LOGINJuliana se quedó mirando la pared frente a ella, con el teléfono apretado contra la oreja. El médico continuaba hablando, pero apenas conseguía entenderlo.—¿Embarazada? —repitió.—Sí. El resultado es positivo. Necesita una consulta con obstetricia para valorar el embarazo y establecer cuánto tiempo tiene.Ella apoyó la mano sobre el marco de la ventana.—¿Está seguro?—Sí, Juliana. Comprobamos sus datos dos veces.Ella se quedó callada, incapaz de responder.»Imagino que está muy sorprendida —continuó él—. Pero ahora comprende por qué no podemos seguir con la cirugía. Tenemos que cuidar su salud y la del bebé. Por el momento, consulte con un ginecólogo obstetra. Podemos retomar la evaluación para operarla después del embarazo, cuando se haya recuperado.—Está bien —respondió Juliana, con la voz apagada—. Lo entiendo. No hay problema.Se despidió y terminó la llamada. Permaneció unos segundos junto a la ventana antes de recoger el bolso y salir de la empresa. Dentro del automóvil abri
Juliana salió de la consulta con las indicaciones dentro del bolso y buscó el teléfono antes de llegar al ascensor. Abrió la conversación de Sebastián y escribió:«Acabo de salir de la consulta. Ya lo decidí: sí voy a hacerme la cirugía. Mañana comienzo con los estudios».Envió el mensaje, abrió el chat de Amanda y copió las mismas palabras. Después buscó a Matthew. Cuando terminó, guardó el teléfono y pulsó el botón del ascensor, satisfecha de haberles contado.Sebastián respondió mientras ella esperaba el automóvil.«Respeto tu decisión, Juli. Voy a apoyarte. Avísame cómo puedo ayudarte».Juliana sonrió. No intentó discutir otra vez ni hacerla sentir culpable por no haber seguido su consejo. Le respondió con un corazón y estaba escribiendo que lo llamaría más tarde cuando llegó el mensaje de Amanda.«Wow, Juli, qué genial. Pronto podrás ponerte aquel vestido bello que vimos la semana pasada».Se rio al recordar la prenda en el escaparate. Amanda quiso que entraran a preguntar por la
Juliana dio un respingo cuando Sebastián regresó a la sala. Él dejó un plato con galletas junto a las tazas y se sentó a su lado. Ella apagó la pantalla demasiado rápido y él lo notó.—¿Interrumpo algo?—No. Estaba viendo una cosa.Sebastián tomó su café. Juliana miró el teléfono, molesta consigo misma. No tenía motivos para esconderlo, pero tampoco quería convertir una tarde agradable en una conversación sobre su cuerpo.Él le acarició los dedos.—Juli, ¿qué pasa?Juliana respiró antes de mirarlo.—Estoy pensando en hacerme una cirugía bariátrica.La mano de Sebastián se detuvo sobre la suya.—¿Operarte?—Primero debo consultar con mi doctor.Él se quedó callado y Juliana sintió la necesidad de explicarse enseguida.»Estube viendo unos videos en internet. Una mujer perdió muchísimo peso y me dio curiosidad. Quiero preguntarle al médico si en mi caso es necesario.—Yo no creo que necesites eso. Con lo que estás haciendo ya, estás teniendo buenos resultados.—Deberías ver a esa mujer.
El lunes, Juliana llegó al instituto con los apuntes completos y el teléfono vibrando dentro del bolso. Antes de entrar al salón, leyó el mensaje de Sebastián.«¿Ya desayunaste?», leyó.«Sí. Y Amanda también. Puedes dejar de preocuparte».«Entonces puedo empezar a extrañarte».Juliana sonrió mientras escribía que tenía clases hasta la tarde. Durante semanas contestó sus mensajes con cautela; ahora debía contener las ganas de contarle todo apenas ocurría. Todavía no sabía cuándo estaría preparada para regresar a su lado, pero ya no quería disimular cuánto disfrutaba hablar con él.Guardó el teléfono cuando llegó la profesora y abrió su libreta. Tenía una práctica y necesitaba concentrarse. Sebastián tendría que esperar.Los días siguientes fueron ocupados. Entre las clases, el gimnasio y los asuntos de la empresa, Juliana comenzó a organizar la semana con más cuidado. Preparaba algunas comidas por adelantado, revisaba las tareas de Amanda y reservaba tiempo para estudiar. También procu
Sebastián la miró unos segundos, con las manos todavía en su cintura. Escuchar aquellas palabras de Juliana lo dejó sin respuesta. Durante semanas imaginó como sería volver a tenerla, pero ahora que ella estaba allí, aferrada a su camisa, apenas podía creerlo.Juliana le acarició la mejilla.—¿Qué pasa?—Nada. Solo quiero mirarte.Ella sonrió, un poco avergonzada, y volvió a besarlo. Sebastián la abrazó con fuerza y respondió hasta que ambos tuvieron que detenerse para respirar. Juliana no se apartó; rozó su nariz con la de él y dejó escapar una pequeña risa al sentir otro beso sobre sus labios.Él tomó su mano y la llevó hacia la habitación.Al entrar, Juliana reconoció su lado de la cama. Se detuvo un instante. Volver allí le produjo una emoción que no esperaba, y Sebastián lo notó enseguida.—¿Estás bien?Ella no respondió. Se quedó de pie junto a la cama, con las manos temblando mientras se quitaba la blusa ante la mirada expectante de Sebastián. Su barriga suave se marcaba bajo l
Cuando Juliana regresó al apartamento, Amanda la esperaba en la sala con el televisor encendido. Apenas la vio entrar, tomó el control y bajó el volumen.—¿Cómo te fue?Juliana dejó el bolso sobre una silla.—Bien. Hablamos bastante.Amanda la observó mientras se quitaba los zapatos. Su hermana llegó más tranquila de lo que estaba al salir y sonreía sin darse cuenta.—Hicieron cosas de adultos, ¿verdad?Juliana levantó la mirada.—Amanda.—Eso significa que sí.Ella se sentó a su lado, todavía un poco avergonzada.—Sí, nos besamos.La adolescente sonrió, pero Juliana continuó antes de que comenzara con las preguntas.—Eso no significa que vayamos a volver. Todavía necesitamos resolver algunas cosas.—Está bien. Solo era curiosidad.Juliana le apartó el cabello de la cara.—También me llamó Salvatierra. Autorizaron tu visita.Amanda se incorporó de inmediato.—¿Cuándo puedo verlo?—Nos enviarán los detalles. Quieren coordinar el encuentro con tu psicóloga y una asesora de la corte.—Ma







