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last update publish date: 2026-10-07 05:02:03

Mis dientes rechinaron, mi columna se encasquilló, mis pechos vibraron, alzados y empapados de leche. Sus dedos marcaron mis muslos, mientras su lengua se hacía con la lava líquida que brotó desde mi agujerito que se cerró y abrió en contracciones concéntricas y temblorosas.

La tensión se alzó, mis nervios rastrillaron cada parte de mi ser y me alcé al cielo en una nube blanca y luminosa que me dejó sin ver, sin oír, y sin sentir, aun cuando a lo lejos mi gemido profano, dulce y suave rezumbó d
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  • La favorita del Profesor   113

    Me mordí con más fuerza y oteé alrededor. No era tan tarde, pero no había nadie cerca.Sin decirle nada, metí mis manos dentro de la cazadora y me moví para subir el vestido desde donde lo metió bajo mis senos para ponerlo en su sitio.Su aliento salió entrecortado, sus pupilas oscuras se dilataron al verme manipular mis senos. Me quité la cazadora, pese a que tenía tan alzados los senos que no logré meter una de mis areolas por completo.―Quédatela…Y me empujó la cazadora para que me la volviera a poner, sin alzar los ojos del escote profundizado que él mismo preparó.Negué y se la devolví.―No me va a ver nadie, te lo aseguro. Pero el chaleco olvídalo ―resolví para que se tranquilizara.Mi sonrisa tímida lo hizo alzar los ojos y quedarse en los míos.Chasqueó la lengua y asintió. Tomó la cazadora y se la puso, aspiró hondo al detectar mi aroma y, al meter la mano en el bolsillo, su sonrisa se amplió.―Casi olvidé tus braguitas…El calor flameó mi rostro y me paralicé con su jugueto

  • La favorita del Profesor   112

    Giré y lo miré con anhelo y pesadez.Siempre estaba haciendo algo por mí, ¿verdad?El peso de mi propia timidez y carácter retraído cayó como una piedra en mi vientre y el temor de no ser suficiente me hizo acariciar su barbilla. Sus ojos celestes brillaron bajo la luz cálida, pero su gesto no se transformó, aun cuando sus labios se entreabrieron. En puntas, rocé sus labios en un beso sentido en el que traté de agradecerle, de decirle todo lo que no podía verbalizar.Me devolvió el beso, sus manos rodearon mi cintura mientras exploramos la suavidad y tersura de la boca del otro. Un beso distinto a todos los que nos dimos, un beso con el que me entregué.Pero se separó.Parpadeé confundida, no obstante, su sonrisa me relajó.―¿Vamos? ―preguntó juguetón tras mirar su obra de arte, es decir, mis pechos alzados, hinchados y expuestos.Aspiré hondo, pero no tuve que cuestionar cómo saldríamos sin pagar ni mucho menos sin nada que me cubriera. Tomó su cazadora, la puso sobre mi cuerpo, no l

  • La favorita del Profesor   111

    Mis dientes rechinaron, mi columna se encasquilló, mis pechos vibraron, alzados y empapados de leche. Sus dedos marcaron mis muslos, mientras su lengua se hacía con la lava líquida que brotó desde mi agujerito que se cerró y abrió en contracciones concéntricas y temblorosas.La tensión se alzó, mis nervios rastrillaron cada parte de mi ser y me alcé al cielo en una nube blanca y luminosa que me dejó sin ver, sin oír, y sin sentir, aun cuando a lo lejos mi gemido profano, dulce y suave rezumbó dentro de mi pecho junto con mis palpitaciones erráticas.Cuando al fin pude respirar, parpadeé aletargada. Laxa sobre la mesa, distinguí la luna sobre nosotros, grande, redonda y plateada. Oteé alrededor.La natilla se volcó, las fresas rodaron y se salieron del platón. El chocolate pringó el mantel y mi piel. Y, Alistair entre mis piernas, las cuales masajeó para sofocar las vibraciones y la debilidad de mis músculos. Su sonrisa me recibió y lamió mi centro antes de alzarse sobre mi cuerpo, dej

  • La favorita del Profesor   110

    Su lengua demoniaca recolectó el chocolate y la natilla de mis pechos, sin llegar a los pezones que lloraban leche que sorbía cuando se derramaba al borde de mis cumbres.Bramó al probarme, cuando lamió mi perla con intensidad, enviando un latigazo de placer hacia mi sistema nervioso.Temblé, me aferré a su espalda, a la mesa en la que arrugué el mantel.Y lo hizo, su boca enjauló mi pezón, lo succionó con apetito y la leche salió despedida directo a su paladar. Ambos gemimos, yo casi sin aire, y él en un sonido masculino y territorial.Sus labios reclamaron mi cuerpo, su lengua fustigó mi pecho, mientras creó el vacío para nutrirse con la dulzura que brotó de mis senos con demasiada facilidad.Mojé el vestido, su rostro, parte de su camisa, su entrepierna que trató de pegarse a la mía en más de alguna ocasión, solo para frotarse con mi nudo de nervios y mancillar mi cordura.Me corrí cuando volvió a llenarme de chocolate y me lamió con apetito, cuando succionó mi leche con voracidad

  • La favorita del Profesor   109

    Estrujé su camisa con las manos, con las piernas debilitadas, con los pies en punta para alcanzar mejor su deliciosa boca.Su mano en mi espalda baja pegó mi cuerpo al suyo en un gruñido territorial y diabólico que me hizo tambalearme y envolver las manos en su nuca.―Nos van a ver ―musité con la voz quebrada, pese a que lo cierto es que me tenía sin cuidado si alguien entraba y nos veía.Sonrió con malicia y un gruñido gutural salió de lo profundo de su pecho cuando me empujó contra la mesa, apartó la fuente y las fresas con la mano libre, para después tomarme de las nalgas y subirme sobre la madera firme.―Solo quiero disfrutar de mi postre ―respondió encandilado.Sus rodillas abrieron mis piernas. Gemí al entender sus intenciones, pero no me interesó nada más que complacerlo, que seguir con lo que me pidiera, que consentir su libido y explorar su ardor.Jadeé cuando se acercó y me lamió los labios, cuando probó el sabor del postre en mi boca en un beso salvaje y rápido.Al fondo de

  • La favorita del Profesor   108

    ―¡Qué! ―fue su turno de exclamar, con los ojos entornados, la sonrisa más grande, entre la incertidumbre y la comedia.Sonreí, la tensión se difuminó, pese a que el calor de nuestros cuerpos fue notorio. Y solo quise saber más, conocerlo, saber todo de él, desde lo que le gustaba, hasta lo que le disgustaba. Lo que pasó antes, si bien una parte de mí quiso volver al tema, entendí que no importaba, no cuando el hombre que tenía enfrente no era solo el usuario 4.15741, ni el profesor de intensa mirada que me hizo sentir tantas emociones, él era más, mucho más que su evidente seriedad, que ese halo amenazador que lo recubría, más que la lujuria que se filtraba con cada una de sus peticiones, era más, y quería descubrir lo que había dentro, profundo, tanto, que me viera obligada a decir lo que ya resplandecía en mi interior, esas palabras que se atascaron cuando él quería escucharlas, cuando ambos las necesitábamos para escalar en lo que se estaba formando entre nosotros.—Entonces, ¿no t

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