تسجيل الدخولMi boca recorre su hermoso cuello, Montse me da más acceso y yo empiezo a bajar mi boca por sus hombros. Montse tiene los ojos cerrados, yo la vuelvo lentamente hacía mí.
—Mírame — ella obedece y abre sus hermosos ojos, me mira directamente a los míos.— TE AMO, ERES LA MUJER DE MI VIDA HOY Y SIEMPRE.
—Yo también TE AMO, eres lo mejor que me ha pasado.
Levantó el dobladillo de su blusa, y comienzo a quitarla, ella levanta sus manos para sacarla por la cabeza, la lanzó al suelo, mis manos se dirigen a su espalda y le desabrocho el brasier y este va cayendo por sus brazos hasta que queda totalmente en el suelo, luego bajo su short licra junto con su tanguita, para así dejarla completamente desnuda.
Devoro sus labios apasionadamente, mientras que mis manos recorren todo su perfecto cuerpo. Siento sus manos tratando de quitar mi camisa, por lo que yo inmediatamente le ayudo, me quito la camisa, y la pantaloneta con todo y boxer.
Mis labios vuelven a estar en los suyos, despacio la voy llevando hasta la cama y la acuesto suavemente, para luego colocarme encima de ella.
—TE AMO— le digo cuando me separo de sus labios y empiezo a besar su cuello, mi Montse me regala un fuerte gemido, cuando una de mis manos viajan hasta su monte venus, está tan húmeda que deseo estar ya dentro de ella, pero me aguantare por un rato, aunque sienta que vaya a explotar.
Voy dejando suaves besos y pequeños mordiscos por todo su cuello, en ocasiones saco mi lengua para ir dejando un camino de mi sabor, revuelto con el sudor de ella.
Llego hasta sus sabrosos pechos, con mi boca devoró uno, lo chupo, lo muerdo, al otro lo amaso con una mano, colocó su pezón en medio de dos dedos y lo jalo, Montse arquea la espalda. Mi otra mano sigue haciendo su trabajo en la zona sur, meto dos dedos dentro de mi bella mujer, mientras que con pulgar empiezo a masajear su clítoris.
—Ah... por Dios... ah... Gabriel.
—Vamos mi amor, déjate llevar.
—Ahh...— Eso es lo último que puede decir, antes de explotar en un gran orgasmo.
—Me encanta ver como te corres...— le digo antes de penetrarla, me encanta, me fascina estar dentro de ella, mis embestidas van aumentando de intensidad. Suelta gemidos en mi boca y yo en la de ella. Una, dos, cinco, treinta, hasta cuarenta embestidas, el cuerpo de Montse empieza a tensarse. Unas.cuántas envestidas más se corre y yo con ella.
Después de un delicioso baño donde hicimos el amor una vez más, después de eso nos acostamos a dormir uno en brazos del otro.
DOS MESES DESPUÉS
—¡Montserrat! Ten cuidado al bajar. — me atacan los nervios al ver que baja como si nada y muy rápido las escaleras.
Últimamente tengo un presentimiento y ando muy nervioso, Montse también anda así, pero en lugar de hablarlo salimos discutiendo.
Anda muy enojona y llorona, se puso peor cuando contrate a Jessica, se le ha metido en la cabeza que la voy a dejar y aunque trato de tener mucha paciencia, se me está acabando.
—No exageres Gabriel, trato de ser lo más cuidadosa posible, pero a ti últimamente no se te queda bien con nada.
—No empieces por favor, tú solita te haces ideas, por favor mi amor, te amo y me preocupo por ustedes, deja ya de pensar que no me interesan. Montserrat yo no soy él, sé que todavía no puedes confiar en un hombre al 100%, pero yo creo que en estos casi dos años yo te he demostrado cuanto te amo, y que daría mi vida por ti, por nuestros hijos, te amo tanto que no podría vivir nunca sin ti, se que tus hormonas complican más las cosas, pero por favor confía en mí, me duele que en el último mes hemos pasado peleando no me gusta que estés tan distanciada de mí. Te juro por nuestros cuatro hijos que Jessica es solo una amiga, nunca me fijaria en ella como mujer, tú eres la única en mi cama, en mi vida y en mi corazón.
Los ojos de Montse se llenan de lágrimas y me parte el corazón.
—No mi amor, no llores que me parte el alma, además me haces sentir miserable.
La abrazo y ella me corresponde, me abraza muy fuerte y pega su cuerpo al mío, claro lo que su hermosa pancita de cuatro meses se lo permite.
—Perdóname Gabriel, la verdad es que tienes razón mi amor, me has demostrado que me amas, no debería desconfiar, por favor Perdóname. — dijo hipando por el llanto.
—Yo no tengo nada que perdonarte cielo, lo único que quiero es que confíes en mí y en nuestro amor que es más grande que cualquier cosa. — asiente con la cabeza y me besa.
—¿Ya estás lista? Ya quiero ver quiénes serán mis hijos.
—Si, solo iré a despedirme de los niños.
—Vamos te acompaño.
Después de despedirnos de los niños y de kika nos dirigimos al hospital, ya sabremos el sexo de nuestros bebés. Ya falta casi la mitad del camino para ver nacer a nuestros bebés, y así conocer sus hermosos rostros, con solo pensarlo en mi rostro se dibuja una gran sonrisa.
—Se puede saber de que te estás riendo. — dice Montse también con una gran sonrisa.
—Si se puede saber, estoy feliz princesa, yo creo que soy el hombre más feliz del mundo, tengo a la mujer de mi vida a mi lado, tengo dos maravillosos hijos y dos que vienen de camino ¿Qué más podía pedirle a la vida?
—Yo también estoy feliz, tener un hijo con la persona que amas es lo más hermoso, pero dos es maravilloso.
—Ya lo creo mi amor. Te amo, no sé qué haría sin ti, pero eso es algo que nunca voy a saber por qué te voy a tener siempre para mí.
(...)
—El gel está un poco frío. — dice la doctora antes de poner el gel en el vientre de mi nena!.
—Creo que ya estoy acostumbrada. —contesta Montse
—Bien, veamos, parece que estos bebés quieren que sus papis los vean.
—¿En serio? ¿Que sexo son mis bebés?—pregunté ansioso.
—Pues déjeme decirles que van a tener una parejita.
—Eso es maravilloso, una mini yo y un mini Gabriel— dice mi bella mujer con lágrimas en los ojos.
—Si mi amor, es más que maravilloso. —le doy un suave pero apasionado beso, la amo, y esto para mi es un inmenso regalo.
(...)
—Yo me quedo en el banco Javier, luego lleva a la señora a la casa.— Javier es el nuevo chofer que contraté hace un par de meses, ya que no quería que Montse manejara, a pesar de que cumple muy bien su trabajo, algo en su mirada no me gusta.
—¡Sí señor!— responde educadamente.
—Amor, ¿no me puedo quedar hoy contigo?—
—Me encantaría princesa, pero hoy solo tengo tres reuniones, luego me voy para la casa, y tú más que nadie sabes lo que te aburren las reuniones.
—Tienes razón amor, mejor me voy para la casa. — dice algo triste, me encantaría que se quedara conmigo así la cuidó personalmente, ya que últimamente el presentimiento que algo malo va a pasar no me deja tranquilo, pero también sé que se aburriría.
—¿Qué te parece si mañana te quedas todo el día conmigo en la oficina? —me sonríe y yo le doy un suave besos sabrosos labios.
—Me parece perfecto — dice después de separarnos.
—Entonces, no se hable más.
(...)
Al llegar al banco me dirijo a mi oficina y me siento para revisar unos papeles antes de la reunión. Ya me hace falta mi Montse, y eso que no hace ni cinco minutos que nos separamos.
Debería tomarme un café ya que en 15 minutos empieza la primera reunión, por lo que le pido a Emilia un café, me dice que Jessica me busca, le digo que la deje entrar, al momento se oye unos toques en la puerta.
—Pase — digo con la cabeza recostada en la silla.
—Hola Gabriel— levanto mi cabeza y la saludo.
—Hola Jess, ¿Qué pasa? ¿Para qué querías verme?
—Gabriel, es que me urge hacer algo, aunque si lo hago puede que me odies. — frunzo el ceño.
—¿De qué hablas? ¿Qué tan malo es?
—No, si, no se como lo tomaras.
—¡Quieres dejarte de rodeos y hablar de una vez!
—Mejor actuó —dijo suavemente, y empezó a caminar hacia mí, ¿Qué diablos piensa hacer?
—¡Perdóname! —dice preocupada, pero cuando me dispongo a hablar sus labios están sobre los míos, estoy en shock, en eso escucho que caen vasos al suelo quebrándose, es lo que me trae a la realidad a pesar de que en ningún momento le correspondi el beso. La agarro de los brazos y la quito de mi espacio personal, uno el cuál sólo Montse tiene permitido invadir, m****a cuando le cuente se va a poner furiosa.
—NUNCA EN TU P**A VIDA VUELVAS A BESARME, NI ACERCARTE A MÍ DE ESA FORMA ¿LO ENTENDISTE? —digo con la rabia metida en mí.
—Perdóname Gabriel, ocupaba saber que sentía por ti, estaba confundida, me gusta otra persona y yo quería saber si seguías despertando lo mismo en mí.
—ESO ES LO MÁS ESTÚPIDO QUE HE ESCUCHADO... —unos golpes a la puerta medio abierta me interrumpe — ¡PASE! — digo más alto de lo que pensaba.
—Disculpe señor, pero como no se que pasó.
—¿De qué habla Emilia? ¿Y qué fue ese ruido? —la interrumpo.
—La señora Montserrat — al decir eso mis ojos se abren como platos, no, no, no, no puede ser lo que estoy pensando. — Ella salió corriendo y llorando, salió de acá cuando chocó conmigo, me dijo que le diera esto.
—Mierda — es lo único que puedo decir antes de salir corriendo, escucho muchos murmullos y gritos afuera, ¿Pero qué diablos está pasando? En eso Lucía entra histérica corriendo hacía mí.
—¿Qué pasa? —digo asustado por la cara que trae.
—Gabriel, es Montserrat — dice llorando.
—¿Qué pasa con mi mujer?
Ella me mira pero no dice nada, por lo que salgo corriendo.
—Espera Gabriel — me detengo inmediatamente y la miro — a Montserrat la han agarrado dos hombres y la han montado en un carro. — yo la observo incrédulo.
—¿Qué has dicho?
—Me temo decirte que secuestraron a tu mujer.
Esto no puede ser, mi mundo se acaba de venirse abajo.
PV NARRADORMontserrat tenía varios días extraña, casi no pasaba en casa y cuando lo hacía pasaba hablando por teléfono, y eso a Gabriel empezaba a molestarlo, ya habían pasado dos años desde que se casaron por segunda vez, y a pesar de que todo era maravilloso, Gabriel no podía dejar en pensar que seguro se estaba alejando de él porque ya no lo amaba.¿Qué haría si eso era así?, ¿Qué sería de su vida? Él amaba y adoraba a Montserrat, no sería capaz de dejarla, sí tenía que volver a conquistarla lo haría, ella era el amor de su vida y no podía dejarla ir.—¿Cómo está el papito más lindo del mundo? — Vale entró al despacho de su padre, ya tenía 11 años y era una niña hermosa, cada vez que G
EPÍLOGO PV NARRADOR Los cinco meses que Gabriel había puesto de fecha para el matrimonio por la Iglesia habían pasado muy rápido, estaban siendo tan felices que tenían miedo de que fuera un sueño, cinco meses tenía el pequeño Evans, los gemelos al principio estuvieron celosos, pero sus padres tenían tanto amor para todos sus hijos que nunca hicieron de lado alguno, y Montserrat se había encargado de poner en forma su cuerpo mejor que antes. Gabriel la amaba tanto que se sorprendía, nunca creyó poder amar a alguien de esa manera tan intensa, desesperado se movía de un lado a otro mientras esperaba a la novia. El traía puesto un traje negro con gris, el monto que tanto había deseado duró casi cuatro años y medio para que se hiciera realidad. —Hijo te ves guapísimo. —Gracias mamá, pero me lo has dicho tres veces, ¿Acaso estás más nerviosa que yo? —La ve
Me despierto algo adolorida en una habitación blanca. Dónde sólo se escucha la máquina dónde me tienen conectada. ¿Qué hago aquí? ¿Cómo llegué aquí?En eso, los recuerdos de lo que pasó vienen a mí, empiezo a alterarme, y la máquina tonta empieza a sonar más seguido. La puerta se abre y entra la enfermera y un doctor, detrás de ellos vienen Gustavo, Susana, Diego, y Alberto.—Al fin despertaste cielo. — Susana tiene el rostro rojo de tanto llorar, en su mirada puedo ver una tristeza profunda.—Por favor señora, podría tranquilizarse, en su estado le hace mal. — dice el doctor, mientras yo abro mis ojos como platos al escucharlo.—¿En mi estado? — digo muy nerviosa.—Estás embarazada
Después de que Camila salió del hospital y yo quedara destrozada, mi celular empezó a sonar, quiero ignorarlo, pero sigue sonando, contesto sin ver quién es.—Diga — respondo sin ánimos.—Estás así por tu culpa, te quería lejos de ese imbécil, y no me hiciste caso.—Eres un desgraciado, te odio.—Pues yo te amo, y quiero que te levantes de dónde estás sentada y saldrás por la puerta de atrás del hospital, sino quieres que tu maridito no despierte nunca del coma y no vuelvas a ver a tus hijos, que por cierto están en el parque disfrutando de una linda tarde, ¡A puesto que no saben que su papá está en el hospital! ¿Cierto? — Abro los ojos como platos.—¿Cómo sabes esas cosas?&nb
—¿Cómo has podido? — dice mamá con sus mejillas llenas de lágrimas.—Ósea, ¿Ni siquiera me van a preguntar si es cierto? — digo no sé ni por qué, ya que realmente soy una estúpida.Cuando Gabriel salió de la casa me llamó Gerardo, para decirme que me despidiera de mi hermano, eso me puso en alerta todos mis sentidos, y por más que le grité para que no se fuera, fue imposible, y ahora tengo un hermano a punto de morir y mi otro hermano me observa con decepción, sin verlo venir mi madre me pega una cachetada.—Eres una cínica y descarada, si fuera mentira hace rato te hubieras puesto a la defensiva, si fuera mentira como tu dices, yo no me sentiría tan decepcionada de la clase persona que eres pero yo no pienso esperar a que algo pase a mi hijo, ahora mismo te vamos a llevar a que te
Antes de terminar de alistarme, decido llamar a Gustavo para que me acompañara, no quería ir sola, además no estaba con ánimos de conducir.Al salir de casa, no puedo evitar sentirme extraña, tal vez debería decirle a Gabriel hacia dónde me dirijo, pero así como llega la idea la descartó, porque sé que él no me dejará ir, y yo tengo que averiguar quién quiere dañarnos.Gustavo me espera dentro del carro, cuando me ve llegar, se baja para abrirme la puerta.—¿Estás segura de esto? — me pregunta con cautela.—Pues segura al 100% pues no, pero tengo que ir, así que vamos. — Gustavo asiente, y arranca el auto.Al llegar a la prisión mis nervios aumentan, después de 10 minutos de estar esperando llega con dos policías







