A la mañana siguiente, Violeta rebanaba una manzana en trozos minúsculos para Jazmín, como si estuviera preparándolos para que un niño de tres años pudiera engullirlos, mientras se limitaba a escuchar la charla entre su hermano Renzo y Jazmín sin intervenir, ni parlotear como solía hacerlo. De pronto, el silencio reinó en la habitación. Violeta advirtió la figura de su hermano aproximándose y, cuando alzó la mirada, se encontró con los ojos de él escrutándola fijamente. Al girarse hacia la cama, notó que Jazmín, recostada rígidamente, también la analizaba con la misma intensidad. —¿Qué? ¿Por qué me ven así? —preguntó con un sobresalto. —¿Qué escondes? —interrogó Renzo, suspicaz. Ambos la leían como un libro abierto, mejor que sus propios padres. Sabían que, cuando Violeta callaba frente a ellos era porque intentaba guardarse algo y el solo hecho de abrir la boca la delataría. Violeta separó los labios con la intención de hablar, pero vaciló. Su particular ausencia se debía a
Última actualización : 2026-09-08 Leer más