로그인Otros cuantos días después... ~ARTEM~ Cuando llegué al local, el ruido de las herramientas se escuchaba desde afuera. Había hombres trabajando en varias partes del lugar, materiales apilados cerca de una pared y una parte de la cocina ya comenzaba a tomar la forma que Mina había imaginado desde aquella primera noche en que le entregué la llave. Lo primero que vi fue a ella. Estaba de pie junto al supervisor de la obra, señalando algo hacia el fondo mientras hablaba en inglés. No era perfecto. Todavía hacía pequeñas pausas, buscaba alguna palabra y de vez en cuando corregía una frase sobre la marcha, pero ya podía mantener una conversación sin depender del traductor del teléfono ni de que alguien estuviera a su lado repitiendo todo por ella. —The counter... I want it a little more... —frunció el ceño, buscando la palabra—. Wide. More wide. El supervisor sonrió. —Wider. —Yes. Wider. So we have more space here. Me quedé unos segundos observándola antes de seguir avanzando. No n
~MINA~ Agarré un limón, me lo puse en la boca, me acomodé en mi taburete y esperé el movimiento del güero, fingiendo calma, aunque la verdad era que ese beso me había dejado aturdida y con ganas de que ese ruso me agarrara con sus fuertes brazos, me levantara del suelo, me subiera a la isla y me tomara como un animal en celo. Pero quería jugar, aunque fuera un poquito, y tenía curiosidad por saber lo que iba a hacer conmigo. Después de gruñirme como un perro con rabia por haberlo alejado, Artem se sirvió otro chupito, agarró el salero y me vio como si él fuera un depredador y yo su presa. Mi piel se puso de gallina y mis pezones se endurecieron, ardiendo de desesperación porque sus dedos, su boca, su lengua o sus dientes le dieran algo de fricción. «¿Por qué chingados se me ocurrió este pinche juego?», pensé, cuando él se acercó y con una de sus rodillas me abrió las piernas bruscamente y se acomodó en medio de ellas. Llevó una mano a mi pecho y me empujó hacia atrás, provocando
~ARTEM~También me puse en pie y con deliberada lentitud comencé a quitarme cada prenda de ropa frente a la atenta mirada de mi mexicana, que no se perdió detalle alguno del pequeño espectáculo erótico que le ofrecí mientras me desnudaba.Yo también mantuve mis ojos fijos en ella, absorbiendo cada una de las deliciosas y tentadoras curvas de su voluptuoso cuerpo.Segundos después, ambos estábamos totalmente desnudos delante del otro y mi mente se quedó en blanco mientras la contemplaba y mi lengua picó por lamer cuanto antes su suave piel.Imaginé los lugares por lo que la iba a pasar y el contraste que iba a provocar en mis papilas gustativas la mezcla de la sal, el sabor ácido del limón, el gravoso y amargo del tequila y el dulce de su piel.Blyat.Mi polla se puso más dura y desesperada, y no pude contenerme más. La agarré con una mano y la apreté con fuerza, dejando escapar un gemido gutural.Tragué saliva. Mi cuerpo se empezó a sentir como si estuviera en llamas con la necesidad
~ARTEM~ De regreso al departamento nos detuvimos en una licorería. Mi idea era comprar una buena botella de champaña para continuar la celebración en privado, pero Mina decidió cambiarme el plan en cuanto sugirió que mejor lleváramos una botella de tequila. No discutí demasiado. Había aprendido que cuando ella proponía algo con esa sonrisa, normalmente significaba que ya tenía una idea en la cabeza y que discutir solo retrasaba lo inevitable. Así que terminamos llegando al departamento con una botella de tequila. Mina dejó su bolso sobre una silla y fue directamente hacia la cocina a buscar unos limones y sal, mientras yo cerraba la puerta. Cuando llegué hasta la isla, ya estaba buscando vasos pequeños entre los gabinetes. —Veo que sabes exactamente lo que haces. —Por supuesto —respondió sin mirarme—. Soy mexicana. —Eso no significa que nacieran enseñándote a tomar tequila. Giró hacia mí con una expresión ofendida. —Claro que sí. En vez de leche, los mexicanos bebimo
~MINA~Artem estacionó frente al local y, cuando bajamos del auto, me llevó hasta la puerta y con un gesto de su mano la señaló.—Ábrela.Busqué la llave en mi bolso, la saqué y durante unos segundos me limité a mirarla. Era una llave cualquiera, pequeña, de metal, pero de repente me pareció que pesaba mucho más de lo que debía. Me costaba concebir la idea de que aquel lugar podía convertirse en algo mío.Introduje la llave en la cerradura y abrí.El local estaba vacío. No había muebles, ni decoración, ni mesas, ni letreros. Solo un espacio amplio, limpio, con ventanales al frente y una zona al fondo que claramente podía adaptarse para una cocina.Entré despacio, mirando alrededor, y cuanto más avanzaba más rápido empezaba a trabajar mi cabeza.—Aquí podría ir la cocina —dije, señalando hacia el fondo—. Pero tendría que ser grande. Si voy a hacer comida mexicana de verdad, necesito espacio.Artem caminaba un paso detrás de mí.—Entonces será grande.—Y aquí podrían ir las mesas.Camin
Varios días después...~MINA~—Todavía no entiendo por qué no quisiste decirme adónde veníamos.Artem levantó la vista del menú con toda la calma del mundo.—Porque si te lo decía, dejaba de ser una sorpresa.Fruncí el ceño.—Eso confirma que estás tramando algo.—Siempre estoy tramando algo.—Sí, pero normalmente incluye armas, rusos malhumorados o gente que termina golpeada. Esto es diferente.La comisura de su boca se elevó apenas.—Solo disfrútalo.Habíamos dejado a Emiliano en casa de Alessia y Maksim para otra pijamada con Valentina y los gemelos, y yo había asumido que Artem simplemente quería aprovechar que estábamos solos para salir a cenar. Nada raro. Una cita, supuse. Algo que todavía me resultaba extraño llamar así cuando apenas un mes atrás nos habíamos casado convencidos de que nuestro matrimonio sería solamente un trato.El problema era que Artem llevaba toda la noche actuando sospechosamente, como si supiera algo que yo no.Lo observé mientras volvía al menú y decidí n







