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Capítulo 6

Penulis: Alyssa J
Debido a que me alcanzó la lluvia esa noche, mi temperatura se disparó a casi cuarenta grados para la medianoche. Esto provocó una complicación en mi vieja lesión de la espalda y caí en un delirio donde apenas distinguía la realidad.

Por una vez, Alexander no estaba en algún evento de trabajo. Al darse cuenta de que algo estaba mal, no lo dudó. Me cargó en brazos y me llevó de urgencia al hospital.

—¡Doctor! ¡Tiene que atenderla! ¡Está ardiendo en fiebre!

El diagnóstico llegó rápido. No era solo la fiebre. Mi sistema inmunológico se había colapsado, lo que causó una infección grave en los tejidos profundos alrededor de mi antigua lesión. Necesitaba una cirugía de emergencia para drenar la infección y retirar el tejido dañado.

La operación requería la firma de un familiar directo.

Alexander me tomó la mano con una actitud de entrega.

—No tengas miedo. Voy a estar aquí afuera, en la sala de espera, todo el tiempo. En cuanto despiertes, seré lo primero que veas.

Asentí con debilidad. Sentí un calorcito que no había experimentado en años.

En ese preciso momento, su celular empezó a sonar.

Contestó y su expresión cambió.

—¡¿Qué?! ¿Te lo torciste? ¿Qué tan grave es? ¿Puedes caminar?

Del otro lado, la voz de Chloe se escuchaba de sollozos fingidos.

—Me duele horrible... creo que me rompí un hueso. Estoy aquí sola... tengo mucho miedo...

Alexander me miró, me estaban preparando para la anestesia en ese momento, y luego miró su celular. Se pasó una mano por el cabello, atormentado por el dilema.

—Tú eres fuerte —dijo, apretando mi mano con más fuerza y arrugando la frente—. Chloe... ella se desmorona hasta con una cortada de papel. Está histérica. Me necesita. Pero tú... vas a estar bien aquí una hora, ¿no? Es solo un procedimiento de rutina. Regresaré antes de que despiertes. Te lo prometo.

No esperó mi respuesta. Se convenció a sí mismo de que yo estaba de acuerdo porque siempre aceptaba todo sin quejarme. Firmó los formularios rápidamente y salió a toda prisa, dándome una mirada de culpa antes de desaparecer por el pasillo.

Dos horas después, desperté de la anestesia.

La sala de recuperación se sentía desolada e inhóspita. El único sonido era el bip rítmico del monitor cardíaco y el goteo del suero. No había flores. No estaba mi esposo sosteniéndome la mano con preocupación. Solo quedaba el hueco vacío donde prometió que estaría.

Con los dedos temblorosos, tomé mi celular y abrí Instagram.

Alexander había subido una historia hace una hora. La foto lo mostraba en el pasillo de una clínica de urgencias diferente, cargando a Chloe en la espalda. Estaba colgada de él, sonriendo de oreja a oreja y sosteniendo una paleta de caramelo gigante.

“Es una reina del drama. Por un pequeño esguince tengo que cargarla hasta Rayos X. #DeberesDeHermano”

Sentí una presión insoportable, como si me estuvieran apretando con unas pinzas. Me dolía hasta respirar.

Entonces, el celular vibró.

Era un video de Snapchat de Chloe. En el video, Alexander estaba medio arrodillado frente a un sofá en la sala de ella. Tenía el pie de Chloe, que no mostraba ni rastro de hinchazón o moretones, apoyado en su regazo. Se lo estaba masajeando con muchísima delicadeza mientras le aplicaba una pomada para el dolor.

Su toque era tan suave... Era una ternura que yo no recibía de él desde hace veinte años.

Al fondo, escuché a Leo y a Mía.

—¿Te duele, tía? Mi papá hará que te sientas mejor.

Después del video seguía un mensaje de voz. La voz de Chloe sonaba dulce, pero con pura malicia:

Chloe: “Hola, hermanita, mira esto. En esta familia, tú solo eres la llanta de repuesto. Hasta los niños están más preocupados por mí. ¿Qué sentido tiene que te operen? No es como si a Alex le importara lo suficiente como para verte despertar”.

Cerré los ojos. Las lágrimas rodaron en silencio por mis sienes hasta mojar la almohada.
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