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Su plan fallido

Author: Isha
last update publish date: 2026-10-16 22:39:33

Gala permaneció inmóvil junto al ventanal, con una mano extendida hacia el vacío y la respiración atrapada en la garganta. Durante unos segundos no consiguió comprender lo que acababa de suceder. Todo había ocurrido demasiado rápido: los gritos de Jimena, el forcejeo, aquel movimiento desesperado y, finalmente, la caída. La mujer que minutos antes la había amenazado con destruirla había desaparecido del otro lado del balcón, dejando atrás un silencio insoportable. Gala se acercó al marco, todav
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    Alexis llevaba casi una hora caminando de un extremo al otro de su despacho, incapaz de concentrarse en los informes que su abogado había enviado aquella mañana. La noticia de la caída de Jimena había convertido sus problemas en algo mucho más peligroso de lo que imaginaba. La policía investigaba las circunstancias en las que su prima había terminado herida, Gala había sido rescatada por los hombres de Herodes y, aunque todavía no existían pruebas públicas que lo relacionaran con el secuestro, él sabía que una sola declaración podía arrastrarlo al centro de la investigación. El teléfono descansaba sobre el escritorio, junto a una carpeta con documentos que no había tenido el valor de revisar por segunda vez. Por primera vez en mucho tiempo, no podía resolver sus problemas amenazando a alguien ni comprando el silencio adecuado.La puerta se abrió sin que nadie llamara. Martina entró con la elegancia impecable de siempre, vestida con un traje oscuro y el cabello perfectamente recogido.

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    —Eres mi único lugar seguro, Herodes.Las palabras de Gala permanecieron suspendidas entre ambos, cálidas y vulnerables, mientras sus brazos seguían rodeándole el cuerpo. Herodes bajó lentamente la mirada hacia ella, sorprendido por la naturalidad con la que se había refugiado en su pecho, sin pedir permiso ni intentar disimular el temblor que todavía le recorría los dedos.Durante unos segundos, no supo qué responder. Había pasado años construyendo una muralla alrededor de sí mismo, convencido de que ninguna persona tendría suficiente poder para alterar su serenidad, y ahora aquella mujer conseguía derribar sus defensas con una frase pronunciada en voz baja.Gala levantó el rostro para observarlo. Sus ojos grises buscaron los de él con una mezcla de cansancio y confianza que le apretó el pecho. Herodes le apartó un mechón rubio de la mejilla, deslizando los dedos con una delicadeza que contrastaba con la tensión de su mandíbula.Ella percibió el gesto y también la forma en que él seg

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    El automóvil avanzaba por las calles de Madrid mientras las primeras luces de la noche se reflejaban sobre los cristales. Herodes permanecía sentado junto a Gala, con una mano apoyada sobre el muslo y la otra descansando cerca de la de ella, sin llegar a tocarla. Había insistido en que un médico la examinara antes de abandonar la propiedad, y solo después de confirmar que el golpe en la cabeza no parecía grave había aceptado llevarla a casa. Sin embargo, durante todo el trayecto, sus ojos regresaban a ella con una frecuencia que ni siquiera él conseguía disimular.Gala contemplaba la ciudad en silencio. Los vehículos, las luces de los escaparates y las personas que caminaban por las aceras parecían pertenecer a una realidad distinta de aquella en la que había despertado horas antes.Todavía sentía una molestia en la cabeza y tenía la mejilla sensible, pero lo que más le costaba sacudirse era el recuerdo de la puerta cerrada, el miedo de no saber quién entraría y la imagen de Jimena d

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    —Habría registrado cada casa de Madrid si hubiera sido necesario.Un miembro del equipo de seguridad se acercó discretamente, interrumpiendo aquel instante.—Señor Blackford, hemos localizado a la mujer que cayó al jardín. Sigue con vida, pero presenta varias fracturas serias. Los servicios médicos ya están atendiéndola.Gala palideció. Aunque había temido lo peor al observar el cuerpo inmóvil desde el balcón, escuchar que Jimena seguía viva le produjo una extraña mezcla de alivio y preocupación. No quería que muriera, pero tampoco olvidaba que aquella mujer había organizado su secuestro.—¿La policía está informada? —preguntó Herodes, sin apartarse de Gala.—Sí, señor. Hemos solicitado asistencia médica y comunicado el secuestro. Los agentes están en camino para asegurar la propiedad y tomar declaración a los presentes.—Que nadie toque la habitación ni retire nada del lugar. Quiero que se conserven las grabaciones, los registros de entrada y cualquier evidencia que permita reconstru

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    La puerta se abrió por completo y Gala reconoció de inmediato los rostros que aparecieron en el umbral. No eran los hombres que la habían vigilado ni las personas que habían permanecido en silencio al otro lado de la habitación. Vestían trajes oscuros, llevaban dispositivos de comunicación y se movían con la precisión de un equipo acostumbrado a actuar bajo presión. Uno de ellos avanzó primero, recorriendo el lugar con la mirada antes de dirigirse a ella.—Señora Blackford, venimos a sacarla de aquí. Está a salvo.Gala apenas escuchó el resto. Detrás de los hombres, una figura alta apareció en el pasillo, y su corazón reconoció aquella silueta antes de que su mente pudiera procesarlo. Herodes estaba allí, con el rostro endurecido y los ojos recorriendo la habitación como si necesitara comprobar personalmente que ella seguía entera. Durante un segundo, ninguno se movió. Él la observó con una expresión que Gala jamás le había visto: una mezcla de alivio, furia contenida y miedo, un mied

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    —Eso parece. Estamos comprobando las cámaras y las declaraciones de los testigos, pero no tenemos una identificación fiable.—No quiero suposiciones. Quiero nombres, matrículas y una ruta. Revisen cada minuto de las grabaciones y averigüen quién llegó primero. No me llamen de nuevo hasta que tengan algo que sirva para encontrarla.Cortó la llamada sin esperar respuesta y dejó el teléfono sobre el escritorio con tanta fuerza que el aparato resbaló unos centímetros. Después comenzó a caminar de un extremo a otro de la habitación, con las manos enlazadas detrás de la cabeza. Su plan ya era suficientemente peligroso; si las autoridades descubrían que había contratado a alguien para retener a Gala, las investigaciones por la falsificación de documentos podían convertirse en el menor de sus problemas. No podía permitir que lo relacionaran con una desaparición, mucho menos con un secuestro. Pero tampoco podía ignorar la posibilidad de que otro enemigo hubiera decidido utilizarla para atacarl

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