ホーム / Mafia / Entre sombras y latidos / Capítulo 87: Los Monólogos de la Verdad

共有

Capítulo 87: Los Monólogos de la Verdad

作者: Pax-Darkengel
last update 公開日: 2025-11-17 00:42:40

La luz de la tarde se filtraba por la ventana de la habitación de hospital, bañando la figura inmóvil de Tomás en un tono dorado y triste. Alma tomó su mano, ya sin vendas pero aún pálida y flácida, y comenzó su ritual diario de confesiones.

“Hoy quiero contarte cosas que no estaban en tus informes, Tomás. Cosas que solo yo sé.”

Su voz era diferente ahora. Ya no tenía el filo cortante de las primeras semanas, sino la textura áspera de quien está reconstruyendo su verdad piedra por piedra.

“Empe
この本を無料で読み続ける
コードをスキャンしてアプリをダウンロード
ロックされたチャプター

最新チャプター

  • Entre sombras y latidos   Capítulo 90: Un Parpadeo en la Oscuridad

    Las semanas se habían acumulado como capas de sedimento, cada una depositando su propia mezcla de esperanza temerosa y resignación aprendida. El ritual del cuaderno azul se había vuelto tan fundamental para mi equilibrio como respirar. Era el ancla que me mantenía cuerda, el cordón que me ataba a ti, a la posibilidad de un mañana que a veces sentía tan distante como las estrellas muertas cuya luz aún vemos.Hoy, sin embargo, el aire de tu habitación olía diferente. No era el olor metálico de la medicina o el aroma agresivo del desinfectante. Era el olor del cambio. La Dra. Valenzuela me lo había advertido. "Hoy comenzamos a reducir lentamente el pentobarbital, Alma," me dijo esta mañana, sus ojos cansados pero serios. "Es un proceso delicado. No esperes milagros. El cerebro se ha estado reparando en la oscuridad y el silencio. Ahora tenemos que ver qué queda de la casa después del incendio. Y, sobre todo, paciencia. Puede que no responda de inmediato. O puede que no lo haga nunca de l

  • Entre sombras y latidos   Capítulo 89: El Umbilical de Papel

    El cambio no fue una decisión consciente, sino una evolución natural, como el cauce de un río que encuentra una grieta en la roca y decide fluir por ella. Hoy, sentada en mi incómoda pero familiar silla de vinilo junto a tu cama, abrí la boca para nuestro monólogo de siempre y las palabras se amontonaron en mi garganta. Un enjambre desordenado de confesiones, observaciones banales y recuerdos afilados que se negaban a salir. Hablar de pronto me pareció insuficiente, casi frívolo. Mis palabras, al ser pronunciadas, se disolvían en el aire estéril, absorbidas por el zumbido de los ventiladores. Necesitaba algo tangible, algo que tuviera peso, que permaneciera. Necesitaba un artefacto.Al día siguiente, llegué con un cuaderno de tapa dura, de un azul nocturno y profundo, y mi vieja pluma fuente, esa que Claudia me regaló hace años y cuyo peso equilibrado siempre me ha producido una sensación de solemnidad. Esto no era la tableta fría del Servicio con sus informes cifrados. Esto era un te

  • Entre sombras y latidos   Capítulo 88: La Red de Apoyo

    El departamento seguro comenzaba a parecerse, lentamente, a un hogar. No por los muebles funcionales ni las paredes anónimas, sino por los rastros de vida que dejaban sus visitantes. Un suéter olvidado de Claudia sobre el sillón, la marca de un labial de Andrea en el borde de una taza, el informe oficial que Roxana dejaba abierto sobre la mesa del comedor como un gesto de confianza deliberada. Eran marcas de normalidad, de una red que se tejía a su alrededor, sosteniéndola en la quietud aterradora que seguía a sus visitas al hospital.Claudia era la primera línea, la amiga que no necesitaba de palabras. Llegaba los martes y jueves con ollas de comida que olían a ajo, cebolla y comino, los aromas de su infancia compartida. No hablaban de trauma o de tribunales. Hablaban de pacientes, de lo absurdo de la burocracia hospitalaria, de la última serie de televisión que Claudia insistía en que Alma debía ver.“Te traje lentejas,” anunciaba, colgando su abrigo y tomando posesión de la pequeña

  • Entre sombras y latidos   Capítulo 87: Los Monólogos de la Verdad

    La luz de la tarde se filtraba por la ventana de la habitación de hospital, bañando la figura inmóvil de Tomás en un tono dorado y triste. Alma tomó su mano, ya sin vendas pero aún pálida y flácida, y comenzó su ritual diario de confesiones.“Hoy quiero contarte cosas que no estaban en tus informes, Tomás. Cosas que solo yo sé.”Su voz era diferente ahora. Ya no tenía el filo cortante de las primeras semanas, sino la textura áspera de quien está reconstruyendo su verdad piedra por piedra.“Empezaré por el principio. Por el primer día en la clínica. Recuerdo el silencio más que cualquier otra cosa. Un silencio almohadillado, de paredes acolchadas y moqueta gruesa. Y ese olor... a limpio, a estéril, pero con una dulzura debajo que resultaba obscena. Como si quisieran perfumar el miedo.”Sus dedos acariciaron suavemente el dorso de su mano.“Lo peor no fue darme cuenta de que estaba atrapada; fue darme cuenta de que mi celda era hermosa. Que cada lujo—las sábanas de algodón egipcio, la v

  • Entre sombras y latidos   Capítulo 86: Dos Convalecientes

    El departamento seguro era una cápsula de silencio suspendida en un edificio anónimo. No había barrotes en las ventanas, ni guardias en la puerta, ni el zumbido omnipresente del sistema de climatización de la suite. El silencio, tan anhelado durante meses, resultó ser un amplificador brutal de los ecos que resonaban en su cabeza. Alma pasaba las noches acurrucada en el sofá, con el calor de Wilson presionándole las piernas, escuchando el latido de su propio corazón y el runrún de la nevera, que en sus peores momentos se transformaba en el sonido del respirador de Tomás.Su cuerpo se recuperaba con la obstinada resiliencia de la juventud. Las magulladuras se desvanecían, el peso perdido comenzaba a regresar gracias a la comida reconfortante que Claudia le llevaba y que ella a menudo apenas probaba. Pero su mente era un campo de batalla minado. El más mínimo estímulo podía detonar una explosión de pánico que la dejaba temblando, sin aliento, con el pecho oprimido por una banda de acero.

  • Entre sombras y latidos   Capítulo 85: El Precio

    El silencio de la sala de espera de la Unidad de Cuidados Intensivos era una entidad viva. No era la ausencia de sonido, sino una presencia pesada, compuesta de suspiros de máquinas lejanas, del roce de unas zapatillas contra el linóleo brillante y del latido acelerado de Alma, que resonaba en sus propios oídos como un tambor de guerra. Llevaba horas allí, encogida en una silla de plástico duro, con la misma ropa holgada y anónima que le había dado Roxana. La sangre de Tomás, una mancha oscura y cruenta en el tejido gris de la manga, se había secado hacía rato. No había permitido que se la quitaran. Era un recordatorio, un estigma, la última parte de él que la tocaba.El enfrentamiento en la suite era un caleidoscopio de recuerdos fracturados en su mente. El destello cegador. El cuerpo de Tomás, interponiéndose entre ella y la bala destinada a su corazón. No había sido un movimiento heroico y elegante, sino una caída torpe y desesperada, un último acto de un instinto que había superad

続きを読む
無料で面白い小説を探して読んでみましょう
GoodNovel アプリで人気小説に無料で!お好きな本をダウンロードして、いつでもどこでも読みましょう!
アプリで無料で本を読む
コードをスキャンしてアプリで読む
DMCA.com Protection Status