ログイン~MINA~Artem estacionó frente al local y, cuando bajamos del auto, me llevó hasta la puerta y con un gesto de su mano la señaló.—Ábrela.Busqué la llave en mi bolso, la saqué y durante unos segundos me limité a mirarla. Era una llave cualquiera, pequeña, de metal, pero de repente me pareció que pesaba mucho más de lo que debía. Me costaba concebir la idea de que aquel lugar podía convertirse en algo mío.Introduje la llave en la cerradura y abrí.El local estaba vacío. No había muebles, ni decoración, ni mesas, ni letreros. Solo un espacio amplio, limpio, con ventanales al frente y una zona al fondo que claramente podía adaptarse para una cocina.Entré despacio, mirando alrededor, y cuanto más avanzaba más rápido empezaba a trabajar mi cabeza.—Aquí podría ir la cocina —dije, señalando hacia el fondo—. Pero tendría que ser grande. Si voy a hacer comida mexicana de verdad, necesito espacio.Artem caminaba un paso detrás de mí.—Entonces será grande.—Y aquí podrían ir las mesas.Camin
Varios días después...~MINA~—Todavía no entiendo por qué no quisiste decirme adónde veníamos.Artem levantó la vista del menú con toda la calma del mundo.—Porque si te lo decía, dejaba de ser una sorpresa.Fruncí el ceño.—Eso confirma que estás tramando algo.—Siempre estoy tramando algo.—Sí, pero normalmente incluye armas, rusos malhumorados o gente que termina golpeada. Esto es diferente.La comisura de su boca se elevó apenas.—Solo disfrútalo.Habíamos dejado a Emiliano en casa de Alessia y Maksim para otra pijamada con Valentina y los gemelos, y yo había asumido que Artem simplemente quería aprovechar que estábamos solos para salir a cenar. Nada raro. Una cita, supuse. Algo que todavía me resultaba extraño llamar así cuando apenas un mes atrás nos habíamos casado convencidos de que nuestro matrimonio sería solamente un trato.El problema era que Artem llevaba toda la noche actuando sospechosamente, como si supiera algo que yo no.Lo observé mientras volvía al menú y decidí n
~MINA~—Oye, mira. Ya soy tan peligrosa como ustedes —dije y bajé el arma con una sonrisa orgullosa después de revisar la última serie de disparos.Todos habían dado en el blanco y, aunque todavía no podía presumir de precisión perfecta en cualquier situación, ya no era aquella mujer que sujetaba una pistola con demasiada fuerza y cerraba un ojo esperando no fallar por completo.Artem se acercó por detrás, miró el papel agujereado y después me miró a mí con esa expresión suya que siempre parecía debatirse entre felicitarme o fastidiarme.—No exageres, mexicana.—Todos dieron en el blanco, güero.—Me di cuenta.—Entonces admítelo.Artem cruzó los brazos.—Eres peligrosa.Sonreí, satisfecha.—Gracias.—Principalmente para mi paciencia.Le lancé una mirada de pocos amigos y él soltó una risa. Los últimos días habían sido así entre nosotros. Todo se sentía más sencillo desde que habíamos dejado de fingir que nuestro matrimonio era únicamente un acuerdo y empezado a comportarnos como lo qu
~MINA~—Entonces, ¿qué van a hacer exactamente? —pregunté mientras Artem y Maksim terminaban de hablar de unas bodegas que iban a inspeccionar.—Revisar inventario, seguridad y algunas cosas más —respondió Artem—. Nada interesante.—Para ti todo lo que no incluya disparos es aburrido.—No dije eso.—Pero seguramente lo pensaste.Maksim soltó una risa mientras Alessia me miraba divertida. Emiliano ya estaba inquieto por irse con Valentina y los otros niños, y yo tenía previsto entrenar un rato después del almuerzo, así que en realidad todos habíamos terminado allí por cosas distintas.Durante unos minutos hablamos con normalidad, hasta que llegó el momento de separarnos y Artem dio un paso hacia la salida junto a Maksim.Yo lo miré. Él me miró. Y, por un instante, pareció que los dos olvidamos cómo despedirnos.En privado ya no teníamos ese problema. Nos besábamos cuando queríamos, nos tocábamos sin pensar demasiado y la noche anterior habíamos dormido juntos otra vez. Pero hacerlo del
~ARTEM~—¡No vale esconderse detrás del sofá!—¡Sí vale!La voz de Emiliano salió amortiguada desde algún lugar de la sala y tuve que contener una sonrisa mientras fingía no saber exactamente dónde estaba.El departamento olía a chile, cilantro, cebolla, comino y algo que Mina había puesto a cocinar hacía rato, y desde la cocina llegaban el ruido de los utensilios, el sonido de los cajones abriéndose y cerrándose y alguna que otra advertencia para que Emiliano tuviera cuidado y no rompiera nada.Antes me habría molestado tener tanto ruido alrededor. Me gustaba el silencio, que cada cosa estuviera en su sitio y regresar a un lugar donde nadie preguntara nada ni interrumpiera mis pensamientos. Ahora había juguetes esparcidos por todos los espacios, un niño riendo y gritando por los pasillos, una mujer ocupando mi cocina como si siempre hubiera pertenecido ahí y toda la casa oliendo a comida mexicana.Lo extraño era que ya no recordaba por qué había disfrutado tanto del silencio.Me acer
~MINA~ Desperté despacio, todavía medio enredada entre las sábanas, con esa pesadez agradable que deja una noche demasiado intensa y una sensación de tranquilidad que tardé unos segundos en identificar. La habitación estaba en penumbra y, por un instante, mi cabeza quiso llevarme directamente a la mañana después de nuestra boda, cuando había despertado sola en la cama de Artem y él ya se había marchado. Esta vez no. Artem seguía ahí y estaba acostado a mi lado, de medio lado, con el rostro relajado y una mano envolviendo mi cintura. Dormido se veía distinto. Menos intimidante. Menos mafioso. Casi normal, si uno podía llamar normal a un hombre enorme, tatuado y capaz de matar a alguien sin pestañear. Me quedé observándolo más de la cuenta, recorriendo con la mirada la línea de su mandíbula, el cabello un poco desordenado y esa expresión tranquila que rara vez enseñaba despierto. Sonreí porque la diferencia entre esta mañana y la anterior era absurda. La primera vez había des







