Se connecterEl auto se detuvo justo en frente al edificio y un hombre de veintiocho años con el cabello negro, piel blanca y los ojos de un peculiar tono ocre bajó del vehículo. Vestía con un atuendo casual conformado por un pantalón caqui, un suéter negro de cuello de tortuga, unos botines casuales y un bléiser negro.
En opinión de otros era alguien muy apuesto y de aspecto elegante. Un hombre alto y por su contextura atlética evidentemente se ejercitaba contantemente.
El valet recibió las llaves y de inmediato el vigilante abrió la puerta para él con un saludo. Cuando la recepcionista lo vio llegar se puso de pie de inmediato para recibirlo cordialmente y él sólo continuó su camino directo al ascensor para ir al piso doce.
En el momento que las puertas se abrieron caminó agraciadamente a través de varios cubículos en los que los empleados estaban ocupados con sus trabajos.
Algunos lo reconocieron y de inmediato desviaron la mirada.
Por su expresión dura y la escasa interacción que tenía con los de la oficina, muchos consideraban que era difícil de tratar.
Llegó al final y se detuvo frente a un escritorio de caoba tras el cual estaba una chica de veintisiete años con el cabello rubio ondulado recogido en un moño. Llevaba unas botas altas de cuero, unos jeans blancos y una blusa azul marino por dentro de los jeans para remarcar su figura.
En una de sus manos tenía una taza de café, mientras que con la otra sostenía una carpeta en la que estaba toda su atención.
—Patrice… —siseó el joven.
—¿Usted es…? —preguntó la mujer mostrando desconcierto en su expresión, pero con una pequeña sonrisa.
—Que seas secretaria no disminuye tu coeficiente, linda —respondió el muchacho y ella rio de manera sarcástica.
—Vuelve a decirme secretaria y te golpearé con esta grapadora, ¿entendido? —amenazó Patrice con el objeto en la mano—. Soy una representante de ventas.
—Con esa actitud debería reportarla con el director —expuso el pelinegro.
—¡Adelante, yo soy su novia! —soltó victoriosa y él simplemente mostró una pequeña sonrisa.
—¿Dónde está Tessa? —inquirió viendo a los lados en busca de la mencionada.
—Es su hora de descanso, así que fue por algo a la repostería que ésta al final de la cuadra —respondió y dejó la carpeta con los papeles sobre el escritorio—. Cómo sea, ¿qué haces aquí? No sabía que vendrías hoy —mencionó y se levantó de su silla.
—Vengo a matar a Jeremy, ¿está disponible? —preguntó con diversión.
—Hablando del diablo… —dijo y señaló hacia el otro lado del lugar.
Un hombre de veintinueve años alto y moreno camino por el pasillo hacia ellos. Era de espalda ancha por su contextura robusta, su cabello oscuro iba un poco desarreglado y sus ojos verdes estaban enmarcados por unos anteojos.
—Soren, que bien que hayas venido de visita —fue lo primero que le dijo Jeremy al estar frente a él.
Entre ambos era muy clara la diferencia de estatura, pues el moreno superaba por unos quince centímetros al de ojos ocre.
—Lamento discrepar con tu entusiasmo —mencionó y fue directamente a la oficina de su amigo que estaba frente a ellos.
—¡Uh, tiene esa mirada! Esto estará bueno —masculló la rubia con diversión.
Rápidamente los siguió y cerró las puertas detrás de ella.
—¿Qué ocurre, hermano? —inquirió Jeremy.
—Me llegó un correo de Tessa con una invitación para un evento dentro de unos días —se recargó sobre el escritorio y observó a su amigo que tomó asiento en el mueble gris que estaba ahí.
—Sí, sucede que encontré una compañía publicitaria bastante buena y el gerente me invitó al evento en el que mostraría la nueva campaña de una marca de maquillaje para que pudiera ver lo que son capaces de hacer —explicó el moreno
—Bien, pero… ¿Por qué yo recibí una invitación a dicho evento? —preguntó confundido.
—Es que necesitaban personas para trabajar de mesero
—¿Disculpa? —cuestionó Soren ofendido y sólo recibió una risa de parte de sus amigos.
—Tranquilo, no es por eso —aclaró la chica.
—La verdad es que necesito que éstes ahí, Soren. Yo podré ser el director de la empresa, pero tú eres el dueño y es importante que veas de primera mano el trabajo de estas personas —expuso Jeremy con calma. Vio la intensión que Soren tuvo de replicar, pero se le adelantó—. Es la presentación de una marca de maquillaje, no la alfombra roja de los Oscar.
Soren se quedó callado analizando las palabras de su amigo.
Tenía razón en que debía estar presente para dar su opinión con respecto a la empresa de publicidad, pero no se sentía cómodo yendo a lugares públicos.
Oversax House, la constructora que fundó Soren hace casi cinco años poseía gran renombre en la ciudad e incluso manejaban contratos fuera de ésta. Todo gracias al trabajo de Jeremy, quien logró que la compañía escalara rápidamente en el mercado.
El moreno era el rostro del negocio y siempre se encargaba de que el pelinegro estuviera al tanto del portafolio de clientes, los nuevos contratos y las finanzas.
—¿No pudiste agendar mejor una reunión privada? —preguntó viendo hacia la ventana.
Desde ahí se podía apreciar muy bien una parte de Seattle, una ciudad que constantemente era cubierta por un manto de niebla que realmente le otorgaba mucha paz desde el primer día que llegó.
—Con lo de la campaña han estado muy ocupados, así que no ha tenido mucho tiempo y la verdad me pareció buena idea estar presente para ver como lo hacen —dijo con tranquilidad.
El pelinegro soltó un pequeño suspiro.
—De acuerdo, si consideras que es necesario, entonces asistiré al evento —aceptó sin más opción.
—¡Descorchen la champaña! ¡Soren Oversax asistirá a un evento público! —vaciló la rubia.
Soren no le tomó importancia a las burlas de su amiga, sólo mantuvo su mirada en los edificios que se veían por la ventana.
—Tal vez al fin conozcas a alguien para ti —canturreó la chica.
—No tengo tiempo para esas cosas. Sólo observaré cómo hacen la presentación y me retiraré —mencionó Soren.
—¡Aburrido! —soltó la chica—. Llegará el momento en el que conocerá a alguien y cuando sus miradas se conecten sentirás que lo que creía saber perderá todo sentido. Tu mundo entero se desequilibrará y la necesidad de estar con esa persona te llevará a hacer cosas que antes no habrías si quiera imaginado.
Soren posó sus peculiares ojos en ella sin siquiera emitir un sonido.
—Mi hermosa novia tiene razón —mencionó Jeremy y se colocó a un lado de su amigo—. Algún día Cupido finalmente te dará con una de sus flechas.
—No tienen de qué preocuparse. Cupido y yo tenemos un buen acuerdo —dijo el chico con tranquilidad—. Él no me molesta y yo no lo molesto. Así todos somos felices.
—Llegara el día en que te enamores, Soren —señaló Patrice con una mirada suave—. Todos merecemos amor, ¿no crees?
—Tengo asuntos mucho más importantes —declaró el pelinegro.
El tema del amor no era algo que realmente estuviera sobre la mesa.
Soren no era un hombre que pudiera expresar realmente lo que sentía, sus relaciones con otras personas eran estrictamente profesional y los únicos amigos que tenía eran Jeremy y Patrice.
Ellos trataron de emparejarlo con alguien, pero Soren de inmediato canceló los planes. Y, aunque el dúo varias veces quiso tratar de averiguar a qué se debía eso, sólo recibía la misma respuesta: Algunos simplemente no están hechos para el amor.
Siempre estaba centrado en su trabajo, ya sea en la oficina o en casa y les sorprendía notar que era incapaz de siquiera levantar la mirada para detallar a alguien.
Tiempo después su conversación se vio interrumpida por el tono del teléfono sobre el escritorio, así que de inmediato Jeremy contestó.
—La señora Todd acaba de llegar, viene subiendo por el elevador —dijo Tessa del otro lado de la línea quien recién llegaba de su descanso.
—Bien, llévala a la sala de conferencias. Vamos para allá —respondió el moreno y colgó— La nueva clienta ya viene, ¿te quedarás a la reunión? —le preguntó a su amigo.
—¿Es ella la cliente del proyecto en el centro? —inquirió Soren encarnando una ceja y cómo respuesta su compañero asintió—. Muy bien, me quedaré para participar en las negociaciones.
Juntos salieron de la oficina de Jeremy y se dirigieron a la sala de conferencia. Al abrir la puerta se encontraron con una mujer de unos cincuenta años vestida de manera elegante y a un hombre que posiblemente tenía la misma edad que tenía entre sus manos un maletín.
—Buenas tardes a ambos —saludó con amabilidad Jeremy seguido de los otros dos—. Señora Todd, un placer verla de nuevo. Permítanme presentarles a Soren Oversax, dueño de la empresa.
—Buenas tardes, es un placer conocerlo, señor Oversax —saludó la mujer.
—Bienvenida, el placer es mío —respondió cortésmente Soren—. Si no le molesta, estaré presente en las negociaciones de esta tarde.
—Oh, no. Estoy emocionada por trabajar con ustedes —alegó la señora y señaló al hombre junto a ella—. Él es mi abogado, Rick Mercer.
—Un gusto conocerlos —respondió el abogado.
—Igualmente. Muy bien, si estamos listos podemos iniciar esta reunión. Por favor, tomen asiento —mencionó Soren.
—Muchas gracias, caballero —dijo la señora y tomó lugar junto a la mesa ovalada.
La junta dio inicio rápidamente para centrarse en el nuevo contrato.
La señora Todd era una cliente recurrente para la empresa y habitualmente sólo trataba con el director Jeremy Lockhart, pero con Soren ahí por primera vez, sintió verdadera curiosidad. Sabía que el dueño era un hombre joven, sin embargo, ver al pelinegro desenvolviéndose con tal profesionalismo durante su reunión la sorprendió bastante.
En su momento incluso llegó a pesar que Soren Oversax sólo era un jovencillo que había heredado la compañía y por cuestiones de edad, era Jeremy quién se encargaba de manejarla. Pero esa tardé descubrió que no era tan joven como ella imaginaba y verdaderamente sabía lo que hacía.
Transcurrieron aproximadamente dos horas cuando la reunión casi acababa, así que Soren se disculpó y se retiró, dejando todo en las capaces manos del mayor.
La verdad no estaba muy a gusto con tener que ser parte constante de las reuniones de la empresa, pero siendo el dueño era necesario que algunas veces lo hiciera. Ser quien está al mando no era su fuerte, pero tenía la suerte de contar con el apoyo de su amigo que desde un inicio estuvo al frente de la empresa mayormente.
Si las personas supieran como es que su compañía se formó tal vez surgirían muchas dudas, no obstante, Soren confió en Jeremy.
Incluso antes de verlo en persona.
—¿Ya te vas? —le preguntó Patrice al alcanzarlo en el elevador.
—Sí. Creí que seguirías en la reunión. ¿No esperarás a Jeremy? —preguntó al notar que ella llevaba su bolso colgado del hombro.
—No, es posible que se tarde y prefiero ir a casa —dijo la chica con una sonrisa.
—Muy bien, aprecio tu compañía —agregó Soren.
—A veces me sorprende tu formalismo, Soren —opinó la chica y salieron del elevador una vez las puertas se abrieron—. A pesar de que puedes relajarte y bromear con nosotros, no pierdes ese distinguido estilo formal. Ni hablar de como eres con otras personas, con ellos actúas como si fueras de la elite.
Ante sus palabras él se sintió algo incomodo por recordar a qué se debía su actuar y sólo relajó los músculos antes de responder con total naturalidad.
—Posiblemente se deba a que he desarrollado más confianza con ustedes.
—Su auto, señor Oversax —mencionó el vigilante al abrir la puerta del edificio.
El vehículo se detuvo frente a ellos y el valet bajó velozmente para entregarle las llaves, Soren le agradeció y ambos subieron para luego ponerse en marcha.
—Amo tu nuevo auto, es tan hermoso —alagó la rubia acariciando el armazón—. El otro no tenía tanto espacio y los asientos no eran tan cómodos.
—Me alegra que te haya gustado, lo compré justamente por tu bienestar —vaciló el pelinegro sonriendo amargamente y su amiga lo vio con desdén—. Después de todo soy tu transporte, ¿no?
—¿Qué? ¡No! ¿Cómo crees? —cuestionó Patrice de manera forzada y desvió la mirada a la ventana.
Durante el camino estuvieron platicando sobre el nuevo contrato y la rubia resolvió algunas dudas sobre esa compra.
—Señor, deténgase acá —le pidió la chica señalando el frente de su casa y con una leve sonrisa Soren se detuvo—. Muchas gracias, ¿cuánto le debo?
—Bájate de mí auto —dijo él con burla.
—Ay, pero que pésimo trato a los clientes de su servicio de transporte. No se merece cinco estrellas —vaciló Patrice bajando del vehículo en pleno monologo dramático mientras hacía gestos con las manos—. Jamás volveré a pedir un taxi en su aplicación.
—¿Nos vemos mañana?
—Sí, trae el desayuno —respondió con voz dulce y una sonrisa inocente.
—De acuerdo, pero más te vale darme una buena calificación por el viaje —la señaló con el dedo índice.
—No te oigo —musitó la chica camino a la entrada de la casa.
Soren sólo resopló con una risa y se puso en marcha con dirección a su hogar. No vivían muy retirado, sus propiedades estaban en la misma comunidad privada en donde disfrutaban de muchas seguridad y tranquilidad.
Gracias a la cercanía, Patrice realmente solía utilizar a su amigo como servicio de transporte cuando no usaba su propio auto. No es que al pelinegro le molestase, eran sus únicos amigos y le agradaba pasar tiempo con ellos siempre.
Unas cuadras después, llegó a su residencia.
La puerta de la cochera se levantó al recibir la señal y una vez entró, esta volvió a bajar con un tenue zumbido.
Entró a la casa que se encontraba impecable, era una maravilla de lugar con un diseño abierto, grandes ventanales de ocupaban paredes enteras y con el suficiente espacio como para albergar a unas veinte personas con total comodidad.
No obstante, en aquella deslumbrante mansión inteligente, sólo vivía tres personas, Soren y su personal.
Después de sus amigos, ellos dos eran las únicas otras dos personas en las que el pelinegro más confiaba. No podría no hacerlo luego de lo que vivieron para llegar hasta donde estaban en sus nuevas vidas.
El viento soplaba suavemente entre los jardines del palacio real, haciendo ondear las banderas de Velghary en lo alto de las torres. El cielo estaba despejado, y el sol bañaba la ciudad con su luz dorada, reflejando la calma y la prosperidad que habían florecido en los últimos años. Balar, una vez devastada por el fuego y la guerra, ahora se erguía como un símbolo de renacimiento. Sus calles estaban llenas de vida, sus plazas rebosaban de actividad y sus habitantes, aunque marcados por la historia, caminaban con la frente en alto, con la certeza de que su país jamás volvería a caer en la sombra de la opresión.En el balcón principal del castillo, una figura alta y de porte firme observaba su reino con una mirada serena. Brion DuMartelle, ahora rey de Velghary, mantenía una expresión muy relajada mientras sus ojos recorrían la ciudad. A su lado, una mujer de cabello oscuro y mirada cálida se apoyaba suavemente contra él, su mano entrelazada con la suya. Clarisse O'Nelly, ahora la reina
Balar sufrió mucho por el fuego, no obstante, la destrucción causada era algo que se podía reparar con algo de coordinación y los mejores recursos que el recurso tenía. Muchos de los sitios en los que las bombas detonaron estaban vacíos, era claro que esos tres tenían planes claros sobre cómo hacer las cosas y que no su prioridad no era precisamente matar civiles, pero tampoco les importaba si morían o no. Ellos estaban completamente locos y lo único que les interesaba era tener la corona otra vez para gobernar Velghary, nada más que eso.Hasta entonces han pasado sólo unos tres meses y medio, por lo que no ha sido lo más sencillo de llevar. Luego del ataque a Balar y que la familia real diera a conocer a los verdaderos culpables de esa trágica noche, todas las cosas cambiaron en Velghary. El sistema de gobierno mixto conformado por representantes de ambos bandos tomó el control inmediatamente y pusieron orden en el país, pues el caos quería crecer más allá de las fronteras de la capi
El silbido hidráulico que emitió la pesada puerta puso a todos alertas. El mecanismo empujó la puerta a un lado y Clarisse sonrió aliviada porque sólo había dos personas que conocían la clave de acceso. Uno estaba junto a ella, apuntando el rifle hacia la puerta y no había manera de que Rubén pudiera abrirla considerando que no había una manera de hacerlo desde adentro. Y la otra persona era quien estaba al mando de todo y dio la orden para ponerlos a todos resguardados.—¡Brion! —saltó la chica, sonriendo.—Error, linda —Arlette fue quien apareció del otro lado de la puerta con un arma en alto. El equipo de seguridad se dispuso a actuar, pero fue cuando ella les mostró lo que tenía en la otra mano—. Cuidado, un movimiento más y nos vamos todos.Rubén entornó los ojos, analizando la situación. Se trataba de una mujer obsesionada con su deseo de que su jefe la ame cómo hace años, así como también quería venganza contra la mujer que le arrebató esa vida con la que soñó. El pulgar estaba
La mirada infernal del Hijo Maldito cayó sobre el antiguo duque de Velghary y una cosa estaba totalmente segura, esa guerra llegó a su fin, daba igual quien quedase vivo al final. Luchó para deshacerse de Oliver, le arrebataron a la mujer que amaba y en quién más confiaba, su cómplice principal en cada uno de sus planes. Los haría pagar por lo que le hicieron a Verona y luego mandaría a construir un trono con sus huesos para tenerlos siempre debajo, incluso después de la muerte.Le estampó un cabezazo al rubio, aturdiéndolo momentáneamente, tiempo suficiente para alejarlo con una patada en el pecho, pero de repente sintió un dolor agudo atravesarle un costado. Soltó un grito ahogado y luego una mano se posicionó en su hombro.—Esta vez no voy a fallar —Annabeth le susurró en el oído a su padre—. Vas a pagar todo lo que me hiciste pasar.—Tú, eres una chiquilla malagradecida… —siseó entre dientes.—Ya muérete, ¿quieres? —enterró más profundo el filo y le dio vueltas.Zadriel hizo un máx
Por un instante, todo se detuvo.El tiempo, el sonido, incluso sus corazones parecieron quedarse en pausa, como si el peso de la confesión de Verona los hubiera arrojado a un abismo sin fondo. Brion parpadeó, incrédulo, mientras el eco de las palabras de su tía resonaba en su mente.«Sus padres no sólo eran una piedra en el zapato, eran un obstáculo del cual tuve que deshacerme».—No... —murmuró nuevamente Daliah, con la voz quebrada, como si esa palabra pudiera negar la realidad que acababa de desplomarse sobre ellos.Sus piernas temblaron, y apenas pudo mantenerse de pie. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no eran del tipo que uno podía contener; eran aquellas que quemaban y arrasaban, brotando sin control.Brión, en cambio, parecía congelado. Su mirada estaba fija en Verona, pero su mente estaba a kilómetros de distancia. Veía, en flashes, los rostros de sus padres: la risa de Geraldine, el abrazo cálido de Cedric, las noches en las que le contaban historias antes de dormir, ju
El príncipe saltó por encima de una mesa cuando las balas silbaron cerca de él, Owen cayó a un lado de él con algunas manchas de sangre que esperaba no le pertenecieran a su subordinado.—¿Por cuánto más vamos a seguir con esto? —preguntó Owen sin aliento.—Creo que ya ha sido suficiente.—¿Los empujamos a dónde deben estar?—Apoya a Peter, yo me ocuparé de Verona y la haré venir tras de mí. Desvía el fuego el tiempo que puedas.El príncipe no esperó una respuesta, simplemente salió corriendo del escondite.—No recuerdo hacer firmado un contrato para esto, pero en este punto ya no puedo negarme —se quejó el trigueño antes de volver a la pelea.Brion se enfrentó nuevamente contra su tía, por un instante vio las escaleras detrás de ella y reaccionó a tiempo para bloquear una escotada de la mujer. Sus cuchillos chocaron, soltando chispas en el proceso, Verona con su característica sonrisa sardónica, movía su propia hoja con una velocidad y destreza que había perfeccionado durante años de







