FAZER LOGIN—Listo— se mira en el espejo de cuerpo completo, había escogido un vestido negro con un escote en “V” en la espalda, dejando ver su perfecta piel, llevaba el cabello recogido en un moño, hace lucir su figura muy bien, toma su teléfono— voy saliendo ahora nos vemos— manda el mensaje a Pía que de inmediato su teléfono vuelve a sonar
—Yo también voy saliendo ya quiero ver a tu guardaespaldas— y termina su mensaje con un emoji de una carita riendo. Bianca elevaba los ojos al cielo, ya ni le contesta el mensaje a su amiga, no tenía caso. Toma un labial y lo pasa suavemente por sus labios, de nuevo se ve con aceptación. Toma su bolsa plateada, y sin pensar mucho mete su celular, y con paso decidido sale de su habitación, se sorprende de no verlo ahí, frunce el ceño, si era su guardaespaldas no debería estar en su casa, camina a la pequeña cocina pensando que tal vez ahí pudiera estar pero al entrar no hay nadie, regresa su vista, ahí sobre el sofá estaba la mochila que había dejado, en el respaldo de una silla se podía ver el saco negro y la corbata
—¿A dónde habrá ido?— toma sus llaves que ha dejado sobre la pequeña mesa junto a la puerta, si no estaba no era culpa suya, ella ya iba a salir, si no llegaría tarde y ella nunca llegaba tarde. Baja al estacionamiento y va por su mini Cooper, mira el Mercedes y sonríe, si se va lo tendrá por toda la ciudad buscándola y tal vez logré que lo despidan. Sonriendo con malicia sube a su auto y arranca, al salir a la calle lo ve en el parque, quisiera decirle adiós con la mano pero pareciera que sería demasiada burla, ve las señales que hace pero no sé detiene, no importa que su padre la regañe, no quiere tener a Dante De Luca detrás de ella todo el tiempo.
Bianca enciende su celular con su música, se siente feliz al ver como ha dejado a su guardaespaldas, aún puede ver si rostro de sorpresa, las luces de la ciudad comienzan a darle la bienvenida a lo que piensa que será una noche como todas las demás.
Dante mira a lo lejos el mini Cooper, por esto no quería aceptar, por estos desplantes de niña mimada, le daban ganas de en cuanto verla en el restaurante tomarla y ponerla en su regazo y darle las nalgadas que le habían faltado de niña, esto no volvería a pasar cuando saliera con ella tendría que llevarla esposada a él, pero por culpa de ella no perdería su trabajo, ve como se aleja un poco ese pequeño auto, y aprieta con más fuerza su puño, no podía creer que ella fuera tan inconsciente, ya en la tarde habían sufrido una consecuencia y ella se iba sin él, ¿Por qué tenía que salir de su departamento? Se preguntaba, ahora no estaría en estás, que tal que en el restaurante pasará algo donde él no estaría para protegerla…
Bianca al llegar al restaurante le entrega las llaves al valet parking para que lo lleve al estacionamiento del local, recibe su boleto que deja en su bolsa para no perderlo, mira su celular esperando que ya De Luca se halla ido a acusarla con su padre, pero al parecer no lo ha hecho, de seguro porque sabe que puede perder el trabajo, regresa de nuevo el celular a su lugar, el maestro de meseros la recibe con una enorme sonrisa
—Señorita Bianca su mesa está lista venga por aquí
—Muchas gracias— camina detrás de él hasta la mesa que siempre han reservado, junto a un ventanal por dónde se podía ver la calle, el pase de los turistas y de los autos. Mira la mesa y ve Pía que levanta su cuello queriendo ver detrás de ella a De Luca, Bianca sonríe, viendo a su amiga, hoy no será
—En un momento viene el mesero a tomar su orden, aquí está la carta— Bianca se sienta en frente de su amiga que la ve con incertidumbre
—¿Dónde está?— Bianca comienza a reír de solo pensar en la cara de su guardaespaldas dejado atrás— ¡Por Dios Bianca!— Bianca no presenta atención a las palabras de su amiga, hasta que mira su cara de admiración,— es un Thor por dios, solo que cabello negro,— Bianca la mira extrañada y voltea y atrás de ella estaba De Luca, su cara era de muy pocos amigos, sin la corbata y el sacó se ve más casual, se puede notar a través de su camisa blanca los perfectos bíceps, mira su pecho y está muy bien trabajo que se nota los fuertes pectorales que se elevan una tras otra como si estuviera agitado pero eso no es así está molesto se ve en su rostro que la mira con ganas de estragularla
—Pero ¿como está aquí?— le pregunta— ¿como supo dónde estaba?— el le da un maldito sonrisa que le molesta, era como si estuviera burlándose de ella en vez de ser al revés
—Hay señorita, ese es mi trabajo, soy como un perro que sigue el rastro— se acerca a decirle al oído— no lo intente otra vez o yo me encargo de castigarla— sus palabras le hicieron sentir una sensación a Bianca en su cuerpo, que sintió como se sonrojaba por completo, se movió incómoda en la mesa y tomo la copa de agua que tenía al frente
—Señor su mesa está lista— llega un mesero llevándolo a una mesa a tres pasos de Bianca de dónde la mira sin perder esa sonrisa burlona
—¡Oh Dios, todo él es increíble!— dice Pía soltando un suspiro y recargando su barbilla en su mano. Bianca suelta un resoplido, como era que estuviera ahí si lo había dejado atrás, este hombre si que era imposible dejar atrás, Bianca mira a su amiga molesta, pensaba que tendría una noche solo con su amiga como todos los viernes.
Dante la mira con una mirada burlona, ve que está completamente molesta y sin saber que paso, como era que había llegado ahí, pero eso nunca se lo aclararía sería su secreto.
—Bianca yo con él si dejo que me cuidé, que me dé las buenas noches y todas esas noches dejaría que durmiera en mi cuarto poniendo de pretexto que tengo miedo— Bianca eleva los ojos al techo, si era guapo y con excelente cuerpo que habían despertado cosas en ella que nunca había sentido, si pero no llegaría a ponerse bajo sus pies,— dime Santino ¿de dónde lo saco?
—No lo sé, ni me importa, Pía yo no quiero a ese hombre tras de mi todo el tiempo— su amiga sonríe, tomando su copa de vino blanco, no deja de verlo, ahí sentado viendo a su amiga y cuidando a todos
—Cuando lo dejes me lo pasas ¿no?— le saluda con la copa de vino con una sonrisa coqueta Bianca voltea para ver cómo el no responde a su saludo pero el muy descarado levanta el vaso con agua y le contesta a Pía
—Ya déjalo de ver, mejor cuenta ¿conseguiste la cita con el dueño del lugar?— se pone de frente a ella tapando a su guardaespaldas de la mirada coqueta de su amiga
—Si será el lunes a las tres de la tarde— entre platicas cenan pero Pía no deja de vez en cuando mirar a Dante. Al terminar de cenar las dos se levantan, Dante mira a Bianca y no puede creer que llevará ese pequeño vestido que le llegaba a media pierna, por dios y ese escote que se veían un poco sus perfectos pechos redondos, traga saliva, porque tenía que cuidar a ese mujer, sabía que era una mala idea aceptar, siempre había cuidado de empresarios, mueve la cabeza no debería estar pensando en ella de esa forma. Comienza a caminar detrás de las dos, mirando para todos lados que no hubiera ningún auto sospecho, Bianca y Pía entregan el boleto al joven del valet parking, Dante se mantiene cerca ignorando las palabras de las dos amigas
—Si va Javi, y lleva aún amigo que tal que ligas está noche Bianca— Bianca sonríe como iba a ligar con De Luca detrás de ella, sé sentiría incómoda
—Mejor otro día, hoy solo quiero ir a bailar— llegó el auto de Pía— yo te sigo va
—Si amiga— el joven le extiende las llaves a Bianca pero Dante se las quita de las manos antes que ella pueda tomarla
—Oiga que le pasa esas son mis llaves— le extiende la mano pidiéndoselas
—Yo manejó— va hasta la puerta del conductor— entienda que no volverá a irse sin mi a ningún lado
—No,— se cruza de manos—usted no entrara en mi auto— camina intentando quitarle las llaves pero el no lo permite— De Luca quiero mis llaves
—No pienso en dejarla ir a ningún lado sin mi, ya deje mi Mercedes en su casa porque dejé mis llaves dentro, por suerte traía para pagar el taxi— abre la pequeña puerta del mini Cooper— ahora sube a su auto o se quedará ahí toda la noche— Bianca suelta un resoplido, ese hombre era insufrible, y tendría que estar con él por sepa cuánto tiempo— usted decide señorita, pero otra vez no me lo hace— Dante se sienta en frente del volante sin mirar la cara roja de Bianca por el coraje de no poder hacer su voluntad. Comienza a sonar el claxon de un auto que viene llegando al restaurante,
—Señor puede mover el auto
—No hasta que ella suba— contesta Dante mirando al frente y con los brazos cruzados, Bianca desesperada por el ruido del claxon suelta un suspiro,
—Señorita— dice el joven con suplica
—Ya está bien— Dante sonríe al ver cuándo abre la puerta de su auto, está contento que su berrinche no llego hacer nada nota que está molesta; tenía que aprender que con él no iba a jugar.
—Póngase el cinturón de seguridad— dice al introducir la llave en el auto y encenderlo, de mala gana se pone el cinturón, y sin mirar se cruza de brazos. Bianca al entrar su auto habia sido invadido por el perfume de De Luca, era un perfume fuerte pero a la vez suave y muy masculino. Por Dios esperaba que pronto terminará todo porque temía caer en los brazos de ese hombre que hacía sentir tantas cosas “No te puedes enamorar Bianca” se repite como mantra una y otra vez. Durante el trayecto el silencio en el auto se hizo muy pesado, Bianca abrió la ventanilla, no quería seguir inundada con el perfume de él, al doblar la esquina ve que por fin el antro con varias personas esperando entrar, respira por qué al fin dejará su auto, se estaciona algunos metros atrás, al verse libre sale en busca de su amiga que ya está afuera esperándola;
—¿Qué pasó?— le pregunta mirando a Bianca con su rostro molesto
—Nada mi niñera no me dejó conducir— dijo en tono burlón, mira para atrás quiere ver la expresión de Dante que la mira con dureza— creo que me va a acusar con mi papá porque me estoy portando mal— Pía soltó una risita que fue callada con un gruñido de Dante
—Vamos a entrar— dice su amiga que toma su muñeca, al irse acercándose se detiene un poco esperando que las dejen pasar, al tener la oportunidad Dante se acercó a susurrarle al oído
—No yo no le diré a su padre, pero me daría mucho gusto darle sus buenas nalgas señorita…— Dante sonrió con diversión al ver la expresión que tiene ella al escuchar sus palabras, y sabia que no debió decirle eso porque una parte de él salto de solo imaginarlo…
Los días pasaron muy rápido a Sophie le habían dado el alta y ahora estaba en casa de Dante jugando feliz con Angello que al verla corrió feliz a su encuentro, Dante estaba abrazando a Bianca y disfrutando el sonido de las risas de los niños, la mamá de Anabella fue junto a su nieto habían sido tres días sin verlo que tenía planeado en cuanto lo viera le daría los besos que no había recibido estos días, —¿Estas feliz?— Bianca le acarició su mejilla con ternura, el la miro como siempre con amor, —Si, estoy muy feliz— todo había cambiado tanto, ya no era ese hombre que buscaba a las mujeres para satisfacer sus necesidades, no porque ahora estaba completo con Bianca, su otra mitad,— te tengo a ti, ya está aquí mi hija, sabes se parece tanto a mi mamá— Bianca sonrió— está conmigo Angello que haré un hombre de bien, —Te creo— acarició su cabello— mi amor, organice una pequeña reunión para darle la bienvenida a Sophie, no te molesta —Por supuesto que no, así ella va ir conociendo a la
¿Te gusta la pizza?— Bianca estaba en la cocina junto a Ágata mirando al pequeño Angello comer con gusto la rebanada de pizza de pepperoni que él había pedido—Si señorita— dijo con la boca llena, Bianca sonrió al ver al niño comer bien—Dime Bianca Angello— le dijo dulcemente al pequeño que sonrió— toma aquí está una rica agua de naranja— tomo el vaso con gusto y le dio un gran trago— como Angello— dijo al separarse para ver hablar con Ágata, estaba preocupada por la Sophie que había pasado para que llegará al hospital— ha llamado Dante Ágata—No niña Bianca, espero no sea nada grave— eso mismo deseaba Bianca, miro la ropa sucia de Angello, no tenían con que cambiarlo si querían que se diera un buen baño —Hay que limpiar tres habitaciones Ágata— asintió— y hay que comprar algo de ropa para Angello y Sophie…— comenzó a sonar el timbre de la puerta—Ahora regreso niña Bianca— Bianca sonrió porque no podía decirle solamente Bianca, regreso junto a Angello que estaba feliz comiendo—Do
Dante sintió un golpe en la boca del estómago, su hija, la niña que estaba buscando la tenía ahí cerca, en ese hospital pero enferma, ¿Qué podría tener para la llevarán al hospital? ¿Sería grave? Fueron las preguntas que se formulo en la cabeza, sin saber en qué momento comenzó a sentir como las lágrimas rodaban por su rostro, y de pronto sintió la mano de Bianca sobre su hombro, sentirla fue grato para él, porque sintió que estaría a su lado, le agradeció con la un gesto en la cabeza y de nuevo miro a Angello que estaba mirándolos a los dos— ¿Qué tenía tu hermanita?— el niño levantó los hombros en señal que no sabía—No sé, mi abu dijo que tenía mucha fiebre—¿Dónde está ella?— le pregunto tragando el nudo en la garganta, tenía que calmarse, no podía ver el panorama negro—Por ahí— dijo señalando atrás de él— ven te llevo— Dante tomó la mano de Angello que lo llevo por el pasillo por dónde había venido y al final dieron vuelta a la izquierda y siguieron el pasillo hasta que llegaron
Santino había logrado salir del país con su pasaporte falso, con el que había estado saliendo para ir a ver a Bianca que estaba en España, estando ya fuera de Italia, se enteró que su empresa estaba ya en la quiebra, la mayoría de los contratos se habían roto, porque nadie quería trabajar con él, no querían que lo relacionarán con él, también le habían mandado su despido del senado y aparté ya se había interpuesto una denuncia por la muerte de su primera esposa, así que el nombre de Santino Palmieri estaba ya marcado y tendría que parecer que había muerto, cerró el portátil, y antes de salir de la habitación del hotel se miro en el espejo, en cambio de color de cabello le había quedado bien. Sonrió pensando en la casa que visitaría, dónde comenzaría su nuevo negocio, tenía claro que debía manejar un perfil bajo, y sobretodo no saliera su asentó italiano, nadie podía saber dónde podría encontrarlo, y de eso estaba seguro porque casi nadie conocía su otro nombre, daba gracias a su madre
El día había llegado para Santino, el que tanto había esperado, con el que había soñado toda su vida, ser nombrado el candidato oficial del partido social democrático a la presidencia. Después que Sandro dejará que De Luca se la quitará, no sabía nada de él y era mejor, estaba harto de escuchar sus lloriqueos, no había sido lo suficientemente hombre para lograr que Bianca se volviera a enamorar de él, no había logrado estar con ella y hacerle creer que ese engendro que crecía en el vientre de su hija fuera de él y no De Luca, había llamado antes de ir a Lucca y la mujer de servicio le había confirmado que Sandro estaba en casa con una botella en mano y muchas pastillas en la mesa, al escuchar eso Santino estaba convencido que Sandro había vuelto a consumir, el niño no tenía control, pero eso sirvió para sus planes, si no había hablado con su papá lo tenía en sus manos, tendría su apoyo incondicional en las elecciones internas y mientras los demás militantes lo vieran tenía el votó de
Bianca no podía creer lo que escuchaba, ¿siempre había buscado su bien?, Pero cuál era su bien en obligarla a casarse con Bruno, dónde estaba su bien alejarla del único hombre que la amaba, que siempre estaba buscando su bien, que de bien tenía entregarla en las manos de Sandro que había sido el primero en abusar de ella, aunque tenía que reconocer que está vez en España se había comportado bien. Todo lo malo que le había pasado últimamente era su culpa, el abuso de Bruno había sido porque lo tenía amenazado con unas fotografías, y ahora lo dudaba que existiera, porque eran socios en los negocios sucios, si no hubiera estado coludido con ellos tampoco hubiera comenzado con las amenazas que eran a su persona— por eso vengo a pedir que favor no me denuncies— dijo Santino, y para Bianca todo quedó estaba quedando claro comenzó a re







