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6. Un milagro

Author: Dianela Maita
last update publish date: 2026-09-21 03:09:09

Ante la pregunta débil y ronca del hombre, Violeta se estremeció y la sonrisa genuina que antes le dedicó tras su despertar, se desvaneció lentamente. Separó los labios para contestar; sin embargo, pareció que le era imposible formular una frase coherente. Al fin y al cabo, para él, ella era una completa desconocida.

—Mi nombre es Violeta —logró contestar contra todo pronóstico, después de aclararse la garganta con cierta incomodidad—. Yo soy…

De pronto, las enfermeras y el doctor Núñez ingresaron a la habitación apresurados. Debido al escándalo de los monitores, asumían que el paciente sufría de un ataque cardíaco o que algo andaba muy mal.

La verdad los paralizó por un momento.

—¡Cielos! ¡Ha despertado! —exclamó una de las enfermeras. Había un rastro de alarma en su timbre.

Nadie esperaba que él reaccionara tan pronto, si era que llegaba a hacerlo en algún momento.

Rápidamente, le pidieron a Violeta que se hiciera a un lado para poder atender al paciente debidamente. Fue cuando su mano debió apartarse de la de él, a pesar de que el hombre siguiera aferrado con su fuerza temblorosa y débil, rehusándose a dejarla ir. Mientras Violeta retrocedía hasta algunos metros de distancia de la cama, él no apartó la mirada de ella ni por un instante. Era penetrante, fría e inexpresiva a la vez.

Entretanto el médico y las enfermeras revisaban los signos vitales del paciente, de repente, él apretó los ojos con fuerza y gruñó bajo. Su respiración se volvió agitada y sofocante, sus costillas martillaron con un dolor punzante, al igual que su cabeza y pierna derecha, que iban intensificando en cada milímetro de su cuerpo como si recibiera varios impactos demoledores a la vez. Hasta la luz de la habitación se hizo más irritante para sus ojos. Era el despertar de sus sentidos quebrados y resultaba tortuoso.

A todo aquel suplicio se le sumó una resequedad desesperante en la garganta.

—Quiero agua —murmuró con la misma entonación débil.

—Señor, no intente moverse, por favor—pidió cuando sacaba una pequeña linterna del bolsillo de su bata—. Sufrió un trauma severo. Voy a examinarlo y necesito que mantenga los ojos abiertos. ¿Puede decirme su nombre?

—¡Dije que me den agua! —insistió con autoridad a pesar de la debilidad. Sin dar una respuesta a la pregunta.

El doctor Núñez ignoró por segunda vez su petición inmediata y se dedicó a evaluar la reactividad neurológica ante la luz en sus pupilas. El paciente tensó la mandíbula e intentó apartar el rostro de la luz emitiendo un ligero gruñido que apenas se logró escuchar; sin embargo, sintió una inmensa frustración al no lograr que su cuerpo respondiera como deseaba y que no acataran su petición con tan solo mencionarlo una vez.

—No puedo darle agua —contestó finalmente el doctor Núñez con una entonación profesional, pero en su expresión se vislumbraba una ligera sorpresa debido a la lucidez del paciente—. Acaba de despertar de un coma, podría ahogarse —alzó la mirada hacia la enfermera más cerca—. Humedézcale los labios y la cavidad oral con una gasa, por favor.

En poco tiempo, estaba la enfermera acatando la petición del doctor al pie de la letra. El hombre sintió un alivio miserable a su necesidad de ingerir agua y una fuerte indignación, por lo que clavó la mirada asesina en el doctor.

—¿Recuerda usted cuál es su nombre? —repitió el médico, estando casi seguro de que le daría una respuesta afirmativa en vista de que su reacción era médicamente positiva— ¿O tal vez, en qué año estamos? ¿O qué le sucedió?

No hubo respuesta, solo la continuidad de esa mirada severa y esa impertinencia que rayaba en la malcriadez de un chiquillo al que no le daban lo que quería.

—Admito que, el hecho de que haya despertado hoy de forma repentina y que esté reaccionando muy bien ante estímulos, es todo un milagro. Esperábamos su recuperación en semanas —continuó Núñez.

La respiración del paciente se hizo más serena, dejó de hacer contacto visual con el médico y se quedó observando el techo como si no hubiera escuchado nada de lo que le dijeron. Intentar aclarar su mente. Luego, con la extrema lentitud que apenas sus músculos le permitían, giró su rostro a un lado, a ese justo lugar en dónde hacía poco tiempo se hallaba aquella mujer de piel canela y rizos singulares.

No estaba.

Su mirada ansiosa trató de recorrer tanto como alcanzó en la habitación, sin lograr ubicarla.

Quiso incorporarse, pero nuevamente, sus sentidos le recordaron que todavía no tenía autoridad sobre su cuerpo magullado y soltó un quejido lleno de frustración y suplicio. Por petición del médico, las enfermeras no hicieron más que suministrarle un analgésico por las vías intravenosas, algo que calmara su dolor sin que lo hiciera dormir para poder seguir evaluando su estado.

—Señor, no le exija a su cuerpo tanto en este momento —sugirió en médico.

—¿En dónde está ella? —preguntó de pronto, impaciente, aunque su voz todavía sonaba ronca— ¿A dónde fue?

Dianela Maita

¿Crees que tenga recuerdos de su vida o que sea un desmemoriado?

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Comments (2)
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Dianela Maita
¡No aguantaste a espera Lily! ... Bienvenida por acá también.
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Lily Parra
sabe que "ella" es quien le hablaba entre sueños
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