로그인Manuela—Nos vemos mañana en casa de Mario. A las seis en punto —dice Marina antes de dirigirse con paso firme a su coche deportivo rojo y salir disparada del aparcamiento.Christine suspira dramáticamente, con los brazos cruzados y los labios fruncidos en un gesto de enfado.—Cariño, estoy cansada. Vámonos a casa.Parece que ver a Marina la ha puesto muy nerviosa. Está actuando más antipática de lo normal.—Vale, cariño. Dame un minuto a solas con Manuela —responde Nelson.Christine sube a mi coche sin protestar, mientras que Logan sale, apoyándose en el maletero mientras nos observa en silencio.
ManuelaNo puedo creer que esté haciendo esto. Tomé el auto después de que arrestaran a Nelson, sin molestarme en avisarles a los chicos. Ahora Logan está en el asiento del copiloto y Christine está sentada tranquilamente detrás de él. He pegado el asiento al cuerpo, agarrando el volante con fuerza mientras zigzagueo entre el tráfico como una posesa.Sé que no debí haber arrancado así, pero necesitaba volver a sentir que tenía el control. Sobre todo después del día que he tenido. No he conducido desde que escapé de Andrés, y... simplemente se siente bien.Además, no debería sentirme culpable. Soy una mujer adulta y, técnicamente, Mario me compró este coche, así que, en realidad, no estoy hacie
NelsonCuando Manuela me mira, ya sé lo que le pasa por la cabeza. Sus ojos me suplican, pero detrás de esa desesperación hay una determinación que jamás había visto.Ella se va a sacrificar. Cualquier mentira que él le esté contando se le ha metido en la cabeza, convenciéndola de que no tiene otra opción y que irse con él es la única manera de proteger a su hijo.No puedo permitir que eso suceda.Sé que le hice una promesa, pero ahora, al verla enfrentarse al mismísimo diablo, no puedo cumplirla. Si la dejo irse con él, Mario me matará, y ni siquiera me defenderé porque me lo mereceré.Peor aún, tendré que vivir conmigo mismo sabiendo que le fallé. Otra vez.Andrés está jugando sus cartas a la perfección, como el cretino manipulador y arrogante que es. Involucrar a la ley en esto fue una jugada sucia, y él lo sabe. Tiene la ventaja suficiente para hacer creer a Manuela que está acorralada, pero lo que no sabe es que nosotros también podemos jugar sucio. Sea lo que sea que esté planea
ManuelaAndrés me mira de arriba abajo, con la boca torcida por el asco. Sé exactamente lo que piensa. Ropa ajustada, maquillaje... cosas que siempre despreció. No porque le importara mi aspecto, sino porque no era lo que él quería. Ahora me doy cuenta de que, por mucho que lo intentara entonces, nunca mediría 1,88 m, estaría musculoso y la tendría como un caballo, listo para meterle la polla por el culo y la boca; ya sabes, como en las fantasías que tanto odia.Me cruzo de brazos, intentando calmar mi tono a pesar de la malicia que arde en mi interior. —Creí que habías dicho que no recurríamos a la ley en asuntos familiares.Inclina la cabeza, una sonrisa afilada como una navaja le atraviesa el rostro. —Eso fue antes de que te fugaras con mi hija, intentaras atropellarme con un maldito coche y te escondieras tras un grupo de matones durante meses —Pronuncia la palabra «matones» como una maldición, desafiándome a reaccionar.—Yo no secuestré a Gabriela —espeté, con la voz cada vez m
DamianMario rechaza mi ofrecimiento de ayudarlo a calmarse. En lugar de eso, destroza la sala de reuniones. Observo en tenso silencio, agitando un vaso de whisky, con el sonido de sus puños golpeando las paredes resonando en mis oídos.Joder. Cada segundo que pasamos aquí dentro mientras Manuela está ahí fuera es como si me clavaran mil cuchillos en las entrañas. ¿Pero Mario? Está desatado, arrasando la habitación como el mismísimo Hulk. Nelson tenía razón: Mario habría acabado arrestado o muerto ahí fuera, y no puedo perderlo. La única razón por la que puedo dejar que la mujer que amo esté ahí fuera sin nosotros es porque sé que Nelson y War no van a permitir que le pase nada.Me da escalofrío ver cómo Mario destroza la silla de Nelson. Sí, a Nelson no le va a gustar, pero es mejor que Mario le dé una paliza a Andrés delante de la policía.Ya sabemos que Mario nunca ha sido alguien que controle sus emociones, pero ¿cuando se trata de Manuela? Es cien veces más.Peor.Cada golpe que
Manuela—¡Vamos a rodar! —La voz autoritaria de Nelson resuena por todo el estacionamiento, provocando vítores entre la multitud de motociclistas.Mario me ayuda a subir a la parte trasera de su moto, con manos firmes pero cuidadosas. Me acomodo, rodeando instintivamente su cintura con mis brazos. Su aroma a cuero con un toque de especias me envuelve, y me muerdo el labio para contener el calor que me recorre el cuerpo. Los motores rugen a nuestro alrededor, el sonido vibra en mi pecho y me eriza la piel. Mientras arrancamos detrás de Dave, Nelson y Dam, los demás se colocan en formación, una fuerza unificada que avanza a toda velocidad por las calles.Salimos de la ciudad por una ruta panorámica y, por un instante, me quedo hipnotizada por la explosión de ricos colores otoñales. El aire fresco del otoño me llena los pulmones y, por un breve momento, me permito creer que tal vez, solo tal vez, hoy todo saldrá bien.Andrés no puede ser tan tonto como para mostrar la cara con todo este







