로그인Lyra—Vamos adentro a tomar algo caliente —sugiere Elena, tomándome del brazo para guiarme al interior de la cabaña.Caminamos hacia la sala de estar mientras Lizbeth se despide desde la puerta, indicando que debe regresar para atender otros asuntos del aquelarre y la preparación del siguiente lote de medicamentos.Nos acomodamos en el sofá frente a la chimenea. El calor del fuego crepitante resulta reconfortante. A esta distancia corta, y con los efectos frescos del elixir, comienzo a detallar la silueta de Elena con más pausa. Aunque sus facciones se ven borrosas y sin detalles finos, puedo percibir la soltura de su postura y el brillo cálido que emana de su rostro. Es mucho más atractiva de lo que imaginaba, pienso en silencio, notando la suavidad de sus expresiones y unos ojos que, incluso en la nebulosa de mi visión, transmiten una bondad y una empatía transparentes.—¿Y bien? —pregunta Elena, cruzándose de piernas—. ¿Cómo te ha ido en esta primera semana por aquí? ¿Estás segura
LyraQuince años. Quince eternos y oscuros años han transcurrido desde que la maldición lanzada durante la sangrienta guerra de nuestro padre contra Silas destruyó mi mundo.Recuerdo el fuego, el dolor punzante en las sienes y la forma en que una bruma fría se instaló detrás de mis córneas, secando la fertilidad de las hembras de la manada y arrebatándome la luz para siempre. Pasé de ser una cachorra inquieta que corría libre por los prados a un espectro confinado a las sombras, escuchando el eco de una vida que continuaba sin mí.Y en medio de ese duelo, lo que más dolió no fue solo la ceguera; fue la ausencia.De niños, cuando jugábamos entre los robles gigantes de la mansión, Mi hermano, Nick y yo eramos inseparables, aunque ellos fingieran que no me querían con ellos.Nick solía mirarme con sus ojos oscuros llenos de una determinación infantil y me juraba que él sería mi guardián para siempre. "Nada va a tocarte jamás, princesa", solía decir. Pero cuando la penumbra cayó sobre mí,
NickSus palabras caen sobre mí como una bofetada helada. Siento cómo una ola de rabia pura se me sube por el cuello, agriando mi tono de voz mientras le dedico un gruñido gutural que hace vibrar las paredes de la cabaña.—¡No soy el maldito chivo expiatorio de nadie, Lyra! —le espeto, dando un paso amenazante hacia ella y mirándola desde arriba con los ojos ardiendo de indignación—. ¡Kaelen es mi mejor amigo y es mi Alfa! ¡Y tú deberías ser un poco más agradecida con la gente que se preocupa por ti, maldita sea! Tu hermano no te envió a este bosque para controlarte ni para ponerte cadenas; ¡simplemente está aterrado de perderte porque eres lo único que le queda de su sangre!—¡Oh, claro! —se burla ella, levantándose de golpe del banco y encarándome a escasos centímetros de distancia, temblando de rabia—. ¡Preocupado! Como ha estado tan preocupado los últimos años, ¡la solución perfecta fue tenerme encerrada como a una puta prisionera en mi propia casa!—¡¿Por qué demonios no te pones
NickEl crujir constante de la madera helada de la cabaña es el único sonido que rompe el silencio sepulcral de la madrugada. Estoy tumbado sobre una cama demasiado estrecha, con los brazos cruzados detrás de la nuca y los ojos clavados en el techo de vigas oscuras.No he podido pegar un solo ojo en toda la noche. La atmósfera en este lugar es tan densa que se siente casi física, sofocante, cargada de una electricidad peligrosa que me mantiene los músculos tensos como cuerdas de guitarra a punto de romperse.Esto es una maldita tortura, pienso, dejando escapar un suspiro pesado y amargo que se convierte en una leve nube de vapor en el aire frío de la habitación.Acepté esta misión única y exclusivamente por mi abuelo. Dios sabe lo que ese viejo significa para mí, la lealtad inquebrantable que le debo a mi linaje y el respeto por el legado de mi familia dentro de la manada. Sabía que si no me ofrecía a venir, Kaelen habría desplegado a un escuadrón entero de soldados alrededor de la pr
LyraEl interior de la cabaña huele a pino viejo, a polvo acumulado y a recuerdos que creía enterrados. La luz tenue del atardecer se filtra a través de los grandes ventanales de la sala, proyectando siluetas alargadas y fantasmales sobre los muebles cubiertos con sábanas blancas.Para mí, todo es una amalgama de formas grises y difusas. Pero antes de que pueda tropezar de nuevo con la alfombra del recibidor, la voz de Nick rompe el silencio a mi espalda, baja y sorprendentemente paciente.—A tu izquierda, a un metro, está el borde del sofá de la sala —me indica Nick con precisión, caminando a paso lento a mi lado, sin tocarme, pero lo suficientemente cerca como para atajarme si vuelvo a fallar—. Si sigues derecho por este pasillo de madera, la primera puerta a la derecha es la cocina, y al fondo, cruzando el arco, están las escaleras que suben al segundo piso.Me detengo en seco en mitad del pasillo, girando ligeramente el rostro hacia él. La sorpresa me inunda por completo. No esper
LyraEl motor del todoterreno se apaga con un suspiro sordo, y el silencio de las montañas nos envuelve de golpe, pesado y absoluto. A través de la ventanilla empañada, la cabaña de mis padres se alza entre los pinos como un gigante de madera y piedra, oscura, imponente y congelada por el tiempo. Es el mismo refugio al que solíamos escapar de niños, antes de que la guerra, la sangre y el dolor borraran la risa de nuestras vidas.Giro la cabeza hacia el asiento del conductor. Nick ya ha bajado del vehículo y se mueve con una agilidad felina alrededor del carro, abriendo el maletero para sacar las maletas. Viste una chaqueta oscura que se ajusta a sus hombros anchos, y esa expresión de granito que ha llevado desde que salimos de la mansión.Abro la puerta de un empujón y el aire helado de la altura me golpea el rostro como un bofetada. Bajo del carro con el paso firme, tratando de mantener la barbilla en alto, aunque las piernas me pesan por las horas de viaje.Nick se acerca con mi bol







