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Capítulo 5: Piezas en posición

Author: @Maryurisve
last update publish date: 2026-09-10 11:43:55

Morgana no regresaba a su ciudad natal por nostalgia ni por el deseo de reconciliación sino para cobrar las cuentas pendientes y reclamar lo que era suyo por derecho.

—Tengan cuidado con esas cajas —indicó con firmeza mientras el camión de mudanzas terminaba de estacionarse.

Cuando el camión de mudanzas llegó, Morgana supervisó que sus cosas fueran subidas al vehículo con minuciosidad; verificó que los sellos de seguridad, el inventario pieza por pieza y firmó las pólizas de seguro antes de ver partir el vehículo hacia la carretera.

Tomó un pequeño bolso de mano, y optó por la vía rápida y abordó un vuelo comercial, mientras el avión descendía y la ciudad aparecía tras las nubes, una sensación sofocante le oprimió el pecho, y durante ese tiempo nunca intentó comunicarse con su familia.

—Finalmente estoy de regreso— murmuró al sujetar su equipaje de la cinta de transporte.

Al cruzar las puertas del aeropuerto, la arquitectura del lugar le devolvieron la impresión de que nada había cambiado; y que el lugar permanecía estancado en el mismo ambiente del que había huido años atrás.

Subió a un taxi y le indicó una dirección en las afueras de la ciudad para conocer su nueva residencia, al llegar descubrió que el lugar era perfecto, amplio, iluminado y aislado, pero sus muebles y equipos aún tardarían un par de días en llegar.

Pensando en que la fiesta de graduación tendría lugar la noche siguiente, decidió reservar una habitación en un hotel con spa ubicado cerca de su loft, se había tomado unos días libres y necesitaba relajarse para encarar con mente fría a su padre y su madrastra.

Esa noche, tras llamar a Vanessa para avisarle que ya estaba en la ciudad, Morgana se metió entre las sábanas de la habitación del hotel, por el cansancio del viaje, se quedó dormida y su sueño fue profundo y muy reparador.

Entre tanto al otro lado de la ciudad, Elías se encontraba en su oficina revisando los últimos detalles de una demanda, las luces de los rascacielos se filtraban por la ventana, iluminando el espacio sobrio y elegante de su oficina.

El tono de su teléfono interrumpió el silencio; era uno de sus informantes confirmando lo que esperaba: Morgana ya había aterrizado y se encontraba en la ciudad.

Una sonrisa lenta y satisfecha se dibuja en sus labios mientras dejaba el expediente sobre el escritorio.

Se reclinó en su sillón de piel, preguntándose con qué cara lo recibiría ella cuando sus miradas volvieran a cruzarse, en algo Cecille tenía razón—por más que le costara admitirlo—era en que la tensión entre él y Morgana siempre había existido, un choque constante de egos, discusiones y miradas desafiantes, no era más que una química explosiva.

Lo que nadie en esa familia sospechaba era que, ocho años atrás, justo antes de que ella abordara el autobús para huir de esa casa, Morgana le había entregado su primer beso, en un acto impulsivo, y desafiante que él había quedado guardado en su memoria.

—Ha pasado demasiado tiempo… Morgana—murmuró en la penumbra en su despacho, ajustándose los gemelos de la camisa mientras una chispa de anticipación le encendía la mirada.

A la mañana siguiente, Morgana tenía el tiempo justo para prepararse mentalmente, elegir el vestuario adecuado para enfrentarse a la farsa familiar que la esperaba esa noche.

Ella pasó la mañana en el spa del hotel, consintiéndose tras el agotador viaje y la tensión acumulada, al terminar la jornada, se detuvo frente al espejo del vestidor para contemplar el resultado y lucía deslumbrante; su piel era radiante, su cabello pelirrojo caía en ondas y su postura era impecable y su postura reflejaba mucha seguridad.

En ese momento ya no quedaba rastro de la joven vulnerable de dieciocho años; la mujer que se miraba en el reflejo estaba lista para pisar fuerte en terreno enemigo.

—Estoy vestida para matar —murmuró con una sonrisa cargada de ironía mientras se ajustaba un elegante vestido negro que moldeaba su figura como un guante.

A varios kilómetros de allí, Elías afinaba los últimos detalles para la velada, su rostro mostraba satisfacción, y aunque al principio iba a declinar esa invitación al enterarse del regreso de Morgana, cambió de parecer y decidió asistir al evento.

Frente al espejo de su vestidor, Elías ajustó el nudo de su corbata con destreza, mientras se acomodaba las solapas de su saco, una leve sonrisa, cargada de expectación, se dibujó en sus labios al pensar en aquella insolente pelirroja que estaba a punto de volver a aparecerse en su camino.

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