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El arte de la Revancha
El arte de la Revancha
Author: @Maryurisve

Capítulo 1: Ecos de un Chantaje

Author: @Maryurisve
last update publish date: 2026-09-09 07:36:57

Morgana Veira, de veinticinco años, trabajaba en su nuevo proyecto de diseño gráfico, cuando ella entraba en su fase creativa solía perder la noción del tiempo y olvidarse por completo del mundo exterior, con sus audífonos puestos, escuchaba la canción Déjà vu de Anabantha a todo volumen. Mientras cantaba con una intensidad que le impedía escuchar el incesante tono de su teléfono, sin embargo, ante la insistencia de la llamada decidió responder.

—¿Diga? —contestó con fastidio, sin apartar la vista de la imagen que acababa de crear.

Al otro lado de la línea la persona frunció el ceño.

—No sabía que eras tan maleducada — replicó su padre, Edmundo.

Morgana rodó los ojos y maldijo entre dientes, por no haber verificado antes el nombre en la pantalla, y ahora debía lidiar con su padre, con quien desde hace años no había tenido una buena relación.

—Siempre es agradable hablar contigo … papá — dijo, acentuando esa última palabra con sarcasmo.

—Por lo menos recuerdas que tienes un padre

—Por desgracia sí, aunque a veces me gustaría ser huérfana

—!No seas tan insolente, Morgana!

—Papá ve al grano que estoy trabajando.

—¡Como si a eso se le pudiera considerar un trabajo!

—Al menos me da lo suficiente para vivir sin pedirte ayuda … aunque claro, después de mantener a tus parásitos, imagino que debe sorprenderte que una persona como yo pueda hacerlo.

La discusión se encontraba en un punto muerto cuando Edmundo ya harto de la conversación, decidió contarle el motivo por el que la había llamado.

—El mes que viene es la graduación de tu hermana Cecille.

—¡Qué bueno que al fin vaya a dejar de desperdiciar el dinero de la familia! —respondió ella, sin perder su tono mordaz.

—¡Ya basta Morgana!, te estoy llamando porque tienes que venir a la fiesta.

—Me niego—respondió ella, cruzándose de brazos.

Edmundo sonrió con malicia.

—Recuerda que aún conservo las grabaciones que te dejó tu madre… y puedo destruirlas en cualquier momento.

Morgana cerró los ojos, apretando los dientes para contener la furia, su padre era lo suficientemente vil y rastrero como para chantajearla con lo único que podía usar para chantajearla; los recuerdos de una madre que había perdido cuando apenas tenía tres años de edad.

—Está bien, envíame la fecha, hora y lugar del evento—respondió Morgana con desgano.

Edmundo deseaba preguntarle como estaba más por diplomacia que por interés, sin embargo, ella colgó la llamada sin darle la oportunidad y esto había sido lo habitual durante los últimos años.

—¿Mi hermana vendrá a la fiesta? —preguntó Cecille con entusiasmo fingido.

Edmundo observó a su hijastra con orgullo porque ella era todo lo que valoraba, Cecille era elegante, sofisticada, y de dulce hablar, formada en contaduría pública al igual que él, mientras que Morgana por el contrario era gótica, grosera e insolente, sin filtros al hablar y dedicada a una profesión que él consideraba inútil, sin prestigio y que no ofrecía beneficio alguno.

—Dijo que vendrá, recuerda que no puede haber nada que contenga maní en el menú — advirtió Edmundo.

—Por supuesto, papá, sé muy bien que mi hermana es alérgica —respondió Cecille con una sonrisa calculada.

La verdadera razón por la cual Edmundo exigía la presencia de Morgana era su propio padre, el abuelo de la familia asistiría al evento y ya se había quejado más de una vez por las ausencias de su nieta mayor en la mayoría de los eventos familiares. Edmundo necesitaba tenerlo contento, pues dependía por completo de su financiamiento para expandir su firma contable.

—Cariño, siempre le has dado demasiada importancia a esa muchacha —protestó Pamela, su esposa, con evidente molestia.

En esa familia la única persona que realmente deseaba ver a Morgana era su hermana menor Vanessa cuyo afecto por ella era genuino e incondicional.

—Ojalá esta vez se quede en la ciudad por más tiempo —murmuró Vanessa con esperanza.

Pamela y Cecille fruncieron el ceño con evidente descontento ante el comentario porque no soportaban la idea de que Morgana regresara; detestaban su irreverencia, y en especial que la familia de Edmundo la favoreciera, lo que madre e hija querían asumir era una realidad simple: para la familia de Edmundo, Cecille no era más que una hijastra.

—No nos hagamos ilusiones, Vanessa—interrumpió Edmundo, tajante y con la misma frialdad con la que trataba a su otra hija biológica—Mejor preocúpate por tus notas, que eres una pésima estudiante.

Aquello era mentira, Vanessa, al igual que Morgana no siguió el consejo de su padre al estudiar la carrera de literatura, sus calificaciones no eran malas, sencillamente Edmundo era incapaz de valorar nada que no se ajustara a sus estrechas expectativas.

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