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last update Tanggal publikasi: 2026-09-14 04:58:26

Arrojó de nuevo el teléfono sobre la mesa de cristal que tenía a su lado, como si quisiera deshacerse de algo pegajoso que se hubiera adherido a su piel. El aparato golpeó suavemente la superficie y vibró durante un instante antes de quedar inmóvil. La pantalla iluminada se apagó poco a poco, dejando en el aire un tenue rastro de resplandor azulado.

Las dos mujeres se habían instalado en la habitación de Reem, dentro de su ala privada del palacio, un espacio más adecuado para preservar la salud de su cuerpo mientras se preparaba para la siguiente etapa. La luz blanca de la lámpara auxiliar se derramaba sobre los muebles con una frialdad metódica, sin aportar verdadero calor. Todo parecía demasiado ordenado: el lujoso sofá de cuero gris, la mesa de cristal, sobre la que solo reposaban el teléfono y un vaso de agua medio lleno, y una pesada cortina que apenas se movía pese a que la ventana estaba entreabierta.

Su amiga Hala no se había movido de su sitio. Solo inclinó ligeramente la cabeza; sus ojos seguían fijos en la pantalla del teléfono después de reconocer el nombre que había aparecido por décima vez en cuestión de minutos.

Preguntó con voz tranquila, cargada de esa clase de curiosidad que se disfraza de indiferencia:

"¿Por qué la ignoras?"

Reem no se volvió hacia ella de inmediato. Estaba ocupada con otra cosa... algo dentro de su cabeza mucho más ruidoso que el timbre insistente. Sus dedos jugueteaban con el borde de su pulsera de oro, moviéndola lentamente, como si estuviera poniendo a prueba su equilibrio entre dos decisiones.

Luego dijo, sin mirarla:

"Una mujer demasiado habladora... Sé lo que va a decir. Quiere dinero."

Su amiga soltó una breve carcajada, poco convencida, y se inclinó ligeramente hacia delante, apoyando el codo sobre su rodilla.

"Y aun así, ¿diez llamadas en cinco minutos? Eso no es solo una petición de dinero... Es insistencia."

"Me persigue desde hace una semana. Cada vez que respondo, es la misma historia... una petición, una queja y luego dinero."

Su amiga no quedó del todo convencida, pero cambió el ángulo de su ataque.

"¿Qué hay de la nueva doctora? He oído que viene de Inglaterra una vez al mes."

El ambiente cambió ligeramente al mencionar aquel nombre. No porque el nombre fuera importante por sí mismo, sino por todo lo que lo rodeaba. Los rasgos de Reem se relajaron un poco y en sus ojos apareció ese destello que no se parecía del todo a la indiferencia... sino más bien a la expectación.

"Esta vez soy optimista con ella..."

Hizo una pausa antes de continuar:

"Creo que es diferente... Todo el mundo habla de su genialidad en el campo de la fertilidad."

"Todo el mundo dice muchas cosas..."

Lo dijo con calma y, después de un instante, añadió:

"Pero lo extraño es que todos los que la elogian lo hacen con el mismo entusiasmo... Como si no estuvieran hablando de una doctora, sino de una oportunidad."

Reem no respondió de inmediato. En lugar de hacerlo, volvió la mirada hacia la ventana entreabierta. El aire no entraba realmente, pero daba la impresión de estar allí. La pesada cortina se movía de forma casi imperceptible, como si se hinchara lentamente.

Recibió una notificación de un mensaje de voz, acompañada de un breve texto procedente del mismo número. Esta vez no pudo ignorarlo, porque toda su concentración y sus sentidos quedaron atrapados en aquel mensaje, en un sueño que deseaba poder tocar.

"Alégrese, señora. Por fin será madre."

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