LOGINCapítulo 2
Camélia
La ceremonia se acerca.
El reloj ha dado la media, y el tiempo se acelera a nuestro alrededor, llevándose todo a su paso. Lilia echa a todo el mundo para respirar, dice, para recogerse antes del gran momento, para estar a solas consigo misma y sus pensamientos. La peluquera se inclina con una sonrisa cómplice, su peine aún en la mano, y la doncella alisa por última vez la cola antes de escabullirse hacia atrás, con los ojos bajos, como se abandona la habitación de una soberana. Yo me quedo atrás, un segundo de más, y nuestras miradas finalmente se cruzan en el espejo.
Sus ojos. Sus ojos son dos lagos oscuros donde veo algo que jamás habría creído ver en Lilia Deveraux. Miedo. Miedo real. No el nerviosismo de una actriz antes de entrar en escena. El miedo de un animal acorralado que busca la salida. Sus pupilas están dilatadas, inmensas, y el iris ya no es más que un fino anillo de miel alrededor de un pozo sin fondo. Sus labios tiemblan, imperceptiblemente, un estremecimiento que solo una hermana gemela puede percibir.
_ Tú también —me dice—. Déjame.
_ Lilia...
_ Por favor.
Ha dicho por favor. Lilia nunca dice por favor. No a mí. Exige, ordena, obtiene. El por favor es una alarma que aúlla en mi cabeza, una sirena que soy la única en oír porque nadie más conoce a mi hermana como yo la conozco. Quisiera insistir, forzarla a hablar, arrancarle la verdad, decirle que soy la única persona en el mundo que puede comprenderla sin que necesite pronunciar una palabra. Pero soy Camélia, la gemela de la sombra, la que se borra, la que obedece. Asiento con la cabeza, trago las palabras que me queman la lengua, y salgo.
El pasillo es largo, interminable, tapizado de retratos antiguos y de espejos que reflejan mi imagen hasta el infinito, una silueta pálida y desdibujada en un vestido de dama de honor azul ceniciento. Doy vueltas de un lado a otro. Mis tacones se hunden en la gruesa moqueta sin hacer ruido, amortiguados por la lana sedosa. El reloj al final del pasillo da la y media, luego las tres menos cuarto, y cada campanada es un martillazo en mi pecho. La ceremonia es en menos de una hora. Los invitados ya deben estar instalándose en los jardines, las mujeres con vestidos de alta costura, los hombres con trajes a medida, toda la flor y nata de las finanzas y la industria que se apresura a asistir a la unión del siglo. Cassian Saint-Clair se casa con Lilia Deveraux. La noticia ha sido portada de los periódicos económicos y de las revistas del corazón durante seis meses. El heredero del imperio financiero más poderoso de Europa toma por esposa a la hija de la matriarca más ambiciosa de Francia. Un cuento de hadas para los fotógrafos. Una fusión estratégica para los consejos de administración.
Y yo soy la hermana. La gemela. La que siempre se queda dos pasos atrás, en la sombra proyectada de la luz.
Pienso en Cassian, y mi pecho se oprime como si una mano invisible apretara mi corazón y se negara a soltarlo. No tengo derecho a pensar en él, no así, no con este hueco ardiente en el vientre y este peso en el alma. Es el prometido de mi hermana. Será su marido dentro de menos de una hora. Pero lo amo en secreto desde el primer día. Sus ojos grises, ese gris de tormenta y de metal, intensos, intimidantes, que recorrían la asamblea sin detenerse jamás en nadie. Nunca me ha mirado. Ni una sola vez. Para él, soy la hermana, la sombra, el ruido de fondo. Y me he acostumbrado a ese dolor como uno se acostumbra a una cicatriz que lleva bajo la ropa, invisible para todos pero siempre sensible al tacto.
Un grito desgarra el aire.
Un alarido. No de dolor. De terror. El alarido de una mujer que acaba de ver algo que su cerebro se niega a comprender. El grito resuena en el pasillo, rebota en las paredes de piedra, atraviesa los cristales y va a perderse en los viñedos. Mi sangre se hiela. Mis piernas se desbloquean antes de que mi cerebro dé la orden.
Me precipito.
La doncella está ante la puerta de la suite, lívida, una mano pegada a la boca, la otra agarrada al marco. Sus nudillos están blancos, exangües, y todo su cuerpo tiembla como una hoja en la tempestad. La puerta está abierta. La empujo.
La habitación está vacía.
El vestido de novia está en el suelo, desplomado sobre el parqué como un despojo de seda y encaje, las mangas extendidas en cruz, la cola derramada en un lago inmóvil que ondula bajo la luz de mediodía. El velo está colocado al lado, cuidadosamente doblado, lo cual es casi más espantoso que el resto. Porque el velo ha sido doblado. Alguien se tomó el tiempo de doblarlo antes de irse.
Sobre el espejo, un mensaje trazado con pintalabios. Las letras son grandes, temblorosas al final.
No puedo. Perdónenme.
Leo la frase tres veces, cuatro veces, sin comprender, sin poder apartar los ojos de esas palabras escarlatas que surcan el espejo como una herida abierta. La ventana está abierta de par en par. El viento de junio levanta las cortinas de lino blanco que danzan lentamente en el aire perfumado de rosa. Más allá de las balaustradas de piedra, los viñedos descienden en suave pendiente hacia el valle, y más lejos todavía, las colinas se pierden en una bruma de calor. No hay nadie. No hay nada. Solo el vacío, inmenso, que lo traga todo.
Mis piernas ya no me sostienen. Me arrodillo junto al vestido. El perfume de tuberosa flota todavía, tenaz, desgarrador, y se mezcla con el olor de la cera de los muebles antiguos y con el de las rosas del jardín. Hace un tiempo tan hermoso afuera, tan monstruosamente hermoso, y mi hermana ya no está. Mi hermana se ha evaporado en esta luz deslumbrante como si nunca hubiera existido.
La doncella solloza en el pasillo. Pasos precipitados resuenan en la escalera de mármol, voces se alzan, puertas se cierran de golpe. La noticia ya se extiende como un reguero de pólvora, y yo me quedo ahí, de rodillas junto al vestido vacío de mi hermana, incapaz de moverme, incapaz de pensar, incapaz de hacer otra cosa que fijar el pintalabios en el espejo.
Lilia se ha ido. Lilia ha volado por la ventana como un fantasma abandonando su despojo de seda sobre el parqué. Lilia, la reina, la luz, el sol alrededor del cual toda nuestra familia gravita desde siempre. Lilia, que debía casarse con Cassian en menos de una hora.
Mi corazón late tan fuerte que lo oigo en mis sienes, un tambor sordo que lo cubre todo. Mis dedos se cierran sobre la tela del vestido, y siento los bordados, las perlas, las horas de trabajo, el dinero, la perfección aniquilada. El vestido está ahí. Pero mi hermana ya no está en él.
Levanto los ojos hacia el espejo y veo mi propio reflejo en el cristal, de rodillas sobre el vestido de Lilia como una plañidera antigua sobre una tumba. Mi rostro está blanco, exangüe. Mis ojos son inmensos, agrandados por la incredulidad. Me parezco a mi hermana, pero más pálida, más apagada, más desdibujada. La copia imperfecta de un original que acaba de desaparecer.
Pasos en la escalera. El chasquido seco de los tacones de Viviane, nuestra madre, ese ruido de metralleta que anuncia siempre una catástrofe.
Capítulo 57CaméliaLos días pasan, y vacilo.Las palabras de Lilia se han infiltrado en mí como un veneno lento, como una enfermedad insidiosa que progresa sin que uno la vea, sin que uno la sienta, hasta que es demasiado tarde para detenerla. No eres más que un sustituto. Un doble. Un premio de consolación. Está obsesionado con lo que represento. Ahora que he vuelto, el papel ha terminado. Estas palabras dan vueltas en mi cabeza, una y otra vez, como una melodía fúnebre, como un disco rayado que no se detiene jamás. Las oigo cuando me despierto por la mañana, sola en el lecho conyugal, con las sábanas frías a mi lado. Las oigo cuando me visto, ante el espejo del vestidor, poniéndome estas ropas que no me pertenecen. Las oigo cuando tomo mis comidas, sentada en la gran mesa del comedor, frente a Lilia que me sonríe con esa dulzura envenenada que es su especi
Capítulo 56CaméliaLa primera confrontación privada tiene lugar esa misma noche, en la habitación conyugal.Estoy sentada en el borde de la cama, las manos cruzadas sobre las rodillas, el corazón pesado como una piedra. Cassian aún no ha subido. Está en su despacho, trabajando, preparando no sé qué estrategia, encerrándose en ese silencio que es su manera de gestionar las crisis. Estoy sola, y es en esta soledad donde Lilia elige golpear.La puerta se abre sin que nadie haya llamado, sin que nadie haya anunciado su llegada. Entra como se entra en casa propia, con paso seguro, la cabeza alta, los hombros rectos. Lleva una bata de seda color marfil, y sus cabellos están sueltos, extendidos sobre sus hombros en olas de miel. Sus pies están descalzos sobre el parqué, y se mueve por esta habitación con una soltura, una familiaridad, una propiedad que me hielan la
Capítulo 55CassianObservo el reencuentro, y no digo nada. Me quedo retirado, apoyado contra la pared del vestíbulo, los brazos cruzados, el rostro cerrado. No quiero interferir, no ahora. Quiero ver. Quiero observar. Quiero analizar cada gesto, cada palabra, cada mirada.Lilia es una actriz excepcional. Ya lo sabía, pero hoy lo compruebo con una claridad nueva. Cruza el vestíbulo casi corriendo, los brazos abiertos, el rostro iluminado por una sonrisa que parece tan espontánea, tan sincera. Toma a Camélia en sus brazos, y la estrecha contra ella con un afecto que conmueve a los domésticos reunidos en la entrada. Oigo los murmullos, los suspiros enternecidos. Pobre señora Deveraux. Cuánto ha debido sufrir. Qué valiente es. Cómo quiere a su hermana.Yo no veo a una hermana amorosa. Veo a un depredador.Conozco a los depredadores. Yo soy uno. He pasado mi vida entera rastre
Capítulo 54CaméliaLa veo antes de que ella me vea.Desde el rellano del primer piso, oculta tras una columna de mármol, observo la entrada de mi hermana en el vestíbulo. El tiempo se ha detenido, suspendido en este instante, en esta silueta que desciende del coche con una gracia que siempre le he envidiado, un andar de reina que pisa el suelo de su reino tras un largo exilio. Los flashes crepitan detrás de ella como una lluvia de relámpagos, y oigo los gritos de los periodistas que atraviesan los gruesos muros del manoir. Ella les ofrece todo eso a la vez, una sonrisa frágil que tiembla en el borde de los labios, una sonrisa de víctima valiente que ha sobrevivido al infierno y que ha vuelto más fuerte.Está resplandeciente. Incluso de lejos, incluso desde lo alto de esta escalera, veo su belleza que estalla como un sol, esa belleza que yo nunca he tenido, que nunca tendré. Sus
Capítulo 53LiliaEl coche franquea las verjas del dominio Saint-Clair, y sonrío.El manoir aparece al girar el camino, fortaleza de vidrio y acero negro suspendida sobre el océano, y lo miro con ojos nuevos, ojos de resucitada, ojos de milagrosa. Sé que las cámaras están apuntando al coche, que los periodistas acampan ante las verjas, que todo el país espera ver el rostro de la mujer que sobrevivió al infierno. Y voy a ofrecerles un espectáculo que no están a punto de olvidar.El coche se detiene ante la escalinata. El chófer baja, da la vuelta, me abre la puerta. Pongo un pie sobre la grava, luego el otro, y me yergo con una lentitud calculada, una lentitud de reina que regresa a sus tierras. Llevo un vestido sobrio, azul marino, que realza mi silueta sin llamar la atención. Mis cabellos están sueltos, mis ojos ligeramente ojerosos, mi maquillaje discreto. Estoy r
Capítulo 52CassianPreparo la llegada de Lilia como se prepara una batalla.La noche ha sido corta, y no he pegado ojo. Camélia tampoco, aunque ha fingido. La he sentido girar y revolverse en la cama, la he oído contener la respiración, la he visto levantarse y acercarse a la ventana, silueta frágil recortada por la luz de la luna. Y no he dicho nada. No he sabido qué decir. Porque yo mismo no sé lo que siento.Lilia está viva. La mujer con la que debía casarme, la mujer que huyó la mañana de la boda, la mujer que conspiró contra mí durante meses, está viva y quiere volver. Y no me creo ni una palabra de su historia. Secuestro. Reclusión. Evasión milagrosa. Es demasiado perfecto, demasiado liso, demasiado bien atado. Lilia siempre ha sido una actriz excepcional, y esta historia es su papel más hermoso. Pero no tengo pruebas. Todaví







