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Capítulo 15

last update Data de publicação: 2022-12-03 15:40:56

Aquel día de diciembre, Sofía caminaba por el boulevard haciendo sus compras navideñas.

La nochebuena y la venida de Los Reyes estaban muy cerca y tenía que conseguir los regalos para su familia. Miraba algunas vitrinas sin mucho interés, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta, protegiéndolas del frío mientras sus pensamientos divagaban. Cuando levantó la mirada de aquel reloj que le pareció un buen regalo para su hermano Roberto, por un momento pensó que su mente le jugaba una mala pasada al ver reflejada en el cristal la alta figura de pie detrás de ella. Cerró los ojos por un instante y los abrió de nuevo, pero la imagen seguía allí. Con miedo de que fuera su imaginación, se dio la vuelta y se convenció de que era real. Allí, frente a ella, estaba Gonzalo viéndola con aquellos ojos profundos, pero sin el brillo que impactó a Sofía al conocerlo. Estaba tan guapo y elegante como siempre, sin embargo su rostro era una máscara, y unas leves ojeras marcaban sus ojos.

— Gonzalo... — no sabía qué decirle. Había imaginado ese momento un millón de veces, y pensaba en lo que le diría, pero ahora que estaba ocurriendo, algo se atoraba en su garganta y no lograba articular palabras.

— Sofía, estás tan hermosa como siempre— la miró con ojos tristes y trató de sonreír sin lograrlo del todo. — ¿Cómo va tu vida?

— Eh, bien, va bien... ya bastante avanzada con el máster — hablaba sin mucha convicción — ¿y tú cómo has estado?

— Bien, todo igual, la tienda, los viajes.

— Me imagino... ¿Y tu familia?

— Todos bien — lo pensó un momento y se decidió— ¿Puedo invitarte a tomar un café?

— Claro, me encantaría, hace frío.

— Vamos entonces. A pocos metros hay un buen lugar.

Caminaron juntos en silencio hasta el café que indicó Gonzalo, entraron y se sentaron. Luego de ordenar, Gonzalo comenzó a hablar.

— Hace mucho que no nos vemos. ¿Hay algo nuevo que contar?

— No mucho, en realidad. Ah, sí, me he mudado de casa de mis padres. Alquilé un piso pequeño cerca de mi trabajo.

— ¿Sigues en el mismo hospital?

— Sí, por ahora.

— ¿Y hay alguien en tu vida?— preguntó con voz ronca.

— No. Estoy dedicando todo mi tiempo a estudiar y trabajar.

— No puedes dejar de vivir por culpa de los estudios, debes divertirte también.

— ¿Quién eres tú, y qué hiciste con Gonzalo? ¿De verdad me estás diciendo que me esfuerzo demasiado? ¡Si no conozco a alguien más dedicado a lo suyo que tú!- le sonrió divertida. "¡Qué guapo está, Dios mío!" pensó la joven.

— ¡Por supuesto! ¡Deben ser ciegos todos los hombres en ese lugar! — Le devolvió la sonrisa y el corazón de Sofía dio un vuelco. — Mi madre no deja de preguntar por ti. Todo el tiempo me llama estúpido por dejarte ir y creo que tiene razón. Estás preciosa, mucho más de lo que recordaba.

Sofía se sintió extraña ante el cumplido, y se entretuvo quitándose el guante de la mano izquierda para tomar el café, mientras buscaba cómo responderle.

— Gracias Gonzalo, tú también luces muy bien. Me da gusto verte.

— Te he extrañado mucho, Sofía.

— Supongo que Diana estaría más que dispuesta a llenar tu tiempo para que no me extrañaras. ¿O hay alguien más?

— No, nadie. Hablé en serio cuando te dije lo que significas en mi vida.

— Cometimos errores — dijo Sofía. — Nadie podía prever lo que ocurrió, pero sin duda lo pasamos bien.

— Más que bien, hasta este momento sigo preguntándome si actué debidamente. No puedo convencerme de haber hecho lo correcto.

— Gonzalo, ambos esperamos más de lo debido del otro. Eso nos confundió.

— ¿Crees que debimos luchar por lo que teníamos?

— No lo sé. Quizás sólo habríamos retrasado lo inevitable, pero sí, ambos exigimos del otro lo que no estaba dispuesto a dar. Tú querías un compromiso, y yo debí comprenderte. Es tu forma de ser pero yo estaba empeñada en conservar mi libertad y pagué un precio muy alto por ella. — bajó la mirada con un suspiro.

— ¿Lamentas que haya terminado? Yo sí, porque sé con toda certeza que nadie me va a dar la felicidad que tuve contigo.

— Sí, Gonzalo, lo lamentaré siempre— lo miró a los ojos— y jamás podré perdonarme el daño que te hice por mi inmadurez.

— No debes culparte, probablemente no hice lo necesario para que me amaras lo suficiente como para renunciar a tu libertad.

— El amor no fue el problema. No creo que llegue a amar a nadie tanto como a ti.

— Y entonces... ¿por qué?

— Porque fui una completa idiota que por defender mi libertad permití que el amor saliera de mi vida y cuando te fuiste no había nada. Luché por mi libertad, y cuando la obtuve, no tenía nada qué hacer con ella.

— Sofía... ¿aún me amas?— le preguntó en un susurro.

Sofía antes de responderle, comenzó a quitarse el guante de su mano derecha y al terminar, la colocó sobre la mesa. Gonzalo observó lo que le mostraba y un nudo se formó en su garganta.

— Te amo más que nunca... y por eso llevo puesto este anillo, para recordarme a mí misma cómo se puede perder el amor más grande por terquedad y es que me di cuenta de que fui una tonta. Tú me ofrecías un amor que me llenaba por completo y yo lo eché a perder por no aceptar un compromiso.

— Y yo sólo esperaba que aceptaras usarlo, que me dijeras que aceptabas casarte conmigo, con eso me habría sentido feliz, sólo con que accedieras a usarlo aunque tomaras el tiempo que desearas para casarnos. No me importaba esperar.

Sofía levantó la mirada y encontró aquellos ojos que amaba y deseó perderse nuevamente en ellos.

Gonzalo cubrió la mano de Sofía con la suya y vio que los ojos de ella se ensombrecían.

— Sofía... ¿crees que exista aún una posibilidad para nosotros?

— No lo sé, Gonzalo. No podremos saberlo... si no lo intentamos...— sonrió a medias.

Gonzalo llevó la mano de Sofía hasta sus labios y le habló en voz muy baja.

— ¿Recuerdas que un día te dije que habías entrado en el lugar más secreto de mi alma? Pues... jamás saliste de allí.

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Comentários (26)
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alex hernandez
me encanto
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Sarah B. Robinson
Hola!!!! Ya puedes disfrutar del epílogo!
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Sarah B. Robinson
Hola Erika!! Ya puedes disfrutar el epílogo!
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Último capítulo

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Epílogo

    Reunidos todos para celebrar el cumpleaños de Gonzalo, en aquel hermoso lugar donde tiempo atrás sorprendieran a Sofía para el suyo, la joven notó en su novio una actitud distante.A pesar de que durante la fiesta él trataba de mostrarse alegre, su mirada no era la de siempre. Tomaba un trago conversando con su hijo, pero miraba a Sofía que saltaba de grupo en grupo, riendo y bromeando con todos. Miraba a la gente a su alrededor y aquello se podría considerar su sueño, pero algo le estaba molestando y tuvo que aceptar que coleccionar otro año, no le resultaba particularmente agradable. Sin embargo, tenía que aceptar que esa preciosa jovencita lo amaba aunque le doblara la edad y debía sentirse feliz y agradecido con la vida por ello. Verla con aquel lindo vestido color perla, sonriendo a todos y de vez en cuando, volteando a verlo con aquellos ojos brillantes le infundía nueva vida a Gonzalo.La observaba con una sonrisa cuando la vió dirigirse al escenario donde tocaba la banda.

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 15

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  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 14

    Aún le costaba creer que había perdido a Gonzalo, pero la vida debía continuar. Muchas veces se sintió tentada a buscarlo, pero aún no podía aceptar las condiciones que le exigía, de modo que contenía la tentación y los deseos de verlo y seguía adelante.Pese a las protestas de sus padres, tomó la decisión de mudarse sola. Alquiló un pequeño piso no lejos del hospital, que era lo que podía permitirse con su sueldo, porque había comenzado su máster en Neurología y los gastos eran mayores, y aunque sus padres habían ofrecido pagar por algo mejor al darse cuenta de que su mudanza era inminente, ella se negó a aceptarlo. Su independencia comenzaba allí.Era un lugar muy agradable, con una vista no muy ancha pero hermosa, hacia un gran parque. Sólo constaba de una habitación con baño y un espacio que juntaba salón, comedor y cocina, pero para ella eso era más que suficiente. Le gustaba llegar allí cuando venía cansada del trabajo, y encerrarse en su escondite del mundo, como lo llamaba Ana

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 13

    Los meses pasaban y Sofía llegó a sentir que vivía más tiempo con Gonzalo que en su casa.— ¡Buenas noches, preciosa! Le sonrió Gonzalo al verla llegar arrastrando su maletín, exhausta.— ¡Por favor, dime que sigo en el mundo de los vivos!— se abrazó al pecho de Gonzalo.— Sí, amor, sigues aquí, con nosotros.¿Qué te parece si tomas un baño caliente, te llevo una copa de vino, y te doy un delicioso masaje?— Uhmmmm! eso suena como el paraíso. Te tomo la palabra, te espero en el jacuzzi...— dijo con voz provocativa y caminó hacia la habitación.Más tarde, esa noche, abrazados en la cama, Sofía le comentó a Gonzalo que debía ir a su casa a por más ropa y cosas que estaba necesitando.— ¿Y si te lo traes todo y mudas conmigo? Además, le darás un gusto a tus padres de verte formalizar aún más nuestra relación.— No voy a hacer algo sólo por darle gusto a nadie. Así estamos muy bien.— Si esa es tu decisión, te apoyo. No te niego que me gustaría que vivieras conmigo.— Ya lo veremos un poc

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 12

    Sofía miró el anillo que le ofrecía Gonzalo y las palabras no salían de su boca. Sentía un nudo en su garganta que no le permitía hablar. Un torbellino de emociones se agolpaba en su pecho, y no le dejaban respirar.— Sofía... ¿vas a darme una respuesta? — preguntó angustiado ante la actitud de la joven, hasta que finalmente Sofía logró articular palabras.— Gonzalo... no me esperaba esto. Es tan repentino. — decía ofuscada.— ¿Y cuál es tu respuesta, Sofía?Sofía levantó sus grandes ojos con una mirada desesperada y miró a Gonzalo.— Cariño, te amo, no tengo duda de eso, pero...— Pero, no quieres casarte conmigo... ¿Sofía, por qué te cuesta tanto aceptar? Si estás segura de lo que sientes y hemos luchado para estar juntos.— Y podemos estar juntos, pero no hace falta que estemos casados para eso... no quiero presiones en mi vida.— Pero yo necesito que te comprometas en esta relación.— No hace falta estar casados para estar comprometidos. Yo te amo, Gonzalo, pero no quiero sentirme

  • El Lugar más Secreto de mi Alma   Capítulo 11

    — Señorita Montemayor — dijo la voz de Adolfo como único saludo cuando Sofía atendió su teléfono.— Su Señoría— dijo Sofía sin inmutarse ante el tono formal de su padre.— ¿Serías tan amable de comer conmigo esta noche?— recordó Adolfo la sugerencia de Gonzalo y decidió dejar la ceremonia a un lado.— ¿Es una invitación normal o me estás llevando con engaños a mi juicio?— Quiero verte, hija. Necesitamos hablar sobre lo que ocurre — dijo con calma.— Papá —se sintió confundida con el tono conciliador de su padre —Me encantará verte, pero...— Prometo escucharte sin juzgarte, hija.— En ese caso, cuando quieras.— ¿Te parece esta noche? Puedo pasar por ti al hospital.— Me parece perfecto, te espero cuando termine mi jornada.— Entonces, es una cita.— Si, papá, una cita ¡Te espero! ¡Ah, papá!— lo detuvo antes de que cortara la llamada —Te quiero mucho.— Y yo a ti, Sofía—la chica no pudo ver la sonrisa de afecto que cubrió el rostro de su padre.Al terminar de hablar con Adolfo, le

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