로그인En ese momento, Milena se dio cuenta de que la única forma de librarse de aquel mal hombre era que uno de los dos muriera, tal como él mismo se lo había dicho antes. Y lo más probable era que fuera ella quien muriera primero, pues aquella vez pasó un mes en cama; con todos los golpes y costillas rotas, no podía moverse por sí sola.
Ahora que sabía que la única salida era la muerte de uno de los dos, un pensamiento oscuro cruzó su mente. Sin embargo, así como llegó, lo disipó de inmediato, porque si lo hacía se convertiría en una asesina, sin importar el motivo que tuviera para matar a Dionisio.
Y como si el universo, la vida o Dios le dieran otra oportunidad, aquella tarde —cuando por fin logró levantarse de la cama por sí sola— recibió una llamada del hospital. Le informaron que Dionisio había tenido un accidente y estaba entre la vida y la muerte en el quirófano.
En ese instante, en lugar de entristecerse, Milena sintió una profunda alegría. A diferencia de muchas personas que, al recibir una noticia así sobre un familiar, rezan para que no les pase nada malo, ella rezaba una y otra vez… pero para que él muriera en el quirófano. Solo así terminaría, de una vez por todas, la maldita pesadilla que había vivido durante los últimos cinco años. De lo contrario, sería ella quien acabaría con su propia vida.
Y cómo suelen decir los padres en la iglesia a sus feligreses: "No importa lo que pidas, si lo haces con fe, Dios te escuchará". Esta vez, así fue. Quince días después, por fin, Dios, el universo —o quien fuera— escuchó sus plegarias. Aquel hombre, al que una vez creyó el amor de su vida, estaba muerto. Ya nunca más volvería a sentir el temor de verlo llegar borracho a casa y ser golpeada hasta quedar inconsciente.
Por primera vez en cinco años, desde que vivía con aquel maltratador, Milena sintió una felicidad inmensa. Que Dios la perdonara por estar feliz por la muerte de un ser humano, pero necesitaba que eso sucediera para poder ser feliz, o, al menos, intentarlo de nuevo.
Y tal como él lo había dicho, la muerte era la única forma de liberarse de esa vida.
Después de esta maravillosa llamada confirmándole la muerte de aquel malvado hombre, Milena se puso en contacto con los agentes funerarios para que se encargaran de todo el asunto. Ni siquiera quiso mirar si el cadáver que le estaban entregando era realmente el de su prometido; prefería no volverlo a ver nunca más en su vida.
Cuando terminó el entierro, volvió a su casa junto a su mejor amiga Valentina. Quería recoger todas las pertenencias de ese maldito hombre y quemarlas, para no volver a ver nada que le recordara a él. Estaba decidida a pasar la página y, por fin, vivir una buena vida con el dinero que había dejado, ya que ella era su única heredera, puesto que Dionisio no tenía a nadie más.
Durante la recolección de todas sus cosas, al abrir uno de los cajones, encontró su prueba de embarazo. En ese instante, no pudo evitar preguntarse por qué Dionisio no había muerto antes de que le arrebatara la vida a su bebé. Si la muerte hubiera llegado antes, quizás su hijo se habría salvado. Pero la vida, como siempre, le jugaba sucio. Cada vez que algo parecía darle un poco de felicidad, algo más venía y se la arrebataba sin piedad.
Luego de haber dejado a un lado la prueba de embarazo, Milena fue interrumpida por la llegada del abogado a la mansión. Él le comunicó que, aunque Dionisio no había dejado un testamento, ella era reconocida como su pareja sentimental, y todos los conocidos de Dionisio lo sabían. Por lo tanto, solo necesitaba que firmara algunos papeles para que todos los bienes y el dinero que él había dejado pasaran a ser suyos.
Sin embargo, Valentina, al escuchar aquellas palabras, intervino de inmediato:—Eso no puede ser —dijo con firmeza—. Dionisio sí tenía un hijo, y ese niño sería su único heredero.
Ya que Milena solo representaba el papel de esposa de Dionisio ante los demás, nadie sospechaba que en realidad aún no estaban casados. Las tres veces que intentaron hacerlo, algo inesperado ocurrió, obligándolos a cancelar la boda en cada ocasión.
Tanto Milena como el abogado quedaron perplejos al escuchar que Dionisio tenía un hijo. Ambos giraron la mirada hacia Valentina, sorprendidos, pues ninguno de los dos tenía conocimiento de este asunto.
Milena estaba tan atónita que no pudo articular palabra alguna. Solo con la mirada interrogaba a su amiga, exigiéndole silenciosamente una explicación por no haberle contado algo tan importante.
Como si Valentina entendiera lo que expresaban sus ojos, respondió de inmediato:—No te lo conté, primero, porque Dionisio me lo tenía terminantemente prohibido, y segundo, porque no quería que hicieras algo para que él se desentendiera de su único hijo.
Después de decir esto, clavó la mirada en Milena con una mezcla de rencor y determinación, y añadió:—Así que, querida amiga, ve olvidándote de quedarte con todo lo que dejó Dionisio, porque mi hijo será el único heredero de todo lo que dejó tu prometido.
Si enterarse de que Dionisio tenía un hijo, ya la había dejado en shock. Descubrir que ese niño no era otro que el hijo de su mejor amiga, la sacó completamente de sí.Tras escuchar aquellas palabras salir de la boca de Valentina, Milena solo abría y cerraba la boca, intentando formular alguna palabra. Pero la impresión fue tal, que ni siquiera podía hablar.
Sinceramente, no podía creer lo que estaba oyendo. Y cuando al fin logró articular algo, apenas pudo tartamudear:
—¿Por qué… nunca me dijiste nada de tu relación con Dionisio?
El abogado, al ver la tensión creciente, intervino con seriedad:
—Esto cambia por completo la situación. Si es cierto que Dionisio tenía un hijo, la herencia pasará legalmente a él. Pero antes necesitamos comprobar esa información.
A lo que Valentina respondió sin titubeos:
—No hay nada que comprobar. Dionisio reconoció a mi hijo desde el momento en que nació. Está legalmente registrado como su hijo, así que, aunque no fuera biológicamente su hijo, la ley ya le otorga todos sus derechos a heredar. Pero ese no es el caso, porque en realidad el niño sí era su verdadero hijo.
Ya habían pasado tres años desde que Milena había ingresado a prisión, y hasta ahora seguía recibiendo el mismo trato que el día que había llegado a aquel lugar, bueno eso ya había cambiado un poco, pues ahora ella junto a Laura se había unido a otro grupo de mujeres que no soportaban el maltrato de la pandilla de la Loba.Y aunque al inicio siempre eran maltratadas por la loba y sus seguidoras, ellas no se habían rendido, por eso las cosas habían cambiado ligeramente. Ya que, al menos, ahora recibían golpes y palizas, pero también habían aprendido a defenderse y a devolverles el golpe con la misma intensidad. Además, parecía que Valentina se había olvidado de su existencia, pues ya tenía más de cinco meses, que no la visitaba y esto no era normal, ya que conociendo a aquella mujer, la cual le gustaba verla sufriendo, tenía que haberle pasado algo malo: "ojalá se hubiera muerto ya" se dijo. —Cuando Fabricio fuese a visitarla, le preguntaría por ella.Sin embargo, que Valentina no le p
Dos días después de que Milena había sido trasladada a la celda de castigo, la desesperación se había apoderado de ella. La falta de comida y agua la tenía al borde del colapso; cada minuto se hacía eterno, y la sed y el hambre la debilitaban física y mentalmente, además del dolor que sentía por los golpes recibidos anteriormente. En medio de ese sufrimiento, Milena apenas podía comprender cómo era que Laura había soportado tanto, sin comer, ni beber nada de agua. Ahora mismo entendía por qué Laura se encontraba en aquella situación, ya que la falta de alimentos la había debilitado tanto que ya ni siquiera podía comunicarse. En ese instante, Milena estaba que no podía más y sin saber qué hacer para poder ayudarla. Ya que la crítica situación de Laura era muy mala y si nadie viniera por ella, eso quería decir una sola cosa que todo lo que las reclusas decían era verdad y nadie salía con vida de aquella celda, debido a que lo único que le decía que su compañera seguía con vida era únic
Milena de inmediato volteó la mirada hacia la procedencia de aquella voz, aunque la oscuridad le impedía ver algo con claridad. Con voz temblorosa, preguntó:—¿Quién eres tú?La voz, ronca y cansada, parecía provenir de alguien que llevaba mucho tiempo encerrada en esa celda sin hablar con nadie. Aquella reclusa respondió:—Soy otra víctima de la Loba. Al igual que a ti, me trajeron después de que ella me golpeara… y se quedó callada por un rato, y al no haber respuesta del lado de Milena, volvió a decir: Supongo que a ti te sucedió lo mismo, para que te envíen a la peor celda de castigo que existe dentro de este penal. ¿O me equivoco?Fue en ese instante cuando Milena comprendió que los rumores eran ciertos. Con el rostro lleno de incertidumbre, preguntó:—¿Cuánto tiempo llevas encerrada aquí?—Más de dos semanas —contestó la otra mujer—. Sin comer, ni beber agua, solo esperando mi muerte, ya que muchas de las reclusas que han entrado aquí han salido… muertas.Incrédula, Milena exclamó
Después de que Valentina se marchara junto al director del penal, entro el médico junto a la enfermera. Y sin perder tiempo, ambos le preguntaron a Milena:—¿Por qué no nos dijiste que conocías al director? Además, esa mujer parecía ser realmente importante.Milena, sorprendida por la repentina interrogación, optó por quedarse en silencio, convencida de que si revelaba la verdadera razón por la que el director había ido a verla, seguramente aquellos dos comenzarían a tratarla mal para quedar bien con él. Por ello, lo mejor para ella era quedarse callada y dejar que fuesen ellos que se imaginaran el motivo.Al ver que Milena no respondía nada, aquel médico le dijo:—Dado que tienes una buena relación con el director, hoy puedes quedarte aquí; sin embargo, si deseas permanecer más tiempo en la enfermería, tendrás que conseguir que el director nos dé la orden; de lo contrario, mañana te tocará regresar a tu celda.Milena se tranquilizó un poco, pues al menos hoy se quedaría en aquel lugar
Después de que el juicio de Milena terminara, fue trasladada de inmediato a la prisión de mujeres. Y apenas puso un pie en aquel lugar, un grupo de reclusas la atacó brutalmente hasta dejarla inconsciente.Cuando despertó, ya se encontraba en la enfermería. Y un dolor insoportable recorría cada rincón de su cuerpo. Intentó moverse, pero el ardor en sus heridas le hizo soltar un quejido.La enfermera, al notar que había despertado, le dio unos analgésicos.— Luego le dijo: tómatelos, te ayudarán con el dolor — después la observó con un poco de cautela—. Y bajo la voz, cuando dijo: escucha bien lo que te voy a decir, trata de no meterte con el grupo de La Loba. Esa mujer es muy violenta, además parece tener protección desde afuera, por ese motivo hace lo que quiere en esta prisión. Y nunca recibe castigo por lo que hace aquí adentro.Milena la miró con confusión.—¿Y por qué me atacaron? —preguntó con la voz un poco rasposa—. Ni siquiera sé quién es La Loba… No le he hecho nada a nadie.
Fabricio estaba profundamente preocupado por todo este asunto, pues no tenía nada en sus manos que pudiera sacar a su defendida de la cárcel. No obstante, lo primero que debía hacer en ese momento era ver a Milena y explicarle todo lo que se le avecinaba, ya que probablemente al día siguiente sería sentenciada. Las pruebas en su contra estaban más que claras, y todo indicaba que ella era la única culpable de la muerte de Dionisio. Por eso, quería que, cuando llegara ese momento, estuviera preparada para afrontar su condena.Sin embargo, él no pensaba rendirse. Apelaría la decisión del juez y encontraría las pruebas necesarias para conseguir su libertad. No descansaría hasta dar con el verdadero culpable del asesinato de Dionisio. No solo porque Milena era su prioridad y debía sacarla de ese infierno, sino también porque sentía que tenía una deuda personal: por los años que su padre y él habían trabajado para Dionisio, y porque, tras la muerte de su padre, Dionisio se había convertido







