LOGINTariq
—Agreed. Final tranche, end of Q2. Que el departamento legal liquide el papeleo esta semana. —Corté la transmisión sin esperar a que terminaran sus reverencias desde el otro lado de la pantalla.
En Europa aún era de madrugada, pero en Nura llevábamos horas despiertos. Cerré la pestaña del resumen de adquisiciones en la pantalla y deslicé hacia mí el pesado expediente de cuero de la alianza Al-Hadid. Allí estaban los términos del pacto que mi padre selló en su momento: la flota de transporte, los nuevos muelles del puerto, las participaciones cruzadas que la boda debía ratificar para mantener a los clanes quietos y a Faisal en su sitio. Firmé los anexos comerciales para asegurar la liquidez que el diwan exigía y dejaban a mi medio hermano sin munición financiera.
Al llegar a la solicitud de reunión privada con la familia de la novia, cerré la carpeta y la puse bajo las demás. Esa reunión no era para otra cosa que fijar una fecha. Pero mientras el calendario siguiera en blanco, el control seguía siendo mío.
Me froté las sienes, sintiendo el peso de un cansancio que se me clavaba detrás de los ojos.
Khalid entró al despacho mientras atendía una llamada, y se sentó frente a mí con una expresión insondable. Tras él, entró Omar, mi secretario e hizo un gesto hacia la carpeta blanca que dejó lejos de las demás.
—¿Otra vez? —le pregunté, mientras se la devolvía y Khalid disimulaba una sonrisa burlona.
—Pero, Su Alteza, su madre...
Y como si Omar la hubiese invocado, Hessa entró y ocupó el centro del despacho. Hizo un gesto breve, casi imperceptible, en dirección a Khalid, quien se incorporó de inmediato, y se plantó justo delante de mi escritorio, interceptando cualquier intento de fuga.
—Por lo que veo sigues ignorando mis intentos por ayudarte. —Mi madre abrió el dossier ante mí y fulminó a Omar con la mirada logrando que este saliera de la oficina con la cara roja.
Volví a cerrar el dossier sin mirarlo, pero sabía que si no era contundente con este asunto no me dejaría en paz.
—No tengo tiempo para esto.
Y fue la frase equivocada cuando la vi arquear una ceja.
—El diwan empieza a murmurar, Tariq. Así que se acabaron las dilaciones. Los asesores estuvieron de acuerdo en que obsequiar ese palacete a la futura Emira para aplacar los clanes y enviar el mensaje correcto cuando la habiten... juntos.
—No veo cómo se aplacarán con eso. —Suspiré al ver que no se iba—. Madre, apenas conozco a Reem. No sabría decir si le gusta el jazmín o le da dolor de cabeza, la luz por las mañanas o si la odia. No voy a obsequiarle un palacio sin conocer lo que debería complacerla.
Lejos de la comprensión que esperaba y que me ofreciera hacerse cargo, sonrió.
—Es maravilloso que lo menciones, Tariq. —Recogió la carpeta y me señaló con ella—. La persona que dirigirá el proyecto llegará a palacio esta tarde para tomar el té y será estupendo que la recibamos junto a Reem y que le hagan saber sus preferencias.
Me dio la espalda sin ocultar la satisfacción en su rostro y dijo sin voltear:
—Y procura no acudir con esa cara de funeral. Ah, y no te atrevas a evadirnos o vendremos aquí.
Cerró la puerta al salir y negué con la cabeza en dirección a Khalid, pero este ya estaba mirando por la ventana, como si no le importara verme caer en la trampa de una estratega bien entrenada para atacar sin aspavientos.
—¿Qué sucede?
Me miró por un instante, antes de parpadear como si no supiera por qué estaba aquí y luego se acercó para sentarse otra vez.
—Salma sigue encerrada —dijo, rompiendo el silencio—. Esta mañana el servicio intentó pasarle el desayuno por debajo de la puerta y lo devolvió con una nota.
—«Devuélvanle esto al carcelero» —leí con una sonrisa cuando me la entregó.
—El servicio se está quejando por su música.
—No le lleven más comida. El hambre logrará apaciguarla y la obligará a salir de su autoencierro. ¿Y cómo va la búsqueda?
Ignoré su mirada de hastío.
—Tariq, he estado coordinando el juramento de mañana y asegurando las rutas de protocolo. Esto es prioridad, no la mujer que conociste por un par de horas. Lo que haces tiene un nombre.
No me importaba que me llamara obsesivo. Eso me había llevado a graduarme con honores y hacer mi propia fortuna sin depender de la de mi familia. Pero que dejara de lado mis órdenes, sí me cabreó.
—Soy yo quien dicta que es prioridad para ti y ella lo es. La tierra no pudo habérsela tragado. —No le dije que había empeñado mi palabra con ella, y que para mí, cumplirla no solo era un acto de honor.
Sabía que si estuviéramos en otro lugar me mandaría a la m****a, pero las paredes tenían oídos así que asintió, se puso de pie y me hizo un saludo militar.
—Hora de su visita al sastre, Señor, a la prueba del bisht.
—¿No puede esperar?
—Es el privilegio de gobernar —respondió con ironía mientras salíamos.
***
Khalid me encontró en el pasillo cuando me dirigía a la reunión con mi madre y esa gente.
—En unos días llegan los extranjeros. —Lo miré sin comprender, pero seguí caminando—. El equipo de la obra del palacete. ¿Sabías que se quedarán en palacio?
—Deja que mi madre haga lo que quiera si eso implica que se mantendrá lejos.
Khalid resopló divertido mientras llegábamos al ala favorita de mi madre, que olía a jazmín y a cardamomo. La brisa traía consigo la agradable humedad de la fuente que dominaba el centro de la zona, frente al gazebo blanco flanqueado por árboles y arbustos donde alcancé a ver tres figuras.
El teléfono de Khalid sonó con un tono suave y mientras respondía, reconocí a Reem entre ellas y antes de que abriera la boca para saludar, ya estaba inclinada, con las manos juntas por delante.
—Alteza —susurró Khalid en tono de urgencia, pero ya estábamos a pocos metros del grupo.
—Espera.
—Tariq...
—Después.
Khalid resopló antes de retroceder y quedarse a cierta distancia, pero me pareció extraño verlo apretar los dientes por mi negativa a detenerme.
El gesto logró una sonrisa de reproche en mi madre que no tuve tiempo de comprender, porque Reem ya me estaba ofreciendo una taza de té humeante mientras decía en tono plano y sin mirarme a los ojos.
—Gracias a Dios que ha vuelto con bien, Alteza.
—Gracias a Dios —respondí por protocolo mientras tomaba la taza. Esperando que hubiera algún otro intercambio con ella, pero desistí al darme cuenta de que no iba a levantar la cabeza hasta que me alejara.
La otra mujer había imitado el gesto, pero su reverencia era torpe, demasiado profunda para el protocolo y eso me hizo sonreír.
—Bienvenida, pero no tiene que hacer eso en palacio.
Ella rio con suavidad, nerviosa y levantó el rostro mientras me llevaba la taza a los labios cuando sus ojos color ámbar chocaron con los míos.
La taza se me deslizó de las manos, y traté de atraparla, pero el líquido hirviendo se derramó sobre mi muñeca al mismo tiempo que ella se lanzó hacia adelante a hacer lo mismo.
—¡Ay, coño, cuidado! —soltó en español.
La porcelana se hizo pedazos mientras ambos sacudíamos las manos en el aire, con el ardor pulsando en la piel, sin dejar de mirarnos.
Eliany Reyes estaba aquí, en mi emirato.
ElyCuando Omar abrió la puerta, Saleh entró como un vendaval frente a Tariq, pero este no le devolvió el saludo. Saleh miró la daga clavada en la madera y enseguida volvió los ojos hacia mí. Y aunque quise acercarme a Tariq, me quedé junto a la pared sin bajarle los ojos.—¿Por qué tienes a mi hija bajo custodia? —preguntó—. ¿Por esta mujer?—Estoy seguro de que mi madre ya te puso al tanto —respondió Tariq, sacando la daga de la madera para dejarla sobre la mesa.—¿Has visto cómo le dejó la cara? Ella la atacó.—Deja de parlotear. Hay una grabación y mi madre intervino para apartarla. Así que siéntate de una vez. Ambos sabemos a qué viniste.Saleh se sentó sin quitarme los ojos de encima. Me acerqué a la silla que Tariq había dejado a su lado y traté de erguirme a pesar de que me temblaba todo el cuerpo.—Ya me entregaron los originales del restaurante y fue costoso —dijo, dejando un sobre sobre la mesa—. Puedo conseguir que retiren las publicaciones, pero no mientras esta mujer sig
ElyPuse la grabación antes de que Tariq intentara tocarme otra vez. Arrastró una silla a mi lado, pero tuve que sujetarle el brazo varias veces para que siguiera escuchando la pelea y el ataque.No me sentía orgullosa. A fin de cuentas, había hecho justo lo que juré que jamás haría: pelear por un hombre. Y por mucho que me doliera admitirlo, me había convertido en la otra con la excusa de estar enamorada.Cuando el video terminó, se quedó mirando la pantalla hasta que alguien golpeó la puerta con suavidad.—¡Omar, ordené que nadie…!Omar se puso rojo y me miró con una sonrisa tensa que se desdibujó al ver la daga sobre el escritorio cuando se acercó.—Me disculpo, alteza, pero el señor Al-Hadid avisó que viene de camino y está furioso.—No tanto como yo —dijo con la voz ronca—. Gracias, Omar. ¿Dónde está Reem?—Esperando afuera, como ordenó. La jequesa recibió una llamada, pero pidió que se le llamara tras la llegada de…—Hazlo. Pero ahora déjanos solos. —Tariq se sentó a mi lado y s
TariqSalma me salió al paso antes de que llegara a mi despacho. Lloraba tanto que tuve que sujetarla por los hombros para entender lo que intentaba decirme.—Ely está herida y madre…La aparté sin dejarla terminar y corrí los metros que me faltaban. Uno de los guardias abrió la puerta al verme y entré buscando sangre antes de encontrarla a ella.Estaba sentada frente a mi escritorio, con un apósito en el cuello y la camiseta estirada sobre un hombro. Tenía el pelo revuelto, un golpe en la mejilla y algunas líneas ensangrentadas por toda la cara, pero cuando me enfoqué en sus manos cerradas en puños entre las rodillas, supe que estaba furiosa.Al otro lado, Reem lloraba con la cara escondida en un pañuelo; levantó los ojos y quiso acercarse a mí, pero el segundo guardia se lo impidió.Mi madre permanecía en el sillón pegado a la pared con los brazos cruzados, pero nunca la había visto mirarme de aquella manera.—¿Pero qué pasó aquí?—Tariq, ella me… —empezó Reem.—Entró a insultarme y
ElyTariq no volvió a palacio, pero elegí la habitación que asignó para mí después de lo de la serpiente porque después del escándalo con esas fotos, tenía claro que si su familia se enteraba de que me quedaba en la suya, sería peor.Por la mañana, recibí una cantidad enorme de pendientes de parte de Fhad y de Brian, quienes no parecían haberlo pasado bien trabajando juntos. Pero no podía concentrarme en nada que no fuera esas fotografías.Traté de ampliarlas todo lo posible para buscar cualquier indicio de su falsedad, pero no pude y eso me desesperaba y me llenaba de impotencia.Me sentía culpable por haber salido con Faisal en lugar de elegir quedarme encerrada esas noches y dedicarme únicamente al trabajo que me había traído hasta aquí.Cómo iba a detener este desastre en el que yo había tenido tanto que ver. Cómo iba a mirar a mi familia a la cara, a mis jefes y a mi equipo. Cerré el artículo y volví a abrirlo casi enseguida, incapaz de dejar de mirar la única faceta que los demá
ElyVi a Tariq venir por el corredor y me acerqué a besarlo. Mami acababa de entrar con la abuela; teníamos unos minutos antes de que volviera a llamarnos y todavía me hacía gracia verlo tan serio después de cómo me había retrasado en el hotel, pero en lugar de responder al beso me tomó de la mano y me llevó a un lado del pasillo. —Necesitamos hablar, Eliany.Esperaba que me dijera que había llamado a su amigo y aclarado las cosas. En cambio, me puso el teléfono delante y reconocí la terraza donde se hizo la fiesta a la que Faisal me llevó antes de verme con el vestido abierto, los senos expuestos sobre él y sus manos bajo la falda, mientras mi cara gritaba que estábamos en pleno acto. Negué mientras pasaba a la siguiente fotografía con tanta prisa que Tariq me sujetó el teléfono y casi me lo arrancó de las manos. —Dime que no es cierto. Había dos más del reservado del restaurante. En una aparecía con su mano entre mis piernas y mi vestido subido hasta las caderas. Aquello era men
TariqDesperté cuando Ely deslizó sus dedos fríos por mi espalda y la piel me escoció al mismo tiempo que la escuché reír cuando me aparté.—¿Qué me hiciste? —le pregunté, fingiendo que me molestaba tener sus marcas posesivas sobre mí.—No escuché que te quejaras anoche.Me besó antes de que pudiera recordarle cómo se había quejado ella y terminé riéndome contra su boca. Después de tantos días esperando que dejara de evitarme, me costaba creer que pudiera despertarme así.Quería volver a poseerla mientras me decía que me quería y no me avergonzó mostrarle cuánto lo deseaba al besar su cuello y acomodarme entre sus piernas.—Estoy rendida, déjame dormir.—Te pedí lo mismo unas rondas atrás y dijiste que no me soltarías hasta dejarme sec…—Cállate —dijo haciéndome cosquillas con las mejillas encendidas y los rizos revueltos.Mi teléfono vibró junto a la cama y Ely se incorporó, preocupada por si llamaba su madre. Pero al ver que era la mía, y que ya había dejado cuatro llamadas perdidas







