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Capítulo 11: Cicatrices y Tabúes

Author: @Maryurisve
last update publish date: 2026-09-13 09:40:52

En esa primera vez, Morgana se entregó sin reservas, para Elías el roce de sus cuerpos, y el calor de sus respiraciones fue una experiencia que lo marcó para siempre, con cada caricia, cada embestida y cada suspiro, lo poco que quedaba de su mente racional se convirtió en una promesa silenciosa: no importaba lo que pasara, siempre estaría a su lado.

El amanecer los encontró exhaustos, Elías permanecía inmóvil, aún con el sabor de sus besos en los labios y el calor del cuerpo de Morgana entre su
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    Morgana se dio un último vistazo en el espejo antes de salir de su habitación, su deslumbrante melena pelirroja —esa manifestación caprichosa de un gen recesivo—la hacía no solo muy llamativa sino también la “rara” de la familia desde el día en que nació. Tomó su bolso, guardó el teléfono y salió de la habitación con paso firme, lista para bajar al restaurante y encarar a su abuelo.El ambiente del salón privado del restaurante del hotel era sofocante, dominado por una cortesía que a Morgana le causaba desagrado. Don Guillermo, con su imagen imponente, aguardaba al otro lado de la mesa, la miraba fijamente, analizando cada uno de sus gestos con la serenidad de quien está acostumbrado a juzgar e impartir veredictos.—Gracias por aceptar verme, Morgana —comenzó el patriarca, cruzando las manos de forma pausada sobre la mesa—Aunque Vanessa insistió mucho en esta reunión, quiero que sepas que fui yo quien pidió este encuentro.Morgana observaba al anciano con aprehensión, no se sentía cóm

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    Morgana cerró su portátil, pensando en las razones que habrían llevado a su abuelo a solicitar esa reunión, mantenía una marcada reserva; si bien don Guillermo jamás la había tratado con crueldad en el pasado, tampoco le demostró un afecto genuino ni le dio la oportunidad de justificar sus acciones.A pesar de las dudas, decidió concederle el beneficio de la duda, después de todo, Vanessa había insistido en que por lo menos se reunieran, y el cariño por su hermana menor era una de las pocas cosas que aún lograba conmoverla.Morgana le envió la ubicación de su hotel y don Guillermo aceptó sin dudar a reunirse en el restaurante del lugar. Mientras el anciano se alistaba para salir de la residencia familiar. Edmundo le salió al paso con evidente curiosidad y el ceño fruncido.—¿Vas a salir a esta hora, papá? —preguntó Edmundo, ajustándose la chaqueta del traje—Si tienes algún compromiso en la ciudad, puedo conducir para ti.Don Guillermo negó con la cabeza, porque no necesitaba de su ayu

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    Era el mediodía y en el amplio comedor de la residencia, el tintineo de los cubiertos sobre la vajilla de porcelana marcaba un ritmo tenso y pesado, al frente de la mesa estaba sentado Guillermo Solano, el patriarca de la familia, el cual observaba con serenidad analítica a su hijo, quien no paraba de mover los cubiertos sin tocar su comida.—Vas a tener que darme una explicación muy convincente, Edmundo —sentenció el anciano con voz firme, dejando la copa de vino sobre el mantel—Lo que ocurrió con Morgana cruzó cualquier límite razonable. No solo fue un espectáculo bochornoso, sino un error táctico imperdonable.Edmundo enderezó la espalda, observó a Pamela de reojo la cual le asintió levemente la cabeza en señal de aprobación, apretó la servilleta en su regazo, antes de que él intentara articular su defensa.—Papá, no entiendes cómo es ella —interrumpió Edmundo, tratando de mostrar una seguridad que no sentía—Morgana llegó a esta ciudad buscando provocar, desafiando a la familia a l

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    Tras disfrutar de un abundante desayuno, Morgana y Elías regresaron a la cama, esta vez no hicieron al amor; por el contrario, prefirieron encender la televisión y perderse en una película cualquiera, aislándose por completo de lo que ocurría en el mundo exterior.En la soleada habitación, la calidez de las sábanas resguardaba la intimidad que acababan de compartir, Morgana descansaba la cabeza sobre el pecho desnudo de Elías, escuchando el latido pausado y constante de su corazón.Él, con una ternura que contrastaba por completo con su habitual fachada fría y distante, le acariciaba la espalda con la yema de los dedos, trazando círculos suaves que le provocaban a ella ligeros y placenteros escalofríos.—Aún no puedo creer que esto haya pasado —murmuró Morgana en voz baja, trazando con la punta del índice la línea firme de la mandíbula de Elías.En su mente Elías pensó en que tuvo que esperar muchos años y superar varios malos entendidos para llegar a este momento, ladeó el rostro par

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    En esa primera vez, Morgana se entregó sin reservas, para Elías el roce de sus cuerpos, y el calor de sus respiraciones fue una experiencia que lo marcó para siempre, con cada caricia, cada embestida y cada suspiro, lo poco que quedaba de su mente racional se convirtió en una promesa silenciosa: no importaba lo que pasara, siempre estaría a su lado.El amanecer los encontró exhaustos, Elías permanecía inmóvil, aún con el sabor de sus besos en los labios y el calor del cuerpo de Morgana entre sus brazos, ella dormía, abrazada a él, y con satisfacción comprendió que aquella mujer, marcada por todos como “villana”, había derribado las murallas que lo separaban del amor y de la verdadera lealtad.Cuando Morgana abrió los ojos la habitación estaba muy iluminada y se sorprendió al darse cuenta de que estaba acurrucada contra el cuerpo de Elías, con un brazo rodeándole el torso y su cabeza apoyada en su hombro.Se quedó inmóvil observándolo, él aún estaba dormido plácidamente sin que su ceño

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