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Hanna - Mis 18 años*
Crecer en una familia adinerada tiene sus ventajas y desventajas. Una de ellas es poder tener todo lo que imaginas. Pero para mí, tener dinero es más una carga que una buena suerte. No puedo salir de casa sin mi mamá o mi hermano Gael y, aparte, cargar con la seguridad. Eso no me agrada nada. Desde que tengo memoria, hay un hombre afuera de mi cuarto. Dicen que es para protegerme. Yo siento que es para vigilarme. Ya tengo 18 años y al parecer la vigilancia en mí aumentó más que nunca. Yo que creí que sería libre, pues no. Mi mamá está más pendiente de mí que nunca y eso me fastidia mucho. Me mira como si en cualquier momento fuera a salir corriendo. Mi padre solo me ve desde las sombras y Gael parece que no le importa mucho, pero hoy hasta él me estaba observando. Hoy, para celebrar mi cumpleaños, mi mamá me compró un hermoso vestido blanco y largo. No era un vestido de fiesta. Era un vestido de novia. Cuando me lo puso frente al espejo, me dijo con la voz rota: —Pareces una novia, Hanna. Sentí un escalofrío en todo el cuerpo. ¿Novia de quién? Yo ni siquiera tengo novio. Bajé a desayunar. El desayuno fue muy tranquilo. Demasiado tranquilo. Solo algunas felicitaciones forzadas y abrazos rápidos. Nada de especial. Mi mamá no me dejó comer mucho, decía que me tenía que quedar perfecto el vestido. Mi padre no tocó su café. Solo me miraba y apartaba la vista, como si le doliera verme. Todos me miraban raro. Hasta la empleada. Me miraban como si fuera la última vez que me vieran desayunar en esa casa. Como si ya no perteneciera a esta familia. —Hanna, cuando termines de desayunar te espero en mi despacho —dijo mi padre poniéndose de pie de golpe. Tenía las manos cerradas en puños y le sudaba la frente. No me miró a los ojos. —Está bien, papá —dije confundida. Se me cerró el estómago. — Mamá, ¿tu sabes que le pasa, a papá?- pregunté, tal vez y ella sabía algo que yo no. — No hija, tal vez te quiere dar un regalo — la respuesta de mi madre sonó muy plana, no la creí mucho. Cuando terminé mi desayuno me levanté y me dirigí al despacho de mi padre. El pasillo que siempre había sido corto, hoy se sentía eterno. Escuchaba mis propios tacones contra el piso. Cada paso se sentía más pesado, como si fuera caminando hacia mi sentencia. Me detuve frente a la puerta. Estaba entreabierta. Podía escuchar a mi padre susurrando por teléfono en otro idioma. No era español. Sonaba frío, duro. Respiré hondo. —Papá, ¿puedo pasar? —pregunté. Silencio por dos segundos. —Adelante. Empujé la puerta. No sabía que aquel día cambiaría mi vida para siempre y que nada de lo que creía mío, era verdad. No sabía que mi vestido blanco no era para una fiesta. Era para una entrega. Y que del otro lado del escritorio no solo estaba mi padre esperándome, sino también un contrato negro con mi nombre y tres firmas que nunca había visto: Ivan, Dante y Silas Morozov.CAPÍTULO 30 - IVÁN*Son las 12:00 de la noche cuando me levanto, y aún me siento mierda. dormi muy poco.Mucho mejor físicamente, porque dormí aún que sea unos minutos, pero mentalmente me siento peor que nunca. Me llegan los recuerdos de lo que pasó hace apenas un momento como si fuera un golpe en la cara. Una punzada de remordimiento me hace recordar lo que hice. Lo que le dije. Cómo la miré.Me levanto de la cama de un salto y me voy a la sala sin siquiera ponerme zapatos.Dante y Silas aún no han llegado. Eso es raro, porque a esta hora siempre ya están aquí.Veo todo recogido y ordenado. Ya no hay nada de luces. Nada de color. Ni una esfera rota en el suelo. El mármol brilla, huele a limpiador. Como si la Navidad nunca hubiera pasado por aquí.Y eso me hace sentir incómodo. Muy incómodo. ¿Cuánto tiempo tardó Hanna en decorar todo? ¿Dos horas? ¿Tres? Estaba descalza, feliz, con mi suéter. Estaba intentando hacer que esta casa de mierda pareciera un hogar y yo se lo destruí en cinc
CAPÍTULO 29 - IVÁN*Me voy a la mansión. Necesito un baño y dormir. Son las putas once de la noche y aun así no dejo de pensar en la mercancía. Si no la hallo me va a hacer perder millones. Millones que no puedo perder ahora, no cuando todo me estaba saliendo bien hasta hoy.El helicóptero aterriza en la parte trasera de la mansión. El ruido de las aspas me deja sordo por unos segundos. Me bajo, me quito la chaqueta y lo primero que veo son luces de colores. Luces parpadeando por toda la fachada y ese sonido que me talabra los oidos. Esferas. Un puto pino enorme en la entrada principal.Navidad. Puta Navidad en mi casa.Me quedo parado a mitad del jardín. Huele a pino natural y a canela. Toda la mansión parece una villa de esas que salen en las películas gringas.Siento como la sangre se me sube a la cabeza.—¿Pero quién mierdas autorizó esta mierda? — grito. Mi voz retumba.Entro echando una furia. Abro la puerta de un golpe y el calor de adentro me pega en la cara. Y ahí está ella.
CAPÍTULO 28 - IVÁNDormí de la m****a. Joder, dormir aquí me dejó adolorido. Esa cama no está hecha para cuatro personas. Mandaré a hacer una más grande, mucho más grande.Me despierto antes que todos. Son las cuatro y media y el cuello me duele. Miro a mi lado y veo a Hanna dormida entre Silas y Dante. Se ve tan pequeña, tan tranquila, que por un segundo no me quiero ir. Pero tengo que irme.Me levanto sin hacer ruido.— Dante, Silas, vayan a la bodega, yo iré al puerto — les digo en voz baja. Dante apenas abre un ojo. — Me voy muy temprano, Hanna aún duerme. Que nadie la despierte.Salgo de la mansión antes de que amanezca. El aire frío de la madrugada me pega en la cara y me ayuda a despertar.Llego al puerto a las 5 de la mañana y todo es un maldito caos. Mis hombres no están donde deberían estar. Las luces de la bodega principal están apagadas. No hay movimiento. Esto no me gusta nada.— Javier, ¿qué mierdas está pasando? — le digo a mi hombre de confianza, tomándolo del brazo. Ja
CAPÍTULO 27 - HANNAMe levanto alrededor de las 7 de la mañana. Todo es un desastre. Yo soy un desastre.Abro los ojos y lo primero que veo son las sábanas. Las sábanas están manchadas. La habitación huele a nosotros, a lo que pasó anoche. Siento la cara ardiendo de solo recordarlo.Me levanto rápido para ir al baño a ducharme. Me duele un poco todo el cuerpo, pero es un dolor dulce. Entro a la regadera y el agua caliente me relaja. Me quedo ahí, bajo el agua, por mucho tiempo. Dejo que el agua se lleve los nervios, la vergüenza y el cansancio. Por un momento, solo soy yo.Salgo del baño después de 20 minutos, envuelta en una toalla, con el cabello mojado. Y veo a las chicas de servicio intentando limpiar. Una de ellas está doblando las sábanas manchadas.Me muero de la vergüenza.— Hola, yo me encargo de limpiar las sábanas — dije, con la cara roja de la vergüenza. Casi me tropiezo al acercarme.Una de las chicas me sonríe con mucha ternura, como si entendiera.— No se preocupe, señor
CAPÍTULO 26 - SILASVer a Hanna ser tomada por nosotros... ahora sí. Ahora sí la convierte en nuestra esposa en cuerpo y alma. Y ahora verla así, desnuda, dormida y tranquila en nuestra cama, joder, nos da una profunda satisfacción. Una satisfacción que no sabía que necesitaba hasta este momento. Ahora no podrá escapar de nosotros. Ya es nuestra.La miro. Está boca abajo, con el cabello revuelto, abrazada a mi almohada. Respira suave. Se le nota el cansancio.— Ya se durmió — dice Dante, en voz baja. Parece muy complacido, con una sonrisa tonta en la cara, acostado del otro lado de la cama sin camisa.— ¿Y si hacemos otra ronda? — dice el idiota de Dante, sin pensar. Siempre tiene que arruinar el momento con sus ocurrencias.Iván, que está sentado en el sillón frente a la cama, con los pantalones puestos pero sin camisa, lo fulmina con la mirada.— Nadie la toca más por esta noche — dice Iván desde el sillón, sin apartar la mirada de Hanna. Su voz es firme, de orden. — Tiene razón para
CAPÍTULO 25 - HANNA— Ahhh — gimió fuerte. Es una sensación placentera, puedo sentir todas las sensaciones a mil. Mi cuerpo no me responde, está temblando.— Silas, más, por favor — digo mientras mis manos se aferran a su espalda, arañando sin querer. Necesito anclarme a algo.— Joder, Hanna, no hagas eso, no quiero terminar tan rápido, ahora que voy empezando — me dice al oído, con la voz entrecortada, intentando controlarse. Siento un hormigueo extraño en todo mi cuerpo, una electricidad que no conocía.— Silas, creo que necesito ir al baño — digo, agitada, confundida por lo que estoy sintiendo. No entiendo qué me pasa.— Tranquila, pequeña, ya estás cerca — Silas aumenta sus movimientos, más firmes y profundos. Yo no sé qué es esto, pero siento algo raro, algo que crece y crece dentro de mí.— Ahh, Silas, espera, ¡Aaaah! — dejé casi gritando, con el cuerpo arqueado. Silas me calla con un beso profundo, dulce, mientras él también se tensa al igual que Iván. Siento lo mismo que antes,







