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Regalo sorpresa

last update publish date: 2026-09-03 08:35:37

Capitulo 6

Me quedo helada después de que Ivan dice "eres mía". No puedo respirar.

Detrás de él, en lo alto de la escalera, aparecen dos siluetas más. Otros dos hombres igual de altos, igual de imponentes. 

Uno de ellos es rubio, de cabello desordenado y ojos azules. El otro tiene tatuajes en el cuello y una mirada mucho más oscura.

Los tres me están mirando como si acabaran de recibir su regalo después de 10 años de espera. Pero el rubio... el rubio me mira diferente.

Mientras Silas y el del tatuaje bajan despacio, con pasos firmes y controlados, el rubio se separa de el.

— ¿Hanna? — murmura.

Y de repente empieza a bajar las escaleras más rápido. Mucho más rápido que los otros. Casi corriendo.

Yo doy un paso hacia atrás por instinto, asustada, con mi maleta aún en la mano.

Él no se detiene. Baja los últimos tres escalones de un salto y en un segundo está frente a mí. Antes de que pueda decir algo, me rodea con sus brazos y me abraza con muchísima fuerza.

Es un abrazo enorme, cálido, desesperado. Me aprieta contra su pecho como si temiera que me fuera a ir, como si me hubiera estado esperando desde hace mucho, mucho tiempo. Huele a perfume caro y a frío.

Me quedo tiesa, sin saber qué hacer. Nadie me había abrazado así en mi vida.

— Por fin — susurra en mi oído, con la voz quebrada —. Por fin llegaste, solnyshko.

No sé qué significa esa palabra, pero la forma en que la dice me hace temblar.

— Yo... yo no te conozco — logro decir, con la voz chiquita.

Él por fin me suelta un poco, solo lo suficiente para verme la cara. Me agarra las mejillas con sus dos manos enormes. Sus ojos azules están brillosos, emocionados.

— Pero yo a ti sí — me dice con una sonrisa enorme, sincera, la primera sonrisa sincera que veo desde que llegué a Rusia —. Te he esperado diez años, Hanna. Diez años viendo tu foto.

Detrás de nosotros escucho que Ivan carraspea, molesto.

— Silas, suéltala. La estás asustando — dice Ivan con voz dura.

El rubio, Silas, no me suelta. Al contrario, me pega más a él y voltea a ver a Ivan.

— No. Ella es mía también. Es de los tres, ¿no? — le contesta Silas, desafiante, sin dejar de abrazarme —. Y yo no voy a esperar más para abrazar a mi futura esposa.

Mi futura esposa.

Las palabras me caen como un balde de agua helada. ¿Esposa? ¿De cuál de los tres? ¿O de los tres?

El tercer hombre, el de los tatuajes, por fin termina de bajar las escaleras. Se acerca a nosotros con una sonrisa ladeada, mucho más peligrosa que la de Ivan.

— Tranquila, princesa — me dice a mí, ignorando a Silas —. Silas es así de intenso. Yo soy Dante. El que te va a hacer llorar, pero de otra forma.

Y me guiña el ojo.

En ese momento entiendo que mi vida no acaba de cambiar. Acaba de terminar. Estoy en una mansión perdida en medio de la nieve en Rusia, rodeada de tres hombres que creen que les pertenezco.

Y uno de ellos me abraza como si estuviera enamorado de mí desde antes de conocerme.

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