LOGINLa luz del sol se filtraba por los grandes ventanales de la planta veinticinco del edificio de Almero Group. Detrás de aquellos cristales, una mujer sentada lucía un traje formal de color crema y llevaba el cabello cuidadosamente recogido en un moño bajo. Su rostro reflejaba concentración mientras sus ojos recorrían cada uno de los importantes documentos ordenados sobre su escritorio.Angelina, ahora directora ejecutiva de Almero Group. El mundo que antes le parecía tan lejano ahora parecía estar bajo su control. Todo había cambiado desde que Derox la nombró líder de aquella gran empresa. Ya no llevaba una vida sencilla. Ahora tenía un lujoso apartamento en el centro de la ciudad y dos guardaespaldas personales que la escoltaban prácticamente sin descanso, día y noche. Incluso para ir al trabajo, ya no necesitaba conducir ella misma.Sin embargo, aquella mañana, en medio de todo ese lujo, sus pensamientos seguían atrapados en un solo nombre: Axton. Su exmarido, que yacía débil en el h
El sonido de unos gritos resonó por el pasillo del hospital, rompiendo el silencio. Angelina, que estaba de pie junto a la cama de la UCI, se volvió por reflejo hacia el lugar de donde provenían aquellas voces, que cada vez se escuchaban más cerca.—¡Lárgate de aquí! ¡Mujer portadora de desgracias! —gritó una mujer de mediana edad, con el maquillaje corrido y los ojos llenos de ira.Angelina salió de la habitación. Allí, Evelyn estaba de pie con las manos temblorosas, señalándola con el dedo.—Estimada señora Evelyn, esto es un hospital, no una selva. ¿Podría bajar la voz? —dijo Angelina con un tono sereno.—¡¿Quién te crees que eres para darme órdenes?! ¡Desde que entraste en la vida de Axton, a mi hijo no han dejado de sucederle desgracias! ¡Eres una destructora de hogares! —gritó mientras se acercaba.Angelina apretó los puños y estrujó sus dedos al sentir una opresión en el pecho. Antes, quizá solo habría agachado la cabeza y respetado a Evelyn como su suegra, pero ahora las cosas
El sonido de las bocinas resonaba sin cesar en la autopista de Washington aquella tarde. Las luces de los vehículos formaban largas líneas que parpadeaban de manera irregular. En medio de aquel caos, un automóvil negro avanzaba a toda velocidad, completamente fuera de control.—¡Malic! ¡Concéntrate en conducir! —gritó Axton desde el asiento trasero, mientras sujetaba la mano temblorosa de Moreen.—Yo... tengo sueño, señor... —respondió Malic con voz débil y entrecortada, esforzándose por mantener los ojos abiertos.—¡Detente! ¡Oríllate ahora mismo! —exclamó Axton.Pero ya era demasiado tarde. Las ruedas delanteras patinaron contra la barrera de seguridad. El grito de Moreen desgarró el interior del automóvil.—¡Axton...!¡¡¡BAM!!!El violento impacto sacudió todo el vehículo. El automóvil dio varias vueltas y chocó contra otro que venía en dirección contraria. Los cristales estallaron. Los metales rechinaron al colisionar. El humo comenzó a llenar la parte delantera del vehículo.More
Capítulo 90.—¡¿Qué tonterías son estas?! —bramó Axton, con una voz que resonó por toda la sala que antes había sido su trono.Angelina se puso de pie lentamente, sin apartar la mirada del rostro enrojecido de Axton.—Puedes enfadarte todo lo que quieras, pero no puedes negar los hechos. Almero ya no te pertenece, Axton.Axton avanzó rápidamente, casi abalanzándose sobre la mesa, pero dos hombres vestidos con trajes negros aparecieron de repente en la puerta y le cortaron el paso.—Retroceda, señor Axton —dijo uno de ellos con voz inexpresiva—. Este ya no es su territorio.—¡Malditos bastardos! ¿Creen que pueden echarme de la oficina que construí con mis propias manos? —gritó Axton, con la mirada desquiciada.Angelina se acercó a él.—Sí, tú la construiste, pero también la destruiste. Fuiste tú quien hundió a Almero en deudas y acuerdos turbios con entidades externas. ¿Creías que Derox había venido únicamente a salvarte? No. Vinieron porque tú mismo entregaste la vida de la empresa.—
Aquella noche, el despacho de Axton estaba lleno de humo de cigarrillo que flotaba en el aire. Sostenía un vaso de bourbon en la mano, mientras su mirada permanecía perdida sobre la pila de documentos de deuda que había encima del escritorio.Llamaron suavemente a la puerta.—Axton —la voz de Evelyn se escuchó al mismo tiempo que sus pasos—. Hay un hombre que quiere hablar contigo. Dice que... viene de parte del Grupo Empresarial Derox.Axton alzó una ceja.—¿A qué ha venido aquí, mamá? Dile que estoy en el extranjero.Evelyn vaciló.—¿Así que quieres evitarlo?El vaso que Axton sostenía estuvo a punto de resbalar de su mano.—No lo estoy evitando, solo necesito despejar la mente. No estoy en condiciones de controlar mis emociones —concluyó.Evelyn asintió lentamente.—Pero ese hombre ya te está esperando en la sala de estar.—¡Dile a Moreen que se reúna con él! —ordenó Axton.—Axton, tu esposa salió esta tarde y todavía no ha regresado. —Evelyn parecía preocupada al ver el rostro irr
La pequeña cafetería de la esquina, no muy lejos del columbario, siempre desprendía un aroma característico a menta y jengibre. Su ambiente acogedor parecía abrazar a cualquiera que entrara.Angelina estaba sentada en una silla junto a la ventana, vestida con un suéter fino de color crema. Sus manos rodeaban una taza de té caliente, mientras sus ojos observaban a la anciana sentada frente a ella.—Hana... —murmuró Angelina en voz baja.Hana levantó la mirada. Las arrugas de su rostro se acentuaron cuando sonrió.—Te veo preocupada, Angelina. ¿Qué sucede?Angelina respiró hondo.—La familia Almero no está pasando por un buen momento.—¿A qué te refieres? —preguntó Hana, arqueando las cejas.Finalmente, Angelina le contó lo sucedido la noche en que el compromiso de Hans se fue al traste. Hana escuchó atentamente, con una expresión seria y curiosa.—Esta mañana vi las noticias en Internet. Todos los periodistas están frente a la entrada de la mansión, esperando a que salga alguno de sus







