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Manipulaciones

Author: Charlie Rose
last update publish date: 2026-10-09 06:35:28

NARRADOR OMNISCIENTE

Sali del restaurante con la mandíbula tensa y la rabia ardiendo en cada fibra de mi cuerpo.

No quería haber dejado a Thaís sola, y mucho menos después de todo lo que había pasado con Matteo. El solo nombre de mi hijo me dejaba un sabor amargo en la boca; recordarlo tocándola hizo que la sangre me hirviera. Sin embargo, había salido de aquel lugar porque Nadia me había asegurado por teléfono que Lucas necesitaba verme urgentemente y, con el reciente susto del hospital, no p
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    NARRADOR OMNISCIENTEMientras Theodore intentaba concentrarse en el trabajo, Matteo tampoco conseguía apartar de su mente los problemas que se habían acumulado durante los últimos días.La relación con su padre se había deteriorado hasta un punto que jamás habría imaginado. Aunque intentaba convencerse de que no le importaba lo que Theodore hiciera con su vida, la realidad era muy distinta. Cada vez que recordaba que estaba con Thaís, sentía una mezcla de rabia, impotencia y celos que no conseguía controlar.Había perdido a la mujer con la que pensaba casarse y, en lugar de encontrar apoyo en su padre, tenía que aceptar que este se había convertido en su rival.Matteo dejó el teléfono sobre la mesa y se sirvió un vaso de agua. No tenía sentido seguir dándole vueltas a lo mismo, pero tampoco encontraba la manera de dejar atrás aquella situación.Su teléfono vibró.Al mirar la pantalla, reconoció el número del joven con el que se había reunido anteriormente.Contestó sin perder tiempo.

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    NARRADOR OMNISCIENTEEl resto del almuerzo transcurrió de una manera muy distinta a como Theodore lo había imaginado. Aunque Thaís intentó comportarse con naturalidad, él notó que estaba más callada de lo habitual.No podía reprochárselo. La aparición de aquella mujer desquiciada había sido demasiado calculada para ignorarla, y lo último que deseaba era que una desconocida consiguiera sembrar desconfianza entre ellos.Cuando terminaron de comer, Theodore pidió la cuenta. Después ayudó a Thaís a levantarse y la acompañó hasta el automóvil.—¿Quieres que te lleve a casa? —preguntó mientras le abría la puerta.Ella negó con la cabeza.—No. Prefiero regresar contigo a la empresa. Y de ahi quisiera visitar a mi amiga Sandra. Theodore asintió, pero antes de que ella subiera, le tomó la mano.—Thaís, sé que lo ocurrido te ha incomodado. No voy a pedirte que olvides esa escena como si no hubiera pasado, pero quiero que tengas algo claro: no existe ninguna mujer con la que haya mantenido una

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    NARRADOR OMNISCIENTEThaís permaneció abrazada a Theodore unos segundos más, esperando que la vergüenza que sentía en el rostro desapareciera.—No puedo creer que Cooper nos haya visto así —murmuró, sin atreverse a levantar la cabeza.Theodore le acarició la espalda, divertido por su reacción.—Cooper ha visto cosas mucho peores en esta empresa.Thaís alzó la cabeza de golpe.—¡Theodore!—¿Qué? —preguntó él, fingiendo inocencia—. Solo intento hacerte sentir mejor.—Pues eso no está funcionando.Él soltó una risa y le apartó un mechón de cabello del rostro.—Mírame, cariño. —pidió él en un susurro. Ella negó con la cabeza.—No.—¿Por qué?—Porque seguramente estás riéndote de mí.—Jamás me burlaría de ti.Thaís lo miró con desconfianza. La sonrisa que curvaba los labios de Theodore no ayudaba a que le creyera.—Eres muy malo, Theo.—Pero eso no te detuvo a venir a mi despacho con una cesta de frutas y unas intenciones que ambos conocemos.—¡Yo vine a verte! —protestó ella, dándole un

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    NARRADOR OMNISCIENTE Thaís acabó acomodándose en el borde del escritorio mientras Theodore se entretenía probando las frutas que ella le había llevado. Sin embargo, su atención duró poco: parecía infinitamente más interesado en contemplarla a ella que en degustar el desayuno.—¿Piensas seguir mirándome así o vas a terminar de comer? —preguntó ella, divertida, inclinando la cabeza.Theodore dejó la fruta de vuelta en la cesta y dio un par de pasos hacia ella.—Estoy intentando decidir qué me gusta más de esta mañana —confesó con voz pausada—: si el detalle de la comida o tenerte aquí conmigo.—Espero que no tardes demasiado en resolver ese dilema —bromeó Thaís—. No quiero ser la culpable de que te quedes con el estómago vacío.—Créeme, cariño, sé perfectamente lo que prefiero.Ella soltó una risita cuando él se adentró entre sus piernas y le rodeó la cintura con naturalidad.—Eres incorregible —murmuró ella.—¿Mmmm? Pero tú pareces bastante satisfecha con eso —contraatacó él con una s

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    NARRADOR OMNISCIENTENadia llevaba varios minutos mirando la pantalla de su teléfono. Las últimas palabras de Gretcher seguían resonando en su cabeza, recordándole que no podía quedarse de brazos cruzados mientras Theodore continuaba su vida con Thaís.No soportaba la idea de que aquella mujer ocupara un lugar que, a su juicio, no le correspondía. Y mucho menos que pudiera darle un hijo que terminara asegurándole un puesto dentro de la familia Lockhart.Tomó el teléfono y buscó el contacto de Renata.—Necesito hablar contigo —dijo en cuanto la llamada fue atendida.—Qué sorpresa. Pensé que te habías olvidado de mí.—No estoy de humor para tus comentarios. Tenemos un problema.Al otro lado de la línea, Renata guardó silencio durante unos segundos.—¿Qué pasó ahora?—Theodore sigue con Thaís. Y, por lo que parece, está dispuesto a defenderla de cualquiera que intente separarlos.Renata soltó una risa seca.—Eso ya lo sabíamos, Nadia. No me digas que apenas ahora te estás dando cuenta d

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    NARRADOR OMNISCIENTEMatteo seguía aferrado a su móvil pensando si debía tomar aquella decisión.Por un lado pensaba en todo lo buenos momentos que Thaís le brindó, en su amor, su confianza y en como nunca le decía que no.Y luego, Theodore, su padre. El hombre que le dio la vida y el que ahora estaba con la mujer que seria suya. Todo aquello estaba volviéndolo loco. Amaba a Thaís, sí. Antes no lo vio porque Renata siempre estaba allí para llevarle la cabeza, pero ahora, él estaba mas que seguro que ella era la unica mujer a la que de verdad amaba.—¿Por qué deberia hacerme a un lado cuando ese bebé puede ser mio? —murmuró con los ojos inyectados en sangre. —Solo espera papá, seré yo quién se haga cargo de tu hijo. Jamás voy a cederte la mujer que amo.Volvio su morada hacia el teléfono. El último mensaje seguía allí, sin respuesta.“¿Vas a seguir ignorándome o por fin vas a contestar?“Matteo apretó la mandíbula. No estaba de humor para soportar las insolencias de aquel muchacho, p

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