LOGINCapítulo 118El tiempo pasó como el viento en las planicies de la hacienda.En pocos meses, los siete cachorros de Nyra y Titan crecieron rápidamente. Los pequeños servales ahora corrían libres por la propiedad, subiendo a los árboles, cazando mariposas y durmiendo al sol sobre el techo del galpón. Titan se convirtió en una presencia imponente y protectora, siempre vigilando a su familia felina con ojos atentos. Nyra, por su parte, continuaba cariñosa, muchas veces vista descansando en el porche al lado de Titan, como si fueran los verdaderos guardianes de la hacienda.Y entonces, casi al mismo tiempo, los bebés humanos llegaron.En el hospital, Rafael y Robson estaban lado a lado en el pasillo, todavía vistiendo las ropas quirúrgicas azules. Los dos parecían exhaustos, emocionados y orgullosos.Rafael se pasó la mano por el rostro y miró a su hermano.—Llegó la hora de elegir los nombres.Robson asintió, tenía los ojos rojos de tanto contener la emoción.—Luana y yo ya conversamos. Q
Capítulo 117Dos meses después...El sol de la tarde estaba perfecto para aquel día grandioso. Lo que iba a ser una simple boda terminó convirtiéndose en una gran fiesta campesina.Una enorme estructura de madera y bambú había sido montada detrás de la casa grande, decorada con banderines coloridos, cintas de raso, flores del campo y luces amarillentas. Mesas largas estaban cubiertas con manteles a cuadros rojos y blancos. El olor de carne asada, chorizo, arroz carreteiro y pollo campesino en el fogón de leña dominaba el aire.Todos los peones de la hacienda estaban presentes, muchos con sus mejores camisas, botas lustradas y sombreros de fieltro. Amigos de las haciendas vecinas, Adalberto con Rosa, el cocinero João y hasta la Sargento Mendes, que se había vuelto cercana a la familia, comparecieron.Bajo un gran arco adornado con ipê-amarelo y margaritas, las parejas intercambiaban los votos.Rafael, vistiendo una camisa blanca con las mangas dobladas y pantalón jeans oscuro, sostenía
Capítulo 116Dos días después, Thomas y Juliana Cárter finalmente regresaron de su largo viaje de casi cinco meses por Europa.Tan pronto como el vehículo se detuvo frente a la casa grande, Rafael, Pâmela, Robson y Luana salieron a recibirlos. Thomas bajó del carro con una sonrisa amplia en su rostro bronceado, seguido por Juliana, que extendía los brazos.—¡Mis hijos! —exclamó Juliana, emocionada, abrazando primero a Rafael y luego a Robson con fuerza.Los abrazos fueron largos y apretados. Thomas dio palmadas en las espaldas de sus hijos, claramente feliz de estar de vuelta. Sin embargo, cuando se alejó para saludar a las dos jóvenes, notó algo diferente.Sus ojos descendieron hasta las barrigas evidentes de Pâmela y Luana.—Esperen... —Thomas parpadeó, sorprendido—. ¿Qué estoy viendo aquí?Juliana llevó las manos a la boca, se emocionó en el mismo instante.Pâmela y Luana sonrieron, tímidas. Rafael sostuvo la mano de Pâmela y Robson pasó el brazo alrededor de la cintura de Luana, p
Capítulo 115Habían pasado cuatro meses.La hacienda Cárter vivía ahora una calma merecida. Luiz estaba preso, esperando juicio por tentativa de homicidio, y sus amenazas parecían, poco a poco, perderse entre los barrotes. Rafael se había recuperado bien del disparo en el hombro, aunque todavía sentía un dolor incómodo cuando el tiempo se enfriaba. Él y Pâmela vivían juntos oficialmente, y el proceso de divorcio de ella finalmente avanzaba.Sin embargo, en los últimos días, una preocupación rondaba la mente de Rafael.Estaba parado en el porche de la casa grande, mirando al cielo. Se quitó el sombrero, se rascó la cabeza con fuerza y se lo puso nuevamente, con el ceño fruncido. Nyra había desaparecido hacía al menos diez o quince días. Nunca había estado tanto tiempo lejos de la hacienda. Rafael ya había recorrido casi todos los bosques cercanos y no encontró nada.—Dónde estás, niña... —murmuró para sí mismo, inquieto.Entonces escuchó un ruido constante de pasos menudos, maullidos a
Capítulo 114Al final del día, dos patrullas de la policía civil se detuvieron frente a la casa de Luiz. Los policías bajaron con las manos cerca de las armas y golpearon la puerta con fuerza. Registraron el patio y forzaron la puerta ya que tenían una orden, la casa estaba vacía.—Debe haber ido a la Hacienda de los Cárter —dijo el sargento, serio—. Vamos ahora. Código 3.Mientras las patrullas avanzaban a alta velocidad con las sirenas encendidas, en la Hacienda Cárter todo parecía tranquilo.En el área gourmet, una mesa estaba puesta con comida casera. Rafael, Pâmela, Robson y Luana cenaban juntos. El ambiente era distendido entre las parejas. Luana se reía de algo que Robson le había susurrado al oído, mientras Pâmela descansaba la cabeza en el hombro de Rafael, que acariciaba su mano por encima de la mesa.—Esta cena está perfecta... —murmuró Pâmela, feliz.Rafael besó la parte superior de su cabeza. Fue en ese momento cuando una silueta surgió, a pocos metros de distancia.Luiz,
Capítulo 113Al día siguiente, Luiz estacionó su camioneta detrás de un viejo granero abandonado, a unos doscientos metros de la casa de Adalberto. Sus ojos estaban rojos, inyectados de odio y falta de sueño. Esperó pacientemente escondido hasta ver la camioneta de su hermano salir por el camino de tierra, levantando polvo.En cuanto el vehículo desapareció en la curva, Luiz bajó con el revólver en la mano. El metal estaba caliente de tanto apretarlo. Continuó a pie, agachado entre los árboles y el maizal, hasta llegar al gran cobertizo donde las empleadas separaban semillas y preparaban alimento para los animales.Rosa estaba dentro, conversando con Neusa, una de las empleadas más antiguas de la hacienda. Las dos estaban de espaldas a la puerta entreabierta.—Vi cómo te miró el patrón esta mañana —dijo Neusa, con un tono curioso y malicioso, cruzándose de brazos—. No sirve de nada disimular, Rosa. ¿Están juntos?Rosa se puso roja, pero no consiguió ocultar la leve sonrisa que apareci







