Mag-log inLa noche antes de mi boda, descubrí que estaba embarazada. Esa misma noche, descubrí que mi prometido ya había elegido a otra mujer para que le diera su primer hijo. Adrian DeLuca, heredero de un imperio de la mafia y el hombre que una vez juró que yo era la única mujer a la que amaría, volvió a casa con el perfume de ella impregnado en la ropa y me dijo, como si fuera lo más normal del mundo, que no era más que un acuerdo médico. La viuda de su amigo fallecido necesitaba un heredero y, después de que yo no lograra darle uno tras sesenta y seis rondas de fecundación in vitro, decidió que esa era la mejor solución para todos. No dije nada. Lo dejé continuar con los preparativos de la boda. Dejé que creyera que caminaría hacia el altar y me convertiría en la señora DeLuca. Pero mientras él planeaba nuestra boda, yo planeaba mi desaparición. El día de nuestra boda, la mansión abriría sus puertas. Los invitados llegarían. La ceremonia comenzaría. Pero la novia a la que Adrian DeLuca traicionó moriría en ese lugar. Para cuando él descubriera la verdad, que todo ese tiempo yo había estado embarazada de su hijo, yo ya me habría marchado bajo un nuevo nombre, llevándome a su heredero a un sitio donde jamás pudiera encontrarnos.
view moreCuatro años después.—Adrian… Adrian.Abrió los ojos al escuchar la voz de una mujer y, por un segundo roto, creyó que por fin había vuelto a uno de esos sueños.Se giró hacia ella y hundió el rostro en su cuello.—Scarlett —susurró, el nombre deshaciéndosele en la boca.La mujer a su lado se quedó inmóvil un instante antes de relajarse.Luego, un brazo marcado por cicatrices rodeó su espalda y lo acarició una, dos veces, como si calmara a un niño y no a un hombre mucho más peligroso.Era Vivian.Después de Chicago, Adrian nunca logró dejarla del todo.La tenía en un apartamento que él pagaba, rodeada de seguridad que él llamaba protección, aunque cualquiera lo habría llamado encierro.Bebía ahí, dormía ahí, la usaba cuando estaba demasiado borracho, demasiado drogado o demasiado desesperado para pasar la noche solo con sus propios pensamientos.Casi siempre la llamaba Scarlett.Al principio, Vivian se resistió. Después intentó adaptarse. Al final, entendió lo que mujeres c
—Scarlett, lo siento —dijo Vivian de pronto, girándose hacia mí con lágrimas en los ojos—. Por favor, no culpes a Adrian por todo. Yo fui la que insistió. Después de que te fuiste, bebía todas las noches. No podía dejar de hablar de ti. Él...—Basta —dije.Ella se quedó paralizada.—Lo que haya pasado entre ustedes dos —dije— no fue un accidente, y tampoco fue un malentendido. Nadie los obligó a meterse en la cama a punta de pistola.Me di la vuelta para irme.Adrian dio un paso tras de mí.—Scarlett, hace meses que no tengo nada con ella. No sabía que vendría aquí. No le pedí que me siguiera.No había terminado de decirlo cuando Vivian se dobló de repente por el dolor.—Adrian… —se llevó las manos al vientre y tuvo una arcada tan fuerte que se le llenaron los ojos de lágrimas—. Tengo un retraso de dos meses. Creo… creo que podría estar embarazada.Adrian se quedó inmóvil.Luego su rostro se endureció, feo y furioso.—Cuida lo que dices —dijo—. Ese bebé no es mío.Vivian l
Lo vi apenas salí del vestíbulo.Parecía haber envejecido demasiado en solo un año. Más delgado, más tosco, con el rostro mas desuidado. El viento le había enrojecido la piel, y la nieve se acumulaba sobre su abrigo oscuro y sus pestañas.Pero nada de eso me conmovió como lo habría hecho antes.—Di lo que viniste a decir —le dije—. Y rápido. No necesito una disculpa. Tengo cosas que hacer.Un destello de inseguridad pasó por sus ojos.—Vine para pedirte que regreses —dijo—. No sabía que Vivian te estaba enviando esas cosas. Las fotos, los mensajes, la grabación. Te lo juro, Scarlett, no lo sabía.Lo miré un momento.—Que lo supieras o no no cambia lo que hiciste.Entonces fruncí el ceño.—¿Por qué sonríes?Porque estaba sonriendo.Una sonrisa real, rota en los bordes, pero con un alivio imposible de ocultar.—Porque me estás hablando —dijo—. ¿Sabes lo que significa? Que todavía te importo lo suficiente como para que te enojes.Casi me reí.—Adrian, organicé un funeral en
Un año después.El asistente de Adrian tocó tres veces antes de intentar abrir la puerta.No hubo respuesta.El asunto era bastante urgente, así que entró de todos modos.Lo primero que percibió fue el olor.Whisky, sudor, sexo rancio y un olor metálico a sangre que no pudo ubicar de inmediato.Dio un paso dentro del dormitorio del penthouse, vio lo que pasaba en la cama y giró el rostro bruscamente hacia la pared.Adrian estaba medio borracho y medio desnudo, inclinado sobre Vivian con los ojos cerrados, una mano enredada en su cabello.—Scarlett —murmuró contra su cuello—. Scarlett… te amo.La piel de Vivian tenía marcas moradas y azules donde él la había agarrado. Al ver al asistente la rabia se le notó en la cara, pero aun así intentó mantener la compostura.—¿Qué ocurre?El asistente tragó saliva.—Señor… la encontramos.Eso lo hizo reaccionar más rápido que cualquier bofetada.Se levantó tan de golpe que Vivian soltó un quejido de dolor debajo de él.—¿Dónde?Solo e
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