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La Luna Que Él Rechazó: El Arrepentimiento de un Alfa
La Luna Que Él Rechazó: El Arrepentimiento de un Alfa
Author: Eagle Dira

CAPÍTULO UNO

Author: Eagle Dira
last update publish date: 2026-06-06 00:33:13

POV de Sara

Los papeles ya estaban sobre su escritorio cuando entré. Los miré y luego lo miré a él.

—Así que ya lo decidiste.

Caden estaba de pie junto a la ventana, dándome la espalda. No se giró.

—Sera…

—Trajiste a esa mujer a esta casa sin explicarme quién era. Le diste mi habitación. Has estado durmiendo al final del pasillo durante dos semanas y ni una sola vez me has mirado como un esposo mira a su esposa. —Saqué la silla y me senté porque mis piernas no estaban tan firmes como mi voz—. Y ahora hay papeles de divorcio sobre tu escritorio. Así que sí. Ya lo decidiste.

Entonces se giró. Su rostro estaba haciendo esa cosa —esa expresión cuidadosa y cerrada— en la que parece que está manejando una situación política en lugar de hablar con su esposa.

—Iba a explicártelo todo…

—Trajiste a tu amante a casa, Caden. Le diste mi lugar en esta casa. ¿Qué hay que explicar?

—Isolde no es mi amante.

—Entonces, ¿qué es?

No dijo nada.

Miré los papeles, su nombre ya firmado al final.

—Ni siquiera esperaste —me burlé—. Lo firmaste antes de llamarme aquí. Esto nunca fue una conversación.

---

Mi vida se vino abajo unas cuatro semanas antes.

Estaba en la cocina con Marta, la jefa de las sirvientas de la casa de la manada, revisando el menú para la cena de negocios de Caden. Ella tenía su libreta abierta, escribiendo mientras hacía preguntas, y yo tenía mi té al lado.

—¿Y de postre, Luna?

—El pastel de durazno —dije—. El bueno, el de relleno de crema.

Ella sonrió y lo anotó sin dudar.

—Ya encargué los duraznos la semana pasada. Sabía que lo querrías.

Me reí. La manada conocía perfectamente mi obsesión con los duraznos.

Estaba feliz esa mañana aunque Caden había estado distante, envuelto en asuntos de la manada como a veces se ponía, callado durante días enteros, pero eso no era nada nuevo. Yo sabía cómo esperar a que se le pasara. Me dije a mí misma que terminaría pasando, como siempre pasaba.

Entonces un coche entró al patio y Caden fue hacia la ventana y se quedó congelado.

Nunca lo había visto así. Todo su cuerpo se tensó, los hombros rígidos, las manos apoyadas sobre el marco de la ventana, el rostro perdiendo cualquier expresión que hubiera tenido antes. Se quedó mirando el patio y luego, sin decir una sola palabra, se dio la vuelta y salió de la cocina tan rápido que casi arrancó la puerta de las bisagras.

Fui hacia la ventana.

Estaba cruzando el patio hacia una mujer que nunca había visto. Alta, de cabello oscuro, envuelta en un abrigo demasiado ligero para el clima. Cuando llegó hasta ella se detuvo y se miraron el uno al otro, y entonces él la atrajo hacia sus brazos y la sostuvo con esa clase de fuerza que viene de un lugar muy profundo dentro de una persona.

Me quedé junto a la ventana observando, confundida.

---

Su nombre era Isolde Crane. Marta me lo dijo. Uno de los omegas me lo dijo. Tres miembros diferentes de la manada me lo dijeron antes de que Caden pronunciara una sola palabra. La trajo a nuestra casa, la sentó en nuestra mesa y caminó con ella por los pasillos sin pensar ni una sola vez en decírselo a su esposa.

Una semana después de su llegada, estaba acostada en la cama esperándolo y cuando finalmente entró me senté y pregunté:

—Dime quién es ella.

Se quitó la camisa sin mirarme.

—Una vieja amiga.

—Caden.

—Ha estado enferma. Necesitaba un lugar donde recuperarse. Así que se lo ofrecí.

—Ofreciste nuestra casa sin decírmelo.

—Soy el Alfa. Esta es la casa de mi manada.

—También es mi hogar. Soy tu esposa. —Aparté las mantas y me senté al borde de la cama—. Te vi cruzar ese patio como si el mundo se estuviera acabando y abrazar a una mujer que jamás había visto en mi vida. Quiero que me digas quién es.

Entonces se giró y sus ojos estaban fríos de una forma que hizo que mi estómago se hundiera.

—Ya te lo dije. Es una vieja amiga. Salió herida por mi culpa y necesitaba ayuda. Eso es todo lo que necesitas saber.

—Eso no es todo lo que necesito saber…

—Sera. —Su voz descendió a ese tono Alfa, el que pone fin a las conversaciones—. No voy a hacer esto esta noche. Vete a dormir.

Se metió en la cama y me dio la espalda, y yo me quedé allí sentada en la oscuridad mirando la forma de su espalda y pensando: mi esposo acaba de usar su voz Alfa conmigo en lugar de responder una pregunta simple.

Me acosté, pero no dormí.

---

Cuatro días después vino a buscarme a la sala de estar con las manos en los bolsillos.

—Isolde necesita un espacio adecuado —dijo—. Un lugar cómodo y estable. Las habitaciones de invitados del ala este no tienen la calefacción adecuada y su recuperación requiere…

—¿Dónde quieres ponerla?

Hubo una pausa.

—Nuestra habitación es la más adecuada.

Dejé mi libro lentamente.

—¿Nuestra habitación?

—La distribución, la calefacción, el tamaño…

—Estás parado frente a mí pidiéndome que le entregue nuestra habitación a Isolde.

—Ya arreglé que limpiaran la suite del ala este para ti. Tiene una buena…

—¿Para mí? —Me puse de pie—. Dijiste “para ti”. ¿Por qué limpiarían la suite del ala este para mí, Caden? ¿Por qué me mudaría yo a la suite del ala este? —Observé su rostro y seguí hablando—. ¿Dónde vas a dormir tú?

No dijo nada.

—Se supone que debes dormir conmigo. Así que si yo estaré en la suite del ala este e Isolde estará en nuestra habitación, ¿exactamente dónde vas a dormir?

—Sera…

—¿Vas a dormir en nuestra habitación? ¿Con ella?

—No es así.

—Entonces dime cómo es, porque estoy aquí de pie preguntándotelo y tú no me estás respondiendo.

Su mandíbula se tensó.

—Dormiré en una de las otras habitaciones. Necesito que dejes de convertir esto en algo y simplemente seas razonable con la situación.

Lo miré durante mucho tiempo. Él me devolvió la mirada y sus ojos estaban vacíos, cansados y seguros.

Quería gritar. Quería agarrarlo por el frente de la camisa y obligarlo a escucharme. En cambio dije:

—Está bien.

Subí las escaleras, empaqué mis propias cosas, me mudé a la suite del ala este, colgué mi lámpara en un gancho desconocido y me dije a mí misma que estaba manteniendo la paz.

Me dije que esto también terminaría pasando.

---

La cena de la manada fue días después.

Mesa larga, asistencia completa. Yo estaba arreglada y sentada cuando Marta salió cargando el pastel de durazno en la buena bandeja de servir y algo dentro de mi pecho simplemente… se levantó. De verdad se levantó. Habían sido semanas difíciles y era mi pastel. Por fin.

Isolde lo miró y su expresión cambió por completo.

—Oh —dijo, y su voz se volvió suave y nostálgica.

Se giró hacia Caden.

—No había visto un pastel de durazno desde que era niña. Mi madre hacía uno cada otoño. Solía sentarme en la cocina solo para sentir el olor. —Sonrió, pequeña y nostálgica, perfectamente medida—. Siempre pensé que si podía oler duraznos, estaba en casa.

La mesa quedó en absoluto silencio.

Caden miró el pastel. Miró el rostro de Isolde. Miró a Marta y dijo:

—Dáselo a ella.

—Disculpa.

Mi voz resonó por toda la mesa.

Miré directamente a Caden.

—No tienes derecho a dárselo a ella. Todos en esta mesa saben que ese pastel es mío. Ese pastel ha sido hecho para mí cada año desde que me convertí en la Luna de esta manada, y no se lo entregas a otra persona sin preguntarme primero.

Los ojos de Caden se endurecieron.

—Sera, este no es el momento…

—¿Por qué no me lo preguntaste? —Mi voz se mantuvo firme y necesitaba que siguiera firme—. ¿Por qué no te giraste hacia tu esposa y dijiste: “Sera, ¿te molestaría?” ¿Por qué la respuesta siempre es que todo simplemente va hacia ella? La habitación, la distribución de la mesa y ahora esto.

Algo cambió en su rostro. Por un momento casi pareció… casi…

Isolde se cubrió la boca con los dedos.

—Por favor —dijo en voz baja, con los ojos llenándose de lágrimas—. Por favor no peleen por mi culpa. Yo no quiero esto. Nunca quise causar problemas en su hogar. —Bajó la mirada hacia la mesa y su voz se volvió aún más baja—. Nunca querría que alguien cuestionara la autoridad del Alfa por mi culpa. Por favor. Ella puede quedarse con el pastel.

El rostro de Caden se endureció tan rápido que pude verlo suceder.

—Esta es mi manada —dijo, y el Alfa estaba completamente presente en su voz ahora, fría y definitiva—. Esa es mi cocina, mi dinero y mi mesa, y yo decido qué se sirve y quién lo recibe. —Nos miró a ambas y dijo—. Lo compartirán. Marta lo cortará y cada una tendrá una parte. Esta conversación termina aquí.

Compartir.

Miré el pastel. Miré a Isolde observando cuidadosamente su plato, con las lágrimas todavía brillando en sus ojos. Miré a Caden, que ya estaba alcanzando su copa de vino porque, para él, la justicia ya había sido restaurada.

Compartir. Primero el pastel. Luego la habitación. Después él.

Empujé mi silla hacia atrás.

—No tengo hambre —dije.

Salí mientras el comedor quedaba en silencio detrás de mí y no dejé de caminar.

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