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En esta vida no tengo corazón para amar
En esta vida no tengo corazón para amar
Autor: Luna Serena

Capítulo 1

Autor: Luna Serena
Mía Suárez, no creas que porque me han obligado a casarme contigo por tus méritos en el ejército, voy a amarte. Te lo advierto, ¡eso nunca va a pasar!

Y durante diez años seguí escuchando esas palabras y esa voz cargada de desprecio.

Ahí estaba él, en la plenitud de su juventud, Adrián Rivas, de pie frente a mí, vestido con su uniforme militar, radiante, con esa mezcla de arrogancia y firmeza que lo caracterizaba.

Sin embargo, su tono de voz, llevaba esa ironía que tantas veces me había herido.

No estaba muerta, había regresado diez años atrás. Contuve las lágrimas y lo miré sin pestañear. Durante diez años soñé con ese rostro… diez años añorando verlo una vez más.

—Sé que la mujer que amas es Clara Montiel. Y sé que es a ella a quien realmente quieres como esposa, ¿verdad? —le dije con calma.

Adrián frunció el ceño, y con una mirada de alerta y desconfianza me contestó:

—¿Y qué importa si lo sabes? Te lo advierto, Mía, más te vale no intentar nada a mis espaldas. Yo…

—Los dejaré estar juntos —lo interrumpí.

Él me miró fijamente por un instante y con una risa sarcástica me dijo:

—No tengo tiempo para seguir escuchando tus tonterías. Aquí están los papeles, fírmalos, el comandante necesita archivarlos hoy.

Me tiró los documentos, se dio media vuelta y se fue.

Lo vi alejarse y sentí una punzada en el pecho, como si hubiera sido atravesada por una daga.

En mi vida anterior, lo amé con toda el alma. Tan solo porque una vez arriesgó su vida por mí, creí que también me amaba.

Hasta sus padres me decían:

—Nuestro hijo no es muy cariñoso, tampoco se expresa mucho, pero su corazón es muy tierno. Acaso si no te quisiera, entonces ¿porqué habría arriesgado su vida para salvarte?

Pero después de casarme, entendí cuán equivocada estaba.

Cuando Clara Montiel se quitó la vida, Adrián pidió de inmediato su traslado a la frontera, dejándome sola por diez años. Diez años de soledad, desprecio y arrepentimiento… hasta convertirme en la mujer más odiada por todos.

Aún recuerdo el día que lo visité en secreto, estaba ebrio, hablando con su compañero.

—Nunca debí casarme con Mía. No debí escuchar a mis padres, y menos aún … debí dejar sola a Clara cuando más me necesitaba. Me arrepiento tanto…

Y esas últimas palabras, antes de morir, pidiéndome que no lo buscara nunca más, fueron el golpe final.

Diez años amándolo… y durante esos mismos diez años, yo también había sido su tormento. Él no debió conocerme nunca.

Pero esta vez, Dios o el destino me ha dado la oportunidad de comenzar y corregirlo todo nuevamente. No volveré a dejar que muera por mí. Cumpliré su deseo… y así saldaré la deuda de aquella vida en la que me salvó.

Después que lo haga, cada uno tomará su propio camino. Y en lo que me quede de vida, no volveré a cruzarme con él.

Recogí los documentos del suelo y, en el espacio donde debía escribir mi nombre, escribí dos palabras: “Clara Montiel”

Luego, con el corazón tranquilo por primera vez en años, caminé hasta la puerta y me preparé para subir al coche.
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