ANMELDENPOV ALASTOR Parte 1Estaba terminando de estirar en la zona de pesas cuando la sentí salir de los baños. Sin embargo, no apareció por ningún lado del área común. Mis oídos, entrenados para captar los ruidos en la penumbra del gimnasio, me indicaron el eco de sus pasos apresurados alejándose en dirección a la oficina. Con la tensa confrontación que acabábamos de tener en la lona, intuía de sobra que no querría verme la cara en este preciso momento.Salí del edificio y subí a mi auto. Encendí el motor y me quedé esperando a una distancia prudencial, con la vista fija en su motocicleta. Efectivamente, Sam apareció a los pocos minutos, arrancó a todo gas y se largó de allí. Pude seguir su rastro a distancia; conducía de una forma veloz y temeraria. La seguí por la carretera oscura hasta que vi que ingresaba a un terreno apartado: un circuito de carreras clandestinas.Aparqué en la penumbra del mirador elevado, una zona estratégica desde donde tenía
POV SAMANTHALlamé a Maricela por teléfono y su voz me llegó entre el ruido de fondo. Me dijo que estaba con un grupo de conocidos en el club nocturno del distrito; ya iban a ser las ocho de la noche. Como yo casi siempre salía a las nueve o diez del gimnasio tras mis rutinas pesadas, le dije de inmediato que si podía acompañarla esa noche. Ella se sorprendió y me preguntó si había pasado algo malo en el ring. —Nada... solo extrañaba a Dom y quería distraerme un rato —le mentí, tratando de sonar relajada.Nos encontramos en la entrada de la zona VIP del club. Alrededor de nuestra mesa había varios chicos de mi edad que me miraban de reojo con evidente interés, pero ninguno poseía el valor de acercarse a hablarme debido a mis antecedentes toscos y a la sombra sobreprotectora de mi hermano que siempre me rodeaba. Me tomé un cóctel dulce, luego otro, y cuando ya iba por el cuarto trago sintiendo el alcohol encenderme las mejillas, Maricela me tomó de
POV SAMANTHAEstaba totalmente descolocada. En mi día a día, yo presumía de que nada me afectaba; era una mujer tosca, ruda, blindada contra las emociones vainilla. Pero escuchar de la boca de ese mafioso las palabras exactas que yo misma había repetido en mis fantasías secretas... maldición, eso me descolocó por completo. Me hizo evocar de inmediato el recuerdo de mi tan querido, sabio y protector abuelo. Había terminado el entrenamiento incluso antes de lo previsto, huyendo de la lona caliente del cuadrilátero, pero es que el viejo sexy se había ensañado conmigo.Me dejó una marca. Una marca violenta, enorme y algo grotesca que me palpitaba con fuerza justo en la base del cuello, encima de la clavícula. Ahora tendría que inventarle una soberana mentira a Dominic de cómo me la había hecho entrenando en su ausencia. Técnicamente no era
POV ALASTOR“Solo los obtiene quien de verdad se merece mi amor incondicional”.Sus palabras me entraron como un puñal de hielo directo en el cerebro y desataron un cortocircuito de pura locura y rabia celosa en mi sistema. Mi mente, ya distorsionada por los informes de la relación abierta, viajó en un milisegundo hacia las imágenes que había presenciado en este mismo gimnasio: Samantha saltando a la cintura de Dominic, enredando sus muslos en su torso y estampándole un beso efusivo en los labios cada vez que lo veía llegar. Recordé la familiaridad con la que se besaban en la boca frente a todos.¿A ese maldito Marine sí le entregaba sus besos sagrados e incondicionales mientras a mí me trataba como a un simple desahogo deportivo? La bilis me inundó la garganta, nublándome la razón por completo. La ira obsesiva me consumió. Si no podía tener su boca, me iba a encargar de dejar mi marca grabada a fuego en su piel para que ese soldado sup
POV SAMANTHAEl agarre de sus manos grandes sobre mi cintura me dejó sin aliento por un segundo. Sentir la rigidez masiva de su miembro golpeando directo contra mi vientre me provocó un escalofrío eléctrico que me humedeció las bragas de inmediato. Alastor soltó una sonrisa oscura, me soltó con un movimiento fluido y subió al cuadrilátero pasando por debajo de las cuerdas.Me quité los tenis, subí descalza a la lona y me planté en el centro del ring, mirándolo de frente. No teníamos guantes, ni referí, ni temporizador que nos salvara. Esto iba a ser un combate de supervivencia pura.—Muéstrame de qué estás hecha, pequeña máquina —me retó Alastor, adoptando una postura de combate callejera baja y peligrosa, con los ojos grises completamente dilatados por la excitación.Me lanc
POV ALASTOREl sábado por la mañana amaneció gris y frío, con una neblina densa cubriendo los muelles americanos. Gracias a mis discretas conexiones en los altos mandos militares, me había asegurado de que el sargento a cargo enviara al maldito Dominic a una supuesta comisión obligatoria de patrullaje fronterizo de cuarenta y ocho horas. El Marine estaba a cientos de kilómetros de distancia, metido en el lodo con su uniforme, creyendo que cumplía con su deber patrio, mientras me dejaba el territorio completamente limpio.Llegué al gimnasio a las 5:45 de la am. Aparqué la camioneta en la penumbra del callejón trasero, apagué el motor y me quedé en silencio, observando a través de los cristales empañados. La puerta trasera del almacén estaba entreabierta y una luz tenue iluminaba el asfalto húmedo del exterior.Pronto, Samantha apareció por el umbral.Me acomodé en el asiento de cuero, cruzándome de brazos, con los ojos grises fijos en su s







