LOGINLeonardo CrossEl médico acababa de salir de la habitación tras examinarme minuciosamente, avisando con tono profesional que solo me daría el alta en cuarenta y ocho horas.Quería acompañar de cerca la evolución posquirúrgica antes de autorizar mi traslado a Castiglioncello, conforme al plan de Lorenzo.—Tu hermana ya avisó a tus padres sobre todo lo que pasó, y están con las maletas listas para la costa en cuanto confirmemos tu alta —Lorenzo avisa, cerrando la llamada.—Espero sinceramente no estar arruinando los preparativos para su boda... —suspiro, sintiendo el peso del cansancio físico y mental.—Ya está más que a tiempo de que vivamos un tiempo de paz después de tanta turbulencia —rezongo, masajeándome las sienes.—No te preocupes por nada de eso, Cross. Todo está bajo control y tendremos tiempo de sobra para tu recuperación —Lorenzo sonríe de lado.—Y llueva o truene, vas a estar allá de pie para participar en nuestra ceremonia como nuestro padrino de honor, ¿escuchaste? —brome
Aquí tienes la traducción y revisión ortográfico-gramatical completa al español literario para plataformas digitales, manteniendo todo el texto original sin cortes ni modificaciones de contenido y con la pauta de párrafos de no más de 2 o 3 líneas:Capítulo Doscientos Cuarenta y Dos — Cuñado en Dosis Doble...Leonardo CrossEstaba sintiendo un olor fuerte a éter y a productos hospitalarios impregnando el aire.El frío en la habitación era intenso, y mis párpados pesaban tanto que apenas podía abrirlos.Recuerdos fragmentados de lo que pasó comenzaron a inundar mi mente, haciéndome cuestionar cuánto tiempo llevaba inconsciente en esa cama de hospital.¡Carmela! ¿Cómo está ella? Me dispararon y me acuerdo perfectamente de su desespero al verme sangrar en sus brazos.Aun desangrándome en la acera, intenté de todo para calmarla, pero el dolor lacerante en el abdomen era tan brutal que imaginé que moriría ahí mismo.—Hasta que al fin la bella durmiente decidió despertar a la vida... —escuc
Lorenzo BianchiLlegué a Milán ya de noche y no perdí un solo minuto, yendo directo al hospital donde mi hermana y mi cuñado estaban ingresados.Enzo me envió un mensaje informando que ya estaba en Castiglioncello con Marcella y Diana, lo que me trajo un alivio momentáneo al pecho.—¡Buenas noches! Soy Lorenzo Bianchi y quiero ver a mi hermana, Carmela Bianchi, y a mi cuñado, Leonardo Cross, que ingresaron más temprano a este hospital —me presento en la recepción.—¡Cómo no, señor Bianchi! La Srta. Bianchi está en la ala de observación psiquiátrica en el sexto piso, y el Sr. Cross está en la UCI, recuperándose de la cirugía en el octavo piso —explica la recepcionista, pulida.—¡Gracias, señorita! —agradezco, decidiendo subir primero a ver a Carmela y entender qué pasó, contando con su asistente para actualizarme sobre Cross.Entro al ascensor sintiendo que la ansiedad afecta mis nervios al límite, rogando para que Cross salga de esta, sea cual sea la gravedad de su estado.Además de c
Enzo BianchiEstaba camino al helipuerto con las manos firmes en el volante cuando el teléfono en el tablero del auto se encendió, indicando la llamada de Pietro para avisarme que ya venía en camino con las chicas.Mis nervios estaban a flor de piel, tensados al límite de una cuerda a punto de romperse.Necesitaba desesperadamente saber el estado real de mi hermana tras lo sucedido en Milán, pero tenía el deber de garantizar que Marcella estuviera a salvo y protegida de cualquier amenaza.—Hola... —respondo la llamada en automático vía manos libres, sin tan siquiera mirar la pantalla para revisar quién llamaba.—Enzo, ¿dónde demonios estás? Fui a tu departamento, pero el portero dijo que no estás, ¡y ni tú ni tus hermanos responden a mis llamadas! —escucho la voz estridente e irritada de Constanza resonar por el auto.La irritación de mi madre justo ahora, en medio de esta tensión, hace que mi sangre hierva, pero respiro hondo para no perder la cabeza en el tráfico.—Llevo horas inten
Diana CrossLlevábamos conversando en la sala de estar del departamento de Tomazo casi media hora, mientras esa tal Tereza resistía el sueño provocado por el sedante que Lina puso en su bebida.Permaneció de guardia todo el tiempo, sofocando cualquier intento de diálogo que pudiera levantar sospechas sobre nuestras verdaderas intenciones. La mujer estaba marcando el paso, de manera implacable.—Lina, por favor, sírvrenos un poco más de jugo. El día está insoportablemente caluroso y Diana necesita mantenerse hidratada —Marcella llama a la cocinera, lanzándole una mirada de súplica significativa.—Sí, señorita. Voy a disponer eso ahora mismo —Lina responde prontamente, captando de inmediato el recado implícito en el guiño de la chica.—¿Ustedes se van a quedar a cenar por aquí? —Tereza pregunta, con la voz visiblemente ebria y arrastrada por el efecto de la sustancia que se obstinaba en combatir.—Y-yo puedo pedirle a Lina que prepare algo más elaborado para todas...—En realidad, estab
Leonardo CrossMe sentía angustiado por tener que dejar a Carmela sola en Milán, sin mí o sin sus hermanos para apoyarla en caso de que ese idiota de Lucca Marone intentara intimidarla nuevamente.En cuanto el auto de aplicación se fue alejando, instintivamente me quedé mirando hacia atrás, viendo la distancia que aumentaba entre mí y la mujer de la que estoy completamente enamorado.No fue difícil reconocer al hombre que se acercó a ella, aún parada en la acera viendo el vehículo en el que yo iba alejarse cada vez más.—¡Por favor, detenga este auto ahora! —ordené de inmediato al conductor, que se quedó atónito con mi tono, reduciendo la velocidad y orillándose.—¿Qué pasa, señor? —pregunta, sobresaltado, mirando en mi dirección con los ojos abiertos de par en par.Bajo del auto sin dar explicaciones y vuelvo corriendo por la acera en dirección al punto donde dejé a Carmela.—... tienes que volver conmigo, Mel. Vamos a hablar y resolver nuestra situación... —es lo que logro escuchar







