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last update Tanggal publikasi: 2026-09-14 04:58:36

"Asia, hija mía, ¿estás bien?"

La señora, madre de Asia, pronunció aquellas palabras presa del pánico, que había quedado dibujado en sus facciones ya ligeramente arrugadas. Se apresuró a estrecharla entre sus brazos con fuerza; durante la última media hora, su corazón había estado a punto de salírsele del pecho, especialmente después de que la enfermera la llamara para pedirle que acudiera de inmediato, sin explicarle el motivo.

Lo primero que había pensado era que algo malo le había ocurrido a su hija y que esta se lo había ocultado para no preocuparla.

Asia la abrazó y le dio unas palmaditas en la espalda.

"Mamá, estoy bien... No te preocupes. Siéntate, por favor. La doctora quiere contarme algo que cambiará mi vida y prefirió que estuvieras a mi lado para escucharlo."

La madre repartió miradas desconfiadas entre su hija y la doctora. Esta última asintió hacia ella con una sonrisa temblorosa, intentando tranquilizarla con las palabras que sabía que necesitaba escuchar.

"No hay motivo para preocuparse, señora. El asunto es sencillo... Solo ha ocurrido un error. Se lo explicaré y le ruego que intente comprenderlo con sensatez."

La doctora intentó mantener la compostura y controlar su nerviosismo ante la posibilidad de que la situación se agravara, especialmente después del mensaje de advertencia que había recibido del director:

"¿Ha llegado la paciente? Contén la situación como sea. Cualquier escándalo podría destruir por completo la reputación del centro."

"¿Qué error?"

Le tendió la carpeta amarilla, bastante gruesa, como si realmente comprendiera los términos médicos escritos en su interior. Quizá aquello reforzaría su sensación de credibilidad y conseguiría que entendiera la situación sin provocar problemas. Porque, si algo ocurría... todo el centro acabaría derrumbándose sobre sus cabezas.

"Hace dos meses, la señorita Asia fue sometida por error a una intervención. No sé exactamente cómo se produjo la confusión ni cómo fue anestesiada, pero lo único que sé, y lo que puedo suponer, es que hubo una mezcla entre su historial médico y el de otra paciente."

Guardó silencio mientras observaba el efecto que sus palabras tenían sobre ellas, dándole tiempo suficiente para asimilarlas. La señora negó lentamente con la cabeza, completamente confundida.

"No entiendo nada... ¿Qué está pasando aquí?"

"Por favor, no se preocupe, señora. Se lo explicaré... Lamentablemente, la intervención mencionada era un procedimiento relacionado con problemas de fertilidad, una fecundación... Y el resultado es que la señorita Asia está embarazada de dos meses."

La mujer se quedó con la boca abierta y clavó la mirada en su hija, quien bajó los ojos como si temiera enfrentarse a ella. Luego negó con la cabeza...

La madre rompió a llorar de inmediato.

"¿Qué? ¿Embarazada? ¿Embarazada sin estar casada?... Mi hija nunca se ha casado. ¿Cómo ha ocurrido esto? ¿Cómo?"

"Mamá, la intervención no distingue entre una mujer casada y una que no lo está... Quiero decir que también puede realizarse en una mujer virgen y tener éxito."

La doctora volvió la mirada hacia el informe y habló con profesionalidad mientras sus ojos recorrían el expediente.

"En el caso de la señorita Asia, me sorprende todo esto, y no por una sola razón, sino por muchas. Para empezar, el procedimiento tuvo éxito con una facilidad sorprendente, como si su útero hubiera estado preparado para ello. Y lo más extraño es que continuó con su vida cotidiana sin que nada afectara al embarazo."

Dejó la carpeta a un lado y continuó mientras entrelazaba las manos.

"Pero hay algo que despierta mis sospechas..."

Guardó silencio durante unos segundos y carraspeó suavemente.

"Que la muestra había sido preparada una semana antes de la intervención. ¿Sabías algo aquel día, Asia?"

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Con pasos ágiles y seguros, Reem pasó rápidamente del primer piso al segundo, dirigiéndose concretamente al despacho de su querido esposo. La secretaria personal de Mazen la recibió con una cordialidad exagerada.

Reem le dedicó una sonrisa altiva, pero sus ojos se quedaron paralizados al reparar en el vientre claramente abultado de la joven.

"¿Estás embarazada?"

La muchacha se puso nerviosa y respondió con rapidez, tartamudeando ligeramente:

"Sí, pero todavía estoy en el cuarto mes. Mi salud es buena y cumplo con mi trabajo a la perfección, sin descuidar nada."

Reem comprendió su nerviosismo. Una sonrisa pálida y sarcástica se dibujó en sus labios finos, cubiertos por un tono de maquillaje intenso. Con la mirada perdida, le preguntó:

"¿El embarazo es agotador? Quiero decir, ¿qué se siente al llevar una vida dentro de tu vientre, moviéndose y respirando... Es una sensación hermosa, ¿verdad?"

"Sí, por supuesto. La maternidad es lo más sublime que existe."

Entonces comprendió que llevaba demasiado tiempo de pie y que también la había observado durante demasiado tiempo. La joven lo encontró extraño. ¿Desde cuándo la señora Reem hablaba siquiera con ellas? Normalmente se limitaba a dedicarles breves miradas, siempre acompañadas de aquella arrogancia que había aprendido a disculpar; cualquier mujer en su posición haría lo mismo, o incluso más... Realmente la envidiaba.

No sabía que era precisamente Reem quien la envidiaba en lo más profundo de su mente.

Se apartó de ella y llegó hasta la puerta del despacho. Respiró hondo antes de entrar, dibujando en su rostro una amplia sonrisa...

Una sonrisa que se congeló de inmediato sobre sus labios, al igual que sus dedos sobre el pomo de la puerta, al ver aquello que había provocado que su estómago se contrajera.

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