notó en su novio una actitud distante.A pesar de que durante la fiesta él trataba de mostrarse alegre, su mirada no era la de siempre. Tomaba un trago conversando con su hijo, pero miraba a Sofía que saltaba de grupo en grupo, riendo y bromeando con todos. Miraba a la gente a su alrededor y aquello se podría considerar su sueño, pero algo le estaba molestando y tuvo que aceptar que coleccionar otro año, no le resultaba particularmente agradable. Sin embargo, tenía que aceptar que esa preciosa jovencita lo amaba aunque le doblara la edad y debía sentirse feliz y agradecido con la vida por ello. Verla con aquel lindo vestido color perla, sonriendo a todos y de vez en cuando, volteando a verlo con aquellos ojos brillantes le infundía nueva vida a Gonzalo.La observaba con una sonrisa cuando la vió dirigirse al escenario donde tocaba la banda.

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 15

    Aquel día de diciembre, Sofía caminaba por el boulevard haciendo sus compras navideñas. La nochebuena y la venida de Los Reyes estaban muy cerca y tenía que conseguir los regalos para su familia. Miraba algunas vitrinas sin mucho interés, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta, protegiéndolas del frío mientras sus pensamientos divagaban. Cuando levantó la mirada de aquel reloj que le pareció un buen regalo para su hermano Roberto, por un momento pensó que su mente le jugaba una mala pasada al ver reflejada en el cristal la alta figura de pie detrás de ella. Cerró los ojos por un instante y los abrió de nuevo, pero la imagen seguía allí. Con miedo de que fuera su imaginación, se dio la vuelta y se convenció de que era real. Allí, frente a ella, estaba Gonzalo viéndola con aquellos ojos profundos, pero sin el brillo que impactó a Sofía al conocerlo. Estaba tan guapo y elegante como siempre, sin embargo su rostro era una máscara, y unas leves ojeras marcaban sus ojos. — G

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 14

    Aún le costaba creer que había perdido a Gonzalo, pero la vida debía continuar. Muchas veces se sintió tentada a buscarlo, pero aún no podía aceptar las condiciones que le exigía, de modo que contenía la tentación y los deseos de verlo y seguía adelante.Pese a las protestas de sus padres, tomó la decisión de mudarse sola. Alquiló un pequeño piso no lejos del hospital, que era lo que podía permitirse con su sueldo, porque había comenzado su máster en Neurología y los gastos eran mayores, y aunque sus padres habían ofrecido pagar por algo mejor al darse cuenta de que su mudanza era inminente, ella se negó a aceptarlo. Su independencia comenzaba allí.Era un lugar muy agradable, con una vista no muy ancha pero hermosa, hacia un gran parque. Sólo constaba de una habitación con baño y un espacio que juntaba salón, comedor y cocina, pero para ella eso era más que suficiente. Le gustaba llegar allí cuando venía cansada del trabajo, y encerrarse en su escondite del mundo, como lo llamaba Ana

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 13

    Los meses pasaban y Sofía llegó a sentir que vivía más tiempo con Gonzalo que en su casa.— ¡Buenas noches, preciosa! Le sonrió Gonzalo al verla llegar arrastrando su maletín, exhausta.— ¡Por favor, dime que sigo en el mundo de los vivos!— se abrazó al pecho de Gonzalo.— Sí, amor, sigues aquí, con nosotros.¿Qué te parece si tomas un baño caliente, te llevo una copa de vino, y te doy un delicioso masaje?— Uhmmmm! eso suena como el paraíso. Te tomo la palabra, te espero en el jacuzzi...— dijo con voz provocativa y caminó hacia la habitación.Más tarde, esa noche, abrazados en la cama, Sofía le comentó a Gonzalo que debía ir a su casa a por más ropa y cosas que estaba necesitando.— ¿Y si te lo traes todo y mudas conmigo? Además, le darás un gusto a tus padres de verte formalizar aún más nuestra relación.— No voy a hacer algo sólo por darle gusto a nadie. Así estamos muy bien.— Si esa es tu decisión, te apoyo. No te niego que me gustaría que vivieras conmigo.— Ya lo veremos un poc

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 12

    Sofía miró el anillo que le ofrecía Gonzalo y las palabras no salían de su boca. Sentía un nudo en su garganta que no le permitía hablar. Un torbellino de emociones se agolpaba en su pecho, y no le dejaban respirar.— Sofía... ¿vas a darme una respuesta? — preguntó angustiado ante la actitud de la joven, hasta que finalmente Sofía logró articular palabras.— Gonzalo... no me esperaba esto. Es tan repentino. — decía ofuscada.— ¿Y cuál es tu respuesta, Sofía?Sofía levantó sus grandes ojos con una mirada desesperada y miró a Gonzalo.— Cariño, te amo, no tengo duda de eso, pero...— Pero, no quieres casarte conmigo... ¿Sofía, por qué te cuesta tanto aceptar? Si estás segura de lo que sientes y hemos luchado para estar juntos.— Y podemos estar juntos, pero no hace falta que estemos casados para eso... no quiero presiones en mi vida.— Pero yo necesito que te comprometas en esta relación.— No hace falta estar casados para estar comprometidos. Yo te amo, Gonzalo, pero no quiero sentirme

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