LOGIN—Habría registrado cada casa de Madrid si hubiera sido necesario.Un miembro del equipo de seguridad se acercó discretamente, interrumpiendo aquel instante.—Señor Blackford, hemos localizado a la mujer que cayó al jardín. Sigue con vida, pero presenta varias fracturas serias. Los servicios médicos ya están atendiéndola.Gala palideció. Aunque había temido lo peor al observar el cuerpo inmóvil desde el balcón, escuchar que Jimena seguía viva le produjo una extraña mezcla de alivio y preocupación. No quería que muriera, pero tampoco olvidaba que aquella mujer había organizado su secuestro.—¿La policía está informada? —preguntó Herodes, sin apartarse de Gala.—Sí, señor. Hemos solicitado asistencia médica y comunicado el secuestro. Los agentes están en camino para asegurar la propiedad y tomar declaración a los presentes.—Que nadie toque la habitación ni retire nada del lugar. Quiero que se conserven las grabaciones, los registros de entrada y cualquier evidencia que permita reconstru
La puerta se abrió por completo y Gala reconoció de inmediato los rostros que aparecieron en el umbral. No eran los hombres que la habían vigilado ni las personas que habían permanecido en silencio al otro lado de la habitación. Vestían trajes oscuros, llevaban dispositivos de comunicación y se movían con la precisión de un equipo acostumbrado a actuar bajo presión. Uno de ellos avanzó primero, recorriendo el lugar con la mirada antes de dirigirse a ella.—Señora Blackford, venimos a sacarla de aquí. Está a salvo.Gala apenas escuchó el resto. Detrás de los hombres, una figura alta apareció en el pasillo, y su corazón reconoció aquella silueta antes de que su mente pudiera procesarlo. Herodes estaba allí, con el rostro endurecido y los ojos recorriendo la habitación como si necesitara comprobar personalmente que ella seguía entera. Durante un segundo, ninguno se movió. Él la observó con una expresión que Gala jamás le había visto: una mezcla de alivio, furia contenida y miedo, un mied
—Eso parece. Estamos comprobando las cámaras y las declaraciones de los testigos, pero no tenemos una identificación fiable.—No quiero suposiciones. Quiero nombres, matrículas y una ruta. Revisen cada minuto de las grabaciones y averigüen quién llegó primero. No me llamen de nuevo hasta que tengan algo que sirva para encontrarla.Cortó la llamada sin esperar respuesta y dejó el teléfono sobre el escritorio con tanta fuerza que el aparato resbaló unos centímetros. Después comenzó a caminar de un extremo a otro de la habitación, con las manos enlazadas detrás de la cabeza. Su plan ya era suficientemente peligroso; si las autoridades descubrían que había contratado a alguien para retener a Gala, las investigaciones por la falsificación de documentos podían convertirse en el menor de sus problemas. No podía permitir que lo relacionaran con una desaparición, mucho menos con un secuestro. Pero tampoco podía ignorar la posibilidad de que otro enemigo hubiera decidido utilizarla para atacarl
Gala permaneció inmóvil junto al ventanal, con una mano extendida hacia el vacío y la respiración atrapada en la garganta. Durante unos segundos no consiguió comprender lo que acababa de suceder. Todo había ocurrido demasiado rápido: los gritos de Jimena, el forcejeo, aquel movimiento desesperado y, finalmente, la caída. La mujer que minutos antes la había amenazado con destruirla había desaparecido del otro lado del balcón, dejando atrás un silencio insoportable. Gala se acercó al marco, todavía temblando, y miró hacia abajo. Entonces lo vio. El cuerpo de Jimena yacía sobre la superficie de piedra del jardín, inmóvil, mientras una de sus manos había quedado extendida junto a la falda oscura de su vestido.—Dios mío, esto no puede estar pasando —susurró Gala, llevándose una mano a la boca.Retrocedió un paso, horrorizada, pero volvió a mirar. No quería aceptar lo que sus ojos le mostraban, aunque tampoco podía apartarse de aquella imagen. Jimena la había secuestrado, la había encerrad
La puerta terminó de abrirse y Gala retrocedió un paso, preparada para defenderse, pero la mujer que apareció en el umbral la dejó paralizada durante un instante.Jimena.Llevaba un vestido oscuro, el cabello cuidadosamente recogido y una expresión tan llena de odio que parecía haber olvidado cualquier preocupación por su propia apariencia. Cerró la puerta a sus espaldas y giró la llave, disfrutando de la inquietud que se reflejaba en el rostro de su prima política.—Vaya, vaya. La gran Gala Valcárcel Blackford finalmente ha despertado —dijo, cruzándose de brazos—. ¿Te gusta la habitación? No es una suite de hotel, pero supongo que te acostumbrarás a estar en un lugar donde no puedes dar órdenes.Gala sintió que el dolor de cabeza volvía a intensificarse, aunque esta vez la rabia le proporcionó suficiente fuerza para mantenerse erguida.—¿Tú has organizado esto?Jimena soltó una carcajada amarga y avanzó hasta quedar frente a ella.—¡Por supuesto que he sido yo! ¿Quién más tendría mot
El primer sonido que Gala reconoció fue el de un reloj, un tic-tac constante que parecía taladrarle la cabeza. Intentó abrir los ojos, pero una punzada brutal le atravesó las sienes y la obligó a cerrarlos de nuevo. Sentía la boca seca, el cuerpo pesado y un dolor tan perturbador que durante varios segundos no consiguió recordar dónde estaba. Se llevó una mano a la frente y apretó los dientes, esperando que aquella presión disminuyera, aunque el malestar continuó extendiéndose hasta la nuca.Cuando finalmente logró enfocar la vista, descubrió un techo alto adornado con molduras doradas. Unas cortinas de terciopelo color marfil cubrían los ventanales, mientras una lámpara de cristal proyectaba destellos sobre las paredes revestidas de madera. La cama en la que se encontraba parecía sacada de una suite de hotel exclusivo, con sábanas de seda, almohadas mullidas y una colcha bordada que seguramente costaba más que muchos de los muebles de su antigua casa.A un lado había una chimenea de







