FAZER LOGINReunidos todos para celebrar el cumpleaños de Gonzalo, en aquel hermoso lugar donde tiempo atrás sorprendieran a Sofía para el suyo, la joven notó en su novio una actitud distante.
A pesar de que durante la fiesta él trataba de mostrarse alegre, su mirada no era la de siempre. Tomaba un trago conversando con su hijo, pero miraba a Sofía que saltaba de grupo en grupo, riendo y bromeando con todos. Miraba a la gente a su alrededor y aquello se podría considerar su sueño, pero algo le estaba molestando y tuvo que aceptar que coleccionar otro año, no le resultaba particularmente agradable. Sin embargo, tenía que aceptar que esa preciosa jovencita lo amaba aunque le doblara la edad y debía sentirse feliz y agradecido con la vida por ello. Verla con aquel lindo vestido color perla, sonriendo a todos y de vez en cuando, volteando a verlo con aquellos ojos brillantes le infundía nueva vida a Gonzalo.La observaba con una sonrisa cuando la vió dirigirse al escenario donde tocaba la banda. Vaya que le habían organizado, una gran fiesta. Sofía se acercó al micrófono y con un guiño le pidió al celebrado que le hiciera el honor de acercarse a ella. Gonzalo divertido fue hasta allí y se paró a su lado. —Bien, gente bella que nos acompaña esta noche, familia, amigos, bienvenidos todos y espero que la estén pasando bien. Nos reunimos aquí para celebrar el cumpleaños de nuestro amado Gonzalo. Sé que eso ya es por si un motivo más que suficiente para esta fiesta, pero yo tengo otro motivo especial y personal para reunirlos aquí está noche. — la joven se volvió a mirar a Gonzalo a los ojos con mirada expectante—Cariño, hace un tiempo atrás, aquí mismo, un día dijiste algo muy especial que yo no supe o no pude comprender en su verdadera importancia y hoy, con todo el amor que siento por ti y por completo segura de que eres el hombre con quién quiero pasar el resto de mi vida, si me lo permites— sacó un estuche de su bolso y lo abrió ante Gonzalo—Quisiera pedirte algo. Gonzalo Márquez, ¿Me harías el honor de casarte conmigo?Sofía mantenía su sonrisa pero se notaba mucho más ansiosa que alegre. Esa noche la habia planificado para hacer lo que Gonzalo le había dicho: si un día quieres hacerlo, pídemelo. Él había mantenido su palabra de no proponerle matrimonio nuevamente y ya su corazón le gritaba que necesitaba comprometerse con ese hombre que amaba más que a nadie en el mundo.Gonzalo aún no salía de su asombro ante la repentina petición y más que nada sin la menor costumbre de que esas cosas las hiciera una mujer, seguía mirándola sin saber qué decir, pero mirar esos labios entreabiertos, trémulos por la espera de la respuesta, lo hizo reaccionar. —Sofía, esta es la sorpresa más grande y ... hermosa que he recibido en mi vida, no me cabe duda. Es tan inesperado que aún no logro decidir si está ocurriendo realmente...y...y...por supuesto que acepto casarme contigo, mi amor. Eres lo más maravilloso que me ha ocurrido, el regalo más increíble que he podido recibir. —tomó el anillo del estuche y lo colocó en el dedo de Sofía.—¡¡Uffff!! ¡Qué nervios! Por un momento sentí que me dirías que lo pensarías — todos aplaudieron cuando Sofía y Gonzalo se abrazaron.— ¿Gonzalo, estás cien por ciento seguro de que te quieres casar conmigo?—Por supuesto, mi vida, nada me hará más feliz que eso.El rostro de Gonzalo aún mostraba la consternación por aquella inesperada propuesta. —Entonces, muy pronto seremos esposos. No estoy dispuesta a esperar mucho para convertirte en un hombre decente.— la joven cruzó sus brazos alrededor del cuello del hombre que amaba y se entregó a aquel beso, su primer beso como prometida de Gonzalo. — ¡Y todos ustedes están invitados!—expresó la chica mirando a los asistentes que reían ante la poco habitual escena.Todos aplaudían y celebraban. Tras las felicitaciones de todos la banda comenzó a tocar y la pareja comenzó el baile, al que poco a poco se fueron sumando los demás invitados. Rato después, Gonzalo y Sofía caminaban abrazados por entre el jardín que rodeaba el salón, lleno de lámparas y fuentes. Se detuvieron en una parte del lugar, el mismo donde un día Sofía había rechazado su pedido y la joven se volvió a mirar a Gonzalo. — Te amo tanto, mi vida.—No más que yo a ti, mi preciosa. Esto si que fue una gran sorpresa. —Realmente temía que me dijeras que no. Que dijeras que habías cambiado de opinión pero debía hacerlo. Un día me desperté a tu lado y te miré largo rato mientras dormías. Me dije a mí misma que verdaderamente quería ser tu esposa. Comprendí lo que me decías sobre el compromiso y el sentirse totalmente lleno de esa otra persona y decidí hacer esto. Tenía mucho miedo, te lo confieso. — No sé por qué sentías temor si es lo que más he deseado hacer desde el día en que te conocí. —Es que tenía que hacerlo porque había fecha límite. — De verdad, no podria pedir nada mejor. Gracias por esta sorpresa tan increíble, mi Sofía. Soy muy feliz. —Y yo...—la chica acercó sus labios a los de su prometido y depositó un leve beso en ellos, con los ojos cerrados. — Y me alegra haberlo planificado y que hayas aceptado... porque esta mañana...me enteré de que si no lo hacías, iba a convertirme en una joven y hermosa... madre soltera.—lo miró a los ojos para ver su reacción a la noticia. A Gonzalo le llevó un momento comprender la magnitud de la noticia que acababa de recibir y cuando sucedió, la sonrisa más grande se apoderó de sus labios y besó intensamente a Sofía. —¿Hablas en serio, mi amor? — Totalmente. Vamos a tener un bebé... —No creo que hoy exista ningún hombre en el mundo más feliz que yo, mi Sofía. Me acabas de dar los dos más grandes regalos que podría recibir jamás. —No estaba segura de que quisieras tener otro hijo, ya lo habíamos conversado. Pero ya está aquí, es una realidad y me hace tan feliz que yo misma no logro determinar cuánto. —Mi amor, qué más podría pedirle a la vida, si te tengo a ti y ahora a nuestro hijo... o hija. — de repente se llevó la mano a la frente y rió sonoramente—¡Por Dios, voy a ser padre de nuevo! ¡Que gran noticia! Tomó a Sofía por la cintura y la abrazó fuertemente contra su cuerpo y ambos sintieron sus corazones galopando de felicidad mientras unían sus bocas en un beso lento y apasionado. La vida había puesto a prueba su amor y aunque tomaron decisiones equivocadas y casi pierden la oportunidad de ser felices, todo se había alineado para que pudieran rescatar sus sentimientos, que ese día se convertía en un hermoso y prometedor futuro juntos, seguros de que podían enfrentarlo todo mientras su amor siguiera intacto. Habría batallas que enfrentar, pero estaban convencidos de que podrían salir adelante mientras permanecieran unidos y ese hijo sellaría ese futuro juntos.Reunidos todos para celebrar el cumpleaños de Gonzalo, en aquel hermoso lugar donde tiempo atrás sorprendieran a Sofía para el suyo, la joven notó en su novio una actitud distante.A pesar de que durante la fiesta él trataba de mostrarse alegre, su mirada no era la de siempre. Tomaba un trago conversando con su hijo, pero miraba a Sofía que saltaba de grupo en grupo, riendo y bromeando con todos. Miraba a la gente a su alrededor y aquello se podría considerar su sueño, pero algo le estaba molestando y tuvo que aceptar que coleccionar otro año, no le resultaba particularmente agradable. Sin embargo, tenía que aceptar que esa preciosa jovencita lo amaba aunque le doblara la edad y debía sentirse feliz y agradecido con la vida por ello. Verla con aquel lindo vestido color perla, sonriendo a todos y de vez en cuando, volteando a verlo con aquellos ojos brillantes le infundía nueva vida a Gonzalo.La observaba con una sonrisa cuando la vió dirigirse al escenario donde tocaba la banda.
Aquel día de diciembre, Sofía caminaba por el boulevard haciendo sus compras navideñas. La nochebuena y la venida de Los Reyes estaban muy cerca y tenía que conseguir los regalos para su familia. Miraba algunas vitrinas sin mucho interés, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta, protegiéndolas del frío mientras sus pensamientos divagaban. Cuando levantó la mirada de aquel reloj que le pareció un buen regalo para su hermano Roberto, por un momento pensó que su mente le jugaba una mala pasada al ver reflejada en el cristal la alta figura de pie detrás de ella. Cerró los ojos por un instante y los abrió de nuevo, pero la imagen seguía allí. Con miedo de que fuera su imaginación, se dio la vuelta y se convenció de que era real. Allí, frente a ella, estaba Gonzalo viéndola con aquellos ojos profundos, pero sin el brillo que impactó a Sofía al conocerlo. Estaba tan guapo y elegante como siempre, sin embargo su rostro era una máscara, y unas leves ojeras marcaban sus ojos. — G
Aún le costaba creer que había perdido a Gonzalo, pero la vida debía continuar. Muchas veces se sintió tentada a buscarlo, pero aún no podía aceptar las condiciones que le exigía, de modo que contenía la tentación y los deseos de verlo y seguía adelante.Pese a las protestas de sus padres, tomó la decisión de mudarse sola. Alquiló un pequeño piso no lejos del hospital, que era lo que podía permitirse con su sueldo, porque había comenzado su máster en Neurología y los gastos eran mayores, y aunque sus padres habían ofrecido pagar por algo mejor al darse cuenta de que su mudanza era inminente, ella se negó a aceptarlo. Su independencia comenzaba allí.Era un lugar muy agradable, con una vista no muy ancha pero hermosa, hacia un gran parque. Sólo constaba de una habitación con baño y un espacio que juntaba salón, comedor y cocina, pero para ella eso era más que suficiente. Le gustaba llegar allí cuando venía cansada del trabajo, y encerrarse en su escondite del mundo, como lo llamaba Ana
Los meses pasaban y Sofía llegó a sentir que vivía más tiempo con Gonzalo que en su casa.— ¡Buenas noches, preciosa! Le sonrió Gonzalo al verla llegar arrastrando su maletín, exhausta.— ¡Por favor, dime que sigo en el mundo de los vivos!— se abrazó al pecho de Gonzalo.— Sí, amor, sigues aquí, con nosotros.¿Qué te parece si tomas un baño caliente, te llevo una copa de vino, y te doy un delicioso masaje?— Uhmmmm! eso suena como el paraíso. Te tomo la palabra, te espero en el jacuzzi...— dijo con voz provocativa y caminó hacia la habitación.Más tarde, esa noche, abrazados en la cama, Sofía le comentó a Gonzalo que debía ir a su casa a por más ropa y cosas que estaba necesitando.— ¿Y si te lo traes todo y mudas conmigo? Además, le darás un gusto a tus padres de verte formalizar aún más nuestra relación.— No voy a hacer algo sólo por darle gusto a nadie. Así estamos muy bien.— Si esa es tu decisión, te apoyo. No te niego que me gustaría que vivieras conmigo.— Ya lo veremos un poc
Sofía miró el anillo que le ofrecía Gonzalo y las palabras no salían de su boca. Sentía un nudo en su garganta que no le permitía hablar. Un torbellino de emociones se agolpaba en su pecho, y no le dejaban respirar.— Sofía... ¿vas a darme una respuesta? — preguntó angustiado ante la actitud de la joven, hasta que finalmente Sofía logró articular palabras.— Gonzalo... no me esperaba esto. Es tan repentino. — decía ofuscada.— ¿Y cuál es tu respuesta, Sofía?Sofía levantó sus grandes ojos con una mirada desesperada y miró a Gonzalo.— Cariño, te amo, no tengo duda de eso, pero...— Pero, no quieres casarte conmigo... ¿Sofía, por qué te cuesta tanto aceptar? Si estás segura de lo que sientes y hemos luchado para estar juntos.— Y podemos estar juntos, pero no hace falta que estemos casados para eso... no quiero presiones en mi vida.— Pero yo necesito que te comprometas en esta relación.— No hace falta estar casados para estar comprometidos. Yo te amo, Gonzalo, pero no quiero sentirme
— Señorita Montemayor — dijo la voz de Adolfo como único saludo cuando Sofía atendió su teléfono.— Su Señoría— dijo Sofía sin inmutarse ante el tono formal de su padre.— ¿Serías tan amable de comer conmigo esta noche?— recordó Adolfo la sugerencia de Gonzalo y decidió dejar la ceremonia a un lado.— ¿Es una invitación normal o me estás llevando con engaños a mi juicio?— Quiero verte, hija. Necesitamos hablar sobre lo que ocurre — dijo con calma.— Papá —se sintió confundida con el tono conciliador de su padre —Me encantará verte, pero...— Prometo escucharte sin juzgarte, hija.— En ese caso, cuando quieras.— ¿Te parece esta noche? Puedo pasar por ti al hospital.— Me parece perfecto, te espero cuando termine mi jornada.— Entonces, es una cita.— Si, papá, una cita ¡Te espero! ¡Ah, papá!— lo detuvo antes de que cortara la llamada —Te quiero mucho.— Y yo a ti, Sofía—la chica no pudo ver la sonrisa de afecto que cubrió el rostro de su padre.Al terminar de hablar con Adolfo, le







