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La boda que me arrebató

La boda que me arrebató

By:  MichelleCompleted
Language: Spanish
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Cuando sonaron las campanas de la boda, mi prometido, Adrian Moretti, había desaparecido. Era el Don de la familia Moretti y el hombre al que había amado durante siete años. Según la tradición de los Moretti, ese día debía ser reconocida como la esposa del Don. En cambio, estaba sola frente al altar. Al mismo tiempo, mi madre envió un video al chat familiar. En él, Adrian se arrodilló en el salón de banquetes contiguo y deslizó mi anillo en el dedo de mi hermana gemela, Livia Vale. Los familiares estallaron en aplausos. Mi padre sonreía a su lado. Livia lloraba apoyada en el hombro de Adrian, mientras él la consolaba como si siempre hubiera sido la novia. Me quité el velo, dispuesta a exigir una explicación, cuando mi madre me mencionó en el chat. "Elena, Livia es tu hermana. Siempre ha sido delicada y siempre ha cedido ante ti. Déjale esto solo por esta vez." La llamé con las manos temblorosas. —¿Por qué todos me ocultaron esto? —Porque tú y Livia han peleado desde que eran niñas. Si te lo hubiéramos dicho antes, habrías armado un escándalo. ¿Y si volvía a cortarse? —Tú estás sana. Más adelante podrás casarte. —Somos una familia. No armes un escándalo por un hombre. Sostuve el teléfono sin poder pronunciar una sola palabra. Así que no solo podían regalarle mi boda. También podían sacrificarme a mí por ella. En ese momento, rompí todo vínculo con ellos.

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Chapter 1

Capítulo 1

Regresé al cuarto de la novia y le envié un mensaje a Adrian.

"La boda se cancela."

Menos de diez segundos después, me llamó.

—Elena, ¿ya hiciste suficiente escándalo?

Hablaba en voz baja.

—Livia se cortó la muñeca. El médico dijo que no puede volver a alterarse. ¿De verdad vas a pelear con ella por una ceremonia ahora mismo?

El estuche permanecía abierto sobre el tocador. Dentro estaban los anillos que yo misma había escogido, con nuestros nombres grabados en el interior.

—Adrian, hoy es nuestro séptimo aniversario. También es la boda que llevamos seis meses planeando.

—Lo sé.

—Pero esto es un asunto de vida o muerte. Tú siempre has sido la más sensata. Ayúdala a superar esta crisis.

No dije nada.

—Sufre de depresión severa. Su única obsesión es ponerse un vestido de novia y casarse conmigo, una sola vez.

—Esto no tiene validez legal. Los documentos matrimoniales de los Moretti no han cambiado. Aún eres mi prometida.

Tal vez ante la ley. Pero, en el mundo de los Moretti, quien estuviera junto al Don frente a ese altar se convertiría en su Donna ante los ojos de la familia.

Hizo una pausa y luego bajó aún más la voz.

—Mañana, cuando ella se estabilice, te llevaré a registrar nuestro matrimonio.

—Entonces, ¿qué soy hoy? —pregunté.

La llamada quedó en silencio.

—Hoy haremos que se sienta segura.

Entonces escuché la voz de mi madre al otro lado de la línea.

—Adrian, deja de perder el tiempo con ella.

—Elena le ha guardado rencor a Livia desde que eran niñas. Livia no es tan fuerte como ella. Tampoco está tan sana. ¿Ahora ni siquiera puede tener una boda sin que Elena lo convierta en algo sobre ella?

—Si Elena se atreve a venir a causar problemas, fingiré que nunca tuve esa hija.

—Mamá, hoy se suponía que era mi boda.

—Tú y Adrian llevan juntos siete años. ¿Acaso esperar un solo día te va a matar?

Su voz se endureció.

—Pero a Livia sí podría matarla. Acaba de salir del hospital.

Adrian volvió a hablar.

—Elena, no hagas esto más grande. La familia Moretti está afuera. Sabes lo que significa esta ceremonia.

Claro que lo sabía.

Por eso había bordado yo misma el vestido de novia.

En el escote estaba bordada el águila negra de los Moretti. La falda llevaba el diseño de enredaderas heredado del Vale Atelier. Durante tres meses trabajé hasta la madrugada y me pinché los dedos una y otra vez, hasta que las puntadas comenzaron a desdibujarse.

Adrian una vez me tomó de las manos y me prometió que toda la familia Moretti sabría que yo sería su única esposa.

Entonces dijo:

—Una cosa más.

—Dilo.

—Livia vio tu vestido. Le gustó.

—Quítatelo y pídele a alguien que lo traiga. Si lo usa, se calmará más rápido.

Miré el vestido blanco reflejado en el espejo.

—¿Sabes cuánto tiempo me tomó hacerlo?

—Lo sé. Después mandaré a hacer uno mejor para ti.

—No hace falta.

—Elena...

—Yo misma lo llevaré.

Él suspiró.

—No le des más vueltas a esto. Te lo compensaré cuando Livia se recupere.

Colgué la llamada.

Mi dama de honor abrió la puerta.

—Elena, los invitados están preguntando dónde está el Don Moretti.

—No va a venir.

Se quedó inmóvil.

—Está en el salón de al lado, casándose con Livia.

Me limpié el labial, me quité el vestido y me puse un abrigo negro. El corpiño aún conservaba el calor de mi cuerpo cuando lo doblé y lo guardé en una funda de papel para vestidos.

Nadie afuera me detuvo.

El pasillo que conectaba los dos salones de banquetes estaba adornado con rosas blancas y custodiado por los guardias de la familia Moretti. Las mismas flores, la misma música y el mismo horario del sacerdote. Solo habían reemplazado a la novia.

Media hora después, entré en el salón de banquetes contiguo.

El bullicio del salón ahogaba el sonido de las campanas de boda que llegaba desde afuera.

Los guardias de la familia Moretti permanecían junto a las paredes. Los familiares rodeaban a Livia, reían y la felicitaban. Un chal blanco le cubría los hombros y una venda nueva le envolvía la muñeca.

Adrian estaba a su lado, secándole las lágrimas.

Mi madre tomó la mano de Livia.

—Nuestra Livia está preciosa hoy.

Mi padre asintió.

—Adrian es un hombre responsable. Podemos confiar en él para que la cuide.

Mi tía levantó su copa.

—Livia tiene suerte. Elena es demasiado dominante. ¿Qué hombre podría soportar eso para siempre?

Un primo añadió:

—Siempre ha intentado eclipsar a Livia. Don Moretti tiene razón esta vez. Un hombre debe proteger al más débil.

Adrian me vio y se acercó rápidamente, impidiéndome ver a Livia.

—¿Por qué viniste?

Luego añadió en voz baja:

—Livia acaba de calmarse. No la alteres.

Le entregué la funda.

—El vestido.

Él la tomó.

—Elena, sé que lo de hoy fue injusto para ti.

—Cuando Livia se recupere, te organizaré una boda por todo lo alto. El lugar, los invitados, el vestido... Lo tendrás todo.

No respondí.

Se dio la vuelta para irse, pero se detuvo.

—Ya que estás aquí, busca un asiento.

—No hagas que Livia piense que trajiste el vestido a regañadientes.

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Alejandra Espinoza
Alejandra Espinoza
No me deja leer después del cuarto episodio aún con monedas
2026-09-03 03:51:51
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Maria isabel Moron sancho
Maria isabel Moron sancho
no me deja leer a partir del capítulo 4 y eso que he comprado monedas
2026-08-30 22:02:01
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