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Las manos

last update publish date: 2026-09-19 02:25:06

*CAPÍTULO 18

Son las 4:17 AM. Terminó.

Conté los rifles. 40. Todos alineados. Mal limpiados 2 de ellos, pero los hizo. Con el hombro abierto, con las manos cortadas, sin dormir.

Elara está sentada en el suelo de la armería. Con la espalda contra la pared de metal. Tiene los ojos cerrados. No está dormida, está ida.

Me acerqué. No me escuchó entrar.

"Voss." "Elara".

No contestó.

Le toqué el hombro bueno. Pegó un brinco. Me miró como si fuera un titán. Con miedo. De mí.

Me agaché. Le agarré las manos. Las tiene destrozadas. Cortadas por el metal de los rifles. Llenas de aceite y sangre seca.

"¿Qué haces?" me dice en voz bajita.

"Te dije que el 12 y el 23 estaban mal."

"No puedo más, Capitán. Por favor."

Y ahí se me rompió todo.

Saqué el botiquín que traía escondido en la chaqueta desde las 11 PM. Desde que vi la primera cortada y no hice nada.

Le empecé a limpiar las manos. Con alcohol. Le ardió. No se quejó. Solo apretó los dientes y me clavó las uñas en la muñeca.

"Elara..."

"¿Sí me cree?"

Me quedé callado. Le seguí limpiando. Una cortada, otra, otra. Diez en total.

"Los seis dijeron lo mismo," le dije. Es la única defensa que tengo.

"Mi hermana me agarró del chaleco. Yo la agarré del brazo. Me dijo 'no me sueltes'. Y yo no la solté, Capitán. Me la arrancaron. Me la arrancó el titán y me abrió el hombro de la fuerza. ¿Usted cree que yo la solté?"

Me enseñó el hombro. El vendaje está negro de lodo y sangre. Se lo quité. La herida es una garra. No es un rasguño. Es un desgarre de 15 centímetros de alguien que jaló con todo lo que tenía.

Un hombre que suelta no termina así.

Me quedé mirando la herida. Y luego la miré a ella. Con la cara sucia, con el pelo pegado por el sudor, con los labios partidos.

Quise besarla. Quise pedirle perdón ahí mismo. Quise cargarla hasta la enfermería.

Pero si lo hago, admito que mi General mintió. Y si mi General mintió, yo dejé que mataran a Jana.

No puedo.

Le terminé de vendar las manos. Le vendé el hombro. Le puse mi chaqueta encima porque está temblando.

"Descansa 3 horas. A las 7:30 en el patio. Correremos 20 kilómetros con peso. Quiero ver si mañana sí limpias bien un rifle."

Se me quedó viendo con odio. Con ese odio que me gusta más que su llanto.

"Sí, mi Capitán."

Me levanté. Me fui. No volteé.

Porque si volteaba, la iba a abrazar. Y si la abrazaba, ya no iba a poder odiarla.

Y necesito odiarla un poco más. Solo hasta que averigüe quién de los seis mintió primero, aún que había a alguien que no podía desafiar.

Afuera de la armería, me recargué otra vez en la pared. Saqué la lista de los seis nombres que fueron con ellas.

Mañana voy a interrogarlos de nuevo. Uno por uno. Pero esta vez sin el General presente.

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